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viernes, 16 de agosto de 2013

Un futuro tecno-económico imaginado por Jaron Lanier


'Who owns the future?' es un extenso y multidisciplinar análisis de la sociedad digital actual poniendo énfasis quizá en sus aspectos macroeconómicos.

Aunque el libro es bastante extenso y su autor nos conduce por un largo y algo alambicado recorrido por sus ideas sobre tecnología, economía y sociedad digitales, se podría decir que sólo dos son las grandes ideas presiden todo el libro.

En primer lugar, y en lo que a análisis se refiere, la constatación de que el desarrollo de la sociedad digital ha llevado a una gran concentración de poder en lo que el autor denomina 'Siren servers' (servidores sirena). ¿Qué es un 'Siren Server'?. La definición que el autor nos proporciona es la siguiente: "Un servidor sirena, es un computador de élite o un conjunto coordinado de computadores en una red. Se caracteriza por el narcisismo, una enorme aversión al riesgo y una extrema asimetría de información. Es el ganador de una lucha del tipo todo o nada e impone otras luchas del tipo todo o nada a aquellos que interaccionan con él.". Ejemplos típicos de 'Siren Servers' serían los gigantes de Internet como Google, Facebook o Amazon, pero el concepto se extiende algo más allá del mundo estrictamente digital para incluir tambien, por ejemplo, a aseguradoras o agencias de inteligencia.

El 'modus operandi' y el principal problema con los 'Siren Servers', siempre según el autor, es que recogen datos de la red sin pagar por ellos, los analizan pero mantienen los resultados en secreto y los utilizan en su propio provecho. La consecuencia es una concentración de poder y de valor en esos 'Siren Servers', un poder y un valor (económico), que va desapareciendo de las manos de los ciudadanos, creando una sociedad desigual y la desaparición de la clase media.

La concentración de valor merece un comentario especial. Lanier entiende que a medida que proliferan estos 'Siren Servers', su manera de obtrener información suele proceder de aportaciones gratuitas por parte de los ciudadanos. El problema es que, a medida que diferentes sectores se van digitalizando (la música podría ser un ejemplo paradigmático), aquellos que aportan realmente la información o el valor dejan de ser pagados por ello, concentrándose no sólo la información sino también el beneficio económico en esos pocos 'Siren Servers'. A cambio, la población general se va empobreciendo y, paradójicamente, la sociedad en su conjunto también.

La segunda gran idea del libro la constituye la propuesta de Jaron Lanier para afrontar esta problemática y resolver la paradoja. El autor entiende que es imprescindible la existencia de una clase media. Entiende, sobre todo, que aunque parece destruirse riqueza, en realidad no es así, sino que lo que ocurre es que el valor que han aportado los ciudadanos ha dejado de ser pagado. ¿La solución? Un sistema de micropagos por el que toda persona que aporte información y valor a la red sea remunerada por ello. Estos micropagos devolverían el valor a quien realmente lo han creado, las personas, y les permitiría de esta forma ganarse la vida a partir de ese valor realmente aportado a la economía y la sociedad. A este concepto el autor lo denomina una economía humanista y proporciona detalles acerca de la forma que ese esquema de micropagos podría adoptar.

'Who owns the future?' es un libro bastante extenso, compuesto por 32 capítulos agrupados en nueve partes que se separan por ocho interludios. A lo largo de sus páginas vemos desplegarse todo el universo intelectual del autor, a veces de una forma que parece improvisada y no del todo estructurada, pero siempre profunda y original.

Una lectura diferente y estimulante de un autor que, a pesar de amar la tecnología, no abandona la crítica a los modelos económicos y sociales a que ésta puede conducirnos.

Jaron Lanier

(Fuente: Wikipedia)

Jaron Zepel Lanier (nacido el 3 de mayo de 19602 en la Ciudad de Nueva York) es un informático, compositor, artista visual y autor. Fue un pionero y popularizó el término "Realidad Virtual" (VR de la siglas en inglés: Virtual Reality) al principio de los años ochenta. En aquel entonces, fundó la VPL Research, la primera compañía para vender productos de VR. Sus citas actuales incluyen la Interdisciplinary Scholar-in-Residence, CET, Universidad de California, Berkeley.

