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miércoles, 4 de marzo de 2026

Inteligencia artificial, creación y el proceso interior

Comienza a ser un debate recurrente, en algunos casos puede que hasta cansino, la relación del humano con la inteligencia artificial, si nos sustituirá o no, si sólo debe actuar como un copiloto o si afecta a nuestras capacidades cognitivas o no.

En este post quiero hacer una breve reflexión sobre el caso concreto del proceso creativo. Una reflexión que no es teórica, y que no busca realmente un posicionamiento, sino que es una visión muy individual mía, muy experiencial, aunque presumo que sensaciones parecidas las deben experimentar muchas otras personas, y por eso me parece valioso compartirlo.


El salto de la inteligencia artificial generativa


Quizá unos de los ámbitos en que más ha mejorado la inteligencia artificial en los últimos tres años, sea en todo lo que tiene que ver con la 'creación' o, si se prefiere, la generación de contenidos. Unos contenidos que inicialmente, fueron esencialmente textuales, pero en seguida saltaron a la imagen, al vídeo y a la música.

Un proceso, ese de la generación que, sobre todo en el campo del texto, va más allá de una creación mecánica de ese texto, sino que aporta 'conocimiento', datos y estructura. Y que, además, puede incluso hacer uso de resortes emocionales, quizá especialmente destacados en el caso de la generación musical.


Sobre el discutido concepto de creatividad


Se discute mucho sobre lo que es creatividad y lo que no y, sobre todo, si lo que hace la inteligencia artificial generativa es verdadera creatividad o no y, yendo más lejos, si se puede llegar a considerar arte algo creado con inteligencia artificial generativa.

No creo que sea un tema claro, realmente. Me parece, aunque me confieso un poco lego en la materia, que el propio concepto de lo que es el arte es, como diría 'el otro', algo discutido y discutible.

Pero sin llegar a la de idea de arte, y quedándonos sólo en creatividad, se alega a veces que la inteligencia artificial no es creativa porque, en el fondo, reutiliza unos patrones de base estadística que se le han enseñado y los utiliza para sus nuevas creaciones o, si se prefiere, generaciones. No sé si eso es suficiente para decir que la inteligencia artificial no es creativa, y menos teniendo en cuenta que parece que, en el fondo, la creatividad humana funciona, al menos parcialmente, de la misma forma: aplicando a ámbitos nuevos o de formas nuevas patrones que ya ha visto en el pasado.

En cualquier caso, el debate sobre la presunta o no creatividad de la inteligencia artificial, aunque atractivo, no es lo que me ocupa ahora. Para lo que sigue, el que llamemos creatividad o no a producción de contenidos de la inteligencia artificial generativa, me es irrelevante.

Lo cierto es que puede crear textos, imágenes, videos, sonidos y música nuevos y de una alta calidad factual y estética.

¿Dónde quedamos los humanos y nuestra creatividad y nuestro arte, ante todo esto?


Tomándomelo de modo personal


Todo lo que antecede es una exposición de contexto, pero a partir de aquí comienzo con mi experiencia personal. Y para esa experiencia hablaré de mi particular producción de contenidos.

Mi producción de contenidos se centra especialmente en lo textual, en la escritura. Creo textos, por ejemplo, para este mismo blog. He creado, y espero seguir creando, texto para los libros que he publicado o en los que he colaborado. He creado texto como material docente. He creado, incluso, aunque al menos de momento muy poco publicado, texto de naturaleza más artística, del ámbito literario (ensayo, narrativa e incluso alguna especie de poesía).

Para mi labor como 'speaker' y como docente, utilizo también mucho las hoy en día un poco denostadas presentaciones PowerPoint.

En bastante menor medida también creo en otros medios. Creo imágenes como complemento de artículos o presentaciones. Creo algunos vídeos como promoción, como realce de alguna charla o clase... o por el placer de hacerlo. Creo con mi voz participando en podcasts. Y he creado algo de música fundamentalmente como fondo de vídeos. 

Para esta creación multimedia, imágenes, video y música hoy en día me apoyo mucho, cada vez más, en el uso de la inteligencia artificial.

