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lunes, 26 de septiembre de 2011

Las cuatro reglas fundamentales de la productividad y la eficiencia

En los últimos meses he abordado, y este blog es testigo de ello, la lectura y estudio de diversas teorías y técnicas sobre productividad y eficiencia desde muchos puntos de vista, tanto de la eficiencia en procesos productivos industriales como la productividad personal.

El antecedente más lejano es el estudio de las técnicas de Lean Management de Womack y Jones concentradas en el libro 'Lean thinking' que, aunque enfocadas fundamentalmente hacia la fabricación, tienen su aplicación también en el campo de los servicios.

A esto se añade la lectura sobre GTD (Getting Things Done), la famosa metodología para la productividad personal creada por David Allen y que recoge en su libro 'Organízate con eficacia'.

Ultimamente he leído y comentado 'La semana laboral de 4 horas' una obra que, si bien no exclusivamente, ni siquiera principalmente centrada en la productividad, sí que la trata con asiduidad y que se sitúa, en cierto sentido, en un terreno intermedio: habla sobre todo de productividad personal pero también de técnicas de productividad y eficiencia en los negocios.

Si contemplo en perspectiva estas obras observo que, independientemente de que hablemos de productividad o eficiencia, de entorno personal o de empresa y de productos o servicios, existen una serie de reglas y patrones comunes, una suerte de reglas fundamentales que gobiernan la eficacia, la productividad y la eficiencia.

Este artículo recoge y comenta brevemente esas reglas, que casualmente son cuatro, como las reglas fundamentales de las matemáticas y el cálculo. Cuatro reglas que, además, se aplican en cascada, siendo prioritarias o precedentes en el tiempo, bien que no de forma rígida, las que aparecen más arriba en la lista

Son estas:
  • 1.- ELIMINAR: Si duda, la forma más radical, el mayor ahorro de tiempo y recursos, se produce cuando se dejan de hacer cosas. Evidentemente, ese no hacer debe tener criterio. En el Lean management y Lean manufacturing se intenta eliminar de los procesos productivos lo que se denomina 'muda', despilfarro, es decir, todos aquelos pasos que no aportan valor. Tim Ferriss, por su parte, nos refiere como guía al principio de Pareto o del 80/20 y a concentrarnos en ese 20 por ciento de las causas que produce el 80 por ciento de los efectos (unos efectos que él enfoca principalmente a ingresos), abandonando el resto.
  • 2.- SISTEMATIZAR: Para todo aquello que no hemos eliminado, que no tiene sentido eliminar, lo que hemos de hacer es sistematizar. Es decir, hemos de esforzarnos en definir procesos y procedimientos claros e inequívocos. Probablemente no lo logremos en todos los casos, pero hay que extender la sistematización lo máximo posible. El sistematizar, clarificar y homogeneizar procesos y procedimientos permite concentrar actividades, aplicar economías de escala, bajar cualificaciones, disminuir curvas de aprendizaje, ahorrarse inspecciones, evitar errores. Pero, sobre todo, la sistematización es un habilitador imprescindible para las otras dos reglas: automatizar y delegar. Las tres fuentes citadas, el Lean Management, la metodología GTD y las estrategias de Tim Ferriss, son propuestas, más o menos explícitas, de sistematización.
  • 3.-AUTOMATIZAR: Una vez sistematizado un proceso podemos y debemos intentar automatizarlo, en el sentido de que pueda ser realizado por máquinas, típicamente ordenadores, aunque también pudiera tratarse de, por ejemplo, robots o máquinas herramienta. El fundamento de esta regla es evidente: las tareas repetitivs son en general realizadas con mucha mayor eficacia y eficiencia por máquinas. Las persona deberían concentrarse en esa parte más creativa y compleja que no es posible automatizar (a veces ni siquiera sistematizar) y a las que las máquinas no llegan.
  • 4.- DELEGAR: Se trata de poder encomendar a otras personas u organizaciones las tareas. En la medida en que dichas tareas estén claras, serán más fáciles de delegar y precisarán menor supervisión y control y, por tanto, consumo de recursos. En el caso de tareas de gran volumen y claramente sistematizadas se podría pensar, tal y como propone Ferriss, en mecanismos de externalización: outsourcing y offshoring. Ferriss lleva al extremo esta práctica proponiéndola, no solo en el mundo de la empresa, sino incluso también para tareas personales. Esta regla ayuda a la eficiencia en la medida en que la persona u organización en que delegamos la tarea sea más competente o eficiente llevándola a cabo que nosotros mismos. Por otro lado, también actúa a modo de apalancamiento, permitiendo abarcar mucho más trabajo, puesto que una parte de él se delega en terceros.
Las cuatro reglas son, en el fondo, clásicas, alguna pudiera hasta parecer taylorista, pero son una aplicación de la pura experiencia y si mantienen su validez para la productividad tanto personal como de empresa, de productos y servicios, debe ser que son algo así como principios universales, expresiones destiladas de mero sentido común.

