lunes, 20 de febrero de 2017

Charlas como canciones

La comunicación, si algo pretende, es conectar, poner en sintonía a emisor y receptor del mensaje y permitir un fecundo intercambio de ideas, noticias, opiniones o incluso sentimientos.

Las charlas o conferencias, la comunicación hablada en público, como caso particular de comunicación, busca también esa sintonía, ese traslado de ideas y emociones con la quizá dificultad añadida de su cierta unidireccionalidad. 

Pero en la comunicación, tan importante como el emisor, es el receptor. Cada persona entiende, recibe, asimila y valora el mismo mensaje de una forma diferente, conecta con él de una manera particular y se siente o no reflejada en dicho mensaje según sus circunstancias propias.

En este sentido, nos dice Amy Cuddy en su libro 'Presence', una charla no es muy diferente de una canción:
I see how a talk can work like a song -how people personalize it, connect with it, feel validates knowing that someone else has felt as they feel.

En el fondo no es sorprendente. La música no deja de ser otra forma de comunicación, con su lenguaje específico y sus particularidades, pero una comunicación, una comunicación, además, que cuenta historias y busca la emoción, un poco como sucede con el estilo moderno de hablar en público.

Con independencia de todo lo anterior, con independencia de los razonamientos teóricos acerca de las características de una comunicación, debo decir que me gusta y estimula esa comparativa de una charla con una canción.

Hay una cierta belleza en ella.

Así que, ya sabemos. La próxima vez que hablemos en público, sepamos que es como si cantásemos una canción. Así pues, no nos preocupemos sólo por la letra, hagámoslo también por la música.

viernes, 17 de febrero de 2017

Doce tendencias tecnológicas inevitables según Kevin Kelly

En 'The inevitable' Kevin Kelly intenta caracterizar el presente, y sobre todo, el futuro al que nos dirigimos, en base a doce fuerzas tecnológicas, doce fuerzas que son algo más, y algo diferente, a tecnologías específicas sino, más bien, doce características subyacentes al conjunto de tecnologías que están conformando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra cultura.

El libro, tras una breve introducción, estructura sus doce capítulos en torno a cada una de esas fuerzas:

  • 'BECOMING': en que nos habla de un movimiento continuo, de cómo el cambio no se detiene, de que no hay metas y puntos concretos sino un continuo devenir hacia otra cosa. La web evoluciona, el software sufre constantes actualizaciones que ya son incluso trasparentes para el usuario, los smartphones evolucionan a toda velocidad...

  • 'COGNIFYING': El abaratamiento y disponibilidad de tecnologías como la inteligencia artificial, el procesamiento paralelo o el Big Data nos llevan a una creciente inteligencia de los sistemas y las cosas, a un mucho mayor conocimiento, a la presencia de elementos autónomos y robots, y finalmente, a una posible redefinición de lo que significa ser humano una vez las máquinas son inteligentes.

  • 'FLOWING': hablamos del flujo continuo de información y del acceso a la misma. Hemos pasado de la existencia de elementos cerrados como libros o programas a un continuo fluir de textos, música, vídeo, a una actualización continua de noticias. No recibimos la información como bloques sino como un flujo continuo.

  • 'SCREENING': bastante relacionado con el anterior, ese flujo continuo se encuentra en continua revisión y el conocimiento y los conceptos se construyen socialmente, mediante interacción.

  • 'ACCESING': se pasa de la propiedad de objetos al acceso a servicios, de la posesión a la disponibilidad bajo demanda.

  • 'SHARING': estamos en una cultura de la compartición de bienes, contenidos e información, de cooperación y colaboración, de un cierto colectivismo.

  • 'FILTERING': Ante la avalancha de información y posibilidades, se imponen mecanismos de filtrado de esa información, filtrado que puede venir dado por intermediarios, gobiernos, amigos, curadores de contenidos, buscadores, etc y se dispara la lucha por obtener la atención de las personas, una atención que se convierte casi en el único bien realmente escaso

  • 'REMIXING': cada vez más los nuevos productos y servicios se obtendrán, no tanto por conceptos completamente nuevos, cuanto por recombinación de los existente

  • 'INTERACTING': se acentuará la interacción pero también cambiará, y la generalización de la realidad aumentada y la realidad virtual nos conducirá a contextos completamente nuevos.

  • 'TRACKING': Todo está medido y cuantizado. Muy especialmente Kelly observa la cuantificación de las personas, la disponibilidad de sus constantes vitales, dieta, sueño, etc por mor de la extensión de los wearables y del concepto de 'quantified self', pero va más allá, hasta convertirse en una especie de diario de toda nuesta vida, nuestras interacciones, nuestras relaciones, nuestros documentos...todo monitorizado, trazado, accesible...

