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lunes, 8 de noviembre de 2010

Marlene y la resonancia magnética funcional o la narratividad en la literatura empresarial

Léase el siguiente pasaje:

"... se acostó boca arriba en el interior de la máquina de resonancia magnética funcional, la cual emitió un pequeño sonido de ajuste al elevarse y asegurarse la plataforma. Se la veía temerosa -¿quién no lo estaría?-, pero logró sonreir valientemente cuando el técnico cubrió casi todo su rostro con la bobina protectora..."

¿De qué se trata? A simple vista podría parecer un fragmento de un relato de Isaac Asimov donde una heroína, que adelanto se llama Marlene, es sometida a algún tipo de prueba, quizá bajo la atenta vigilancia de un robot. Tambien podría tratarse de una obra centrada en el mundo médico, digamos que de Robin Cook o de Maxence Van de Meersch.

Podría ser, pero lo cierto es que se trata de un pasaje de un libro de marketing y, en concreto, del afamado 'buyology' de Martin Lindstrom y el autor, simplemente, nos describe un experimento realizado con objeto de estudiar el efecto que sobre los fumadores (Marlene es una fumadora) producen las advertencias sobre el efecto perjudicial para la salud que figuran en las propias cajetillas.

¿Por qué ese estilo narrativo, esa personalización que incluye proporcionarnos el nombre propio de la mujer, el describirnos sus sentimientos o señalar aspectos tan nimios como el sonido que emite la máquina? ¿No es, desde un punto de vista científico, completamente accesorio e, incluso distractor?

No creo que ese estilo sea accidental, y menos en el caso de alguien tan conocedor del mundo del marketing como es Martin Lindstrom y tan atento, no puede ser de otra manera viniendo del campo del neuromarketing, a nuestras motivaciones y gustos ocultos.

Creo, y no pienso estar haciendo ningún tipo de gran descubrimiento que, simplemente, nos gustan las historias. No gusta que nos cuenten historias y los libros técnicos, de marketing o de gestión empresarial no son una excepción a ese gusto por la narración.

Las historias facilitan la lectura y la comprensión y, como señalaba Nassim Nicholas Taleb en su libro 'el cisne negro' y hablando a propósito de la falacia narrativa, dan un sentido de causalidad, ayudan a tejer una explicación.

"Las explicaciones atan los hechos. Hacen que se puedan recordar mucho mejor; ayudan a que tengan más sentido" nos dice Taleb.

No se trata, pues, de un recurso fútil, por más que no añada rigor ni valor científico. La narratividad ayuda a llegar al público, a hacer los argumentos comprensibles y a favorecer su recuerdo. No tiene valor científico, pero sí divulgativo y comunicativo.

Cualquier autor de un campo científico, técnico o empresarial que aspire a divulgar sus ideas, a ser leído, a influir, no debería olvidar esta necesidad de narrar, de contar historias, buenas historias.

Y esto es lo que hace, ni más ni menos, Martin Lindstrom con su heroína Marlene y la prueba de resonancia magnética funcional.

viernes, 25 de junio de 2010

Tecnología y futuro (I). Impredecibilidad de los usos de una tecnología

Nicholas Carr aporta una interesante cita de Lewis Strauss, que seria más tarde presidente de la Comisión de la Energía Atómica:

"Los usos que posiblemente son más importantes, son por definición aquellos que ahora somos incapaces de reconocer porque son los que se alejan más de nuestro entorno actual."

Escribía esto en 1945 y hablaba, evidentemente, de la energía atómica. Pero su mensaje resulta plenamente actual y aplicable a cualquier tecnología emergente. El verdadero potencial y, sobre todo, los usos que se pueden dar a una nueva tecnología, son difícilmente predecibles. Es el público, somos nosotros, los que decidimos qué nos interesa y qué no...y no debemos ser fácilmente sometibles a modelos predictivos por lo que se ve.

¿ Y no tiene la frase de Strauss un cierto aroma a los cisnes negros de Nassim Nicholas Taleb?

domingo, 4 de abril de 2010

Los cisnes negros de Taleb

"El cisne negro" es uno de esos extraños 'clásicos' de literatura empresarial que tanto abundan hoy día y que califico como extraños porque, si bien son muy referenciados en la literatura sobre 'management', liderazgo y nuevos modelos económicos, en el fondo, no son realmente libros sobre gestión, sino obras multidisciplinares, que mezclan diferentes ramas del saber y donde sus considerandos o implicaciones sobre temática económica o empresarial es sólo una parte, no siempre la más importante, de los temas tratados.