viernes, 6 de mayo de 2011

El pensamiento esbelto de Womack y Jones

'Lean Thinking' es una extensa y clásica obra que explica tanto los fundamentos como casos prácticos de lo que se ha dado en llamar 'Lean production' o, de forma más general, 'Lean management', y que se inspira en el afamado TPS (Toyota Production System).

El 'Lean management', feroz enemigo del sistema de lotes y colas, y heredero aunque alternativo a técnicas anteriores como la Calidad Total, tiene como objetivo la mejora de la calidad pero sobre todo de la eficiencia de los sistemas productivos mediante la eliminación de cualquier tipo de despilfarro ('muda') consiguiendo mejoras espectaculares de rendimiento.

Los cinco principios que rigen el pensamiento 'lean' son los siguientes:
  • Especificar con precisión el concepto de valor para cada producto específico
  • Identificar el flujo de valor para cada producto
  • Hacer que el valor fluya sin interrupciones.
  • Dejar que el consumidor atraiga hacia sí ('pull') el valor procedente del fabricante
  • Perseguir la perfección.
Y los siete tipos de despilfarros o 'muda' que identifica el pensamiento 'lean' son:
  • sobreproducción
  • tiempo de espera
  • transporte
  • exceso de procesado
  • inventario
  • movimiento
  • defectos

 El libro consta de quince capítulos estructurados en cuatro partes.

La primera parte, 'Los principios Lean' la más conceptual e interesante a mi modo de ver, expresa en un capítulo inicial los fundamentos del pensamiento 'lean' y el concepto de despilfarro ('muda'). A continuación, cada uno de los cinco capítulos siguientes desarrolla uno de los principios: Valor, Flujo de Valor, Flujo, Pull y Perfección.

La segunda parte, 'del pensamiento a la acción: el salto Lean', es la más extensa con diferencia y detalla casos de éxito en la aplicación de los métodos 'lean' en diferentes empresas (una en cada capítulo), en orden creciente de complejidad. Así, pasa revista primero al caso de Lantech, dedicada a
productos de embalaje con film extensible. Luego se adentra en Wiremold productora de soluciones de gestión de cableado así como sistemas de protección eléctrica. A continuación profundiza en el caso de Pratt & Whitney, líder en la fabricación de motores de aviación. El siguiente paso es saltar de América
a Europa, estudiando el caso de Porsche. Finalmente, vuelve en cierto sentido a los orígenes del pensamiento Lean, con un estudio que recoge tanto el caso de la propia Toyota como de Showa, un fabricante de radiadores y calderas. Finaliza esta parte con un capítulo titulado 'Un plan de acción' que propone una serie de ideas y consejos para poner en marcha una iniciativa 'lean'.

La tercera parte, 'Iniciativa Lean (Lean Enterprise)' intenta llevar más lejos los principios lean de manera que salgan de los límites de un empresa en particular o, incluso, del ecosistema de empresas alrededor de un gran productor, para pensar en un flujo de valor global y orientado al cliente.

La última parte 'Epílogo' es eso, un epílogo con ciertos tintes futuristas en que se explora el futuro del 'lean' y se proponen algunos consejos o ideas seminales adicionales.

Se trata de una obra extensa y austera, con pocas concesiones a la galería aunque, por otro lado, tampoco profundiza en exceso en la metodología lean reservando la mayor parte de los recursos a describir con minuciosidad los casos de éxito propuestos.

