lunes, 1 de julio de 2013

La paradoja del comité de sabios

Una de las estrategias que parece haberse puesto de moda en los últimos años para atacar la resolución de problemas complejos es la constitución de los llamados 'comités de sabios', expertos en la materia de que se trate y que deben aportar luz y soluciones.

No es una estrategia realmente nueva. En realidad, la formación de comités, comisiones, task forces, etc no deja de ser una forma de constituir estos comités de sabios, las personas que por autoridad y cualificación (o al menos eso se supone) tienen en sus manos encontrar el camino y marcarlo para el resto.

Aunque la idea puede tener sentido, lo cierto es que no está exenta de peligros y paradojas.

En su famoso libro 'The wisdom of crowds', James Surowiecki analiza los factores que convierten a un grupo en inteligente y, como veíamos en un post anterior, encuentra que uno de los factores relevante es la diversidad.

¿Por qué?

Surowiecki lo resume en una frase:

Diversity helps because it actually adds perspectives

Ni más ni menos. Lo importante es tener diversidad de opiniones, de forma que la idea mejor pueda emerger, tenga algún proponente y abogado defensor. ¿Qué sucede, por el contrario, si constituimos un grupo homogéneo? De nuevo, Surowiecki nos lo explica:

Homogeneous groups are great at doing what they do well, but they become progressively less able to investigate alternatives.

Y esto nos lleva directamente a los comités de sabios, grupos donde se suelen reunir a expertos... expertos que entendemos inteligentes pero que exhiben un riesgo:

grouping only smart people together doesn't work that well because the smart people (whatever that means) tend to resemble each other in what they can do.


La paradoja del comité de sabios es, pues, que tienden a ser homogéneos y su propio 'expertise' les puede conducir a no ser creativos a la hora de encontrar soluciones nuevas a los diferentes problemas. No es problema de falta de preparación, ni siquiera de actitud inadecuada. Simplemente, tienden a ser demasiado iguales, a no tener la suficiente imaginación como grupo para crear nuevas alternativas, cursos de acción realmente diferentes..

Si esto es así, la receta parece clara: si es preciso atacar un problema realmente nuevo, si es necesaria una inteligencia superior para su resolución, el comité de expertos debe de ser, de alguna manera, multidisciplinar y diverso, menos experto y más variado, menos conocedor y más creador...

¿Es clara la receta? Tal vez... pero no sencilla...