Puedes conocer más sobre el autor en su página personal.

Ficha técnica:

TITULO: Who owns the future?
AUTOR: Jaron Lanier
EDITORIAL: Simon & Schuster
AÑO: 2013
ISBN: 978-1451654967
PAGINAS: 416

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miércoles, 14 de agosto de 2013

Una economía humanista, la respuesta de Jaron Lanier al reto de la economía digital

Cuando hace unas semanas comentábamos en este mismo blog las paradojas sobre el crecimiento económico en un mundo digital, iniciando así un serie de artículos dedicados al pensamiento de Jaron Lanier recogidos en su último libro 'Who owns the future?', anunciabamos que más adelante revisaríamos cuál era la propuesta de este autor para hacer frente a esas paradojas.

Ha llegado el momento.

Recordar primero que Lanier entiende que la presencia predominante de lo que el denomina 'Servidores sirena' ('Siren servers'), a saber, unos elementos tecnológicos o no, pero que concentran el conocimiento sobre un área determinada y median en la interaccion entre personas (Google, Facebook, intermediarios financieros, etc), supone una altísima concentración de poder y también de beneficio económico. Una altísima concentración de poder que elimina la presencia de la clase media y que extrema las desigualdades entre una élite muy rica y poderosa y un común de la población paradójicamente empobrecida por el desarrollo económico digital.

Argumenta Lanier, ademas, que gran parte del poder de esos servidores sirena procede de controlar y administrar una información procedente de las personas (no sólo sus propios datos personales, sino también fotografías, articulos, imvestigaciones, trabajos, musica, dibujos, comentarios, reseñas, etc), una información que las personas han entregado gratuita y desinteresadamente a cambio simplemente de su participación en Internet y en el nuevo mundo digital y social.

El problema es, en el fondo, que la parte inteligente y original que aportan las personas no se recompensa, no se monetiza, y, sin embargo, mediante el uso de las nuevas capacidades digitales, se automatizan otra serie de tareas...por las que tampoco se remunera a las personas. La automatización no es mala, todo lo contrario, forma parte del progreso económico y social pero si parte de los trabajos son automatizados y por tanto no se paga por ello a las personas, y el resto de trabajos intelectuales, originales, no automatizables tampoco se recompensan, entramos en una paradójica espiral en que el progreso tecnológico y el desarrollo económico conducen, sin embargo, a un empobrecimiento de la mayor parte de la población.


¿Cuál es entonces la solución?

Lanier cree que el valor procede de esa información aportada gratuitamente y que dado que el valor procede de esa información ésta debe ser remunerada. Los servidores sirena deberían compensar económicamente las aportaciones de información que reciben de las personas, mediante un sistema de micropagos que Lanier estudia y comenta aunque preciso es reconocer que tampoco define en su totalidad.

Este esquema económico es lo que Lanier bautiza como una economía humanista, una economía en que se recompensa aquella aportación de valor no automatizable:
As long as the people who actually do whatever it is that can't be automated are paid for what they do, an honest human economy will persist.

Una economía humanista que permite la existencia de una amplia clase media, que proporciona un medio de vida a grandes capas de población sin renunciar a uno de los sacrosantos principios del mundo de Internet, a saber, la libertad y gratuidad de acceso a la información.
A world in which more and more is monetized instead of less and less, could lead to a middle-class oriented information economy, in which information is free, but is affordable.

Y una economía que, incluso, esboza un mecanismo de sostenibilidad social previendo también la remuneración económica, siquiera parcial, de las personas mayores, mediante el cobro de 'royalties' por las aportaciones que hicieron en sus épocas más activas.
In a humanistic information economy, as people age, they will collect royalties on value they brought into the world when they were younger.

La propuesta de Lanier es inspiradora, puesto que equilibra lo mejor del progreso tecnológico con la libertad de información y con la dignidad de las personas y su bienestar económico y social. Puede tener incluso sentido económico en tanto en cuanto identifica la creación de valor y recompensa esa creación de valor. Tengo mis reservas, sin embargo, sobre la viabilidad real del esquema de micropagos que propone y en el que se basa todo el esquema.