  • 'QUESTIONING': ganamos en conocimiento y en opciones, se abren muchísimas posibilidades pero, paradójicamente, mientras más avanzamos, y mientras más sabemos, más preguntas se abren. Las preguntas y posibles respuestas no desaparecerán, sino que se incrementarán

  • 'BEGINNING': Estamos en el comienzo de una nueva sociedad, una sociedad interconectada, pero que interconecta tanto a las personas como a las máquinas, una sociedad digital, abundante...Estamos en el comienzo de algo diferente.

'The inevitable' es un estupendo ejercicio de destilado en tendencias sociales de lo que parecen a priori meras tendencias tecnológicas, de abstraer el núcleo de lo que está sucediendo y sucederá, y un ejercicio de optimismo tecnológico razonado. Quizá echaría en cara al autor que a veces parece divagar, que a veces se alarga en exceso, sin embargo, estamos ante un pensamiento original y clarificador, una buena forma de intentar entender y anticipar esta sociedad digital en que nos encontramos y el futuro hacia el que parecemos dirigirnos.

Kevin Kelly

(Fuente: Elaboración propia de material en Wikipedia)

Kevin Kelly
Kevin Kelly (nacido en 1952) es el fundador y director ejecutivo de la Revista Wired, y en el pasado fue editor y publicista del Whole Earth Catalog. También ha sido un escritor, fotógrafo, conservacionista, y estudiante de culturas asiáticas y de la cultura digital.

Kelly nació en Pennsylvania en 1952 y se graduó de la Westfield High School, Westfield, New Jersey en 1970. Abandonó la University de Rhode Island tras un año.

Comenzó a aportar artículos como freelance a CoEvolution Quarterly en 1980 mientras vivía en Athens, Georgia. Por esta época editaba también su propia revista start-up denominada 'Walking Journal' y trabajaba en un laboratorio de epidemiología para poder mantenerse.

En 1983 fue contratado por el fundador de Whole Earth, Stewart Brand, para editar algunas de las últimas ediciones de The Whole Earth Catalog, the Whole Earth Review, y Signal. Junto con Brand, Kelly ayudó a fundar WELL una comunidad virtual influyente. Como director de la Point Foundation, fue espónsor de la primera Hackers Conference en 1984.

En 1993 fue contratado por Louis Rosetto como director ejecutivo de Wired. Kelly aportó a la revista la visión socio-cibernética de las publicaciones de The Whole Earth y su estilo en red de trabajo editorial, además de reclutar escritores y editores de WELL. Kelly cesó como editor ejecutivo en 1999. La denominación su trabajo actual es "Disidente" senior. En parte debido a su reputación como editor de Wired, se le considera como un participante activo y un observador de la cibercultura.

Los escritos de Kelly han aparecido en muchas otras publicaciones nacionales e internacionales como The New York Times, The Economist, Time, Harper's Magazine, Science, Veneer Magazine, GQ, y Esquire. Sus fotografías han aparecido en Life y otras revistas norteamericanas.

Kelly fue asesor de la película 'Monority Report' dirigida por Steven Spielberg.

Kelly vive en Pacifica, California, una pequeña ciudad costera al sur de San Francisco. Es un cristiano devoto. Está casado y tiene tres hijos: Tywen, Ting y Kaileen.

Puedes saber más del autor visitando su página oficial o siguiéndole en Twitter donde se identifica como @kevin2kelly.

Ficha técnica:

AUTOR: Kevin Kelly
EDITORIAL: Viking / Penguin
AÑO: 2016
ISBN:  978-0698183650
PAGINAS: 332

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miércoles, 15 de febrero de 2017

La versión tecnológica del 'sólo sé que no sé nada'

¿Somos más sabios hoy en día que hace unos siglos o, incluso, unas décadas?

Tenemos motivos para pensar que si. Si algo caracteriza la revolución digital es la superabundancia de información y de conocimiento, una información y un conocimiento, además, baratos y fácilmente accesibles. No en vano hablamos de la sociedad de la información y de la sociedad del conocimiento.

Sin embargo, quizá nuestra percepción de esa sabiduría pueda ser confusa. ¿Por qué? Pues porque, como nos dice Kevin Kelly, en 'The inevitable':

the paradox of science is that every answer breeds at least two new questions

En cierto modo, ya lo sabíamos. El conocimiento y la inteligencia nos hace hacernos más preguntas, preguntas, además, seguramente mucho más profundas y complejas. Nuestro propio conocimiento, como reflexionaba Sócrates, nos hace más conscientes de nuestra propia ignorancia, de nuestro desconocimiento, una ignorancia y un desconocimiento que, si viene acompañado de un deseo de saber, se traduce en preguntas, muchas preguntas.