Así ocurre con este "cisne negro", un libro que realmente trata sobre la incertidumbre, los fenómenos excepcionales de alto impacto en nuestras vidas y en la historia, así como sobre nuestras limitaciones de orden tanto teórico como práctico para reconocerlos y concederles la importancia que según el autor merecen.

Pero ¿qué son estos "cisnes negros" que dan título a la obra? Un cisne negro es, según el autor, un fenómeno que exhibe los siguientes tres atributos:
  • rareza: habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad
  • impacto extremo
  • predictibilidad retrospectiva (no prospectiva): se inventan explicaciones sobre su existencia después del hecho...pero no se es capaz de predecirlo antes
El nombre proviene del hecho de que, antes del descubrimiento de Australia, todo el mundo pensaba que los cisnes eran blancos. Al descubrir estas nuevas tierras se pudo comprobar, sorprendentemente, que existían cisnes negros.

¿Ejemplos de "cisnes negros"? Taleb propone algunos ya desde el primer capítulo: el ascenso de Hitler, la precipitada desaparición del bloque soviético, la aparición del fundamentalismo islámico, la difusión de Internet, la crisis bursátil de 1987...

La obra recorre diferentes falacias y errores científicos o cognitivos que nos impiden reconocer la existencia de cisnes negros, o nos guían por teorías equivocadas que hacen pensar en un mundo mucho más mecánico y predecible de lo que el autor considera es en realidad. Los cinco errores fundamentales que nos vuelven ciegos ante los "cisnes negros" son los siguientes:
  • el error de la confirmación: nos centramos en segmentos preseleccionados de lo visto y a partir de ahí hacemos generalizaciones erróneas
  • la falacia narrativa: o el afán de inventar historias presuntamente explicativas pero que resumen y simplifican los problemas
  • la antecámara de la esperanza: o comportarnos como si los cisnes negros no existieran
  • la falacia de las pruebas silenciosas: o el hecho de tener en cuenta únicamente las 'pruebas' que conocemos, sin apercibirnos de que existen otras que, simplemente, no conocemos o no han llegado a nosotros
  • la falacia lúdica: el creer que el azar en la vida real sigue las mismas reglas probabilísticas que los denominados juegos de azar
Además, Taleb critica algunas filosofías y algunos artefactos matemáticos, muy notablemente, el uso de la campana de Gauss.

En toda su disertación, Taleb se adentra en terrenos de la economía, sí, pero mucho más en otras áreas del pensamiento como es la filosofía, la sociología, las matemáticas, etc. Todo ello, aderezado de un estilo más narrativo que expositivo, irónico a veces, ácido otras, erudito a en ocasiones, humorístico con frecuencia.

Todo ello conforma un libro curioso, interesante, ameno (aunque quizá peque ligeramente de extensión un poco larga) pero con el problema de que, si bien se lee con facilidad, las ideas a veces se escapan, en ocasiones entre la multitud de anécdotas y ejemplos y, en otros casos, en las profundidades de las matemáticas o la filosofía.

Me quedo con la sensación de que, para comprender bien este libro, son precisas cuando menos dos lecturas: una lectura rápida para disfrutarlo y captar los mensajes principales y una lectura mucho más detenida y minuciosa para fijar bien los conceptos y entender los recovecos más intrincados.

En cualquier caso, es uno de esos libros referenciados con frecuencia y que conforman de alguna manera la cultura moderna, por lo que considero importante su lectura.

Nassim Nicholas Taleb nació en Amioun, Líbano, en 1960. Estudió matemática financiera en la universidad de París y obtuvo un MBA por la Wharton School. Tras trabajar en bolsa, ha dedicado posteriormente su vida a estudiar las reglas y la lógica de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el saber, definiéndose a sí mismo como un "empirista escéptico".

Entre sus libros más relevantes se incluyen 'Fooled by Randomness: The Hidden Role of Chance in Life and in the Markets' y 'The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable' (el que es objeto de este artículo).

Para más información se puede visitar su página personal.

