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lunes, 16 de diciembre de 2019

En Pulse: Filósofos digitales o la cara tecnológica del humanismo digital


Nos interesa, claro, y mucho, pero quizá no sepamos del todo qué es exactamente eso del humanismo digital.

Sí sabemos que es un movimiento, quizá mejor una inquietud fundamentalmente intelectual, que es ecléctica y que surge el interés tanto en la tecnología, especialmente la tecnología digital, como en las llamadas, no sé si de forma del todo afortunada, humanidades: la filosofía, la psicología, la ética, el derecho…

Sí sabemos, también, que parece surgir, al menos en parte, debido a las fuertes implicaciones filosóficas, éticas y legales que tienen algunos de los desarrollos tecnológicos más avanzados, muchos de ellos procedentes del campo digital, como la inteligencia artificial, el machine Learning, el big data o la robótica, y otros del ámbito biológico como la genómica.

Se trata, o se debería de tratar, de un movimiento ecléctico, unificador de muchas áreas de conocimiento: filosofía, derecho, psicología, biología, tecnologías de la información, ingeniería.

En esta visión ecléctica hay dos polos claros. Por un lado tenemos el lado humanístico, donde creo que dominan la filosofía (especialmente la ética), la psicología y el derecho, aunque no tiene por qué quedar excluida ninguna otra rama del saber.

Y por otro está o debería estar, el lado digital, las tecnologías de la información, el mundo digital donde, quizá, lo que más retos humanísticos plantee sean la inteligencia artificial, la robótica y el big data (o, si se prefiere, todo lo que tiene que ver con el uso de los datos).

Sin embargo, digo que debería estar esa cara tecnológica, porque creo que no siempre se encuentra presente. Y no sé cómo entender un humanismo digital que desconoce o desconfía de lo digital, un humanismo digital que, en el fondo, es sólo humanismo y olvida la cara digital.

Aunque existen intentos muy sinceros de entender el mundo digital y sacar de él lo mejor para la humanidad no sólo en lo relativo al progreso material, que es bastante indudable, sino también al beneficio social y personal, también percibo dos tendencias que considero desvirtúan y devalúan al humanismo digital: el temor y la ignorancia.

Hablo del temor en referencia a esa orientación del humanismo digital que sólo ve en la tecnología una amenaza, que sólo es capaz de vislumbrar lo negativo o peligroso, que considera a la tecnología como algo opuesto a la humanidad y el humanismo.

La otra tendencia, que creo que actúa en muchos casos como causante o refuerzo de la anterior, es aquella que habla de humanismo digital, pero ignora por completo en que consiste realmente la tecnología digital: sus fundamentos, su estado real, las previsiones razonables de evolución, sus usos reales y realistas.

Quisiera con este artículo, precisamente, reivindicar la cara digital del humanismo digital. Los nuevos desarrollos tecnológicos plantean, sin duda, retos y peligros, debemos definir el uso ético de la inteligencia artificial y de la genómica, conseguir la equidad de los algoritmos (o, más bien, de su entrenamiento y los datos usados para ello), definir los límites éticos y legales del uso de los datos personales, definir cuál debe ser el comportamiento de los robots autónomos (incluyendo vehículos autónomos y drones) ante peligros para los humanos, definir a nivel legal la responsabilidad ante accidentes de equipos autónomos, acordar y regular el uso ético de la genómica y la modificación genética de las personas… y así un largo etcétera. Pero que existan esos retos, incluso en algún caso esos peligros, no justifica ni la condena ni el temor irracional a la tecnología.

Cualquier tecnología, cualquiera, empezando por las mismas piedras usadas en flechas y hachas en nuestra prehistoria, ha traído consigo peligros, pero también, y sobre todo, han sido las bases sobre las que se ha construido el progreso humano, el progreso inicialmente material, pero con base en el cuál nos hemos podido liberar para desarrollar el pensamiento, las artes, la política, la filosofía, las humanidades. Definitivamente, la tecnología ha sido siempre una gran aliada del hombre en todas sus facetas, incluidas las conocidas como humanísticas.

