Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo en equipo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo en equipo. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de agosto de 2019

Cuestionando el brainstorming


El brainstorming es quizá una de las herramientas más conocidas para la ideación, para esa fase inicial divergente de la creatividad en que lo importante es generar muchas ideas, cuantas más mejor, para luego trabajar sobre ellas.

Es tan popular que casi, casi se ha incorporado al lenguaje de la calle.

Conocemos la técnica (más o menos) y la damos por buena. pero ¿es realmente tan útil? Bueno, hay mucha gente y muchos expertos que dirían que sí, pero también hay alguna voz discordante, que visualiza riesgos en la aplicación de esta técnica.

En concreto, leyendo el libro 'Strategic Management of Technological Innovation' de Melissa A. Schilling, veo que la autora cita algunos estudios según los cuales la supuesta fertilización cruzada de ideas que se produce en el brainstorming tiende a dar como resultado consensos mediocres, más que emocionantes nuevas ideas. Tres son las razones que parecen explicar esos resultados:

  • Miedo a ser juzgado: aunque en la práctica del brainstorming explícitamente se indica a los participantes que se desinhiban al proponer ideas y que no juzgen las de los demás, parece que a pesar de todo se impone una cierta auto-censura y muchas buenas ideas no ven la luz por miedo a ser juzgados negativamente por los otros participantes.

  • Bloqueo de la producción de ideas: de forma un tanto sorprendente, el trabajar en grupo puede bloquear la generación de ideas por asuntos tan simples como que, al tener que esperar el turno para expresarlas, simplemente, se olvidan. Además, el escuchar las ideas de otros se tiende a desviar el propio curso de pensamiento hacia esas ideas abandonando el propio. También se producen dinámicas en que las personas más extrovertidas y dominantes tienden a eclipsar las aportaciones de otros.

  • La factibilidad supera a la originalidad: esta problemática afecta no tanto a la generación de ideas sino a la selección posterior. Según los estudios aportados, parece que tendemos a ser prudentes y dar mucho peso a la factibilidad práctica de las ideas y eso actúa en contra de la innovación, de las ideas más originales y divergentes.

Unas razones que nos previenen frente al brainstorming y que, como vemos, son razonables y fáciles de entender. Probablemente, incluso, coinciden con nuestra experiencia práctica en la participación en grupos donde se aplica esta técnica. Se basan además en unos estudios que no son especialmente novedosos (algunos tienen varios años). Y, sin embargo, parece que el brainstorming sigue siendo la técnica reina de la creatividad.

Supongo que tampoco cabe descalificarla. Hay que conocer que no es perfecta, intentar minimizar los riesgos mencionados y, probablemente, complementarla o sustituirla, según el caso, por otras técnicas.

miércoles, 3 de febrero de 2016

La delegación como apalancamiento directivo



El apalancamiento es un concepto inicialmente financiero...aunque apoyado en una metáfora física.

La palanca, la física, es un mecanismo que permite multiplicar las capacidades de la persona cuando, por ejemplo, levanta un peso. La sencilla aplicación del concepto de momento, y la mágica proporción entre los lados de la palanca, logran este efecto. Una persona, actuando en el lado largo de la palanca, puede levantar un peso muy grande en el lado corto de la palanca, algo que sería incapaz de realizar sin este mecanismo.

El mecanismo, pues, multiplica las fuerzas de quien actúa.

Y es que eso es apalancar: multiplicar las fuerzas, las capacidades, las potencialidades apoyándose en algún tipo de recurso externo.

De esta idea derivan los conceptos de apalancamiento financiero y el apalancamiento operativo.

El apalancamiento financiero mide el nivel de deuda de una empresa. Sorprendentemente, en general es bueno tener deuda. ¿Por qué? porque al disponer de mayores recursos financieros, éstos se pueden invertir o utilizar para impulsar el negocio, para comprar más, tener más equipo, etc y así conseguir mayores resultados. La deuda actúa pues, como multiplicador de las fuerzas financieras de la empresa.

El apalancamiento operativo mide el nivel de subcontratación. De nuevo, al subcontratar, se dispone virtualmente de un equipo mayor y unos conocimientos más amplios y esto aumenta la capacidad operativa y de ejecución de la empresa. Es decir, hemos multiplicado sus capacidades operativas

¿Se ve el patrón?

Nos apoyamos en algo externo que multiplica nuestras fuerzas.

Y se me ocurre que la delegación no es más que otra forma de apalancamiento, un apalancamiento que, improvisadamente, bautizo como apalancamiento directivo. Al delegar, el directivo libera para sí, tiempo para pensar, analizar, comunicar o, en general, hacer nuevas cosas, mientras la persona o equipo en que ha delegado se ocupan de la tarea original. De esta forma, apoyándose en su equipo, el directivo a multiplicado su capacidad de actuación. La delegación en su equipo ha actuado como palanca.

 Visto así se explica, casi físicamente, por qué es bueno delegar, por qué, es bueno, en general, tener confianza en terceros.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El pensamiento grupal o la amenza fantasma a la inteligencia colectiva

Vivimos una época en que lo social, entendido como la interacción entre individuos, es un fenómeno creciente, apoyado en las nuevas tecnologías, pero también como un nuevo rasgo cultural.

Vivimos en una época, también, en que en el ámbito profesional, escolar, etc se valora cada vez más el trabajo en equipo y en que la capacidad de ese trabajo en equipo se considera una habilidad muy valiosa.

