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miércoles, 26 de julio de 2023

Tres caracterizaciones de los robots

Recientemente publicaba un artículo en este blog en que me hacía eco de la dificultad de definir la disciplina de la Inteligencia Artificial y daba alguna opinión acerca de los esfuerzos que, al respecto, se están haciendo en las instituciones de la Unión Europea de cara a cerrar el texto de la AI Act.

Pero si es difícil definir inteligencia artificial, no le va en zaga hacerlo con el término 'robot', algo que ya he recogido en varias de mis publicaciones y, en concreto, en este mismo blog, donde hace ya unos meses lo comentaba en el artículo 'Una definición formal pero insuficiente de robot'.


Robot: un concepto sin consenso


Y es que, realmente, no existe una definición autorizada y, sobre todo, un consenso, acerca de lo que es un robot.

Por eso, dentro de en mi proyecto 'The robot notes', consistente en una larga serie de videos para explorar y explicar en una visión 360 grados los aspectos más relevantes de la robótica, algunos de los primeros videos de la serie se dedicaban, precisamente, a intentar centrar qué es un robot, y constatar que no existe, realmente, una definición universalmente aceptada. 

En concreto, en el primero de los videos de la serie, el titulado 'The robot concepts' ('Los conceptos de robot') comentaba algunas de las formas de entender o definir qué es un robot. Puedes ver a continuación ese vídeo.



Aunque en el vídeo se comentan algunas de las propuestas, lo cierto es que hay muchas más y ya no se trata sólo de una mera formalización en un texto convincente, es que realmente lo que hay es debate de fondo sobre lo que es un robot y lo que no lo es.


Definición versus caracterización


Lo cierto, y creo que ese es el origen del problema, es que realmente nadie, ni la industria, ni los investigadores, ni los escritores, se ha preocupado realmente de aplicar de forma rigurosa el término robot o de reflexionar seriamente sobre él. Simplemente, han ido asignado ese nombre por motivos técnicos, comerciales o artísticos, o incluso, sin un razonamiento muy concreto, sino por ocurrencia o antojo, a diferentes artefactos.

Como no ha habido ni guía ni criterio único, en muchos casos ni siquiera rigor, es muy difícil a posteriori dar a luz una definición que abarque todo aquello a lo que se ha llamado robot y satisfaga a todos.

Ante la dificultad, casi diría la imposibilidad, de consensuar esa definición amplia, rigurosa y universalmente aceptada del término robot, quizá la única opción sea hacer una suerte de ingeniería inversa para intentar extraer las características comunes que exhiben todos los artefactos a los que denominamos robot y así, al menos, hacernos una idea y entendernos mejor

Esto es lo que explicaba en el video 'Reverse engineering the robot concept' ('Haciendo ingeniería inversa del concepto de robot'):



En cualquier caso, esa ingeniería inversa no deja de ser un ejercicio hasta cierto punto voluntarista y las características que se identifiquen, son las que de forma mayoritaria y con mayor frecuencia están presentes aquellas 'cosas' que llamamos robot, pero no necesariamente están presentes siempre y no necesariamente todo el mundo estaría de acuerdo en ellas.

Esto da origen a lo que denomino en este artículo 'la caracterización', esto es, la identificación del conjunto de características más habituales en los robots y hasta cierto punto definitorias.

 

Un primera caracterización


Una primera caracterización la hice ya en mi libro, 'Robots en la sombra' que trata sobre robots software y donde intentaba, sobre todo, recoger una serie de características que, siendo comunes a robots físicos y robots software, me ayudasen, sobre todo en el caso de estos últimos, a explicar por qué a algunos tipos de software se les llama robots y a otros, la mayoría, no. Las seis características que allí proponía son:


  • Artificiales
  • Adaptables
  • Actuantes sobre el entorno
  • Autónomos
  • Sustitutos de personas
  • De actuación similar a personas


De estas seis, las cuatro primeras son, creo, muy fáciles de entender y admitir para cualquier tipo de robot. Las dos últimas, que además son las más ambiguas y debatibles, aunque aplicables también a robots físicos, tienen especial interés a la hora de delimitar, dentro del campo del software, a que llamamos robot y a qué no.