Si hemos de ser humanistas digitales, no debemos de temer a la tecnología, sino todo lo contrario: conocerla, entenderla y apoyarla. Y, eso sí, reconducirla si es necesario, en los aspectos que puedan resultar más polémicos o peligrosos, y todo ello para el mejor provecho de la humanidad en su conjunto y en todas sus facetas.

Y un primer paso para no temer a la tecnología y para no descalificarla injustificadamente, es conocerla. No puedo entender cómo intelectuales, de la rama que sean, y no digamos ya si se trata de aspirantes a humanistas digitales, pueden ignorar los fundamentos mínimos de la tecnología que tanto temen. No digo que deban conocerla en profundidad. Es imposible saber de todo y la tecnología puede no ser tu especialidad, ni siquiera tu interés, pero no es válido, no al menos intelectualmente y casi diría que éticamente, criticarla o temerla desde la ignorancia, una ignorancia que, ocasiones, parece, incluso, orgullosa de sí misma.

La filosofía, por historia o prestigio, parece ocupar un lugar central entre las humanidades. Y Filosofía, como es bien sabido, etimológicamente significa ‘amor a la sabiduría’. Si hemos de ser humanistas digitales, seamos filósofos digitales y demostremos esa filosofía, ese amor a la sabiduría, ocupándonos de ser sabios también en lo digital.

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Artículo publicado en Pulse el 16/12/2019 y en Medium en la misma fecha
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martes, 23 de octubre de 2018

En Pulse: La caracola: Transformación Digital y procesos


La atención que se presta a los procesos de negocio desde el punto de vista tanto tecnológico como de ‘management’ está sometido a una suerte de oleaje que los acerca y aleja alternativamente del foco de atención.

La primera oleada se produjo hace ya muchos años cuando Japón, espoleado por la necesidad de superar las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, adoptó las teorías norteamericanas sobre calidad y las llevó a unas enormes cotas de éxito y excelencia. Nació el TQM (Total Quality Management) y más tarde otras disciplinas o filosofías como Lean Management o Six Sigma que, aunque quizá hayan perdido algo de foco, siguen plenamente vigentes y conforman una indudable, ‘mar de fondo’.

Más tarde vino la galerna de la Reingeniería de Procesos, con su apuesta por la hoja en blanco y la reinvención radical. El temporal que generó ha amainado en parte, pero nos dejó como indudable regalo, la apuesta por las tecnologías de la información como soporte e impulso de la innovación en procesos.

Unos vientos fuertes, aunque menos racheados, acompañaron al nacimiento, primero de los sistemas empresariales como ERP y CRM que incluían automatización de procesos, y al nacimiento del BPM (Business Process Management) que confirió a los procesos de negocio el valor de un activo a gestionar y que se acompañó de novedades tecnológicas como los sistemas de workflow, posteriormente evolucionados a BPMS (Business Process Management Suites) bien flanqueados todos ellos por el concepto de SOA (Service Oriented Architecture) y ESB (Enterprise Service Bus).

Y quizá, erróneamente, nos creíamos que se había alcanzado la culminación y que ya no teníamos que prestar tanta atención a los procesos de negocio y las tecnologías que los soportan.

Pero ha salido una Luna llena llamada Transformación Digital que está haciendo más viva esa marea, que hace crecer y crecer el oleaje con nuevas tecnologías y nuevas posibilidades.

La revolución digital nos ha traído consigo la evolución del BI hacia el Big Data, la capacidad de analizar en tiempo real volúmenes inmensos de datos y obtener análisis, y conclusiones sobre muchas cosas, entre ellas los indicadores sobre los propios procesos. Y nos habilita no sólo para monitorizar, sino también para tratar eventos complejos en tiempo real o para, incluso, descubrir procesos (process mining) a partir de los la información que los ‘logs’ que los sistemas dejan como herencia.

Y la marea trae consigo también Machine Learning e Inteligencia artificial que nos permiten automatizar tareas hasta ahora vedadas a los BPMS, tareas que implican inteligencia, reconocimiento de voz, procesamiento del lenguaje natural o visión artificial y nos abren las puertas a la automatización de los procesos de relación con clientes y usuarios mediante chatbots, o asistentes digitales de voz.