Y, además, y desde el punto de vista no solo sociológico, sino incluso científico, descubrimos el valioso e interesante fenómeno de la inteligencia colectiva, que permite que un grupo exhiba un comportamiento más inteligente que el de sus individuos aislados.

Sin embargo, existen peligros latentes... y uno de ellos es el denominado pensamiento grupal ('groupthinking') término acuñado por el psicólogo Irving Janis en 1972. Este psicólogo describió sus principales características como:

  • Presión hacia la uniformidad
  • Mentalidad cerrada dentro del grupo
  • Una sobrevaloración del grupo como más fuerte, inteligente y moralmente superior que otros grupos e, incluso, en ocasiones, una cierta sensación de invulnerabilidad.
Len Fisher, en su libro 'The perfect swarm' menciona este fenómeno en contraste con el positivo fenómeno de la inteligencia colectiva propiamente dicha y que comentábamos en el artículo 'Una manifestación sorprendente y sencilla de la inteligencia colectiva como fruto de la complejidad'

Respecto al groupthink, nos dice:

Groupthink is the phenomenon where social pressures within the group push its members into a pattern of thought that is characterised by self-deception, forced manufacture of consent, and conformity to group values and ethics.

Este comportamiento anula las bases de la inteligencia colectiva, uno de cuyos pilares es la independencia de pensamiento de los individuos.

Aparte de esto, podemos ver sus consecuencias acerca de valores como la libertad individual y la autonomía de los individuos. Algunos de las características que menciona Irving Janis sugieren, incluso, comportamientos que recuerdan a sectas, grupos fanáticos, o dictaduras.

En mucha menor escala, y eliminando factores éticos, también podemos reconocer dinámicas de grupos nocivas, en que la dominancia de un líder (quizá un falso líder), al acatamiento de o una forma de pensar y entender las cosas, o el temor a manifestar el pensamiento propio, factores que anulan la creatividad, la innovación y la aparición de nuevas ideas, restando gran parte de la efectividad y capacidad de encontrar soluciones de un equipo.

¿Cómo se rompe este efecto?

El mismo Len Fisher, cita los trabajos de Richard Feynman, quien participó en la investigación del accidente del Challenger en 1986 y pudo contemplar los negativos efectos del groupthink. Con base en los resultados de este físico, ganador del premio Nóbel, se apuntan tres elementos clave para huir del groupthink, a saber:

  • Salir del entorno del grupo durante un tiempo
  • Hacer algo de pensamiento independiente
  • Comprometerse uno consigo mismo a las conclusiones de ese pensamiento individual e independiente, antes de volver a unirse al grupo para compartir las propias conclusiones.

Se trata, en el fondo, como individuo, de recuperar el propio pensamiento y, como grupo, recobrar la independencia de sus componentes, de forma que florezca, de nuevo, la inteligencia colectiva.


miércoles, 15 de abril de 2015

Gestionar mentes


El factor humano es diferencial en gran cantidad de actividades. 

Lo es para bien... y en ocasiones para mal. Nos permite alcanzar los mayores logros, pero también experimentar las mayores dificultades.

En su libro 'The mythical man-month', Frederick P. Brooks, Jr. hace esta afirmación

managing large programming projects is qualitatively different from managing small ones, just because de number of minds involved.


En la cita original, esta frase no tiene una gran importancia. Le sirve al autor para introducir los problemas de la complejidad de gestión de grandes proyectos software y revisar su propuesta de conformación de equipos.

Pero a mi me ha dejado pensando la expresión 'number of minds'. 

Y me llama la atención porque el autor no ha elegido la palabra 'people' (personas), o 'programmers' (programadores), o 'resources' (recursos) o 'team members' (miembros del equipo)...

Haber elegido cualquiera de las palabras anteriores referiría fundamentalmente a un problema únicamente de número, de escala y, quizá, de interrelación. Sería un asunto básicamente cuantitativo.

Pero no.


No sé si intencionadamente, el autor ha elegido la palabra 'minds' (mentes).

Y una mente nos habla de una persona, una inteligencia y una personalidad. Nos habla de sentimientos, nos habla de motivaciones, nos habla de creatividad, nos habla de voluntad...

Y eso es, realmente, mucho más difícil de gestionar que simplemente un número, por grande que éste sea.

Gestionar mentes supone una mucho mayor exigencia de conocimientos, de habilidades, de liderazgo,..

Para gestionar mentes, no bastan solamente técnicas u organización. 

Para gestionar mentes se necesitan otras mentes, otras personas.

Factor humano para sacar lo mejor del factor humano...

viernes, 1 de agosto de 2014

Siempre positivo. Nunca negativo.

Siempre positivo, nunca negativo...

Así sonaba (bueno, en realidad la frase era al contrario, 'siempre negativo, nunca positivo' y sonaba bastante diferente debido a su marcado acento) la famosísima frase de Louis Van Gaal, el holandés a la sazón entrenador del F.C. Barcelona...

Probablemente tuviera razones para su enfado Van Gaal, no lo recuerdo, pero sin embargo, erraba en su reacción...como casi siempre supone un error una reacción airada por más cargada de razones que eventualmente se pueda encontrar.

Los entornos laborales tienden a ser muy cerrados, y esos entornos cerrados generan amistades y afabilidades, sí, pero también enemistades, malos entendidos, rencillas, envidias... y ello puede conducir a maledicencias, a rencores y, en definitiva, a un mal funcionamiento de los equipos y las organizaciones.