Lectura imprescindible para responsables de Operaciones o de Calidad, no parece, sin embargo, una obra para el público en general aunque la primera parte sí resulta muy interesante e instructiva.

James P. Womack
Diplomado en ciencias políticas por la Universidad de Chicago en 1970, máster en sistemas de transporte en 1975 por la Universidad de Harvard, y doctor en ciencias políticas por el MIT en 1982.

Desde 1975 a 1991, dirigió varios estudios comparativos sobre prácticas de producción. En 1990 escribió el libro 'La máquina que cambió el mundo' que le catapultó a la fama.

Womack es fundador y consejero senior de Lean Enterprise Institute, una institución sin ánimo de lucro para el estudio y difusión de la 'Lean Enterprise'.

Daniel T. Jones
Licenciado en economía por la Universidad de Sussex, tras una carrera de investigación en el National Institute for Economic and Social Research de Londres, en el Sussex European Research Centre y el Science Policy Research Unit en la Universidad de Sussex, se convirtió en profesor de gestión de la fabricación y fundó la Lean Enterprise Research Centre en Cardiff.

Es fundador y presidente de la Lean Enterprise Academy en Reino Unido y consejero senior del Lean Enterprise Institute y coautor de libros como 'La máquina que cambió el mundo' y 'Lean thinking'

Ficha técnica:
TITULO: Lean thinking. Cómo utilizar el pensamiento Lean para eliminar los despilfarros y crear valor en la empresa
AUTOR: Daniel T. Jones y Daniel T. Jones
EDITORIAL: Gestión 2000
AÑO: 2003
ISBN: 84-8088-689-7
PAGINAS: 478

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Ideas 'lean' para la transformación del sector sanitario

Cuando se piensa en operación de servicios, uno de los sectores probablemente más atractivo sea el de la atención sanitaria, el funcionamiento de un hospital o el de todo un sistema sanitario en su totalidad. Tanto la complejidad de la operación que en ese sector se ejecuta, como su impacto social y la visibilidad de los resultados, hacen de éste un sector muy interesante tanto desde el punto de vista económico como operativo.

Sin embargo, precisamente esa visibilidad social y política, así como la priorización de la calidad de la atención, y casi más una calidad percibida que objetiva, frente a criterios de eficiencia y racionalidad meramente económicas, y todo ello unido a un peso de tradiciones y cultura muy especiales en los colectivos profesionales que lo integran, convierten, creo, en muy dificultosa la adopción de estrategias de operación con arreglo a los mismos criterios de eficacia y eficiencia que se pueden encontrar en la fabricación, en los restaurantes de comida rápida o en servicios de mantenimiento de equipamiento, por poner varios ejemplos.

Sin embargo, sí que existen intentos de conseguir esa eficiencia. He tenido oportunidad en el pasado de leer algunas obras que apuntaban a métodos importados de las tendencias generales de eficiencia operativa y movimientos de calidad. He tenido ocasión de encontrar, por ejemplo, planteamientos de orientación a procesos mediante la constitución de equipos multidisciplinares. No me parece, sin embargo, que dichas experiencias hayan sido especialmente exitosas o, al menos, no han generado contagio al resto del sistema.

James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking' que ha servido de base para muchos de los últimos artículos de este blog, esbozan al final de la obra algunas ideas propias del pensamiento 'lean' y que podrían ser aplicables al sector sanitario. Esto es lo que dicen:

"A continuación, el sistema sanitario debería replantear su estructura formal por departamentos y reorganizar una gran parte de sus competencias en equipos multidisciplinares. La idea sería muy sencilla: cuando el paciente entra en el sistema, vía un equipo multidisciplinar agrupado en una misma ubicación (o 'célula' en el lenguaje de la producción física), recibe atención y tratamiento constantes hasta que el problema se soluciona.

Para conseguirlo, se deberían ampliar las competencias de enfermeras y médicos (a diferencia del sistema actual que fomenta la especialización a ultranza) a fin de que un equipo menos numeroso de personas más polivalentes, pudiera resolver la mayoría de los problemas de los pacientes.
...

Por último, se debería educar y hacer participar activamente al 'paciente' en el proceso...para que muchos problemas puedan evitarse a través de la prevención o tratamiento desde su domicilio, sin necesidad de desplazarse físicamente, y para que las visitas se puedan programar mejor".