Y con la marea nos llega también la automatización robótica de procesos (RPA, Robotic Process Automation) que permite digitalizaciones no intrusivas y rápidas de tareas masivas y repetitivas y que, además, se ‘entiende muy bien’ con la inteligencia artificial.

Y por detrás de la tecnología, las tareas y los procesos que esas tecnologías digitalizan y automatizan. Los procesos de negocio de los que creímos habernos olvidado y que ahora, cual regalo en forma de caracola, nos trae el mar agitado de la revolución digital.

Si. Los procesos de negocio han vuelto con fuerza. Es hora de recoger esa caracola y retomar las disciplinas de gestión de procesos que nos llevarán a gobernar de forma inteligente las nuevas tecnologías que lo digital trae consigo. Escucha dentro de la caracola. Escucha la gestión de procesos. ¿Oyes el ruido del mar? ¿Escuchas el oleaje? ¿Percibes la marea digital? ¿Estás preparado para la transformación?

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Artículo publicado en Pulse el 23/10/2018 y en Medium en la misma fecha
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martes, 9 de octubre de 2018

En Pulse: Una Transformación Digital desde el conocimiento


No. No os creáis que la Transformación Digital es palabrería. No os confiéis pensando que se trata de un mero slogan marketiniano, propio de consultoras o ‘speakers’ en busca de la venta de sus servicios o conferencias. No cometáis el error de deciros a vosotros mismos que ‘ya pasará’ o que ‘ya nos vendrán con otra historia dentro de unos meses’.


La Transformación Digital está aquí para quedarse

No. Tal vez el término Transformación Digital pase de moda, si desde un punto de vista marketiniano y de comunicación se lo considera gastado. Es posible. Pero lo que no va a pasar de largo, en absoluto, es lo que ese término significa e implica.

La revolución digital lleva unos cuantos años entre nosotros con una cadencia creciente y todo apunta a que va a continuar a un ritmo vertiginoso durante, al menos, unos cuantos años más. Todo hace pensar que asistiremos al nacimiento, maduración y adopción de nuevas tecnologías que traerán, como consecuencia, la aparición de nuevos productos y servicios algunos inimaginables hoy día, nuevos modelos de negocio tal vez completamente disruptivos, nuevos comportamientos y culturas, cambios estructurales en sectores, en la economía y en la sociedad.

No. Eso no va a pasar ‘de largo’. En todo caso pasará ‘por encima’.

La Transformación Digital no es más (ni menos) que la forma en que las organizaciones responden a los retos y amenazas que esa revolución digital trae consigo, realizando cambios profundos por el camino.

Y esa transformación, el cambio profundo que cada empresa o administración tiene que acometer, que más le vale acometer, no se hace sólo con llamadas al cambio, con ‘frases redondas’ o con apelativos a las personas.

No.

La Transformación Digital se hace con estrategia, con esfuerzo y con el factor que quiero destacar en este artículo: el rigor y el conocimiento.


El conocimiento necesario

La Tecnología Digital no es sencilla. Y hacer un gran cambio tampoco. Así que hay que saber.

¿Qué hay que saber?

Muchas cosas, pero voy a destacar las cuatro que considero más importantes.

Ante todo y sobre todo, y aunque puede que haya a quien no le guste oírlo, hay que saber de tecnología. Sí, hay que saber de tecnología. No todos deben saber lo mismo, por supuesto. Los desarrolladores o arquitectos deben conocer las tecnologías en profundidad. Los estrategas y directivos deben saber identificar las oportunidades y amenazas que traen consigo. Los responsables de marketing cómo pueden traducirla en productos y servicios. Los responsables de operación cómo se gestionan y cómo pueden optimizar procesos y operativas. Los responsables de recursos humanos el impacto cultural. Y así sucesivamente. Cada uno en su rol, pero todas las áreas deben conocer la tecnología digital. No hay otra. No hay excusas. Por eso es una Transformación Digital.