Se trata de un terreno donde rozan lo profesional y lo personal pero, probablemente, cuando de un entorno laboral hablamos, todo tiene su vertiente profesional... y como tal debemos enfocarlo

En la medida en que problemas personales afectan al rendimiento individual, de un equipo o de toda la organización dejan de ser estrictamente profesionales.

No sólo nuestro equilibro e incluso felicidad personales nos piden una respuesta positiva y constructiva, también la profesionalidad nos lo exige.

Así nos lo recuerda LeAnn Simonson en su libro 'The business analyst's survival guide' que trata precisamente de las habilidades soft de un analista de negocio. Dado que la profesión de business analyst está altamente sujeta a la interacción, es terreno abonado para este tipo de rencillas.

El consejo que nos ofrece Somonson es claro:
Resist the temptation to have that internal dialogue about how frustated you are (which sometimes ends up as gossip around the water cooler). Instead, focus your internal dialogue on how you can build bridges, support strenghts, and work collaboratively to achieve goals.

¿Está claro, no?

Nada de maledicencias ni rumores, y nada de quedarse rumiando las ofensas. Al contrario, buscar acercamientos y entendimientos, tender la mano...

Ser, en fin, siempre positivo, nunca negativo...

lunes, 9 de junio de 2014

Jeff Bezos contra la comunicación en los equipos

¿Suena duro y sorprendente, verdad?

Estamos acostumbrados a valorar el trabajo en equipo, a enaltecer la comunicación y la colaboración, a hablar de inteligencia colectiva y comportamientos emergentes... ¿y resulta que el líder de una de las empresas más representativas del mundo de Internet está en contra de la comunicación y la colaboración?

La cita que da pie a este post es una que aparece en el libro 'The everything store' de Brad Stone.

La 'acción' se sitúa a finales de los 90, en una reunión en que un ejecutivo junior proponía a Jeff Bezos, fundador y máximo ejecutivo de Amazon, una serie de técnicas para aumentar y mejorar la comunicación e interacción entre equipos y en el seno de éstos.


Sin embargo, las propuestas no fueron bien recibidas. Esto es lo que contesta el CEO de Amazon:

Communication is a sign of dysfunction. It means people aren't working together in close, organic way. We should be trying to figure out a way for teams to communicate less with each other, not more.

Bezos está pensando en la productividad y en la efectividad y ve la comunicación como una pérdida de eficiencia. En el fondo, está pensando en una mayor autonomía, una mayor capacidad de decisión de los empleados de primera línea, los más cercanos a los problemas, sin necesidad de discusión, consulta o debate.

Visto así, la cosa parece adquirir sentido ¿no?

Probablemente hemos mitificado tanto la comunicación y la colaboración que nos hemos olvidado de que la comunicación, por sí misma, no es productiva. Y, sin embargo, la comunicación puede servir como excusa para la inacción o la falta o ralentización de la decisión 

Probablemente todos los mitos sean falsos... y el de la comunicación también 

La comunicación es necesaria, a veces ayuda a resolver problemas y fomenta la creatividad...pero la comunicación por sí misma no produce, y el exceso de comunicación perjudica la eficiencia.

A lo mejor Bezos no está tan equivocado... ¿no?

lunes, 19 de mayo de 2014

Eficiencia y liderazgo por influencia

Aunque en la formación sobre liderazgo se sigue hablando de liderazgo situacional, de los diferentes estilos de dirección, incluyendo el cohercitivo, el tradicional 'mando y control', está claro que hoy en día está en boga un tipo de liderazgo más cercano, más participativo, más colaborativo, que actúa con frecuencia poniendo más foco en la motivación y la orientación que en dar órdenes.

En este contexto, las relaciones jerárquicas son cada vez más débiles y ganan fuerza las relaciones funcionales. La autoridad formal es cada vez más débil y la necesidad de la motivación o la autoridad moral cada vez más perentoria en los nuevos líderes.

En muchos aspectos este nuevo tipo de liderazgo, un liderazgo que actúa más por influencia que por autoridad, es más humano, más atractivo, y quizá más adaptado a equipos de alto rendimiento o colaboradores muy cualificados.

Sin embargo,  no puedo dejar de preguntarme si siempre es ésta la mejor opción, si siempre es el  modo óptimo de conseguir resultados. 

El liderazgo por influencia implica la necesidad por parte del líder de conseguir la autoridad moral, lo cual precisa tiempo y esfuerzo...y, evidentemente, que el líder se vea adornado por esa autoridad técnica y/o moral. Implica, además, explicar y convencer a los miembros del equipo, implica dedicar más tiempo a la interacción, al debate y a la comunicación, y menos a la producción directa e implica el riesgo del malentendido o de la mala decisión motivada por un interés en consensos, a lo mejor no posibles o no adecuados.


El liderazgo por influencia es, sin duda, muy atractivo. Es, si se quiere, el liderazgo más puro, más profundo y más humano... pero a veces me pregunto si es también el más eficiente.

¿Deberíamos recuperar el liderazgo situacional? ¿Deberíamos aspirar, de nuevo, a líderes flexibles capaces de adoptar diferentes estilos de dirección según la tarea, el equipo y la situación?

lunes, 17 de febrero de 2014

... y el diseño como negociación

En el artículo anterior veíamos la idea de considerar la creación y la actividad de diseño como una conversación con la situación, con el problema a resolver, una conversación que nos iba acercando paulatinamente a la solución.