Una segunda caracterización


Más adelante, y de nuevo dentro del proyecto 'The robot notes' he realizado otra caracterización de robot, bastante próxima a la anterior, aunque no exactamente igual



En este caso, parto de la idea de un agente, un ente que percibe a su entorno mediante sensores y actúa sobre él mediante actuadores, y además, distingo entre las características que considero imprescindibles y aquellas que sólo son adicionales (optativas, en cierto sentido, aunque refuerzan la idea de robot).

Las obligatorias serían:


  • Artificial: construida por el hombre o por otras máquinas, no biológico, por tanto.
  • Inteligente: no en el sentido de utilizar necesariamente inteligencia artificial, sino indicando que sus acciones son coherentes con sus objetivos y con lo que perciben en el entorno.
  • Autónomo: funcionan por si solos sin ser manipulados o pilotados directamente por un humano.
  • Adaptable: comportamiento no rígido sino que se adapta a la tarea y circunstancias.


Y las adicionales, no obligatorias, serían:


  • Percibidos como una unidad: es decir, como algo diferenciado, no extenso o distribuido.
  • Similitud con los humanos: característica, debo admitir, muy sujeta a juicio, discusión y debate, pero que creo tiene su importancia en la práctica.

La caracterización de Aníbal Astobiza


Pero si todo lo anterior son mis propios pensamientos y los he recogido en diversas formas de publicación en mis medios digitales o en papel, lo que me ha animado a escribir este post es el hallazgo de una tercera caracterización interesante.

Se trata de la que realiza el filósofo Aníbal Astobiza en su libro 'Tecnofilosofía'.

Allí, el autor propone las siguientes características:


  • Movilidad: que les permite a los robots trabajar en hospitales y oficinas

  • Interactividad: que se refiere a la existencia de sensores y actuadores que permiten al robot interactuar con su entorno

  • Comunicabilidad: relativa, según entiendo del texto, a su relación con humanos mediante interfaces informáticas tradicionales (lo que solemos denominar interfaces de usuario) o mediante la voz y el lenguaje natural.

  • Autonomía: Capacidad para tomar decisiones sin necesidad de un control externo directo.


De estas características, claramente, la autonomía se utiliza en el mismo sentido en que yo lo hago, y la interactividad está de alguna forma implícita en la idea de agente que yo también utilizo. En estas dos, pues, coincidimos creo que plenamente.

La característica de comunicabilidad es bastante común en los robots y muy interesante, por cierto, cuando hablamos de robots sociales e Human-Robot Interaction. Sin embargo, en muchos de ellos no es, todavía, mediante interfaces de tipo social, naturales para los humanos, sino vía interfaces de usuario más tradicionales e incluso protocolos técnicos de comunicación.

Sin embargo, la característica de movilidad, aunque se da, y en buena medida, en muchos robots, deja fuera, por supuesto, a los robots software y, dependiendo de a qué tipo movilidad nos refiramos, a otros tipos de robots. Especialmente si pensamos en movilidad como un desplazamiento completo del robot, no una mero movimiento de sus eslabones o partes constitutivas, podría incluso dejar fuera a los propios brazos robóticos industriales. A falta de aclarar mejor esta característica, en principio no me convence mucho como caracterizadora de lo que es un robot. 


Conclusiones


Pocas conclusiones podemos sacar salvo reafirmarnos en la dificultad, casi imposibilidad, de proporcionar una definición de robot rigurosa, de amplio consenso y que a su vez cubra todo, o al menos la mayor parte de aquellos entes a los que denominamos, quizá sin pensarlo mucho, 'robot' y, por tanto, el interés de identificar aquello que comúnmente exhiben los artefactos que llamamos robot y que ayudan a distinguirlos de los que no consideramos como tales.


miércoles, 12 de julio de 2023

Pasión y vértigo. La relación con las máquinas y el efecto sustitutivo

La relación de los humanos con las máquinas está evolucionando.