Por ello, nos dice Kelly:

even though our knowledge is expanding exponentially, our questions are expanding exponentially faster. And as mathematicians will tell you, the widening gap between two exponential curves is itself an exponential curve. That gap between questions and answers is our ignorance, and its growing exponentially. In other words, science is a method that chiefly expands our ignorance rather than our knowledge.


Es decir, nuestro conocimiento crece muy rápidamente pero, igual de rápido crece la consciencia de nuestra ignorancia y las consiguientes preguntas y, eso, paradójicamente, hace crecer exponencialmente las preguntas sin contestar.

Si, el mundo digital nos hace más informados y más sabios, quizá muchos más sabios, pero, por lo mismo, somos mucho más conscientes de que saber, lo que se dice saber, en el fondo no sabemos nada...


lunes, 13 de febrero de 2017

Ocho propuestas de valor mejor que 'gratis'

Uno de los efectos del mundo digital es que convierte muchos bienes como la música, los libros, las fotografías, el arte e incluso el conocimiento, en información digital y, como tal, fácilmente reproducible. En el extremo, un extremo muy común por otra parte, esa reproducibilidad, esa posibilidad de hacer copias de los bienes digitales, es trivial y virtualmente gratuita en cuanto a coste.

Siguiendo el efecto explicado en el post anterior, esos supone que ese bien fácilmente copiable, fácilmente obtenible, pierde valor y se convierte en eventualmente algo gratuito o no valorado.

Así lo expresa de nuevo Kevin Kelly en su libro 'The inevitable':

When copies are superabundant, they become worthless. Instead, stuff that can't be copied becomes scarce and valuable.

Lo importante ahora de esta cita es realmente la segunda frase. Lo que se convierte en valioso es aquello que no puede ser copiado. Pero si hablamos de bienes digitales, de información, ¿Qué hay que no pueda ser copiado?

El propio autor nos propone ocho elementos, ocho ideas que, a pesar de girar en torno a bienes digitales, a copias digitales, no son sin embargo fácilmente copiables y que, por tanto, añaden valor y son mejores que lo 'gratis'. Son estas:

  • Inmediatez: es decir, la posibilidad de disponer de la copia de aquello que deseamos de forma inmediata, justo en el momento en que es producida. Es algo así como asistir a un estreno pero en el mundo digital.

  • Personalización: es decir, la adaptación de un producto al contexto de un cliente concreto o un grupo de clientes concreto.

  • Interpretación: es decir, acompañar a la copia digital de conocimiento e interpretación, es decir de aportar conocimiento para interpretar la información. Esto aplica, por ejemplo, a productos complejos como el software libre.

  • Autenticidad: es decir, proveniente de la fuente original y libre de errores.

  • Accesibilidad: dado que se tiende al uso, más que a la propiedad, es muy valioso ser capaz de proporcionar ese acceso de modo limpio, con información permanentemente actualizada y desde cualquier lugar.

  • Presentación: en ocasiones, lo que se valora no es la copia en sí misma sino la forma en que es presentada, su embalaje, los medios técnicos, el espectáculo que lo rodea de alguna manera...

  • Clientela: esa especial conexión entre un productor (por ejemplo, un músico o un artista) y sus fans, que hace que estos últimos estén dispuestos a pagar por dar soporte a sus ídolos, incluso aunque no estén obligados a hacerlo, tal y como ocurre en libros o discos que se pueden obtener de forma gratuita pero también, voluntariamente, pagar por ellos la cantidad que se entienda justa.

  • 'Encontrabilidad': uso esta palabra imposible (por no encontrar mejor forma de traducir 'discoverability') para expresar la posibilidad y facilidad de llegar y seleccionar en un mar dei información, el bien digital concreto de nuestro interés, lo que se puede traducir en recomendaciones, filtros, etc.



La parte buena de estas ocho propuestas es que parece existir solución a la pérdida de valor de los bienes digitales.

La parte mala es que hablamos de intangibles, un valor no sencillo de generar ni transmitir. 

Pero no parece existir otro camino...

viernes, 10 de febrero de 2017

Una paradoja sobre el valor económico



Creo que ya se lo 'oí' decir (en realidad se lo leí) al casi venerable Paul A. Samuelson, maestro de Macroeconomía, que lo que convierte a un bien en bien económico es su escasez, que se trate de un bien escaso. Como es escaso, estamos dispuestos a dar algo a cambio de poseerlo. Ese algo es el precio. Si el bien fuese super-abundante, no tendríamos por qué aportar nada valioso (pago) para conseguirlo, sería gratuito.

Eso es fácil de entender. Sin embargo, se producen fenómenos curiosos. Una tecnología, cuando surge, suele ser escasa y, por tanto, cara. Pero luego, si logra su masificación, se optimiza, se generaliza y, como consecuencia, se abarata.