Un poco más adelante en su libro 'Design Thinking', Nigel Cross nos menciona las observaciones de Larry Bucciarelli quien, al observar el comportamiento de los equipos de diseño en grandes proyectos de ingeniería, nos aporta otra perspectiva diferente del diseño.

En ese caso nos hace ver el diseño como una actividad social, como una actividad en que interactúan los miembros del equipo de diseño, conversando y, sobre todo, negociando, hasta alcanzar un consenso final

Así nos lo cuentan:

even engineering design, traditionally seen as a strictly technical process, is in reality a social process of interaction and negotiation between the different participants who each bring to bear their own 'object world' - their own specific knowledge awareness of aspects of the object being designed. His thesis is that 'the process of designing is a process of achieving consensus among participants with different 'interests' in the design, and that those different interests are not reconcilable in object-world terms...

Probablemente esta faceta social, de negociación y de consenso, sea inherente a cualquier tipo de trabajo en grupo, no sólo el diseño. Quizá, eso si, resulta algo más chocante reconocerla en el mundo del diseño ya que el diseño, como actividad creativa que es, parece llamar a la inspiración, al genio individual, a aquello, en fin, tan propio de cada personalidad y ego que parece difícilmente negociable.

Pero somo seres sociales... y esto, para bien o para mal, impregna todas y cada una de nuestras actividades, incluso las creativas, incluso las más en teoría reflexivas, incluso las más aparentemente individuales... 

viernes, 17 de enero de 2014

El trabajo individual también es ágil

Siempre he sido decidido defensor del trabajo individual. Siempre he pensado que la productividad mejora cuando hay una dosis relevante de trabajo concentrado en soledad. 

No sólo eso, también pienso que el trabajo individual previo es un factor de éxito de los equipos y un ingrediente para que los equipos en su conjunto sean productivos. Y James Surowecky, el gurú de la inteligencia colectiva, en su libro 'The wisdom of crowds' confirmaba esta mi intuición acerca del 'Trabajo en grupo y aportación individual'.

Y ahora, quizá en el último sitio donde pensaba encontrar esa idea, en un libro sobre metodologías agile, que se caracterizan precisamente por la colaboración y altísima interacción del equipo me encuentro la misma idea.

En concreto, en 'Going Agile' de Gloria J. Miller se afirma'

Individual work is used to encourage the active participation of each individual and to avoid groupthink. By performing individual work first, it gives the people the opportunity to establish their own opinion of a topic and document it before group discussions begin. This method also avoids individuals taking on a spectator role rather than actively contributing.

Es la misma idea: el trabajo individual favorece la opinión propia y la diversidad, la participación y la aportación...y ello redunda en bien del equipo y su productividad.

Así que el trabajo individual, no sólo es productivo. También es ágil.

miércoles, 15 de enero de 2014

Proyectos Agile e inteligencia colectiva

En los modelos de gestión habituales, y en concreto en la dirección de proyectos, siempre se resalta la figura del líder, de aquella persona responsable de una actividad o unidad, que, en el caso de proyectos, recaería en el director de proyecto.

Aunque cada vez se insiste más en las habilidades personales de ese líder, en las denominadas habilidades 'soft', lo cierto es que la figura sigue revestida de una clara autoridad.

Los modelos de gestión de proyectos agile, sin embargo, ponen el énfasis en el equipo, en su capacidad de tomar decisiones, dejando el papel central, como el caso del Scrum Master, en un papel más de coach y facilitador que de verdadera autoridad.

Según eso, los equipos son, más bien, de carácter auto-gestionado. Así nos lo recuerda Gloria J. Miller en su libro 'Going Agile', cuando nos dice: 

Agile projects rely on self-directed teams, and do not expect that there is a single person with command and control over the project.

Cierto que también se insiste en la experiencia y capacidad de los miembros del equipo pero, aún así, es un esquema que resulta chocante, diferente...

Y no puedo dejar de encontrar una cierta conexión con el concepto de inteligencia colectiva. Es como si las metodologías Agile fueran conscientes de ese fenómeno, de esa emergencia de comportamientos inteligentes que surge de la interacción de las personas.

Con todo, y esa confianza depositada en la inteligencia colectiva del equipo, no deja de causar alguna reserva la falta de autoridad o de guía. 

¿Es suficiente la inteligencia colectiva sin dirección para llevar a buen puerto un proyecto? 

El mundo Agile parece convencido de que sí.



miércoles, 10 de julio de 2013

El riesgo del consenso

El consenso es, sin duda, una virtud política, algo que, tal vez llevados por nuestra historia de las últimas décadas, hemos valorado como esencial.

Probablemente también constituya una virtud personal encomiable la capacidad para ceder y alcanzar acuerdos.

Sin embargo, de forma paradójica, cuando de trabajo en grupo hablamos, cuando nuestro objetivo es alcanzar la máxima expresión de la inteligencia colectiva, la tendencia al consenso puede ser un riesgo.

Así nos lo hace ver James Surowiecki en un pasaje de su libro 'The wisdom of crowds'. Nos dice:

You do not need a consensus in order, for instance, to tap into the wisdom of a crowd, and the search for consensus encourages tepid, lowest-common-denominator solutions which offend no one rather than exciting everyone.

De alguna forma el consenso atempera la creatividad, el genio y la inteligencia. La búsqueda de ese mínimo común denominador que menciona el autor va en contra de la excelencia y, de alguna forma, anula no sólo la valía individual, sino también la capacidad del grupo para generar una auténtica inteligencia colectiva.