Además, hay que saber, y de verdad, de estrategia, porque hay que saber entender los cambios más profundos que la revolución digital trae consigo, las disrupciones que habilita y los posibles cambios en el panorama competitivo. Es necesario entender los sectores y mercados en que nos movemos y avistar los cambios estructurales que se pueden producir. Es preciso, en definitiva, saber incardinar la Transformación Digital en el plan estratégico de compañía, un verdadero plan, no sólo un discurso o powerpoint. Quizá incluso debamos convertir a la Transformación Digital en la piedra angular de ese plan estratégico.

Y, por supuesto, hay que entender muy bien el propio negocio y la propia operación para saber cuáles son nuestras capacidades, necesidades, oportunidades y opciones. Hay que conocer procesos, indicadores, capacidades y realidades. Este conocimiento lo deberíamos dar por supuesto, pero prefiero explicitarlo… por si acaso.

Y finalmente voy a abogar por el conocimiento en el ámbito de la dirección de proyectos y programas. Tal vez pueda sorprender esta apuesta, pero creo que es absolutamente clave, al mismo nivel que las tres anteriores. La Transformación Digital, al menos como yo la entiendo, no es más que un gran proyecto, o mejor, en terminología de PMI, un gran programa, un conjunto de proyectos relacionados y con un mismo objetivo estratégico. La mezcla de técnicas y habilidades propias de la dirección de proyectos son imprescindibles para definir y gestionar correctamente la transformación digital. Una gran estrategia puede arruinarse si no somos capaces de implementarla correctamente. Y para implementarla, la dirección de proyectos es imprescindible.


Conclusión

No. No es creáis que la Transformación Digital es palabrería. Es real.

Y no os creáis que es sencilla, porque es compleja.

Y para llevarla a cabo debéis partir del conocimiento.

Del conocimiento estratégico de vuestro sector y mercado y del conocimiento de vuestra propia compañía, sus procesos, capacidades y funcionamiento. Pero del conocimiento también, de la tecnología digital y de las técnicas de dirección de proyectos para hacer la transformación una realidad.

Voy a conceder que toda empresa sabe, o debe saber, de estrategia y de su propia realidad. Pero ¿todas entienden de verdad de tecnología? ¿Todas saben realmente gestionar un gran proyecto o programa?

Si no es así, más vale que vayan adquiriendo cuanto antes esas capacidades.

Al menos, ése es mi convencimiento.


Imagen de portada: Escultura 'House of Knowledge' de Jaume Piensa. Imagen por Tim Green en Flickr

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Artículo publicado en Pulse el 09/10/2018 y en Medium en la misma fecha
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lunes, 11 de septiembre de 2017

En Pulse: No os engañéis: la Transformación Digital SÍ va de tecnología


Confieso que busco el titular. Confieso que quiero llamar la atención y promover el debate... Pero es por un buen motivo y con causa, creo yo, justificada.

El concepto de Transformación Digital ha alcanzado esa situación, de dudosa conveniencia pero tan común en el mundo de la tecnología, en que se habla mucho de ella, sin que exista un concepto claro y generalmente admitido, sin que exista un conocimiento profundo pero con abundancia, eso sí, de opiniones, artículos, publicaciones, predicciones y todo tipo de habladurías y ‘escriturías’. Eso que en inglés se llama ‘hype’ pero que no se me ocurre cómo expresarlo adecuadamente en español.

Y en ese campo abonado para la confusión, abundan, o al menos a mí se me han dado con frecuencia a contemplar, artículos, sin duda interesantes y bien intencionados, que proclaman en su título frases como ‘No os engañéis: la transformación digital no va de tecnología’ o bien ‘La transformación digital va de personas’ o la fusión de ambos: ‘La transformación digital no va de tecnología sino de personas’. U otras variantes de la misma idea que intentan desplazar el foco de lo tecnológico a lo humano.

Se trata con frecuencia de artículos interesantes, fundamentados, bien intencionados y con una buena dosis de razón. Pero se trata también de artículos que, como yo ahora, parecen buscar el titular, parecen buscar el sorprender con esa apelación a lo humano con la desventaja de que, en esa sorpresa, puede anidar en este caso la confusión, una indeseable, creo yo, confusión.