La paradoja ocurre cuando la tecnología a que sustituye, la tecnología obsoleta, pasa a ser escasa pero todavía deseable y, entonces, se invierte la ecuación de valor y la tecnología nueva pasa a ser la barata y la antigua la cara.

En su libro, 'The inevitable', Kevin Kelly lo ilustra con la luz eléctrica y las velas. Nos dice.

A universal law of economics says that the moment something becomes free and ubiquitous, its position in the economic eqution suddenly inverts. When nightime electrical lightning was new and scarce, it was the poor who burned common candles. Later, when electricity became easily accessible and practically free, our preference flipped and candles at diner became a sign of luxury.

Es un comportamiento reconocible ¿verdad?

Pareciera como siel valor de las cosas no estuviese en su propio naturaleza, en lo que de valor aportan, sino en su escasez. Visto así, el comportamiento es algo menos racional.


Comportamiento reconocible, pero paradójico. Puede parecer que no acaba de tener sentido, seguramente, no lo tiene del todo, pero es que, detrás de la economía, hay personas, y sus comportamientos, nuestros comportamientos, que se convierten en comportamientos económicos. a veces, son contradictorios, paradójicos...

miércoles, 8 de febrero de 2017

Las siete fases de la sustitución por robots

El temor está ahí.

El temor a ser sustituidos por robots.

El temor a que las máquinas se hagan tan inteligentes que nos sutituyan en el trabajo...¡quién sabe si en algo más!

Y como es un futuro que asusta, nos resistimos psicológicamente a él. De forma similar a como rechazamos la muerte, rechazamos nuestra sustitución por robots (ambas situaciones bastante comprensibles).

Y si cuando nos enfrentamos a la muerte de un ser querido, quizá a un gran dolor, solemos pasar por las fases del duelo que ya hace décadas identificó Elizabeth Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), Kevin Kelly, en su libro 'The inevitable' nos ofrece siete fases por las que atravesamos (o podemos atravesar) en relación a nuestra propia sustitución por robots.

Son estas:

  • Seguramente un robot u ordenador no puede hacer lo que yo hago

  • Vale, puede hacer muchas de esas cosas, pero no todo lo que yo hago

  • Vale, puede hacer todo lo que yo hago, pero con la salvedad de que me necesita cuando se avería o colapsa, lo que sucede a menudo.

  • Vale, suele funcionar bien en tareas rutinarias, pero necesito entrenarlo para tareas nuevas

  • Vale, vale, puede hacerse cargo de mi anterior y aburrido empleo, porque está claro que no era el tipo de trabajo que debe hacer un humano.

  • !Guau! Ahora que los robots hacen mi antiguo trabajo, mi nuevo trabajo es mucho más interesante y me recompensa más

  • Estoy encantado de que un robot / ordenador no pueda hacer lo que yo hago ahora.

En efecto, y como en las fases del duelo, empezamos negándolo y acabamos aceptándolo. En el caso de las fases que propone Kelly, incluso con alegría.

¿Realidad o ciencia ficción?

¿Hasta cuando una ficción?

lunes, 6 de febrero de 2017

La esencia de una marca



¿Por qué son importantes las marcas?

¿Por qué se invierte tanto en un logo, unos colores, un nombre, una imagen...?

Desde luego, es para vender más...pero ¿por qué?

Todos tenemos, creo, la experiencia de elegir productos por su marca. Muchas veces, al menos ese es mi caso, elegimos la marca conocida, o nuestra marca habitual. Y, con frecuencia, no nos importa pagar más, con tal de que sea un producto conocido, de la marca de nuestra confianza.

¿Por qué?

La propia frase anterior contiene la respuesta: confianza.

Una marca es una promesa. Una promesa de una calidad o una experiencia de cliente. Basamos esa confianza, bien sea en nuestra experiencia anterior con esa marca, o quizá nos dejamos impresionar por la publicidad, por testimonios de terceros o, simplemente, porque es la que elige la mayoría.

Sea como fuere, sea una elección racional o irracional, esté basada en experiencia propia o ajena, lo cierto es que una marca se convierte en depositaria de nuestra confianza. Y esa confianza que hemos puesto en la marca es la que nos hace elegirla, sentirnos seguros con ella y cómodos cuando la elegimos.

En su libro, 'The inevitable', Kevin Kelly aborda esta idea cuando nos dice:

Since we prefer to deal with someone we can trust, we will often pay a premium for that privilege. We call that branding.

Justo lo que acabamos de decir: puesto que confiamos en la marca, elegimos comprar sus productos y, por esa confianza, no sólo elegimos sus productos sino que, además, pagamos un premium por ellos.

No resulta extraña, pues, la inversión que las compañías hacen en branding. Una buena parte de sus resultados, tanto en ingresos como en margen, dependen de que esa su marca sea conocida por nosotros y sepa ganarse nuestra confianza...