Sin embargo, para la voz y, sobre todo, para la creación textual y las presentaciones, pese a que sabría perfectamente cómo hacerlo con inteligencia artificial (es más, de vez en cuando enseño cómo hacerlo) mi mecánica sigue siendo clásica, es decir, genero el texto o las presentaciones por mí mismo, más o menos manualmente, aunque, evidentemente, usando un ordenador, y esporádicamente alguna ayuda de la inteligencia artificial.

¿Por qué ese diferente planteamiento según el contenido que genero?

Pues tiene mucho que ver con lo principal que quiero transmitir en este post: con el proceso interior de creación. Pero antes, un apunte sobre la calidad del resultado generado con inteligencia artificial.


La calidad del resultado


La inteligencia artificial generativa ha avanzado una barbaridad en poco tiempo y los resultados que ofrece son cada vez mejores. Los textos están bien redactados, bien estructurados, con mucho conocimiento por detrás y, en general, 'suenan bien' o incluso muy bien.

La calidad física de imágenes, vídeos y música es muy alta. Por calidad física me refiero a calidad del sonido en música o a la resolución y calidad de imagen en imágenes estáticas y vídeo. La composición suele ser buena, pero aquí, y reconociendo antes mi escasa preparación en materia de diseño o arte visual, tengo algunas 'pegas'. Las imágenes, si uno no se pelea mucho con ellas, y usando prompts cada vez más especializados, suelen ser abigarradas y un poco repetitivas. En el vídeo, se observan todavía con cierta frecuencia las famosas alucinaciones. En general, además, y aunque me imagino que esto se podría superar con práctica, insistencia y un promting avanzado y especializado, las herramientas tienden a generar imágenes, vídeo y música, de buena apariencia, pero un poco 'según le parece' y cuesta guiarla a que realicen tu idea (cuando la tienes). Con frecuencia, si no se pelea mucho, los resultados tienden además a ser repetitivos.

En general, mi sensación es que la calidad de la producción textual, es ahora mismo bastante más alta que la de la producción multimedia, pese a que ésta última nos impresiona muchísimo más.

Y, sin embargo, pese a que la inteligencia artificial genera, en mi opinión, mejores resultados en texto que en multimedia, mi uso es justo al revés, la utilizo mucho en multimedia y poco en texto.

¿No es esto contradictorio?

Pues la respuesta tiene mucho que ver con el proceso interior.


El proceso interior y la experiencia personal


Por el proceso interior, me refiero a mi forma de trabajar en la creación de contenidos, lo que experimento cuando lo hago, y lo que eso aporta al resultado y, sobre todo, a mí mismo. Y un proceso que, aunque describo como propio, me imagino que cualquier otra persona experimenta algo parecido.

En ese proceso interior de creación aportas y recibes. 

Veámoslo de forma separada


Lo que aportas cuando creas


Cuando estoy creando un texto de tipo profesional, para publicar o para docencia, aporto por un lado mi conocimiento, todo lo que he aprendido estudiando, leyendo, trabajando o escuchando a otros. Y aporto la experiencia profesional, lo que he vivido en las empresas que he trabajado, los clientes o proveedores con los que he tratado, lo que he visto en jefes y colaboradores. Y, no sólo eso, aporto mi comprensión, síntesis y en ocasiones opinión sobre el tema tratado. La inteligencia artificial puede aportar mucho en cuanto a conocimiento, datos  y estructura en este ámbito pero siento, y no quiero ser presuntuoso, que con frecuencia no está a mi altura. Lo que hace es muy correcto y lo cuenta muy bien... pero le falta 'un algo', un algo de discurso, de claridad, de exposición, de perspicacia, a veces incluso de 'alma' o personalidad. Salvo en casos y temas concretos, me gusta mucho más el contenido textual que yo genero que el que me aporta la inteligencia artificial. No es un prejuicio, es lo que veo.