No sé, por tanto, si la solución que propone Lanier es la adecuada, pero cierto es que debemos buscar ese esquema justo, sea o no el propuesto por Lanier que sea capaz de poner al servicio de las personas todo el progreso tecnológico, todos los avances del mundo digital, porque como nos recuerda el propio autor señala muy acertadamente:
We must not allow technological change to be driven by a philosophy in which people aren´t held special.

lunes, 12 de agosto de 2013

Lógica económica y lógica legal

La llegada de nuevos modelos económicos y nuevos modelos de negocio que desafían a los anteriores suele ser causa de confusión y tensión entre los representantes de los reinantes y beneficiosos antiguos modelos económicos y los aspirantes, los proponentes de los nuevos modelos.

La confrontación puede, de hecho, llegar al terreno legal.

Este fenómeno se ha producido y se sigue produciendo especialmente en aquellos modelos de negocio que actualmente son atacados por los nuevos modelos ligados a Internet. Pensemos en todo lo que tiene que ver con el negocio cultural y de los derechos de autor frente a modelos basados en la gratuidad o tecnologías P2P.

La lucha legal se ha cobrado alguna víctima entre los aspirantes, como pudo pasar hace algunos años con el cas de Naptser.

Sin embargo, y entendiendo las tensiones, hay algo que conviene tener en cuenta: al final, la lógica, en este caso la lógica económica, se suele acabar imponiendo. El supuesto triunfo sobre Naptser no ha evitado la profunda crisis, una crisis fundamentalmente de modelo de negocio, de la industria cultural, muy especialmente de la musical.


Y es que las batallas legales pueden dar resultados durante un tiempo o en algunos casos, pero al final triunfan los mejores modelos de negocio, los más realistas, los mejor adaptados. Luchar en el terreno legal contra un nuevo modelo de negocio que interesa a los consumidores, es casi como intentar poner puertas al campo.

Así nos lo recuerda Jaron Lanier en su libro 'Who owns the future?' cuando afirma:
There can never be enough police to shut down activities that align with economic motives.

Encontrar el equilibrio nunca es fácil, ni mucho menos definitivo. Pero en la industria cultural y del ocio, como en el sector de las telecomunicaciones y servicios TIC, en el de la educación, o en tantos otros que Internet desafía y hace evolucionar, es necesario encontrar un equilibrio razonable.

Y este equilibrio, sea cual sea, seguro lo vamos a hallar a partir de una lógica económica... no de una lógica legal.

jueves, 8 de agosto de 2013

#macrotweet: Tecnología y personas

We must not allow technological change to be driven by a philosophy in which people aren't held to be special.

Jaron Lanier
'Who owns the future'

miércoles, 7 de agosto de 2013

La fragilidad de la identidad digital

En los últimos años nos henos venido acostumbrando a la omnipresencia de algunos sitios de Internet como pueden ser Wikipedia o Amazon. Y entre los sitios que consideramos ya como parte de nuestras vidas se encuentran los medios sociales más populares como Twitter o Facebook.

La presencia continua y cuidada en estos medios sociales crea una imagen de nosotros mismos, una huella digital o, más aún, una identidad digital a la que nos vamos acostumbrando y que acaba siendo nuesra imagen y carta de presentación para todos aquellos a los que no conocemos personalmente.

Más aún, adecuadamente cuidada y dirigida, esta identidad digital puede ayudarnos a construir, en lo que al terreno profesional se refiere, nuestra marca personal, nuestra imagen y proposición de valor personales.

La omnipresencia de Internet y los medios sociales pueden, sin embargo, llevarnos a una sensación seguramente engañosa acerca de la estabilidad y durabilidad de estos medios y de esta imagen creada con mucha dedicación y, en ciertas ocasiones, con esfuerzo y una clara estrategia.