La Transformación Digital va de personas, nos dicen… ¡Claro! ¿Y qué actividad humana no va de personas? El fútbol va de personas, la pintura va de personas, la literatura va de personas, la economía va de personas, la salud va de personas, la historia va de personas… Pero el fútbol es diferente de la literatura y ésta de la economía. Y poco tiene que ver la historia con la atención sanitaria.

No es que las personas no sean importantes. ¡Por supuesto que lo son! Son lo más importante sin duda ninguna… pero no son la característica diferencial de la Transformación Digital, y la palabra diferencial es en mi razonamiento la clave.

La Transformación Digital surge por la existencia de las tecnologías digitales, unas tecnologías que habilitan cambios profundos en procesos y modelos de negocio, que alteran las reglas que rigen sectores económicos enteros, que llevan consigo la capacidad de cambiar la forma de relacionarnos y de aprender, que pueden impulsar incluso cambios sociales,  macroeconómicos o en nuestros propios hogares.

Y eso es lo diferencial. Eso es lo que hace que estemos hablando de Transformación Digital y no de una nueva tendencia artística, un éxito deportivo o una nueva teoría económica.

¿Y qué pasa con las personas en la Transformación Digital?

Pues que son una pieza fundamental. No estoy diciendo lo contrario. Por supuesto que la transformación digital va de personas. Se necesitan líderes que entiendan e impulsen la transformación. Y los líderes son personas. Se necesita aprender nuevas técnicas y nuevas habilidades y eso lo hacen, eso lo deben hacer, las personas. Se producen cambios en los modelos de relación entre empresas y clientes y entre los propios usuarios. Y los clientes y los usuarios son personas. Se producen cambios culturales y esos son impulsados por personas y afectan a personas. El factor humano es imprescindible como impulsor y es el principal afectado como sujeto paciente de una Transformación Digital.

Pero eso no es esencialmente distinto, no es diferencialmente distinto, de lo que ocurre ante una fusión entre empresas, ante una expansión internacional o ante otras transformaciones a que las empresas, las organizaciones o la sociedad pueden estar sometidas.

Lo que hace diferente a la Transformación Digital de otras transformaciones es la tecnología digital o, por mejor decirlo, el conjunto de tecnologías y soluciones digitales.

¿Significa entonces que debemos aprender tecnología digital para hacer una Transformación Digital?

Sí y no.

Significa que sí, algunos actores, los investigadores, los creadores de productos y tecnologías digitales, los implantadores de esas soluciones y algunos consultores deberán conocer las tecnologías digitales.

Significa que los líderes, los estrategas y los directivos deberán conocer, no el detalle de la tecnología, pero sí las amenazas y oportunidades que éstas crean en su empresa y sector, y cómo sortear las amenazas y sacar el mejor provecho de las oportunidades.

Y significa que a todos, a todos, nos interesa conocer cómo se usan las tecnologías digitales en la medida que lo precisemos o lo deseemos para nuestra actividad tanto profesional como personal.

Y si ignoramos que la Transformación Digital es una transformación que nace de las posibilidades tecnológicas, podemos caer en el error de no estudiar esas tecnologías, no conocerlas, no formarnos en ellas, no saber entenderlas ni aplicarlas.

La Transformación Digital va de personas. Por supuesto. Pero eso, con todo y lo importante que es, no es el aspecto diferencial. Lo diferencial es la tecnología y, específicamente, las tecnologías digitales.

Por eso me permito, respetuosamente, llamar la atención. Por eso busco, serenamente, el debate y el titular. Por eso, sin despreciar un ápice el factor humano ni a quienes lo reclaman e impulsan, quiero advertiros: no os engañéis, la Transformación Digital SI va de tecnología.


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Artículo publicado en Pulse el 10/09/2017 y en Medium en la misma fecha
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miércoles, 26 de julio de 2017

En Pulse: La sonrisa triste


Sonrío.

Y la sonrisa puede tener muchos significados.