La evolución de la relación humano-máquina


Y está evolucionando provocado, creo, no tanto por el cambio en el lado humano de esa relación, como por la creciente sofisticación de las capacidades relacionales de esas máquinas, con frecuencia por mor de la aplicación de cada vez más avanzadas capacidades cognitivas  procedentes de la inteligencia artificial.

Y aunque acabo de decir que el cambio se produce más en el lado máquina de la relación, porque es el lado que más ha evolucionado en cuanto a capacidades, lo cierto es que, indirectamente algo, y mucho probablemente, cambia también en el lado humano de esa relación que, al final, es el que nos importa.

Cambia por evolución cultural, cambia por la percepción que tenemos de las máquinas, cambia por la abundancia de esas relaciones con las máquinas, cambia, a veces, incluso por la dependencia e impacto que en nuestras propias actitudes y capacidades cognitivas induce esa relación.


La tecnología como sustitutivo


En un libro casi clásico, ‘Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other‘ de Sherry Turkle, se habla de estas relaciones centrándose en dos grandes grupos de tecnologías: por un lado la robótica social y, por otra las redes sociales incluyendo como tal también la mensajería instantánea. Y se concluye en una frase casi mítica, que se recoge como subtítulo del libro que esperamos más de la tecnología y menos delos demás.


We fear the risks and disappointments of relationhip with our fellow humans. We expect more from technology and less from each other.


En cierto modo, aunque creo recordar que Turkle no emplea este término, nos habla de la tecnología como una suerte de producto sustitutivo en lo que a las relaciones humanas se refiere.

Veamos un poco más los principales mensajes de Turkle.


Esperamos más de las máquinas


Por un lado, Turkle destaca el atractivo de las máquinas, de esas máquinas con cada vez más avanzadas capacidades relacionales y con una, en realidad impostada, comprensión de las necesidades e intimidades humanas


Technology proposes itself as the architect of our intimacies


Una tecnología social, es decir, orientada a relacionarse con humanos, como pueden ser los robots sociales, los agentes conversacionales o, en cierto sentido, las redes sociales, tenderá a intentar entender y gestionar las emociones humanas, sus necesidades y sus deseos incluso los no expresados y que, en ese sentido, se pueden considerar hasta cierto punto íntimos.

Y, además, según nos dice la autora, a medida que esa tecnología, esa máquina, es más capaz de detectar nuestras debilidades, inseguridades y vulnerabilidades, y de ofrecer algún tipo de ayuda, soporte, consuelo o satisfacción, se convierte en una solución más atractiva, más seductora.


Technology is seductive when what it offers meets out human vulnerabilities


No creo, estoy seguro en realidad, de que lo que esperamos de las máquinas no es sólo, ni mucho menos, una, digamos, satisfacción emocional. También esperamos de ellas capacidad de cálculo, esperamos información, esperamos ayuda con tareas del día a día, esperamos que nos liberen de tareas arduas, esperamos automatización y eficiencia, esperamos entretenimiento, etc

Pero sí creo que en la medida que incorporen esas capacidades relacionales, y esa capacidad para gestionar emociones y necesidades, especialmente en las situaciones de vulnerabilidad emocional, el atractivo crece, la intensidad de la relación crece, la frecuencia de la relación crece... y puede que crezca la dependencia.


Esperamos menos de las personas


En el lado contrario, nuestras relaciones naturales, las relaciones con los humanos, pierden peso. A veces, simplemente, por falta de tiempo, porque dedicamos mucho de nuestro tiempo en relacionarnos con las máquinas o a través de ellas (caso de las redes sociales) y disponemos, pues, de menos espacio material para la relación con los humanos cercanos.