A lo mejor, debemos reservar el consenso para la política o para el ámbito personal, quizá para evitar disputas y facilitar negociaciones, pero a lo mejor no es una buena idea cuando de inteligencia e innovación se trata.

lunes, 8 de julio de 2013

Trabajo en grupo y aportación individual.

No puedo evitar pensar, con frecuencia, que el trabajo en grupo está sobrevalorado, que en muchas ocasiones parece no existir otra forma de trabajo que no sea en equipo, en reunión e interacción permanentes, sin dejar espacio para el estudio, el análisis, el pensamiento o el desarrollo individuales.

Parece como si el reservar espacio para el trabajo individual fuese una forma de rebeldía, o de falta de integración o yo que sé qué otra carencia de algún tipo de actitud o habilidad.

No puedo estar de acuerdo.

Pero esta mi apuesta por la utilidad e incluso necesidad del espacio individual,  me genera cierta disonancia, no sólo con el ambiente que me rodea sino también con mi interés, perfectamente manifiesto en este blog, en todos los fenómenos de índole social, en la riqueza de la interacción y el diálogo, en la emergencia de fenómenos de todo tipo en las redes y en la inteligencia colectiva.

Por eso me resulta refrescante que precisamente uno de los gurús de la inteligencia colectiva, James Surowiecki, haga mención explícita a la necesidad de la reflexión y trabajo individuales.

En concreto, en un momento de su libro 'The wisdom of crowds', y hablando de reuniones y dinámicas de grupo, nos alerta sobre la necesidad, para la propia eficacia del grupo, de que cada persona no se deje arrastrar siempre por las opiniones ajenas y sea capaz de mantener la propia. Nos dice:

One key to successful group decisions is getting people to pay much less attention to what everyone else is saying.

Importante resaltar que Surowiecki hace esta afirmación no por algún tipo de defensa del individuo, una defensa de tipo psicológico o de dignidad. No. Lo hace en defensa del propio éxito del grupo como tal.

Y es que, recordemos que de las cuatro características de los grupos inteligentes que proponía el autor, una era la diversidad de opinión (que cada persona disponga de información privada incluso si eso lleva a opiniones excéntricas) y otra la  independencia (que las opiniones de una persona no viesen determinadas por las del resto del grupo).

Más adelante, el autor examina el trabajo científico, un trabajo en que se caracteriza por una permanente colaboración e interacción...pero que sin embargo viene acompañado y precedido de un importantísimo trabajo individual. Y la productividad individual de cada científico es crucial para el éxito del conjunto. Así, Surowiecki afirma:

for a collaboration to be successful, it has to make each individual scientist more productive.

Y al hilo de esto cabe recordar la tercera de las características de los grupos inteligentes, a saber la descentralización, entendiendo por ello que  las personas sean capaces de especializarse y extraer de alguna forma conocimiento 'local', de su entorno o trabajo, no del grupo.

Si se se analiza bien, de las cuatro características de los grupos inteligentes, tres de ellas, diversidad de opinión, independencia y descentralización, tienen que ver con la individualidad y sólo la cuarta, la agregación, es la que orquesta el trabajo individual para dar lugar a la inteligencia colectiva.

¿No ilumina esto cómo debe ser el trabajo en grupo? ¿No sirve esto para conciliar el valor del trabajo en grupo con la necesidad del espacio y trabajo individuales?

Para mí queda claro que sí. 

El trabajo individual es valioso e incluso imprescindible porque es la conjunción de las aportaciones individuales lo que aporta valor.

El trabajo en equipo, la interacción laboral y social, actúa como multiplicador de las aportaciones individuales. Pero primero tiene que existir algo que multiplicar.

Trabajemos en grupo, sin duda...pero antes reservemos espacio para la reflexión y el trabajo individuales.

lunes, 1 de julio de 2013

La paradoja del comité de sabios

Una de las estrategias que parece haberse puesto de moda en los últimos años para atacar la resolución de problemas complejos es la constitución de los llamados 'comités de sabios', expertos en la materia de que se trate y que deben aportar luz y soluciones.

No es una estrategia realmente nueva. En realidad, la formación de comités, comisiones, task forces, etc no deja de ser una forma de constituir estos comités de sabios, las personas que por autoridad y cualificación (o al menos eso se supone) tienen en sus manos encontrar el camino y marcarlo para el resto.

Aunque la idea puede tener sentido, lo cierto es que no está exenta de peligros y paradojas.

En su famoso libro 'The wisdom of crowds', James Surowiecki analiza los factores que convierten a un grupo en inteligente y, como veíamos en un post anterior, encuentra que uno de los factores relevante es la diversidad.

¿Por qué?

Surowiecki lo resume en una frase:

Diversity helps because it actually adds perspectives

Ni más ni menos. Lo importante es tener diversidad de opiniones, de forma que la idea mejor pueda emerger, tenga algún proponente y abogado defensor. ¿Qué sucede, por el contrario, si constituimos un grupo homogéneo? De nuevo, Surowiecki nos lo explica:

Homogeneous groups are great at doing what they do well, but they become progressively less able to investigate alternatives.

Y esto nos lleva directamente a los comités de sabios, grupos donde se suelen reunir a expertos... expertos que entendemos inteligentes pero que exhiben un riesgo:

grouping only smart people together doesn't work that well because the smart people (whatever that means) tend to resemble each other in what they can do.


