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viernes, 28 de septiembre de 2012

La Tercera Revolución Industrial de Jeremy Rifkin

Nunca había sentido un especial interés, a pesar de la innegable importancia del asunto, acerca del cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles, las energías renovables o, en general, los aspectos de la sostenibilidad relacionados con un uso responsable de la energía, hasta que leí este libro: 'La tercera revolución industrial' de Jeremy Rifkin.

Tampoco hasta ahora había encontrado, lo cual no supone necesariamente que no exista, un planteamiento cohesivo y creíble acerca de cómo afrontar el problema de la sostenibilidad energética y cómo responder al agotamiento del petróleo.... cosa que sí he creído encontrar en la obra de Rifkin.

El planteamiento de Jeremy Rifkin es, en esencia, el siguiente:

Todas las revoluciones industriales se han visto caracterizados por la unión de una tecnología energética y una de comunicaciones. En el caso de la primera revolución industrial fue la unión la máquina de vapor como tecnología energética con la imprenta como herramienta de comunicación. En el de la segunda, la máquina de combustión interna basada en el petróleo y los combustibles fósiles como tecnología energética y la distribución eléctrica como tecnología de comunicación. La tercera revolución industrial aúna las energías renovables (solar, eólica, biomasa, etc) con Internet o una red eléctrica basada en los principios de Internet.

Rifkin considera como un hecho innegable el agotamiento de los combustibles fósiles, que el hallazgo de nuevos yacimientos no puede hacer otra cosa que retrasar ligeramente. La respuesta, tanto para conseguir una energía virtualmente inagotable, como para lograr eliminar los efectos climáticos y medioambientales, está en las energías verdes y renovables: solar, eólica, mareomotriz o biomasa.

Sin embargo, este tipo de energías tienen alguna característica que las hace diferentes de las tradicionales basadas en combustibles fósiles o, incluso, de la nuclear. Por un lado, son energías 'intermitentes', es decir, no existe una producción continua y fácilmente gestionable, sino que depende de efectos ambientales como el mayor o menor número de horas de sol o de ráfagas de viento. Además, son 'distribuidas', es decir, aunque es posible construir, por ejemplo, parques solares o eólicos, lo cierto es que no es viable construir infraestructuras centralizadas basadas en estas energías de suficiente tamaño como para satisfacer unas necesidades globales.

Por eso, a las nuevas energías renovables, Rifkin une el concepto, y parcialmente la tecnología, de Internet y aboga por un modelo distribuido que recuerda, en cierto sentido, al crowdsourcing y la colaboración 2.0. Se trata de que todas las casas se conviertan en pequeñas minicentrales solares, eólicas, etc, que puedan autoabastecerse total o parcialmente. Cuando su propia generación sea insuficiente, obtendrían energía adicional de la red eléctrica y, por el contrario, cuando presenten excedentes, lo entregarían a esa misma red eléctrica. Esto, sin embargo, precisa un nuevo tipo de red eléctrica, la red eléctrica inteligente o smartgrid basada en Internet.

Coche de hidrógeno
No olvida Rifkin, tampoco, la problemática del transporte, muy en especial de los coches. Por ello, apuesta también por los coches eléctricos y el desarrollo de tecnologías de almacenamiento, basadas en la tecnología del hidrógeno o similares para aumentar la autonomía.

Con todo ello, el modelo de energético-industrial de Rifkin, se apoya en cinco pilares:
  • Energías renovables
  • Transformación de edificios en microcentrales
  • Despliegue de la tecnología del hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento energético
  • Redes inteligentes de energía (smartgrids)
  • Despliegue de una flota de vehículos eléctricos
El libro 'La tercera revolución industrial', explica estos principios pero, en realidad es más, como el propio autor indica, un relato de sus esfuerzos y trabajos por comunicar, extender e implantar este modelo.

El libro se compone de nueve capítulos agrupados en tres partes.

La primera parte 'LA TERCERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL' es la más teórica (si es que se puede aplicar el adjetivo de teórico a este libro) y en ella se explican las negativas consecuencias medioambientales del uso masivo de combustibles fósiles y se razona sobre su inevitable agotamiento y la necesidad de encontrar alternativas. Además, y mucho más importante, en esta parte se explica el modelo de la tercera revolución industrial y se incluyen referencias a algunos proyectos y experiencias reales en que el autor ha estado involucrado como el de Roma, Mónaco o San Antonio.