Lo más importante, quizá, sea esa constitución de equipos multidisciplinares que están en la base de muchas acciones de eficiencia en el sector de fabricación, pero cuya exportación a la atención sanitaria, aún suponiendo que fuese una buena estrategia operativa, podría encontrarse con serios problemas de resistencia al cambio derivada de culturas, fronteras interdepartamentales y corporativismos. Podría constituir una mejora radical, pero de muy difícil implantación.

Algunas de las reformas o ideas que se mencionan en el último párrafoo, el foco en la prevención y el impulso de la atención domiciliaria, o al menos ambulatoria, sí parecen haber encontrado fuerte eco en los equipos gestores y incluso clínicos de la atención sanitaria, aunque ignoro el alcance de los resultados obtenidos desde un mero punto de vista operativo y de eficiencia del sistema.

Difícil, muy difícil la implantación de este tipo de estrategias en un sector tan politizado y con unas culturas profesionales tan enraizadas. Sin embargo, el fortísimo consumo de recursos de todo tipo que esta actividad conlleva, las crecientes demandas de atención, tanto por envejecimiento de la población como por asunción del derecho al estado de bienestar, imponen una fuerte carga de responsabilidad política, económica y social a los gestores de la atención sanitaria, una gestión que, cada vez más, sin renunciar a sus aspiraciones a la calidad y la universalidad, debe volver sus ojos hacia la eficacia y la eficiencia, si queremos que sea sostenible. 

martes, 3 de mayo de 2011

#macrotweet: lo bueno de las crisis

Las recesiones son valiosas en el sentido de que agitan el saber convencional, incluso el saber lean complaciente, y espolean a los dirctivos a tomar decisiones difíciles.

 James P. Womack y Daniel T. Jones
'Lean thinking'

lunes, 2 de mayo de 2011

Lean management, colaboración y el fin de la guerra fría industrial

En ocasiones, probablemente por estrechez de miras, parece como si la eficiencia fuese un asunto que concerniese a cada empresa por sí misma. Más aún, parecería como si la eficiencia e incluso la calidad fuese un problema del área de Operaciones, mientras que otras áreas de la empresa como Marketing, Ventas, RRHH o Finanzas fuesen ajenas a dicha problemática.

Nada más lejos de la realidad.

En lo relativo a la responsabilidad de la eficiencia dentro de una empresa, todas las teorías sobre eficiencia y calidad que conozco ponen énfasis en los procesos extremo a extremo, en la orientación a cliente de dichos procesos y en los equipos multidisciplinares.

Por otro lado, y dado la creciente interrelación entre empresas en la producción de bienes y servicios y la existencia de cadenas de valor compartidas, casi confundidas, rara vez el flujo de valor comienza y finaliza realmente en una única empresa, sino que, en realidad, debería cruzar las fronteras entre corporaciones para obtener un flujo óptimo extremo a extremo.


Sin embargo, esta situación ideal no es demasiado común. James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking' ejemplifican esta problemática mediante una analogía con la guerra fría. Así lo cuentan:

"Históricamente las relaciones entre las diferentes empresas dispuestas a lo largo del flujo de valor han sido más o menos parecidas a las de los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Un nivel mínimo de cooperación era necesario para evitar que el mundo saltase en pedazos ... pero la regla operativa era que cada parte trataría por todos los medios de aprovecharse de la otra, con la excepción de la aniquilación mutua.Los participantes en el flujo de valor se comportan a menudo de una forma parecida, cooperando al nivel mínimo necesario para lograr que el producto se fabrique, pero al mismo tiempo conla esperanza de que la ignorancia de las otras partes respecto a sus capacidades y métodos (y su coste) les permitirá obtener el premio gordo...

con frecuencia se oye decir que los proveedores y los clientes participantes de un mismo flujo de valor pueden poner fin a la guerra fría industrial gracias a una aplicación generosa de 'confianza mutua', una expresión que no parece tener mucho sentido práctico
"

Con todo, y a pesar de la pérdida de oportunidad que para los clientes y la sociedad en su conjunto supone esta 'guerra fría industrial', esta falta de colaboración entre empresas, esta falta de auténtica visión extremo a extremo, más triste y más grave es cuando esta guerra fría se produce dentro del seno de una sola empresa en el momento se cruzan fronteras funcionales o departamentales.