Puede ser el reconocimiento espontáneo de una agudeza, de un ingenio, de un chisporroteo de inteligencia.

Sonrío con cariño mal disimulado ante la inocencia de una niña de significado especial que despliega ingenuidad o simplemente espontaneidad.

Sonrío ante lo cercano, lo conocido, lo entrañable.

Pero a veces, sólo a veces, un velo tenue tiñe de sombras tristes esa sonrisa.

Sonrío tristemente ante el reconocimiento casi cómico de esas pequeñas miserias tan entrañables por tan conocidas, tan conocidas por tan frecuentes, tan frecuentes que las hacen aún más tristes…

Sonrío tristemente al leer en ‘The DevOps Handbook’ la siguiente argumentación:

Examples of ineffective quality controls include:
  • Requiring another team to complete tedious, error-prone, and manual tasks that could be easily automated and run as needed by the team who needs the work performed.
  • Requiring approvals from busy people who are distant from the work, forcing them to make decisions without an adequate knowledge of the work or potential implications, or to merely rubber stamp their approvals.
  • Creating large volumes of documentation of questionable detail which become obsolete shortly after they are written.
  • Pushing large batches of work to teams and special committees for approval and processing and then waiting for responses.

Sonrío tristemente ante lo entrañable, ante lo conocido, ante lo frecuente...

Pero antes de que el abatimiento borre definitivamente la sonrisa, me acuerdo de niñas especiales y del deber y aspiración a la educación, la enseñanza y la transformación.

Entreveo caminos y opciones, proyectos y ambiciones, mejora y transformación, digital o no.

Una luz brillante disuelve los últimos velos y mi sonrisa, más profunda, más franca, más abierta, celebra el triunfo de la posibilidad, la voluntad y la inteligencia.

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Artículo publicado en Pulse el 25/07/2017
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jueves, 3 de noviembre de 2016

En Pulse: El primer paso. Agilidad y planificación en tiempos de incertidumbre



La transformación comienza por un primer paso. Las iniciativas comienzan por un primer paso. Los proyectos comienzan por un primer paso.

Un primer paso que en ocasiones no nos atrevemos a dar. Un primer paso al que, en otras ocasiones, nos lanzamos con excesiva ligereza.

Hace décadas no existían mecanismos formales de planificación.

Luego, en 1958, llegó el proyecto Polaris y se desarrollaron técnicas como el PERT, el Critical Path Method, o el Diagrama de Gantt. Y nació la dirección de proyectos, y nos acostumbramos a planificar cuidadosamente los pasos que debíamos dar. No solo eso, incluso nos acostumbramos, algo más tarde, a hacer planes estratégicos y de marketing. Nos acostumbramos a que las actividades respondían a un plan.

Y aquello era bueno.

Luego el mundo, la tecnología y la gestión, comenzaron a acelerarse y a hacerse menos predecibles, el mundo se nos volvió VUCA (Volatile, Uncertain, Complex, Ambiguous) y más elusivo, más confuso, menos aprehensible por planes que nos marcasen nuestra actuación de principio a fin.

Y como respuesta, surgieron metodologías más laxas, más iterativas, de pasos más cortos y ajustes conforme a los resultados obtenidos. Así, la ingeniería de software pasó del modelo en cascada al agile, donde el software se va definiendo, construyendo, probando y desplegando en iteraciones cortas, en sprints. Y el marketing de producto y el lanzamiento de empresas, se nos volvió Lean, Lean startup para ser más exactos. Y empezamos a pensar que mejor que conseguir y lanzar al mercado un producto magníficamente definido y pulido en todos sus detalles, era preferible lanzar el famoso producto mínimo viable… y ver qué pasaba… y reaccionar según los resultados.

Nos hemos acostumbrado a planificar menos y reaccionar más. A ser más rápidos pero menos rigurosos y predecibles.

Y esto también es bueno…

¿Si? ¿También es bueno?

Hasta cierto punto. Sólo hasta cierto punto.