Y con ello, perdemos poco a poco esa relación humana. Y, en cierto sentido, y esa es la paradoja que destaca Turkle, mientras más conectados estamos, más solos nos encontramos, en realidad.

Y, sin embargo, parecemos no desear romper ese círculo. ¿Por qué? Pues, falta de tiempo aparte,  por las complejidades, dificultades, exigencias y a veces decepciones que acompaña a toda relación persona-persona.

Y así, nos encontramos ante la paradoja:


we are lonely but fearful of intimacy


Solos, pero con miedo a la intimidad (con personas, se entiende)


Digital connections and the sociable robot may offer the illusion of comanionship without the demands of frendship


En nuestro 'auxilio', las máquinas, máquinas sociales, máquinas que parecen acompañarnos y acercarse a nosotros, comprender nuestras vulnerabilidades y que nos 'acompañan', pero sin exigirnos, sin complejidades, sin decepciones.

Esta es la paradoja.

Este sea, quizá, el peligro.


El salto generativo


Y todos estos razonamientos los escribía Turkle ya en 2017.

Me pregunto qué puede pasar desde ya y en un plazo de, digamos, tres años, cuando se desarrolle e implante aún más la tecnología generativa de la inteligencia artificial con su mayor transversalidad cognitiva y su salto cualitativo en cuanto al uso del lenguaje y el conocimiento en general.

En un artículo reciente, me preguntaba sobre su impacto en nuestras capacidades cognitivas, pero ahora dejo abierta la pregunta sobre su impacto en nuestras capacidades relacionales y sociales.


Conclusión. Pasión y vértigo.


Vivimos tiempos apasionantes, pero también de profundo vértigo.

Tiempos en que los cambios tecnológicos suponen una gran exigencia intelectual y laboral para estar al día, para seguirle el paso a la tecnología, para adaptarnos, para continuar siendo profesional y laboralmente relevantes.

Pero tiempos en que esos cambios nos devuelven, una y otra vez, no sólo a lo operativo, económico y profesional, sino a la necesidad de la reflexión sobre la persona, sobre el ser humano y sobre la sociedad. Sobre qué somos realmente y qué queremos ser y, en este caso, cómo nos relacionamos y cómo queremos relacionarnos, con las máquinas y, sobre todo, entre nosotros, humanos.

Tiempos que imponen pragmatismo, si, pero también reflexión humanista y decisiones éticas.

Tiempos de pasión. 

Tiempos de vértigo.


domingo, 16 de abril de 2023

La interacción robots-personas y los principios de diseño de interfaces de usuario

El diseño de la interacción entre robots y personas, en el caso especialmente de los robots sociales, es compleja y presenta múltiples facetas donde cuenta, aparte de lo técnico, lo psicológico, lo cultural, lo antropológico, etc.

Por ello, se trata de una disciplina de estudio y experimentación en sí misma.


Relaciones Robot-personas como una interfaz de usuario


En el fondo, la relación robots personas (HRI, 'Human-Robot Interaction') es un caso particular y especial, probablemente el más avanzado y complejo, de la relación de personas con computadores (HCI, 'Human-Computer Interaction') o de las interfaces hombre máquina (MMI, 'Man-Machine Interface') o interfaces de usuario (UI, 'User Interface'), ampliamente estudiados en el ámbito del diseño de sistemas informáticos donde, en los últimos tiempos, se va un poco más allá y se habla incluso de la experiencia de usuario (UX, 'User eXperience').


Los principios de diseño de interfaces de usuario


Dada esa herencia entre Human-Robot Interaction y el diseño de interfaces de usuario, parece que los hallazgos y buenas prácticas que en el campo del diseño de interfaces de usuario se hayan obtenido pueden ser trasladables, al menos hasta cierto punto, al caso de interacciones con robots.

Y eso es lo que hace, precisamente, Robin R. Murphy en un punto de su  libro 'Introduction to AI robotics' identificando algunos principios ampliamente admitidos de buen diseño de interfaces de usuario y trasladándolos al caso de la relación de humanos con robots.