¿Cómo finalizar con esta situación? Hacen falta creo, tanto visión como confianza. Visión para entender la importancia de esa colaboración entre departamentos y entre empresas, y confianza para que la colaboracion se produzca sin reticencias y con una compartición transparente de la información necesaria.

Womack y Jones hacen una recomendación en esa línea:

"los estados de guerra sólo pueden terminar cuando las partes implicadas negocien por propia iniciativa un conjunto de principios que guíen su comportamiento conjunto y, a continuación, diseñen un mecanismo de control mutuo de respeto a esos principios"

A falta, quizá, de una visión y sobre todo una confianza profundas, el establecimiento de unas reglas de juego, de los principios y mecanismos de control que mencionan Womack y Jones, puedan hacer el trabajo.

Pero mucho hay de cultiral en esta situación. Queda mucho por hacer en lo que a colaboración, y por ende a calidad y eficiencia se refiere...

lunes, 25 de abril de 2011

El flujo psicológico o las conexiones entre operación 'lean' y motivación

Cuando hace unos días revisábamos los fundamentos del pensamiento 'lean', veíamos que uno de ellos era el flujo de valor, es decir, el flujo de materiales e información a través del cual se va generando el valor que se entrega al cliente.

Es, evidentemente, una herramienta del área de operaciones, una técnica orientada a mejorar la calidad y sobre todo la eficiencia de los proceso operativos, la fabricación o la prestación de servicios.

Sin embargo, y siguiendo una línea de pensamiento muy interesante, y quizá abusando un poco de la analogía terminológica, James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking' enlazan el flujo de valor, operaciones, con el flujo psicológico, psicología.

El concepto de flujo psicológico es una aportación del psicólogo Mihály Csíkszentmihályi y, tal y como se describe en la wikipedia, se trata de "el estado mental operativo en el cual la persona está completamente inmersa en la actividad que está ejecutando. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. Esta sensación se experimenta mientras la actividad está en curso."

Los componentes del flujo, según la misma fuente, son:
  • Objetivos claros (las expectativas y normas se pueden percibir y los objetivos son alcanzables apropiadamente con el conjunto de habilidades y destrezas).
  • Concentración y enfoque, un alto grado de concentración en un limitado campo de atención.
  • Retroalimentación directa e inmediata (éxitos y fallos en el curso de la actividad).
  • Equilibrio entre habilidad y desafío (la actividad no es ni demasiado fácil ni demasiado complicada).
  • Actividad intrínsecamente gratificante.
Womack y Jones razonan en el sentido de que casi toda la teoría del flujo de valor gira en torno a su aportación para clientes e inversores, pero que es necesario considerar también su relación con los empleados. Y es en este punto donde se enlaza con el concepto de flujo psicológico.

Según los autores, las técnicas 'lean', frente a las operaciones basadas en lotes y colas, mejoran la experiencia laboral y generan estados de flujo psicológico porque la metodología 'lean' (como todas las técnicas orientadas a procesos, añado yo) permite a los empleados, al borrar barreras funcionales y fronteras interdepartamentales, tener una visión e intervención más amplia, más completa del proceso productivo. Además, la utilización de herramientas de seguimiento y monitorización contínua del proceso (los autores lo ejemplifican con el caso de Lantech y herramientas como el takt time, la tarea estándar y el control visual) generan el feedback inmediato. Finalmente, el propio concepto de flujo de valor promueve la ausencia de interrupciones y esto, únido a la constante búsqueda de la perfección, genera tanto concentración como tensión creativa.

Es de esta forma, en parte forzando una analogía pero, por otro lado, con unos fundamentos muy razonables, que se pueden enlazar técnicas de operaciones, y muy en concreto las técnicas 'lean', con una forma de conseguir la satisfacción del empleado y su motivación.