La paradoja del comité de sabios es, pues, que tienden a ser homogéneos y su propio 'expertise' les puede conducir a no ser creativos a la hora de encontrar soluciones nuevas a los diferentes problemas. No es problema de falta de preparación, ni siquiera de actitud inadecuada. Simplemente, tienden a ser demasiado iguales, a no tener la suficiente imaginación como grupo para crear nuevas alternativas, cursos de acción realmente diferentes..

Si esto es así, la receta parece clara: si es preciso atacar un problema realmente nuevo, si es necesaria una inteligencia superior para su resolución, el comité de expertos debe de ser, de alguna manera, multidisciplinar y diverso, menos experto y más variado, menos conocedor y más creador...

¿Es clara la receta? Tal vez... pero no sencilla...

miércoles, 26 de junio de 2013

#macrotweet: El valor de los grupos

Under the right circumstances, groups are remarkably intelligent, and are often smarter than the smartest people in them.

James Surowiecki
'The wisdom of crowds'

lunes, 24 de junio de 2013

Cuatro características de los grupos inteligentes

La conocida tesis de James Surowiecki es que las multitudes son inteligentes y que la inteligencia de los grupos es superior a la de sus miembros, incluso a la del mejor de sus miembros.

Esto es lo que le lleva a bautizar como 'The wisdom of crowds' ('La sabiduría de las multitudes') a lo que es su obra cumbre.

Sin embargo, al principio de esta misma obra, el autor nos advierte de que son necesarias cuatro condiciones para que esa inteligencia grupal y emergente se manifieste. Son éstas:

  • Diversidad de opinión: cada persona debe disponer de información privada incluso si eso lleva a opiniones excéntricas.

  • Independencia: es decir, las opiniones de una persona no vienen determinadas por las del resto del grupo.

  • Descentralización: las personas son capaces de especializarse y extraer de alguna forma conocimiento 'local'.

  • Agregación: existen mecanismos que permitan convertir juicios privados en una decisión colectiva.
De hecho, la mayor parte de la aportación teórica de tan conocido libro se centra en explicar en más detalle cada una de estas cuatro características o condiciones.

El propio libro nos brindará inspiración para comentar también en este blog algunos de los detalles de estas características pero, de momento, baste decir que, en esta época en que me hago, por motivos particulares, muchas preguntas acerca de las dinámicas de grupos, de su efectividad y eficiencia, me alegra especialmente la mención a la independencia y a la descentralización que yo traduciría como la necesidad de la aportación individual para que el grupo sea realmente rico e inteligente.

Seguro que volveremos sobre ello.

lunes, 25 de marzo de 2013

#macrotweet: Comités, equipos e innovación

I don't believe anything really revolutionary has been invented by a commitee.... You're going to be best able to design revolutionary products and features if you're working on your own. Not on committee. Not on a team.

Stephen Wozniak
Citado por Susan Cain en 'Quiet' 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Desafiando a las grandes reuniones y al trabajo en grupo

El equipo, el trabajo en grupo, la colaboración, son algunos de los grandes leit-motiv del management y la dirección de personas moderna... unas tendencias que, en cierto sentido, las tecnologías sociales y de comunicación pueden exacerbar.

Y es cierto que de la interacción, del intercambio de ideas, del debate, de la puesta en común, pueden surgir muchas ideas e innovaciones, muchos planes de acción, muchas soluciones a problemas 

A veces tengo la impresión, sin embargo, de que en cierto sentido 'nos hemos pasado de frenada', que nos hemos olvidado de la importancia de la reflexión, del trabajo individual, del estudio o también de las comunicaciones bilaterales, o en 'petit  comité' y que pretendemos resolver todas las cuestiones en mastodónticas reuniones,... mastodónticas tanto por la duración como por el número de asistentes.

Y con frecuencia pienso que esas grandes reuniones son exponentes claros de ineficiencia e ineficacia...cuando no de dejación de responsabilidad. Pero parece tan políticamente incorrecto pensarlo, parece tan fuera de las corrientes de opinión, que se agradece encontrar en alguna fuente una confirmación de no ser el único que mantiene esas reservas.

En concreto, en el libro 'Quiet' de Susan Cain encuentro una cita en el mismo sentido atribuida a Quinn Mills, profesor de liderazgo en la Harvard Business School.

Most leading in a corporation is done in small meetings and it's done at a distance, through written and video communications. It is not done in front of big groups.

Creo que, en efecto, es así. Hay ocasiones para los grandes escenarios, para la escenificación del liderazgo. Pero el trabajo 'más fino' no se realiza en esos escenarios. Muchas decisiones se toman, muchas ideas surgen, muchas voluntades se ganan en pequeños grupos...cuando no a través de trabajo individual.

¿Alguien más piensa como Quinn Mills, como Susan Cain y como yo?
  

miércoles, 4 de julio de 2012

La opción de separar analítica y community management

Es un dilema, a la hora de formar equipos y asignar funciones, dedidir si intentar asignar responsabilidades amplias, y conseguir visiones holísticas y abarcadoras, colaboradores 'empoderados' y 'de amplio espectro', o bien si separar funciones para, tal vez, evitar conflictos de intereses, tal vez para concentrar competencias, conocimientos  y habilidades o bien, simplemente, para mantener el foco de cada persona o cada grupo.