Y para ello nos referencia el libro 'Designing the User Interface: Strategies for Effective Human-Computer Interaction' de Ben Shneiderman, Catherine Plaisant University, Cohen Nova, Steven Jacobs, Niklas Elmqvist y Nicholas Diakopoulos y nos explica brevemente los ocho principios de oro del diseño en él contenidos. Son estos:


  • Consistencia: es decir, que las mismas acciones conduzcan a los mismos resultados o que ciertos elementos tengan siempre el mismo significado (por ejemplo, que el color rojo siempre indique una alerta). Con frecuencia, esa consistencia de la interfaz se extiende no a un único sistema sino que se convierte casi en un estándar 'de facto' en el diseño de interfaces, como podría ser el caso de la metáfora de las ventanas.

  • Atender una usabilidad universal: habilitar el uso de la máquina, digamos el robot, por personas con diferentes 'backgrounds', edad o experiencia, incluyendo el tener en cuenta a personas con discapacidades.

  • Ofrecer un 'feedback' informativo: Esa retroalimentación ayuda al humano a permanecer en sintonía con el estado del robot. Así, un cambio de estado en el robot debería ser evidente mediante algún icono, color, gesto o locución.

  • Diseño de diálogos con clausura: Lo que esta expresión, no muy explícita, quiere decir es que se diseñen las interfaces de manera que el usuario tenga a su disposición en cada momento las acciones realmente pertinentes: todas ellas pero ninguna otra que no aplique en ese momento. Esto puede ser de interés, por ejemplo, en el caso de robots con tareas que exhiben fases claramente definidas, con diferentes posibilidades cada una.

  • Prevenir errores: Un principio bastante evidente, aunque implica foco y mucho trabajo por parte del diseñador. Se trata de introducir mecanismos que, en la medida de lo posible, eliminen la posibilidad de que el usuario se pueda confundir o hacer algo erróneo. Esto puede incluir desde la propia clausura del caso anterior, a forzar formatos en datos de entrada o el pedir confirmación ante ciertos tipos de acciones potencialmente dañinas o irreversibles.

  • Permitir fácilmente la revocación: hablamos precisamente de reversibilidad y se correspondería al típico 'deshacer' que ofrecen hoy en día prácticamente todas las aplicaciones con alguna forma de edición, por ejemplo. Un concepto que, sin embargo, no es tan sencillo de conseguir en robots en la medida que éstos ejecuten tareas físicas y en el mundo físico que no siempre se pueden deshacer, o no fácilmente.

  • Mantener el control: Se trata de que el humano sienta que mantiene el control de lo que hace la máquina, en este caso el robot. En ocasiones esto significa un control directo efectivo del robot pero también incluye, para robots con más autonomía, el que el usuario delegue el control basándose en que entiende perfectamente lo que el robot está haciendo y, por tanto, manteniendo esa sensación de dominar la situación.

  • Reducir la sobrecarga cognitiva: En concreto, reducir al mínimo el uso de la memoria de corto plazo de las personas lo que, dicho de manera simple, significa que el humano no tenga que recordar elementos como largas series de comandos o lo que dicen pantallas diferentes.


Adicionalmente a estos ocho puntos de oro, la autora nos llama la atención también sobre intentar tener en cuenta elementos de ergonomía.


Conclusiones


Un buen diseño de los mecanismos y formas de interacción entre un humano y una máquina, es vital para conseguir su aceptación y su empleo efectivo. Dado que la efectividad de esas interfaces depende en buena medida de contemplar las capacidades cognitivas, las actitudes psicológicas y las herencias culturales de las personas, no resulta extraño que puedan existir principios comunes aplicables a diferentes máquinas y tipos de interacción.

En ese sentido, esos ocho principios que hemos visto, pensados más bien en el ámbito de sistemas de información, resultan bastante aplicables para el caso de la relación entre personas y robots.