La segunda parte, 'EL PODER LATERAL', comienza razonando cómo el sistema energético ha condicionado el modelo económico y social actual y así la centralización de las fuentes de energía ha llevado a la concentración de poder en grandes empresas pero cómo también, el nuevo modelo energético, alineado con la cultura de Internet, deriva hacia la emergencia del poder lateral, de las personas, y de un capitalismo distribuido. Luego pasa revista a sus contactos con grandes líderes mundiales y su actitud ante el modelo de la tercera revolución industrial. En este recorrido aparecen José Luis Rodríguez Zapatero, Angela Merkel, David Cameron o Barack Obama. En el último capítulo de esta parte, Rifkin razona en el sentido de la concentración de actividad económica a nivel de continentes, más que a nivel país o a nivel global. Por ello habla de una continentalización.

Finalmente, en la tercera parte, 'LA ERA COLABORATIVA', algo más ecléctica, apuesta primero por una nueva teoría económica en que se revisen, por ejemplo, el concepto de propiedad o el de capital. En el penúltimo capítulo, revisa implicaciones del modelo para la educación de los jóvenes y finaliza, en el último capítulo, apostando por la colaboración y por una nueva concepción del trabajo que, ante la escasez de empleo tradicional, se vuelque más hacia el trabajo social, hacia el tercer sector.

'La tercera revolución industrial' es un libro muy interesante y estimulante, especialmente por el modelo energético que propone y por el estilo ameno del autor. Adolece, sin embargo y en mi opinión, de cierta falta de concreción acerca de cómo implementar el modelo, del estado del arte tecnológico actual, y de su viabilidad técnica y económica. Por otro lado, creo que también se recrea en exceso en explicar sus propias experiencias y conversaciones con líderes diversos o en foros de todo tipo en detrimento de una mayor explicación de conceptos.

Con todo, el modelo propuesto es tan sugerente, tan en apariencia brillante, que vale la pena leerlo y aumentar con ello nuestra esperanza y esfuerzos en pos de un mundo más limpio, justo y sostenible.

Jeremy Rifkin

(Denver, 1943) Economista estadounidense, uno de los más influyentes por su análisis crítico, desde una perspectiva progresista, de la nueva economía global. Jeremy Rifkin nació en Denver, Colorado, en 1943, aunque creció y se educó en la gran metrópoli de Chicago. Hijo de una acomodada familia de clase media, tuvo la oportunidad de asistir a las mejores escuelas, en las que recibió una educación que posteriormente le permitió «conseguir el ticket», tal como suelen decir los estadounidenses para referirse a los privilegiados ciudadanos que tienen la posibilidad de acceder a una buena universidad y entrar en el elitista sistema del país.

Ya en su infancia y en su primera adolescencia el pequeño Jeremy solía pasar las horas mirando con atención a su alrededor, regañado a menudo por su exigente padre, que se desesperaba ante la aparente pasividad de su pensativo y abstraído hijo, al tiempo que lo apremiaba para que dedicara su tiempo a hacer algo de provecho.

Estudiante metódico y ordenado, el joven pronto destacó en las asignaturas relacionadas con las matemáticas y las estadísticas, lo que le llevó a elegir la carrera de economía en la selecta Escuela de Economía y Comercio de Wharton, adscrita a la Universidad de Pensilvania, la mejor de Estados Unidos, según afirmó años después el propio Rifkin en más de una entrevista.

La entrada de Estados Unidos en la guerra de Vietnam le hizo desviarse del camino previamente marcado por su posición socioeconómica, y el inquieto estudiante se encaminó hacia un activismo militante en la izquierda estadounidense. Admirador declarado de las obras de pensadores como Herbert Marcuse, Wilhelm Reich o Carl-Gustav Jung, en 1967 decidió organizar junto a otros compañeros de facultad varios actos de protesta contra la guerra.