En su último libro, 'Who owns the future?', su autor, Jaron Lanier, nos advierte a este respecto. Nos recuerda que, por ejemplo, Facebook es sólo una empresa y, cómo tal, volátil y sometida a los avatares del mercado y la economía... y susceptible de desaparecer y con ella la parte de nuestra huella digital que en ella resida.

The death of Facebook must be an option if it is to be a company at all. Therefore your online identity should not be fundamentally grounded in Facebook or something similar.

La advertencia de Lanier es clara: no podemos confiar nuestra imagen digital a un sitio concreto como Facebook.

La advertencia es acertada y pertinente.

No tan claras o tan inmediatas son las alternativas.

Lanier aboga por la intervención gubernamental para garantizar esa estabilidad, una intervención que habría que definir y articular pero que empezaría, como mínimo, con la generación de un ID digital por parte de las administraciones.

Mientras eso llega o no, se me ocurren tres posibles recetas, ninguna definitiva lo reconozco, para intentar independizar nuestra identidad digital y nuestra marca personal de un sitio web o una empresa concretas:
  • Diversificar nuestra presencia en varios medios sociales, manteniendo la coherencia e, incluso, en algunos casos, duplicando contenidos, de forma que la ligadura a un medio concreto sea menor.

  • Mantener un site propio con dominio propio. Cierto es que esto cuesta dinero y dedicación...pero siempre estará en nuestra mano la parte de identidad digital que en él volcamos.

  • Cultivar la identidad, personalidad y marca personal 'off-line'. Aparte de que nuestro valor intrínseco no puede venir ligado a ningún medio, digital o no, siempre nos será más fácil reconstruir una identidad o una marca en el mundo online si tenemos los conocimientos, valores y el reconocimiento en el mundo offline.
En parte, la estrategia y el esfuerzo que dediquemos a preservar nuestra identidad digital, dependerá de cuánto la valoremos...

lunes, 5 de agosto de 2013

¿Qué sabe Facebook de ti?


La privacidad es uno de los puntos de preocupación en lo que toca al empleo masivo de redes sociales y en general a la presencia en Internet y en el mundo 2.0.

Nos preocupan los datos que aportamos a las redes y el uso que éstas hacen de ellos. Facebook ha tenido de hecho más de un problema en lo relativo a sus políticas de privacidad y su transparencia respecto a este tema.

Sin embargo, y según nos advierte Jaron Lanier en su último libro 'Who owns the future?' la huella digital que dejamos va mucho más allá de los datos o elemenos multimedia que voluntariamente, y con más o menos cuidado, aportamos, mucho más allá de aquello de lo que las diferentes políticas de privacidad nos pueden advertir.

Esta es su advertencia:
The most precious and protected data, given the way we are doing things these days, are statistical correlations that are used by algorithms but are rarely seen and understood by people.

Según esto, la correlación de datos, la información sobre comportamiento y, en general, todo un conjunto de datos que no aportamos de forma directa y consciente, pero que pueden ser deducidos, forman parte de un rico y valioso arsenal de información sobre nosotros mismos que se encuentra en 'la red' y del que no somos muy conscientes.

Hablando de Facebook, así es como Lanier nos advierte de ese nuestro inconsciente comportamiento y del beneficio económico que de esa inconsciencia se puede obtener:
There are two versions of you on Facebook: the one you obsessively tend, and the hidden, deepest secret in the world, which is the data about you that is used to sell access to you to third parties.

Inquieta pensar sobre esa falta de privacidad y, más aún, nuestro desconocimiento sobre la información que sobre nosotros mismos se encuentra en la red.

¿Cómo actuar?

La respuesta no es en absoluto evidente.

Quiséramos pensar que una acertada legislación internacional podría eliminar estos riesgos...pero la experiencia no invita al optimismo.

¿Qué hacer entonces? ¿No participar en Internet y el mundo 2.0?

Puede ser peor el remedio que la enfermedad...aparte de que, incluso aunque no los aportemos nosotros mismos, en la red existe rastros de nosotros procedentes de webs oficiales, publicaciones o simplemente referencias a nosotros mismos vertidas por amigos o familiares.

No soy capaz de pensar una solución del todo convincente.