Es importante resaltar, y de nuevo no quisiera ser presuntuoso pero sí claro, que esto es así en parte, por mi propias capacidades, circunstancias y motivaciones. Creo que puedo generar mejores textos que la inteligencia artificial porque atesoro mucho conocimiento, experiencia, lecturas y estudio en mis ámbitos de especialidad, porque además me gusta escribir y tengo mucha práctica en ello y, finalmente, porque soy perfeccionista y me gusta 'hacer las cosas bien' y dar los mensajes correctamente, en el orden correcto, de manera comprensible y, si es posible, incluyendo motivación.

Aún así, reconozco que, en cuanto a aportación, la inteligencia artificial es un gran competidor.

Y es por mi aportación, por lo que, en parte, no utilizo la inteligencia artificial en la generación de textos pero sí en multimedia. Porque si en texto yo creo aportar mucho, en multimedia no es así. 

Multimedia para mí es muy diferente. No tengo formación artística ni musical, salvo la muy básica obtenida en la enseñanza obligatoria. No tengo habilidad manual ninguna para dibujar. No le dedico demasiado tiempo a contemplar arte o a escuchar música. Y, quizá, uniendo la escasa formación y la falta de dedicación a contemplar las obras de terceros, no tengo imaginación suficiente para concebir una buena escena de vídeo y muchísimo menos una buena canción. Por todo ello, tengo muy poco que aportar a la hora de creación de imagen, vídeo o música. Y, sin embargo, la inteligencia artificial me permite crear con muy poco esfuerzo, aunque con las carencias ya reseñadas, imágenes, vídeos y canciones de alta calidad física, y razonable, aunque no perfecta, composición. Eso es mucho más de lo que yo soy capaz de hacer. Y por eso no duda en utilizar la inteligencia artificial.


Lo que recibes cuando creas


Pero luego está lo que yo recibo. Y probablemente eso sea muchísimo más importante y más decisivo a la hora de no utilizar la inteligencia artificial que la visión de lo que aporto.

He expresado más de una vez que 'pienso cuando escribo'. Cuando redacto un texto, del tipo que sea, reflexiono sobre lo que estoy escribiendo, maduro y cuestiono ideas, estructuro el mensaje. Incluso temas que domino, pasan por ese tamiz de la reflexión, el cuestionamiento y la reestructuración. Y todo ese proceso, aparte de ayudar a generar un mejor resultado, es enormemente enriquecedor para mí mismo, y diría que es también una forma de aprendizaje.

La reflexión, cuestionamiento y reestructuración del contenido es en sí mismo, como decía, un proceso de aprendizaje. Te ayuda a entender mejor, a estructurar mejor y a recordar. Es muy agradable, muy satisfactorio desde el punto de vista intelectual y muy enriquecedor. Te hace mejorar y a la vez te hace disfrutar. Al menos a mí.

Lo anterior aplica sobre todo a la escritura profesional.

En el caso de la escritura literaria, también aplica en buena medida lo anterior, sobre todo la reflexión, pero hay algo más y diferencial, que es la emoción. En el caso de algunos textos de carácter literario (alguno publicado y alguno no), la propia escritura me ha despertado emociones, porque al fin y al cabo escribes sobre cosas que, de alguna manera, te importan. Puede parecer absurdo, pero alguna vez hasta he soltado alguna lagrimita al releer algo que acaba de escribir. Me creo que la inteligencia artificial escriba un texto que te pueda llegar a conmover...pero estoy seguro de que no es lo mismo, en absoluto, que cuando es un texto tuyo, escrito por ti y sobre lo que te importa.

Como he dejado patente, no realizo verdadera creación artística en materia de imagen, vídeo o música. Pero presumo que, algo paralelo a lo que yo experimento al escribir, lo puede vivir un pintor o diseñador gráfico al crear una imagen, un cineasta al crear un corto o un compositor al crear una nueva pieza musical. 

E, incluso, si supusiésemos, y puede llegar a ser cierto, que la inteligencia artificial llegue a generar textos, imágenes, vídeos  y música de calidad, no solo física sino también artística, superior o similar a la humana, sólo por el hecho de experimentar en uno mismo el proceso interior de la creación, valdría la pena no utilizar la inteligencia artificial, o al menos no de vez en cuando, al menos no para aquello que realmente te importa.