Si, si ello no supone una renuncia a unos objetivos y una estrategia claros. Si, si ello no supone un abandono gratuito de la planificación cuando ésta es posible y en el modo en que es posible. Si, si ello no supone un mera rendición ante la dificultad inherente al acto de estimar y planificar. Si, si ello no supone una concesión a la improvisación, por desidia, por falta de conocimiento, o por falta de rigor.

Cuando se habla de innovación y creatividad se nos anima siempre a dar un primer paso. A identificar una acción concreta, tangible y alcanzable que nos haga avanzar hacia el objetivo. Y es un buen consejo. Pero no hay que olvidar que a un primer paso debe seguir otro, y luego otro, y otro…si es que realmente queremos conseguir un resultado valioso. Y es que, en el fondo, necesitamos tener algo parecido a un plan, aunque quizá no alcance la complejidad de un PERT, o aunque sea entendido como una mera sucesión de pasos que conducen al fin pretendido. En caso contrario, en ausencia de plan, nuestros pasos pueden no conducir a ninguna parte, o pueden desplazarnos en círculos o, simplemente, nos podemos cansar de caminar sin llegar a ningún lugar.

¿Cómo conciliar todo esto? ¿Cómo conseguir el rigor de una planificación sin caer en la rigidez y la burocracia? ¿Cómo planificar y al tiempo ser ágiles y con capacidad de reacción?

Creo que hay dos claves: por un lado tener claro el objetivo y la estrategia básica. Por otro lado, ajustarse siempre a un tipo de planificación que voy a bautizar como multinivel, aunque ya se verá que no es en sí misma un concepto original.

En primer lugar el objetivo y la estrategia. A lo que creo que nunca podemos renunciar, por mucha incertidumbre que haya en nuestro entorno, por muchas dudas que tengamos en una gran variedad de aspectos, es a tener claro cuál es nuestro objetivo, qué queremos conseguir con un proyecto, un producto, una innovación. Si no es así, si no tenemos claro nuestro objetivo, ya sabemos cuál debe ser nuestro primer paso: definir ese objetivo. Formulémoslo, escribámoslo y que sea claro, entendible, inequívoco…. y, si es posible, inspirador… y medible…

La planificación multinivel se refiere adoptar diferentes grados de detalle en la planificación. Cuando estamos empezando un proyecto o transformación complejos, probablemente no podemos ni debemos aspirar a una planificación detallada en todos sus aspectos. No tendría sentido, no sabemos lo suficiente. Y la realidad, o el mercado, o los primeros resultados, nos pueden obligar a cambiar algo el rumbo. Entonces debemos hacer una planificación de muy alto nivel, sólo las grandes fases y, eso sí, intentar planificar en más detalle la primera fase, las primeras acciones. Eso lo que en dirección de proyectos se denomina “rolling wave planning”. A medida que tenemos más claras las cosas, hacemos una planificación más detallada y, si tiene sentido, de más largo plazo.

El uso inteligente de un objetivo y una planificación multinivel te permiten la agilidad y capacidad de reacción que exigen los nuevos tiempos y el rigor y solidez que hemos aprendido a lo largo de décadas de gestionar proyectos.

La unión de ambos factores conjuga la flexibilidad y rapidez, con el rigor y el control.

¿Te convence la idea?

¿Quieres empezar a usar esta forma de enfocar tus iniciativas, tus proyectos, tus aspiraciones?

Pues, simplemente atrévete. Selecciona tu próximo objetivo haz el plan.

Da el primer paso…

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Artículo publicado en Pulse el 2/11/2016
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jueves, 5 de mayo de 2016

En Pulse: La inteligencia y el liderazgo de la transformación digital



¡Transformación!

 Ese es el imperativo y el eslogan.

 ¡Transformación!

 Y le ponemos un apellido:

¡Transformación digital!

 Transformación digital que afecta a la tecnología, a los modelos de negocio, a las estrategias, a la relación con el cliente, a su experiencia, a los procesos, a los sistemas.... Transformación digital que cambia la cultura, las formas de participación y el liderazgo.

 Y los líderes, o los que aspiran a serlo, nos llaman a la transformación…

 ¡Transformación!