Si nos centramos en el caso de equipos gestores de un programa de social media, Olivier Blanchard, en su libro 'El retorno de la inversión en Social Media', nos aconseja, sin dudarlo, separar dos funciones fundamentales:
  • community managers: es decir, los individuos que establecen la relación directa con los clientes, que mantienen viva la comunidad y que se orientan a la relación.
  • grupos de analítica: encargados de recopilar datos, generar indicadores e informes, medir KPIs, y entender las realidades y tendencias subyacentes.
Se hace bastante evidente que, en general, las habilidades tanto técnicas como sociales, incluso las motivaciones e intereses de uno y otro grupo, pueden ser muy diferentes. Parece como la trasposición al mundo del social media de los dos famosos hemisferios cerebrales: racional por un lado y emocional/intuitivo por otro.

Olivier Blanchard lo argumenta, fundamentalmente, por una problemática de foco, de dedicación y nos dice:

"En términos de perspectiva, conviene señalar que, si un individuo se centra en relaciones con el público o creación de contenido, pedirle que también realice el análisis le distraería, incluso podría provocar que no pudiera realizar su función principal. Un community manager, por ejemplo, debe centrarse en construir equidad social, producir contenido y moderar discusiones, no en analizar el valor de cada interacción.Si su enfoque se desvía al análisis, aunque sea parcialmente, puede que ya no sea efectivo en su papel principal."

Y remacha:
"normalmente lo mejor es dejar que los individuos sociales del grupo continuen siendo sociales y los individuos más centrados en los datos se encarguen de los números del programa."

Es opinable, pèro desde luego, parece un razonamiento, como mínimo, a tener en cuenta.

miércoles, 27 de junio de 2012

Ciclo de vida de equipos y ciclo de vida de comunidades

Recientemente, y estudiando la materia de dirección de proyectos, me topaba con un modelo de ciclo de vida de los equipos de trabajo (por ejemplo, un equipo de proyecto).

Se trata de un modelo propuesto por Bruce Tuckman, especialista en dinámica de grupos, allá por 1965, y que distingue cinco fases en el desarrollo de equipos:

  • Formación (forming): constitución del equipo de trabajo.
  • Turbulencia (storming): aparecen desacuerdos y problemas mientras las personas aprenden a trabajar juntas.
  • Normalización (norming): El equipo empieza a construir buenas relaciones.
  • Desempeño (performing): El equipo se convierte en eficiente y trabaja de forma efectiva como grupo.
  • Disolución (Adjourning): Finaliza el trabajo y el equipo se disuelve.
Me ha llamado la atención, aunque en el fondo tenga mucha lógica, observar la utilización de ese mismo modelo para describir el ciclo de vida de una comunidad online, de una comunidad en medios sociales. Así, Óscar Rodríguez Fernández en su libro 'Facebook. Aplicaciones profesionales y de empresa', recurre de nuevo a Tuckman para describir el ciclo de vida de una comunidad, aunque el nombre que adopta para cada fase es algo diferente.


La diferencia, en algún caso puede ser, simplemente, de traducción, pero creo que especialmente en lo que a la segunda fase se refiere, la diferencia de nombre aporta algún matiz diferencial. Estas son las fases tal y como las propone Óscar Rodríguez Fernández en su libro:
  • Constitución: Los usuarios buscan valor en el contenido creado.
  • Formación: los miembros aportan valor a la comunidad.
  • Relación: Las relaciones entre miembros de la comunidad son evidentes y se asumen roles.
  • Mitosis: La comunidad se subdivide en nodos.
  • Disolución: Los miembros quedan satisfechos con el propósito alcanzado.
Se puede ver que se aplican algunos matices diferenciales en el caso de Facebook pero que el ciclo de vida básico es el mismo. ¿Será que, en el fondo, una comunidad es un gran equipo de trabajo?

lunes, 19 de marzo de 2012

Dirigir con cabeza y corazón: observando la experiencia de los Lakers

Desde hace unos años se encuentra de moda utilizar ejemplos y metáforas deportivas como ilustración y enseñanza de habilidades y técnicas de management, liderazgo, motivación y trabajo en equipo. En especial, parece que el deporte es un campo excelente para estudiar y ejemplificar todo lo que tiene que ver con gestión de personas.

Probablemente haya algo de oportunismo y de moda en esa tendencia, pero también es cierto que el deporte, en especial el deporte en equipo, precisa y desarrolla muchas de las habilidades y capacidades de tipo social que encontramos presentes en el ámbito profesional, en empresas y organizaciones.

Aunque me interesan ambos campos, management y deporte, no suelo mezclarlos y creo que hasta ahora no lo había hecho en este blog...pero voy a hacer una excepción...o quién sabe si iniciar la exploración de un nuevo enfoque narrativo que pueda explotar en el futuro.

L.A. Lakers 2009
En las últimas semanas, toda la polémica y tensión alrededor del mercado de fichajes de la NBA (la liga profesional de baloncesto norteamericana) han estado centrando mi interés, especialmente pendiente de lo que ocurriese con nuestro Pau Gasol, jugador de Los Angeles Lakers y al que admiro como deportista y como persona.

Para el que no se encuentre al tanto, intento resumir la situación. El 15 de Marzo se cerraba por esta temporada el mercado de fichajes de la NBA. Se trata de un mercado muy complejo porque, debido a caracerísticas específicas de la NBA como el tope salarial, este mercado no se limita a una mera compra-venta de jugadores como puede suceder, por ejemplo, en el fútbol europeo, sino a un intercambio, muy cercano a veces al trueque, de jugadores, opciones de draft, etc a veces a varias bandas e involucrando a varios equipos en operaciones múltiples. Las negociaciones son complejas y los resultados en ocasiones sorprendentes.