Y el proceso exterior


Sólo un apunte final, que ya no hace mención al proceso interior, sino al proceso exterior.

Para el caso de creación de tipo profesional, para documentos, logotipos, presentaciones, vídeos promocionales, tiendo a pensar que al público receptor de la creación, le importe poco si lo ha hecho la inteligencia artificial, una persona o a medias. Tiendo a pensar que lo que vale es el resultado.

Pero ¿y en el caso de la creación puramente artística? ¿Y en el caso en que al autor trasmita experiencia y emociones propias? 

¿Le importaría al lector de una poesía o una novela introspectiva que haya una persona detrás que vivido, sufrido y disfrutado, o quiere sólo el texto? 

Y lo mismo diría de cualquier otra creación puramente artística  ¿Nos importa sólo el producto o también la persona y experiencia que hay detrás?

De la contestación a esas preguntas no estoy seguro. Creo que, probablemente, a muchas personas les dará igual quién sea el autor o autora de la obra, y si es una persona o la inteligencia artificial. Pero también quiero suponer, y supongo realmente, que habrá personas que esperan que haya una persona al otro lado, un escritor para una novela, un poeta para una poesía, un compositor para una melodía.


Conclusiones


La inteligencia artificial es capaz de generar contenidos de una altísima calidad formal y una buena calidad en cuanto a composición. Y pudiera, en esa labor de creación, llegar a sustituir a los humanos.

Sin embargo, en ciertas ocasiones, los humanos bien preparados, creo que pueden generar mejores resultados. 

Y, sobre todo, lo más importante y más allá del resultado, el propio proceso interior asociado a la creación, es tan agradable, tan satisfactorio y tan enriquecedor que aunque sólo sea por experimentarlo, vale la pena no delegar en la inteligencia artificial según qué cosas.


jueves, 10 de agosto de 2023

El arte y la técnica: una digresión improvisada sobre Midjourney y el futuro del arte

Que me perdonen los artistas y los entendidos en arte, si digo algo equivocado, algo que no compartan, algo que entiendan como erróneo o fruto del desconocimiento...porque en el fondo puede ser así, ya que reconozco, y lo lamento, que no poseo grandes conocimientos de arte más allá de la cultura básica que la educación obligatoria proporciona. 

Y, por tanto, alguna de las apreciaciones que hago en este post puede estar poco alineadas con la realidad del arte o puede no tener en cuenta algún matiz relevante. Si ese es el caso, me encantaría recibir comentarios e incluso correcciones siempre que sean fundamentados y bienintencionados..

Que me perdonen incluso, los muy, muy entendidos (los de verdad entendidos) en inteligencia artificial generativa, muy especialmente en el ámbito de las imágenes, porque aún estoy a medio camino (no sé si alguna vez llegaré al final de ese camino, ya que el mismo se alarga y aleja constantemente) en mi investigación y análisis de esta rama de la inteligencia artificial, una investigación y análisis que es abarcadora, incluyendo la tecnología, el negocio, los casos de uso, las herramientas concretas y sus implicaciones éticas.

Lo que sigue no son más que unas reflexiones improvisadas, fruto de unos primeros contactos con Midjourney, una de las más conocidas herramientas de inteligencia artificial generativa, orientada a la creación de imágenes. Unas reflexiones inspiradas por la lectura de dos libros sencillos, sin pretensiones, que explican el uso de Midjourney, centrados muy específicamente en los comandos y sobre todo el 'prompting': 'The midjourney version 5 prompot book' de Shaheed Ullah y 'Aprende a usar Midjourney: Generación de imágenes mediante inteligencia artificial' de Rafael Antonio Roa Hernández.


El problema: ¿está el arte en peligro? ¿Está el empleo en diseño gráfico en peligro?


La llegada de la inteligencia artificial generativa 'ha puesto patas arriba' el panorama tecnológico, por su potencia, por su espectacularidad y también por las preguntas que plantea, los interrogantes que abre.