Ficha técnica:
TITULO: El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable.
AUTOR: Nassim Nicholas Taleb
EDITORIAL: Paidós
AÑO: 2007 (Edición española en 2008)
ISBN: 978-84-493-2189-4
PAGINAS: 491

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jueves, 25 de marzo de 2010

Contagio vs. meritocracia o la dinámica del éxito en la Web 2.0

Afirma Nassim Nicholas Taleb en su famosísimo libro "El cisne negro":

"lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez".

Es una visión algo descreída y desesperanzada acerca de la propagación de ideas. No se trata de que una idea, una teoría, sea buena o mala, acertada o desacertada, original o no...lo que importa es que tenga eco, que se propague, que se contagie...y eso la convertirá en una teoría exitosa y aceptada como válida.

Esta misma idea se aplica a los éxitos literarios, musicales, a los referentes técnicos y científicos, a los líderes de opinión... Nos atrae lo exitoso, lo popular, lo reconocido. La fama se contagia y genera renombre ...y más contagio. Los éxitos se convierten en best-sellers, lo conocido en famoso, lo popular en omnipresente...y todo ello en una dinámica que se realimenta a sí misma por la vía de la viralidad, del contagio.

Es una dinámica que tiende a hacer más famoso lo famoso...y a hacer caer en el olvido lo poco conocido. Es un esquema del tipo "the winner takes it all" en que el éxito sonríe a lo exitoso.

Pero, en ese camino, se corre el riesgo de la desaparición de buenas ideas, de grandes teorías, de interesantes opiniones que, simplemente, no se contagiaron.

Y la web 2.0 parece afectada por esa dinámica. Los blogs populares son seguidos, enlazados, referenciados, incluidos en blogrolls y trackbacks...sus ideas se contagian con creciente intensidad y eclipsan el resto de pensamientos de la blogosfera.

¡Un momento!

¿No era la web 2.0 un fenómeno democratizador de las ideas? ¿No contribuía al aplanamiento del mundo?¿No era esto una meritocracia en que cualquiera podía ser popular y recibir atención si sus aportaciones merecían la pena?¿No habilitaba Internet la larga cola de las ideas y los contenidos digitales?

¿O es que el contagio precisa, para su inicio, de una chispa de calidad y mérito, para luego sucederse y crecer como una bola de nieve?

¿Son el contagio y la meritocracia fenómenos opuestos o complementarios? El contagio es el otro nombre de la viralidad. Lo que no está claro es si la viralidad sigue un patrón repetitivo y si, en caso de existir un patrón, éste favorece al mérito...o simplemente a la suerte.

jueves, 4 de febrero de 2010

Falacias narrativas sobre el mercado de valores

Siempre me han llamado la atención las explicaciones, en mi opinión, simplistas, poco científicas y no probadas, que la prensa, incluso la prensa económica especializada, ofrece de las fluctuaciones diarias de la bolsa de valores, de la evolución de los indicadores económicos, utilizando como explicaciones, normalmente, sucesos geopolíticos o la publicación de otros indicadores macroeconómicos.

Resulta que ese fenómeno, esas explicaciones simplistas, tienen un nombre, falacia narrativa, y se lo ha adjudicado Nassim Nicholas Taleb en su más que célebre obra "El cisne negro". Así lo dice Taleb:

"Cada vez que se produce un movimiento en la bolsa, los medios de información se sienten obligados a dar la 'razón'".

Y nos propone un ejemplo acaecido en 2003 en que el mismo hecho, la captura de Saddam Hussein, se utilizó por la misma agencia, Bloomberg, para explicar, con poco más de dos horas de diferencia, tanto la caída como la subida de los Bonos del Tesoro de Estados Unidos en una variación intradía.

La falacia narrativa es un artificio que nos hace buscar una historia, una narración, que nos permita explicar unos hechos, que nos aporte causalidad y nos simplifique su comprensión. De nuevo en palabras de Taleb:

"La falacia narrativa se dirige a nuestra escasa capacidad de fijarnos en secuencias de hechos sin tejer una explicación, o, lo que es igual, sin forzar un vínculo lógico, una flecha de relación sobre ellos. Las explicaciones atan los hechos. Hacen que se puedan recordar mucho mejor; ayudan a que tengan más sentido. Donde esta propensión puede errar es cuando aumenta nuestra sensación de comprender."