Como no me parece en absoluto aconsejable ni efectivo el desaparecer de la red, lo único que se me ocurre es seguir siendo muy consciente de la información que se aporta, en lo que podamos controlar, y exhibir un comportamiento ejemplar en la red de forma que nada que de nosotros se pueda deducir o conocer nos pueda llegara incomodar o perjudicar excesivamente caso de ser utilizado sin nuestro consentimiento.

No es muy sólido...pero no sé qué más se puede hacer.

¿Ideas?

miércoles, 31 de julio de 2013

#macrotweet: Sobre eficiencia, dignidad y empleo

No amount of cost lowering can foster economic dignity when it also means that there are fewer jobs.
Jaron Lanier
'Who owns the future?'

lunes, 29 de julio de 2013

Una reflexión diferente sobre la piratería en Internet

El asunto de la piratería en Internet es sin duda controvertido.

Los depositarios de la propiedad intelectual, aquellos que basan su modelo de negocio en la gestión y reventa, de alguna forma, de esa propiedad intelectual, se sienten agredidos y amenazados por la piratería que les impide recaudar los royalties que creen merecer. Y, ciertamente, la unión de una cultura de lo gratis al hecho de la piratería en sí mismo, amenaza muchos de esos modelos de negocio.

Los ciudadanos en general, y los internautas en particular, en muchos casos no comparten, sin embargo, esa visión o, simplemente, consideran poco más que una pequeña travesura el descargarse cualquier tipo de contenido pirateado de una forma u otra sin pagar por ello.

Una reflexión ligeramente diferente, y creo que interesante, la encuentro en la obra 'Who owns the future?' de Jaron Lanier.


Para este tecno-pensador, el problema a que nos está conduciendo la nueva sociedad digital es a la concentración de información, y poder en un puñado de 'servidores', como Google, Facebook, Amazón o similares. El valor que estos servidores ofrecen proviene, sin embargo, en última instancia, de la información que aportan los ciudadanos de forma desinteresada o incluso compulsiva:

Wa want free online experiences so badly that we are happy to not be paid for information that comes from us now or ever.

Obsérvese el fenómeno: los ciudadanos aportan lo que podríamos denominar 'micropropiedad intelectual', es decir,  información sobre ellos  mismos o sobre el entorno que les rodea, en forma de perfiles, fotos, comentarios e, incluso, auténticas reflexiones o estudios de todo tipo en blogs o artículos online... Y no reciben remuneración por ello. 

Sin embargo, cuando desean acceder a informaciones, estudios o creaciones de todo tipo, a veces tienen que pagar los derechos de propiedad intelectual.

La discusión sobre cómo se llega a esta situación, sobre modelos de negocio, sobre derechos, es enormemente compleja y no quisiera minusvalorarla o ignorarla aquí. Pero esa asimetría en el tratamiento de la información, esa falta de remuneración del ciudadano que aporta una información que está en la base de muchos negocios digitales, podría ser una causa, nos sugiere Jaron Lanier, probablemente una más, y seguramente inconsciente, de la piratería... o una justificación para la misma.

It would be unfair to demand that people cease sharing/pirating files when those same people are not paid for their participation in very lucrative networks schemes.

¿Un planteamiento algo diferente, verdad?

viernes, 26 de julio de 2013

#macrotweet: El significado real de las personas en una sociedad digital

People are treated as small elements in a bigger information machine, when in fact people are the only sources or destinations of information, or indeed of any meaning to the machine at all.

Jaron Lanier
'Who owns the future?'

miércoles, 24 de julio de 2013

El valor económico de una promesa, o la ética frente a la crisis

Pensamos que sostener una promesa es una virtud, casi una obligación moral, que fortalece las relaciones interpersonales. Aunque lo referente a moral es siempre dependiente del marco ético en que se mueva cada uno, en general se reconoce como virtuoso el cumplir las promesas y como reprochable el faltar a ellas. 

Pero ¿se nos ha ocurrido pensar que, más allá de su valor moral, sostener las promesas tiene un valor económico... y una valor fundamental, además ?