En concreto, la inteligencia artificial generativa aviva del debate, la reflexión o el miedo, a la sustitución de la actividad humana por algoritmos, pero en este caso en labores tan sorprendentes, tan en apariencia tan intrínsecamente humanas, tan hasta no hace mucho tan supuestamente a salvo de cualquier posibilidad de automatización, como es la creación artística.

Aunque el concepto de arte es muy amplio, estoy pensando básicamente en la pintura o, de manera algo más práctica, la creación de imágenes en campos como la ilustración de libros, logotipos, carteles publicitarios, etc de los que hablaré, no sé si con total precisión, como diseño gráfico.

¿Podemos considerar obra de arte la creación de una inteligencia artificial generativa? ¿Qué hueco queda para el arte o para la creación si los cuadros o las ilustraciones se pueden generar de forma automatizada casi por cualquiera mediante el uso de herramientas generativas? ¿Están seriamente en peligro los puestos de trabajo de ilustradores o diseñadores gráficos? ¿Y de los pintores?


Midjourney


Midjourney es una herramienta generativa que a partir de unas indicaciones textuales, relativamente sencillas (el 'prompt') junto con algún comando que fija ciertos aspectos, es capaz de generar imágenes. Imágenes que son detalladas, sofisticadas, pudiendo asimilarse, y mucho, a un cuadro o una fotografía de calidad.

Y no se precisan conocimientos técnicos, al menos técnicos entendidos como programación o algoritmia. Y es muy fácil empezar a crear imágenes aunque conseguir resultados excelentes precisa de cierta práctica en la definición de esos prompts y, lo que es curioso, y en parte ha inspirado la redacción de este post, es que también se beneficia de conocimiento artístico o de fotografía, pero a eso volveré más adelante.

¿Podría considerarse arte, entonces, una actividad en que el presunto 'creador' humano, lo único que hace es proporcionar una frase a una herramienta informática y esperar que ésta genere una imagen, una imagen que el humano ni siquiera sabe cómo va a ser exactamente hasta que la ve, y donde el humano no ha hecho uso de ninguna habilidad manual, o en apariencia ni siquiera una gran habilidad cognitiva?

Hagamos un breve alto en el camino para considerar el papel de las técnicas en el arte.


El arte y las técnicas


Y me arriesgo en este punto a una breve reflexión, insisto que no respaldada por especiales conocimientos sobre arte, sobre esa relación del arte con las técnicas.

Es de mi parecer, no sé si acertado o no, que en los primeros tiempos del arte, y estoy pensando en la pintura, y en esos primeros tiempos abarcando hasta la Edad Media y el Renacimento, la técnica, el dominio de la técnica, jugaba un papel muy importante en la consideración de un artista. 

El conocer cómo crear nuevos tintes, nuevos tonos de color a partir de plantas, metales u otros materiales, podía ser diferencial. El conocimiento o dominio de técnicas como la perspectiva, o el saber plasmar en un cuadro la luz, con sus sombras y con sus mil detalles, o el saber reflejar con fidelidad la anatomía humana, con zonas tan difíciles como la cara o las manos, hacían a una persona un mejor artista. 

Sin despreciar la idea, la inspiración, el sentimiento o el mensaje, la técnica era crucial en la consideración de la calidad de un artista. Al menos eso es lo que yo percibo.

Sin embargo, y como se diría en un lenguaje poco artístico, esas técnicas se 'comoditizaron', se hicieron moneda casi común, se sistematizaron, se enseñaron y se pusieron al alcance de cualquiera con una cierta formación, en este caso en pintura. Y probablemente casi lo mismo pueda decirse con la escultura. 

Hoy en día, cualquier pintor puede reproducir con gran fidelidad una obra maestra, digamos La Gioconda, y, al menos a los ojos de los legos, hacer cuadros casi indistinguibles del original. En el caso de la escultura, no es raro que el escultor sea más bien un diseñador que luego encarga a un taller o una forja la confección material de la obra.