Se me ocurre añadir que si esa relación con el flujo psicológico de la metodología 'lean' en general y el flujo de valor en particular es cierta, el 'lean management' pudiera obtener mayores eficiencias y mayores rendimientos, no sólo por la excelencia operativa que se pueda conseguir, sino por el efecto multiplicador para la innovación, la calidad y la eficiencia que de unos empleados motivados se derivan para cualquier empresa.

viernes, 22 de abril de 2011

Miedo a las mariposas

Hace unos años, cuando se hablaba de gestión empresarial, las cosas parecían más seguras y más científicas. El management parecía avalado por complejas teorías financieras y microeconómicas, la estrategia creía apoyarse en modelos macroeconómicos sólidos, el análisis de la actividad interna se medía mediante una bien desarrollada contabilidad analítica, las operaciones aún eran herederas del método científico de Taylor...

El mundo parecía estable, las empresas fiables y la gestión de la misma bien fundamentada, casi científica.

Últimamente, sin embargo, parece prevalecer la inestibilidad del entorno económico y social, la aparición de fenómenos sorprendentes y de gran impacto (internet no deja de ser uno de esos fenómenos), el cambio en los equilibrios de poder, nuevas teorías, nuevos fenómenos...

Ante estos fenómenos, el mundo del management parece virar sus ojos hacia técnicas de gestión menos científicas, más 'soft'. Se presta atención a los cisnes negros, se valoran los fenómenos sociales y los aspectos emocionales tanto en la relación con los clientes como con los empleados y con la sociedad en general, se apuesta por nuevos modelos de negocio que aún tienen que demostrar su viabilidad...como son muchos de los ligados al mundo Internet. ¿Qué está pasando? ¿Cómo de sólidas son estas nuevas técnicas de gestión?

James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking' hacen mención a este problema y sugieren la existencia de un cierto miedo en la clase directiva a estos entornos caóticos:

"Desde que en 1987 James Gleick publicó su sugestivo libro 'Chaos', se ha puesto de moda, entre los escritores de libros de negocios de empresa, hablar de mercados caóticos y de la necesidad de que las organizaciones sean capaces de reaccionar de modo instantáneo... Aplicando al mundo de los negocios la metáfora original del meteorólogo Edward Lorenz respecto a un sistema caótico -en el tiempo meteorológico, la naturaleza no lineal de las fuerzas que entran en acción, hace posible que una mariposa en Beijing pueda influir en el tiempo que hará en Nueva York unos cuantos días después-, los ejecutivos de hoy día parece que vivan con miedo a las mariposas."

Es cierto que el libro en que aparece esta cita tiene ya algunos años (la última edición data de 2003). Sin embargo, las cosas no parecen haber cambiado tanto. Es más, en cierto sentido, parecen incluso haberse acentuado. Cada vez se potencían más las técnicas de gestión menos científicas y se apuesta por lo más inmaterial.

Puede ser una opción novedosa e incluso inteligente. Puede que las teorías matemáticas sean en efecto incapaces de explicar hoy día los complejos y quizá caoticos fenómenos a que nos enfrentamos. Puede también que lo que ahora es más inmaterial e intangible, con el paso de los años sea abordado por teorías científicas y matemáticas de forma consistente.

Pero también puede tratarse de un cierto 'escapismo', una huida hacia explicaciones más atractivas y fáciles de comprender acerca de los negocios y la sociedad y que renuncien a adentrarse por los siempre complejos vericuetos del método científico.

Sea como fuere, este apoyo en teorías más ambiguas, menos sólidas, de menor predecibilidad, puede llevar a una gestión más improvisada, más reactiva, una gestión sometida a mayores niveles de ansiedad, una gestión en la que, en efecto, tal y como nos dicen Womack y Jones, se esté imponiendo un cierto miedo a las mariposas.

miércoles, 20 de abril de 2011

La necesaria conexión Ventas-Producción y el peligro de las comisiones e incentivos

Con cierta frecuencia he podido observar y analizar cómo el uso de indicadores, comisiones, incentivos o cualquier otro método de medida e incentivación de comportamientos, presenta efectos adversos imprevistos, promoviendo conductas que cumplen con la letra, pero atentan contra el espíritu, de lo que los indicadores pretendían medir o lo que los incentivos pretendían promover.