Me llama la atención el razonamiento que al respecto hace Jaron Lanier en su libro 'Who owns the future?'

En efecto, el banco nos concede un crédito basándose en la promesa de que devolveremos su importe con los intereses...y esos intereses representan un aumento de valor, un valor reflejado en términos económicos. Contratamos un seguro basándonos en la promesa de que si ocurre el tipo de accidente o desgracia previsto en la póliza, la aseguradora nos compensará en los términos estipulados... y esa póliza que pagamos es un valor económico. Compramos por internet basándonos en la promesa de que la compañía que sustenta la página nos suministrará el producto o servicio solicitado...y pagamos y creamos valor por ese servicio...

Así sucesivamente, la confianza en que la otra parte cumplirá su promesa crea valor y ese valor justifica la actividad económica y la creación de un dinero que refleja ese valor creado.

Uno de los párrafos en que Lanier hace mención a este asunto es el siguiente:

Ordinary people can help create new money by making promises. You constrain the future by making a plan, and promise to keep it. Money is created in response, because in making that promise you have created value. New money is created to represent that value.

Como Lanier se fija en el fenómeno de Internet y del crowdsourcing (aunque creo que nunca utiliza este término) esa creación de valor, e indirectamente de dinero, lo traslada a las personas comunes...y probablemente tenga bastante razón.

La confianza en que la otra parte cumplirá su promesa es un engrase para el comercio y la economía, tanto en relaciones corporativas como en el caso de familias e individuos.

Aunque el razonamiento es esencialmente económico, no deja de transmitir un cierto mensaje de confianza en la humanidad y en su capacidad para crear planes y riqueza.  Si el valor se basa en que las personas e instituciones humanas hagan planes, con base en esos planes realicen promesas y otros, confiando en esas promesas, estén dispuestos a pagar por ellas, habrá que concluir que el crecimiento económico y el desarrollo de la humanidad se basa en en la capacidad de la propia humanidad para hacer promesas fiables.


Por el contrario, si se pierde esa fe en la capacidad de planificar y prometer, nos estamos condenando al ostracismo económico. Así lo expresa Lanier:

To lose trust in the basic inception of wealth is to lose trust in the idea of human improvement. If all the value that can be already is, then market dynamics can only be about churn, conflict, and accumulation. Static or contracting economies make people cruel and shortsighted.

Quizá a la luz de todo este razonamiento, cobre algún sentido esa afirmación que dice de que la actual crisis es una crisis de confianza.Algo de eso parece existir, en efecto, en la base de esta crisis. Una pérdida de confianza aunque, quizá, en este caso, con cierta justificación ¿no?

¿Cumplió todo el mundo sus promesas? ¿Podemos creer en las nuevas promesas que se realizan? De la respuesta a estas preguntas, en realidad de la respuesta a la segunda, puede depender la recuperación económica...

lunes, 22 de julio de 2013

Una paradoja sobre el crecimiento económico en un mundo digital

Es lógico dar por sentado que el progreso tecnológico favorece el crecimiento económico y, como consecuencia, la riqueza y bienestar de las personas.

Es nuestra lógica y nuestra esperanza.

Sin embargo, según constata Jaron Lanier en su nuevo libro 'Who owns the future', no siempre está ocurriendo esto.

La aparición y generalización de Internet, la digitalización de la información y los bienes intelectuales y culturales, se ha producido de forma que, en muchos casos, el producto final pasa a ser gratuito o muy barato para los consumidores, sin que aparezcan claros mecanismos alternativos de monetización y compensación económica para el valor que, sin embargo, se sigue generando e incluso aumentando.

Un caso clarísimo es el de la música, pero el fenómeno se va extendiendo a los libros, los periódicos, etc. La enorme facilidad para la creación, copia y reproducción en medios digitales, y la posibilidad de que esa creación se produzca de forma desinteresada, no profesional y no remunerada, hace que pierdan su valor de mercado así como la necesidad de mano de obra u horas de dedicación profesional. El efecto a veces acaba siendo, pues, el desempleo o una menor remuneración y, en general, una disminución del Producto Interior Bruto o cualquier otro indicador que queramos utilizar para medir la capacidad económica de una sociedad. Nuevos fenómenos como el de la impresión 3D permiten entrever la extensión de esta situación también a productos físicos.