Y eso es una manifestación de la 'comoditización' de la técnica en el arte. Lo valioso pasa a ser, no la técnica, que está al alcance de mucha gente y por tanto no es diferencial, sino la originalidad, la innovación, la creatividad o lo que la obra sea capaz de transmitir. De alguna manera, parece como un arte más puro, más esencial, quizá más intelectual o emocional, y, desde luego, mucho menos manual.


Midjourney como técnica


Y esto me lleva a la consideración, que no a la afirmación, de que quizá debamos considerar a Midjourney y otras herramientas de inteligencia artificial generativa, actuales o que puedan venir en el futuro, simplemente como una técnica más, una técnica que sí, que 'commoditiza' la parte material de la ejecución del cuadro o imagen, que hace absolutamente prescindible la habilidad manual, que está más al alcance de cualquiera, pero que quizá, quizá, deje aún espacio al creador para su propia expresión.

Al menos en sus realizaciones actuales, el resultado de una herramienta generativa no es completamente determinista. Influye lo que el humano indique mediante el 'prompt'. Y en ese prompt se indica, claro, lo que se desea que la imagen contenga, pero se tienen en cuenta más cosas.

Así, por ejemplo, y eso me ha llamado la atención, en el prompt se pueden indicar estilos artísticos (muchos de los cuales me parecen conocimiento especializado de artistas o críticos artísticos) y también el estilo de pintores concretos. Esta indicación del estilo de pintores concretos puede generar, y genera de hecho, problemáticas de propiedad intelectual, pero a efectos de lo que en este post quiero indicar, lo único que pone de relieve es que el tener un amplio conocimiento de artistas y sus estilos es un conocimiento relevante a la hora de crear una imagen con Midjourney.

Me ha resultado, quizá aún más curioso, que cuando la imagen que se quiere generar es de tipo fotografía, no sólo se puede indicar un fotógrafo con nombres y apellidos para condicionar el estilo de la imagen, es que también tiene influencia y se puede indicar en el prompt, la cámara fotográfica concreta que, supuestamente, se ha utilizado para generar esa imagen.

Al menos en su estado actual, Midjourney es una herramienta poderosa, sorprendente, pero aún deja espacio, pues, a la habilidad, la intención y el conocimiento artístico y/o fotográfico del humano que maneja la herramienta.

Esto me lleva a unas conclusiones preliminares sobre las preguntas más profundas acerca de la naturaleza del arte y si se puede considerar arte algo creado con una solución generativa como Midjourney.

Pero antes quiero abordar algo más práctico, el futuro del diseñador gráfico, desde una perspectiva de empleo y disrupción tecnológica.


El futuro del diseño gráfico


Lo cierto es que las imágenes creadas con una herramienta como Midjourney pueden ser realmente buenas. Y se pueden utilizar en muchas labores que habitualmente los que no somos artistas delegaríamos o contrataríamos a un diseñador gráfico o partiríamos de un banco de imágenes: diseño de portadas de un libro, diseño de un logotipo, imágenes para informes corporativos, ilustraciones para libros o artículos, imágenes para webs, imágenes de cabecera de un post en un blog, etc.

Me gustaría poder transmitir otra cosa a los profesionales de este campo, pero realmente sí creo que están amenazados. Lo siento. Probablemente, al menos a corto plazo, no desaparezcan, pero sí intuyo que puede disminuir su carga de trabajo y que se les puede exigir dar un 'plus' si es que quieren seguir siendo valiosos y relevantes en el mercado.

Hace unas semanas hablaba con una persona a quien aprecio mucho, en lo personal y lo profesional, alguien a quien prefiero no mencionar pero que si lee estas líneas seguramente se reconozca, y me contaba el caso de una diseñadora gráfica, cuyo nombre no me proporcionó y que, de alguna forma estaba conmocionada ante esta nueva tecnología. ¿Por qué? Pues porque tras años de dedicarse a formarse, a perfeccionar su estilo y capacidades de diseño gráfico, ahora observaba impotente como casi cualquiera, con una herramienta de este tipo, podía generar imágenes muy buenas, que ella misma no tenía más remedio que reconocer que le gustaban.