Creo que eso se produce porque un indicador o un incentivo es una visión reduccionista, unidimensional de un problema, cuando todo problema complejo es, en realidad, multidimensional, multifactorial. Al centrarse en un comportamiento o en una medida muy específica, el indicador o el incentivo exacerba todo aquello que favorece el cumplimiento del indicador o la obtención del incentivo, ignorando todo el ecosistema de factores, variables, problemáticas y contexto que rodean a cualquier problema complejo real. El resultado suele ser perverso y traer efectos colaterales negativos, en ocasiones superiores a los efectos positivos buscados y tal vez conseguidos.

Otra problemática que con frecuencia observo, y que últimamente me resulta especialmente preocupante, es la frecuente desconexión que se produce entre las áreas comerciales de la empresa y las áreas productivas. Buscando el cumplimiento de sus objetivos de ventas, las áreas comerciales pueden ignorar la realidad del back-office productivo que debe respaldar los productos o servicios vendidos y las condiciones económico-financieras de los acuerdos cerrados. Pero, por otro lado, las áreas productivas pueden, por su parte, ignorar las necesidades del mercado, exigir condiciones operativas muy cómodas o proponer costes muy elevados que los mercados de ninguna manera pueden aceptar y que dificultan sobremanera la labor comercial.

Aunque es un triste consuelo, debo reconocer que me ha producido una cierta satisfacción, un cierto consuelo, el observar que ambas problemáticas, el mal uso de los incentivos y la desconexión ventas-producción, son recogidas por dos autoridades del Management como son James P. Womack y Daniel T. Jones

En su libro 'Lean Thinking', y hablando de la gestión de pedidos como parte del flujo de valor, nos dicen lo siguiente:

La concienciación de la estrecha conexión existente entre ventas y producción también ayuda a protegerse de uno de los grandes males de los sistemas tradicionales de ventas y gestión de pedidos: recurrir a sistemas de comisiones para motivar a una red de ventas, que trabaja sin conocer ni preocuparse realmente de las capacidades del sistema de producción”.

Este ilustrativo párrafo (que aún se extiende algo más en su fuente original), nos hace entrever la problemática de la desconexión ventas-producción y cómo los incentivos y comisiones de ventas pueden agravar el problema al favorecer de manera unidimensional la venta pura, sin valorar la factibilidad, costes y rentabilidad de lo vendido.

Laten en esta eventual desconexión venta-producción muchos factores de tipo cultural, muchos intereses y muchos egoísmos. Pero también es cierto que una revisión de la bondad del mecanismo de comisiones, o el establecimiento de indicadores o incentivos que no se centren en la pura venta, que busquen la calidad de la venta, el margen, la rentabilidad, etc, pueden actuar a modo de contrapeso, que favorezcan la venta acompasada con la producción.

lunes, 18 de abril de 2011

La imaginación como receta para la eficiencia y el valor añadido

Para conseguir resultados superiores, para innovar en lo tecnológico y en la gestión, para conseguir nuevos posicionamientos, para redefinir el valor que una organización entrega a sus clientes, para alcanzar una ventajosa posición competitiva, no basta con sesudos análisis, o con inversiones, o con campañas de marketing.

Un ingrediente esencial del cambio, de cualquier tipo de cambio, es la imaginación, el saber identificar nuevas formas de hacer las cosas, nuevas formas de enfocar un negocio o nuevas formas de entregar valor a los clientes. Una imaginación que, fundamentalmente, conlleva romper barreras, desafiar modelos, cuestionar el 'status quo', eliminar formas de pensar limitadoras, abrir puertas y aceptar el reto de nuevos enfoques que puedan poner en cuestión las formas de hacer establecidas y los modelos mentales que las soportan.

Y la imaginación no es sólo un atributo necesario en las áreas de marketing o de estrategia, sino que debe empapar a toda la organización. Existen oportunidades de aplicar la imaginación en cualquier área funcional, en cualquier labor, en cualquier puesto.

Las operaciones no son tampoco ajenas a esta necesidad de imaginación. Y esa imaginación es especialmente necesaria, por ejemplo, cuando tratamos de encontrar formas más eficientes de operar.

Una de las metodologías más en boga en lo que a eficiencia operativa se refiere, una de las que promete mejoras más radicales, es el 'lean management'. Repasábamos brevemente en un artículo anterior, los fundamentos del pensamiento lean y cómo dos pasos fundamentales eran la identificación del valor que se entrega a clientes y la mejora en el flujo de valor, es decir, el modo como se genera ese valor en las áreas productivas.

