domingo, 25 de julio de 2010

La burbuja tecnológica no existió

No. No se trata de negar evidencias ni de reescribir la historia. Se trata de, ahora que tenemos el privilegio de la perspectiva, poner en contexto y analizar lo que sucedió en la famosa burbuja de las puntocom.

Ya hace unos meses, en un artículo en este mismo blog titulado 'Internet: la promesa diferida', reflexionaba sobre el particular y concluía que no es que Internet y las nuevas tecnologías no hubiesen cumplido sus promesas. Simplemente las expectativas de los mercados en cuanto al 'timing' de esa revolución eran exageradas y, por tanto, se hicieron apuestas financieras desproporcionadas.

Traigo a colación de nuevo el tema porque tengo el placer de comprobar que alguien mucho más autorizado que yo, Chris Anderson, el autor de 'La economía Long Tail', en su último libro 'Gratis' también ataca el asunto y hace unos razonamientos parecidos a los míos.

Anderson comenta que el crecimiento de Internet apenas se vió afectado por el crack bursátil. Así nos lo explica:

"Unos años más tarde, cuando se recuperó el mercado y miramos hacia atrás, comprobamos con asombro que era prácticamente imposible apreciar el efecto del crash en el crecimiento de Internet. Había continuado extendiéndose exactamente como antes, con apenas un bache, mientras los mercados públicos se hundían. La 'revolución digital' no había sido un espejismo o, peor aún, un engaño. El número de gente que se conectaba online habia subido al mismo ritmo en todas partes, lo mismo que el tráfico, y también cualquier otra vía para medir el impacto."

Y continúa en la misma línea, haciendo la afirmación que me sirve como base para el título de este post:

"No había sido una burbuja tecnológica, sino una burbuja de Wall Street. Cada bit de la red seguía siendo tan importante como incluso el más optimista de los pronósticos lo había predicho; lo único es que llegar allí fue un poco más costoso de lo que los valores del mercado habían dado por hecho."

La perspectiva histórica nos explica lo que realmente sucedió y, de paso, nos reconcilia, si hacía falta, con la tecnología y con Internet, un Internet que, casi diez años después del estallido de la burbuja, sigue más vivo que nunca y con un creciente impacto en la economía y la sociedad.