Como historia personal es triste...pero creo que vamos a ver muchas más de este tipo de historias. Realmente creo que la inteligencia artificial generativa es disruptiva y va a alterar e incluso puede que eliminar muchos perfiles profesionales o puestos de trabajo.

Es la doble cara de la tecnología: genera progreso y grandes beneficios a nivel global, pero no evita, incluso provoca, tragedias a niveles más personales o sectoriales.

Aunque en este momento no puedo concretar mucho mis consejos, sí creo que cualquier profesional de un ámbito que pueda ser realizado por una solución generativa debe hacer dos cosas:

  • Conocer la tecnología y sus capacidades e implicaciones reales, con un doble objetivo: por un lado entender la amenaza que puede suponer y, por otra, para intentar reconocer formas de adaptarse a sus existencia, usarla y sacarle partido, si es posible.

  • Reflexionar sobre su propia proposición de valor y si puede ser sostenible en el futuro próximo y lejano con la existencia de estas herramientas o no. Si la respuesta es afirmativa, profundizar en sus valores diferenciales (y en el conocimiento y uso de la tecnología). Si la respuesta es negativa, no queda más remedio que hacer un plan de reciclaje y reinvención profesional. Puede ser duro, pero quizá inevitable.


El futuro del arte


En un plano más abstracto, más elevado aunque no necesariamente más importante, vuelvo a la pregunta de si queda sitio para el arte en el mundo de la inteligencia artificial generativa.

Vuelvo a insistir en que no soy entendido en arte, así que lo doy es sólo mi impresión, perfectamente discutible. Y también aviso que la tecnología en general y la inteligencia artificial y la generativa en particular, evolucionan tan rápido y con pasos tan espectaculares, que cualquier cosa que diga ahora puede tener que ser revisado dentro de unos meses o incluso unas semanas.

Pero mi impresión actual es que sí sigue quedando sitio para el verdadero arte.

Como he intentado explicar, el resultado que proporciona una herramienta como Midjpourney no es todavía completamente evidente. Todavía hay sitio y trabajo para el humano para explorar, detallar y evolucionar el prompt con que se piden imágenes hasta conseguir el efecto deseado. Y en ese trabajo es muy relevante tener conocimientos artísticos, de estilos, de pintores, de trucos, de colores, de cámaras fotográficas, etc

Aunque muy poderosa, y aportando fuerte automatización, aún hay hueco para el trabajo, la intención y el guiado humano.

En ese sentido, Midjourney y las herramientas generativas serían una caso más, el último y probablemente más avanzado, de las técnicas que 'comoditizan' la ejecución de la obra, pero que, en cierto modo, aún hace más diferencial el ingenio de quien sea, con esa herramienta, capaz de crear algo novedoso y diferente, quizá un estilo nuevo... que otros podrán imitar más adelante, mediante nuevo entrenamiento del modelo y una adecuada indicación en el 'prompt'.


Conclusión


He insistido en que no me considero experto, ni siquiera buen conocedor, del mundo del arte, y aún estoy en fase de estudio de las soluciones generativas, así que todo lo que he dicho más arriba puede ser cuestionable, criticable o revisable.

Pero de mi conclusión final, de mi recomendación final, estoy muy seguro.

Y esa recomendación es esta: si eres artista, si eres diseñador gráfico, no puedes ignorar las soluciones de inteligencia artificial generativa. Puede quedar o no sitio para al arte, puede quedar o no lugar para el diseño gráfico, se provocará más o menos desempleo o falta de actividad en ciertas actividades profesionales relacionadas con la creación gráfica, pero de lo que no me cabe duda es que la inteligencia artificial generativa va a impactar y modificar el mundo del arte y la creación gráfica incluyendo la fotografía. Creo que va a haber un antes y un después.

Así que no hagas el avestruz, no lo ignores, conoce esta nueva tecnología, cuánto más mejor, cuánto antes mejor. 

Estúdiala, úsala, conócela... y, con conocimiento de causa, decide cómo puede afectar a tu futuro y qué quieres hacer con ella en tu actividad profesional y artística