 Las palabras resuenan en nuestros oídos pero ¿Resuenan de verdad? ¿Resultan creíbles? ¿Nos mueven a la acción? ¿Consiguen objetivos? ¿Transforman realmente?

 Hay dos defectos y dos peligros que observo en las llamadas de los líderes a la transformación.

 Un defecto es el de la vacuidad del mensaje. Vale, transformación digital pero ¿Qué visión me ofreces? ¿Qué quieres conseguir? ¿Dónde está la estrategia? ¿Dónde los indicadores?¿Dónde los objetivos medibles?¿Dónde las acciones? ¿Dónde un plan de proyecto?¿Qué transformación me propones exactamente?

Liderar la transformación digital no es sólo lanzar un mensaje, por atractivo que éste pueda ser y de moda que pueda estar. Es necesario el rigor y la concreción. Es necesario especificar la transformación para una organización concreta, tu organización, líder, con una estrategia definida, comunicada y documentada, unos objetivos concretos, unos planes concretos, unos recursos, unos plazos, unos responsables… Sin esto, el mensaje no pasa del eslogan, de la propaganda… y se disuelve en su propia vacuidad…

 El otro defecto, hermano del anterior, es el de la grandilocuencia. ‘Vamos a ser los líderes de…’, ‘Vamos a cambiar el sector…’, ‘Vamos a establecer las reglas del juego…’ ¿Seguro? ¿Es tu organización realmente capaz de cambiar las reglas de un mercado? ¿Es realmente capaz de ser líder? ¿Tienes la tecnología, los recursos, la estrategia y la energía para ser líder? Y… ¿es necesario? Aspirar al liderazgo de un mercado o un sector, aspirar a marcar las reglas del juego, es bueno, muy bueno…pero está al alcance de muy pocos, y tu organización pudiera no ser una de ellas. Es mas, pudiera no ser necesario. Tu organización, líder, tu negocio, tu empresa, pueden ser perfectamente prósperas y sostenibles sin necesidad de que seas el líder mundial. La ambición puede ser buena, pero si no va acompañada del necesario realismo deja de ser ambición para convertirse en quimera.

 Una llamada a la transformación grandilocuente y vacía se muere. Se muere por falta de un plan real y se muere por falta de credibilidad ante la organización que el líder dice querer transformar.

 La transformación digital es necesaria, es atractiva, es positiva…

 ¡Quiero la transformación!

 Estoy dispuesto a contribuir, a trabajar, a innovar, a aportar…

 Aquí me tienes, líder. Te espero y te añoro.

 Sólo un ruego:

 La próxima vez que llames a la transformación digital, inspírame con tu ambición y tu pasión, inflama mis sentimientos con lo atractivo de tu mensaje, háblale a mi corazón pero, por favor, por favor, no te olvides de hablarle también a mi inteligencia…

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Artículo publicado en Pulse el 3/05/2016
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martes, 3 de mayo de 2016

Nueva sección fija: 'En Pulse'

He decidido publicar de vez en cuando algunos artículos en 'Pulse', la herramienta de publicación de LinkedIn (algo así como un foro o un blog compartido para todos los miembros de esta red social de carácter profesional)

Sin embargo, cuando publique algo en 'Pulse' no sólo lo haré allí sino que, un día o dos después, una semana a lo sumo, publicaré aquí en Blue Chip el mismo artículo.

Para agrupar todos los artículos de estas características voy a crear una nueva sección, 'En Pulse' que se unirá a las existentes de 'Libros', 'Macrotweets', 'Colaboraciones' y 'Presentaciones'.

En realidad, los lectores de este blog notarán poca diferencia, salvo que los artículos de la sección siempre llevarán la etiqueta 'En Pulse', se podrán acceder a todos desde un recuadro de la derecha (el recuadro de 'secciones fijas') y que siempre haré mención en el artículo a que ya ha sido publicado en Pulse.

Hoy mismo, espero publicar en Pulse el primero de estos artículos y, antes de que acabe la semana, presumiblemente el Jueves, aparezca aquí, en Blue Chip, inaugurando así la nueva sección.

Espero que os interese.