Activo miembro de varios movimientos pacifistas, fue uno de los fundadores de una comisión de ciudadanos que pretendió llamar la atención contra los crímenes de guerra cometidos por los soldados de su país en el frente. La incursión del crítico intelectual en política no le impidió acabar de manera brillante sus estudios de economía, que amplió con un máster en relaciones internacionales y un trabajo de investigación sobre la influencia de la evolución tecnológica y científica en la economía, el trabajo, el medio ambiente y la sociedad en general, el primero que realizó en este campo.

Concluido su período de estudios universitarios, Rifkin empezó a escribir ensayos y artículos sobre ética económica. Decidido a combatir en favor de los derechos humanos, en 1971 creó, junto a varios compañeros, la People’s Bicentennial Commission (PBC) de Estados Unidos, con el fin de promover una celebración contracultural alternativa a los actos oficiales de la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Estados Unidos organizados por el gobierno de Richard Nixon.

Ese mismo año, participó en la fundación del grupo de izquierdas New American Movement (NAM), desde el que promovió la formación de un foro de debate alternativo en el que se establecían grupos de trabajo que reflexionaban sobre los cambios políticos, sociales y económicos. Por aquel entonces, Rifkin ya estaba convencido de que la tecnología y el progreso científico debían tener como fin último el bienestar de las personas.

A caballo entre sus residencias en Washington y Filadelfia conoció a Carol Grunewald, una intelectual con la que acabó compartiendo algo más que las ideas progresistas que les unían y que con el tiempo se convirtió en su esposa. Ella, con quien Rifkin solía mantener largas disertaciones, destacó entre las colaboradoras que en 1977 le ayudaron a crear la Foundation on Economic Trends (FET), con sede en Washington, un organismo de estudio de los efectos del progreso científico y tecnológico en la coyuntura socioeconómica, en general, y el empleo, en particular.

Pese a que Rifkin carecía de una formación científica específica, decidió luchar contra los nocivos efectos de los avances biotecnológicos en la sociedad, como los trastornos genéticos producidos en los alimentos, y reclamó el establecimiento de unos estrictos controles gubernamentales sobre dichos experimentos. Se opuso a un microbio sintético que en teoría protegía a las plantas de las heladas y a la producción de una bacteria que se destinó a limpiar las áreas contaminadas por las mareas negras provocadas por vertidos de petróleo. Tiempo después se demostró que las dos cosas eran perjudiciales para el medio ambiente.

Pensador heterodoxo con una notable capacidad oratoria, que le permitió atraer hacia sí a grupos a priori irreconciliables, Rifkin logró unir en la década de los ochenta a sindicatos de agricultores, ecologistas y defensores de los animales contra las pruebas científicas para crear nuevas razas de animales, así como a los seguidores de las más diversas doctrinas religiosas contrarias a los ensayos genéticos.

Sus esfuerzos no fueron en balde y, en 1987, obligó al Congreso de Estados Unidos a reexaminar sus planes concernientes a las pruebas con animales. Durante la guerra del golfo Pérsico -y aun después de concluida ésta- criticó duramente la intervención del ejército de su país y las nefastas consecuencias ecológicas que tuvo el conflicto en aquella parte del planeta.

En 1994, el reconocido ensayista, autor de libros como 'Entropía', comenzó a impartir clases a ejecutivos en su antigua escuela universitaria de Wharton, al tiempo que era invitado a impartir conferencias en universidades de todo el mundo sobre las nuevas tendencias en ciencia, tecnología y economía global. Pese a trabajar como asesor de la administración de Bill Clinton, en concreto de su vicepresidente Al Gore, en temas económicos relacionados con la ciencia y la tecnología, fue capaz de llevar a los tribunales a varios empresarios y científicos relacionados con investigaciones que plantean dudas sobre su impacto ambiental, como los problemas que causan los alimentos transgénicos a la salud humana.

Ha escrito 14 libros sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la economía, en la sociedad y el medio ambiente; son obras que han sido traducidas a 15 idiomas. Pese a oponerse de un modo reiterado al pensamiento capitalista dominante, el profesor Rifkin se define a sí mismo como un ser contradictorio, capaz de trabajar como consultor para algunas de las empresas más grandes de su país y, al mismo tiempo, dar conferencias y escribir libros en los que predica unos ideales progresistas.