Desde el inicio de temporada dos nombre sonaban con especial fuerza como grandes operaciones de traspaso: Dwight Howard el poderoso pivot de Orlando Magic (que había expresado su deseo de abandonar la franquicia) y nuestro Pau Gasol quien, por el contrario, deseaba mantenerse en los Lakers...pero al cual, el dueño de estos, Jerry Buss y su General Manager, Mitch Kupchak, se morían por traspasar, liberando así una gran masa salarial y buscando a cambio alguna estrella más joven.

La historia ha sido muy dura para ambos. Para Howard porque, tras probablemente perder una gran parte del aprecio de sus fans de Orlando, al final ha tenido que permanecer en dicho equipo, y para Pau Gasol, quien finalmente tampoco ha abandonado los Lakers, pero que ha sufrido (y sufrido parece en este caso la palabra más adecuada) la presión y decepción de verse permanentemente en venta, permanentemente ofrecido durante meses a toda franquicia que pudiera estar interesada.

Odom vs. Gasol (Odom ya en Dallas)
Por el camino, otros dos jugadores relevantes de la plantilla de los Lakers han salido damnificados. Por un lado, Lamar Odom, el polifacético ala-pivot que, a principio de temporada, e indignado por el trato que había recibido en la fallida transacción de principios de la misma, solicitó su inmediato traspaso y acabó en Dallas Mavericks. Por otro lado, y de forma absolutamente inesperada, Derek Fisher, el carismático base, líder del vestuario angelino y del sindicato de jugadores que, de manera sorpresiva, y casi seguro para su disgusto, ha sido transferido a Houston Rockets a última hora cuando su nombre no había sonado en ningún momento como posible objeto de traspaso.

La NBA es una gran competición deportiva...pero también es claramente un negocio. Los equipos de la NBA se rigen tanto por criterios deportivos como empresariales. Y esto aplica a la gestión económica de los mismos y a la búsqueda implacable de sus objetivos, tratando en ocasiones como auténtica mercancia a sus mayores héroes...como sucede en algunos de los casos descritos.

Y todo esto que describo, más allá del interés deportivo, me sirve para justificar mi atención a un artículo publicado hace unos días en la edición digital de Marca y firmado por el periodista Eduardo Schell pero realizado en colaboración con Eugenio de Andrés, un profesional del ámbito de la gestión de personas, el desarrollo directivo y el liderazgo.

Derek Fisher
Bajo esa óptica de gestión de personas analizaba Eugenio de Andrés, específicamente, las consecuencias que para el vestuario Laker podrían tener los acontecimientos descritos. Y era este profesional bastante crítico con la gestión de recursos humanos realizada por el equipo gestor de los Lakers. Por una parte, observaba, han dilatado durante meses una situación inestable y necesariamente desagradable para Pau Gasol, afectando a su rendimiento en el campo y poniendo en una situación pública muy incómoda a una de sus grandes estrellas. Por otro han visto la salida, con evidente disgusto, de otros dos grandes pilares de los últimos y exitosos años: Lamar Odom y Derek Fisher. Más importante desde el punto de vista meramente deportivo, seguramente, la primera, pero probablemente mucho más impactante bajo el prisma de la cohesión del equipo y su motivación la de Fisher, capitan del equipo y líder del vestuario. A esto cabe añadir la sensación de precariedad de todos los jugadores sobre los que sobrevuela la posibilidad cierta de ser transferidos en cualquier momento (aunque exista una corta estabilidad transitoria desde el cierre del mercado de fichajes hasta el final de la temporada).

Lo que ejemplifica el caso de los Lakers es una gestión implacable buscando unos objetivos deportivos y económicos quizá comprensibles, pero prescindiendo completamente de los sentimientos y motivaciones de las personas, de los jugadores, y del espíritu que pueda impregnar al equipo.Y eso puede afectar, finalmente al rendimiento deportivo e, indirectamente, por tanto, al propio negocio.

Mis conclusiones de todo esto coinciden aproximadamente con las de los autores del artículo de Marca y que resumen en el título de su artículo: "No hay que tener miedo a las decisiones difíciles pero la magia de los equipos se construye con las personas"

O, también, me quedo con una frase algo más compacta y que publiqué hace unos días en Twitter:

"quien dirige un equipo sin cabeza se estrellará y quien lo hace sin corazón se quedará solo"

Y estas conclusiones, que surgen en el ámbito deportivo, son trasladables también al ámbito de las empresas y nos enseñan la necesidad de equilibrar los objetivos económicos y comerciales con una adecuada gestión de las personas, de sus sentimientos y sus motivaciones, no sólo por el respeto que las personas se merecen, sino porque, incluso pensando únicamente en resultados, éstos pueden verse afectados por una inadecuada gestión de los sentimientos y motivaciones de las personas que integran los equipos.

Cuando hablamos de organizaciones, deportivas o de cualquier otro tipo, es preciso, pues, una gestión equilibrada  y sensible, tanto financiera como humana. Es preciso poner en la balanza tanto los números y los resultados económicos, como las expectativas y motivaciones de las personas. Es preciso, en fin, dirigir a un tiempo con cabeza y corazón.