Cuando James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking', se refieren a estos dos puntos, nos dejan claro, aunque no hablen explícitamente de imaginación, lo importante que ésta resulta, especialmente en lo que a ruptura de barreras mentales se refiere.

Así, cuando nos nos introducen la definición del valor, nos alertan:

"¿Por qué es tan difícil empezar por el lugar adecuado para definir el valor correctamente? En parte porque la mayoría de los fabricantes quieren hacer lo que ya están haciendo y porque muchos clientes sólo saben pedir algunas variantes de lo que ya están consumiendo"

Y, cuando nos hablan del rediseño del flujo de valor, nos proporcionan varios consejos y entre ello éste es , quizá, el fundamental:

"ignorar los límites y fronteras tradicionales de puestos de trabajo, carreras profesionales... y empresas"

En el primer caso nos hablan de las limitaciones mentales a que nos enfrentamos a la hora de definir el valor, lo que realmente es importante para los clientes y no deja de resultar llamativo el que esa falta de imaginación se le atribuya también a los propios clientes que son incapaces de tener la imaginación suficiente para identificar lo que realmente querrían recibir.

En el segundo se refieren a la valentía necesaria para romper moldes, para imaginar nuevas formas de actuar fuera de lo acostumbrado, lo conocido y lo aceptado.

La imaginación no es pues, sólo, una necesidad para obtener brillantes campañas publicitarias o para definir posicionamientos estratégicos en también brillantes planes estratégicos, de negocio o de marketing. La imaginación no es, tampoco, sólo posesión de la I+D, donde se supone se generan las nuevas ideas y productos.

La imaginación es un atributo necesario, imprescindible, en toda la empresa, en todas las áreas funcionales, en todos los puestos de trabajo. La imaginación es esencial, incluso, en las poco 'glamourosas' operaciones, y, quizá muy especialmente, en la áspera misión de identificar mejoras de eficiencia operativa.

lunes, 11 de abril de 2011

Fundamentos del pensamiento 'lean'

En un afán por encontrar fuentes de inspiración acerca de cómo orientar de una forma razonablemente científica la búsqueda de la eficiencia operativa, y para satisfacer al tiempo una curiosidad que arrastraba desde hace ya más de un año, he comenzado a adentrarme en el terreno del 'Lean Management', una filosofía de gestión ya ampliamente probada y documentada y que se orienta a la eliminación del desperdicio ('muda' según el vocablo japonés) en los procesos productivos y, en concreto, los siete tipos de desperdicio que esta metodología identifica, a saber, sobreproducción, tiempo de espera, transporte, exceso de procesado, inventario, movimiento y defectos. Y para ello he acudido a algunas de sus figuras más representativas como son James P. Womack y Daniel T. Jones y a una de sus obras claves: 'Lean Thinking'.

Antes de profundizar en futuros artículos en aspectos concretos que me han llamado la atención, quisiera apuntar brevemente, a modo de introducción, recordatorio y referencia, lo que son los cinco principios que definen el pensamiento 'lean'. Son estos,
  • Especificar con precisión el concepto de valor para cada producto específico
  • Identificar el flujo de valor para cada producto
  • Hacer que el valor fluya sin interrupciones.
  • Dejar que el consumidor atraiga hacia sí (pull) el valor procedente del fabricante
  • Perseguir la perfección.
El 'Lean Management' o más concretamente, el 'Lean manufacturing' término que he visto traducido como 'fabricación esbelta', entronca con técnicas que son ya casi clásicas en los movimientos de la eficiencia y la calidad creados o inspirados por la industria japonesa. Así, la orientación al proceso y la búsqueda de la perfección,  entroncan con el movimiento de Gestión de la Calidad Total (TQM Total Quality Management) mientras que el flujo de valor y, sobre todo, el concepto de pull, remiten al JIT (Just In Time).

Lo que hecho en falta en los hallazgos que hasta ahora han venido a mi, es una visión no sólo de la fabricación, sino también del mundo de la operación de servicios. Sin embargo, los principios 'lean' expuestos más arriba parecen suficientemente generales como para que puedan ser útiles tambien en ese campo.

De momento consignamos los principios. Ya habrá ocasión para más comentarios.