El progreso tecnológico es evidente, el potencial para el desarrollo económico de la sociedad también, e incluso, los beneficiosos efectos democratizadores en esa misma sociedad. Sin embargo. y de forma paradójica, el crecimiento económico parece tornarse en todo lo contrario: desempleo y destrucción de valor económico.

Esta contradicción es a la que Lanier alude cuando afirma.

When we make our world more efficient through the use of digital networks, that should make our economy grow, not shrink.

¿Cómo enfrentarse a esta situación? ¿Cómo puede compatibilizarse el desarrollo tecnológico y la disminución de costes de creación y distribución de bienes, con un desarrollo económico que llegue hasta los ciudadanos?

Tal vez el mercado y la sociedad reaccionen por sí mismos y encuentren los equilibrios y ajustes pertinentes como podría esperar Adam Smith... pero parece que no debemos conformarnos con que la solución aparezca por sí sola.

En el libro mencionado, Jaron Lanier hace una propuesta en ese sentido. Una propuesta original, ambiciosa y no sé si realizable.

... pero esa respuesta será objeto del algún otro artículo...

A la espera de esa respuesta... ¿qué se nos ocurre a nosotros?

lunes, 28 de febrero de 2011

Explorando el lado oscuro: la colmena digital o la individualidad perdida

No todo podrían ser parabienes en lo que al mundo de la Web 2.0 y social media se refiere. Parece lógico que un fenómeno de la envergadura de esta revolución socio-digital también lleve aparejados efectos adversos y detractores o, al menos, críticos.

Al final de su libro 'Macrowikinomics', Don Tapscott y Anthony D. Williams, exploran algunas de estas voces críticas.

Una de esas voces y una de esas objeciones que me ha parecido digna de atención y reflexión, es la de Jaron Lanier, el autor del libro 'You are not a gadget: A manifesto'.

Este autor, y siempre siguiendo el resumen que de sus ideas hacen Tapscott y Williams, afirma que la Web ha creado una "mentalidad de colmena" que favorece a la comunidad frente a la individualidad. Hechos como los comentarios anónimos en los blogs, los vídeos con bromas insulsas, o los mash-ups se constituyen, al generalizarse, en una forma de comunicación fragmentaria e impersonal. Piensa que la interacción interpersonal se ha degradado hasta convertirse realmente en una comunicación impersonal. Literalmente, afirma:

"a new generation has come of age with a reduced expectation of what a person can be, and of who each person might become."

Como consecuencia de todo ello, según Lanier, hemos sufrido un proceso de reificación, de conversión en cosas, en gadgets, y la tecnología subyacente determina cómo nos relacionamos unos con otros.

En su discurso, parece que Lanier, incluso, piensa que esta forma de colectivismo en red sofoca las voces más auténticas llegando a comparar esta situación con regímenes totalitarios.

Aunque esta última deriva del pensamiento de Lanier se me antoja algo exagerada, el resto de sus razonamientos me parecen muy dignos de tener en cuenta. Es cierto que, no sólo en el ámbito de la Web 2.0, sino en todo tipo de actividades, se produce una tensión, una dialéctica, entre las dinámicas y resultados del trabajo en grupo o colaborativo frente a la persona, el trabajo y la reflexión individuales, la creatividad del individuo y su desarrollo personal.

Comunidad frente a individuo, inteligencia colectiva frente a inteligencia individual. No son temas baladíes, y merecen mucha lectura y reflexión.

Tanto es así, que desde ya me apunto como objetivo la lectura de 'You are not a gadget'. Próximamente, me encontraré, creo, con otra voz crítica, la de Nicholas Carr con su 'Superficiales', que no parece situarse muy lejos de las ideas de Lanier en este sentido.

Mientras eso sucede, es de agradecer la honestidad intelectual de Tapscott y Williams que les lleva a recoger y comentar tesis tan contrarias a sus propias ideas.