Sin embargo, y quizá porque su propia profesión le lleva a exculpar a los analistas económicos, Taleb centra en otro colectivo, en el público, en todos nosotros, el origen del problema:

"El problema de la causalidad exagerada no está en el periodista sino en el público. Nadie pagaría un dólar por una serie de estadísticas empíricas... Queremos que nos cuenten historias".

Así que sí, las noticias con explicaciones sobre las fluctuaciones en el mercado de valores suelen ser falacias narrativas, suelen ofrecer historias y una falsa sensación de causalidad. Sin embargo, esas falacias hacen las noticias más digeribles, más interesantes...aunque no necesariamente más ciertas.

domingo, 31 de enero de 2010

Antecedente neuronales y cognitivos de los procesos ITIL

Según explica Nassim Nicholas Taleb en su famoso libro "El cisne negro", y citando las investigaciones de ciertos psicólogos, parece que nuestro pensamiento tiene una caracteristica dual o, si se prefiere, existen dos "sistemas":
  • sistema experiencial: que es automático, rápido, no requiere esfuerzo. Tiene que ver con la intuición y produce atajos que permiten funcionar de una forma rápida y eficaz.
  • sistema cognitivo: que es el que denominamos habitualmente "pensamiento" y que es razonado y lógico, pero lento.
Parece, además, que existe una cierta base orgánica en nuestro cerebro para esos dos sistemas. Según nos enseña la neurobiología existen dos partes en el cerebro:
  • cerebro límbico: de reacción rápida y que es el centro de los sentimientos.
  • parte cortical: que se supone es la que se emplea para pensar y razonar.
Y se me ocurre pensar que esta forma de dividir el pensamiento y la acción en dos partes, una dedicada a la reacción rápida y otra al análisis profundo, es un patrón que se repite, incluso, en el ámbito de la gestión de servicios TI (ITSM) basados en las mejores prácticas ITIL. Así, la resolución de cualquier mal funcionamiento en la infraestructura TI objeto del servicio, se organiza con base en dos procesos:
  • Gestión de incidencias: que es un proceso orientado a la pronta restauración del servicio, a la resolución rápida, utilizando para ello, con frecuencia, los denominados "workarounds" (atajos) ...al igual que hace el sistema experiencial.
  • Gestión de problemas: orientado a la búsqueda de causas subyacentes, raíces y al establecimiento de soluciones duraderas. Es un proceso más analítico y lento ...como el sistema cognitivo.


Curioso paralelismo... que seguro que no es casual.

Esa subdivisión en una respuesta rápida y otra razonada es una "mejor práctica" que, a través de la evolución, nuestro cerebro ha incorporado. Ese mismo patrón, aplicado a la gestión de servicios TI, es otra "mejor práctica" y, como tal, recogida por ITIL, fruto de la evolución y la experiencia colectiva en la gestión de servicios.

Y sin duda, la aplicación de esta "mejor práctica" se ve favorecida, probablemente de forma inconsciente, por ser ese nuestro sustrato neuronal y cognitivo, la esencia misma de nuestra forma de proceder y comportarnos ante los "inputs" que el mundo nos ofrece, ya sea en la vida diaria, o gestionando servicios TI.

miércoles, 20 de enero de 2010

Pienso... luego no dirijo

"Resulta imposible profundizar mucho en una idea cuando se dirige un negocio, sean cuales sean las horas que éste conlleve; dicho simplemente, a menos que uno sea un insensible, las preocupaciones y el sentido de la responsabilidad ocupan un espacio cognitivo precioso. Es posible que uno pueda estudiar, meditar o escribir si uno es un empleado, pero no cuando se dirige un negocio, a no ser que sea un irresponsable.".

Sorprendente, y se me antoja que algo exagerada, esta afirmación de Nassim Nicholas Taleb. No creo que forme parte del núcleo central de su pensamiento. Es sólo una nota a pie de página en la sección de agradecimientos de su afamado libro "El cisne negro".

Algún fondo de verdad, no obstante, sí parece ocultar esta frase. El directivo tiene muchos estrés, muchos temas en que intervenir, muy poco tiempo para decidir, muy poco para pensar...

Aún así, quisiera pensar que, aunque rápido, y quizá menos de lo que deseara, algo sí que piensa. Más nos vale...