Jeremy Rifkin con José Luis Rodríguez Zapatero
Conocido sobre todo por su libro 'El fin del trabajo' (1995), éxito de ventas y punto de referencia en los debates políticos y académicos, en el que anticipaba el despido en masa debido al advenimiento de una etapa marcada por el paro, como consecuencia del avance tecnológico, en 2001 publicó 'La era del acceso'. En él reflexiona sobre los cambios sociales y culturales a que dará lugar la generalización de las nuevas tecnologías. Según Rifkin, la irrupción de herramientas como Internet consolidará una lógica económica en la que el individuo deberá pagar por el acceso a la práctica totalidad de las actividades que realice fuera del entorno familiar. Dentro de esta lógica, los individuos, en vez de acumular bienes, tenderán a alquilar servicios. Ello comportará el fin de la era industrial y una completa transformación de las actuales estructuras laborales y sociales.

Asesor de varios jefes de Estado y empresarios, Rifkin es un personaje influyente en la toma de decisiones políticas de los gobiernos estadounidenses, al tiempo que no duda en exigir que se apliquen medidas de control para proteger a la humanidad de los efectos nocivos producidos por los experimentos científicos. Mientras reflexiona junto a su mujer Carol sobre los próximos ensayos, desde las columnas de periódicos tan prestigiosos como Los Angeles Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung, el políticamente incómodo pensador denuncia a los transgresores de un código ético no escrito y alerta a los lectores sobre los posibles cambios socioeconómicos que nos aguardan. 

Puedes conocer más sobre el autor en la 'Foundation for Economic Trends', la oficina del propio Jeremy Rifkin o bien seguirle en Twitter en la cuenta @JeremyRifkin

Ficha técnica:

TITULO: La Tercera Revolución Industrial.
EDITORIAL: Paidós
AÑO: 2011
ISBN: 978-84-493-2603-5
PAGINAS: 397

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Colaboración y lateralidad en la base de la revolución energética

Nos hemos acostumbrado, aquellos que frecuentamos el mundo 2.0 y los medios sociales, que nos interesamos por el crowdsourcing y la inteligencia colectiva, a entender el poder de las personas y la colaboración como una de las bases de la revolución social de Internet y los cambios culturales y sociales que lleva aparejados.

A lo que quizá no estamos tan acostumbrados es a pensar en la colaboración y la lateralidad (el poder de los individuos) como eje de una revolución industrial y, sobre todo, energética.

Sin embargo, el modelo de la Tercera Revolución Industrial que propugna Jeremy Rifkin y del que ya hemos tratado en algún artículo anterior, se basa en buena parte en estos mismos valores del mundo 2.0 y de Internet

Rifkin entiende que la economía construida alrededor de recursos escasos y concentrados como son los yacimientos de combustiibles fósiles, lleva a modelos de explotación centralizados, en cierto modo autoritarios y basados en un cierto egoismo económico.

Sin embargo, el modelo de la Tercera Revolución Industrial, que se basa en la microgeneración con energías verdes en cada casa, en cada familia, y en la compartición de excedentes a través de una red eléctrica inteligente, es por sí misma descentralizada, colaborativa y, en un cierto sentido, generosa, no acaparadora.

Asi lo expresa el autor:
La naturaleza colaborativa de la nueva economía es fundamentalmente discordante con la teoría económica clásica, que pone especial énfais en un supuesto: el de que sólo el interés propio individual que se manifiesta en el mercado puede impulsar eficazmente el crecimiento económico. El modelo de la Tercera Revolución Industrial prescinde también del tipo de control y mando centralizado que se asocia con las economías socialistas tradicionales de corte soviético. El nuevo modelo favorece las iniciativas laterales tanto en el seno de "ejidos" sociales como en el mercado desde el supuesto de que el interés común perseguido de forma colectiva, es la mejor ruta para alcanzar el desarrollo económico sostenible.

Lo más importante, creo, para una verdadera solución al problema energético es realmente su viabilidad técnica, económica y operativa pero, aún así, es interesante y motivador entrever unos ciertos valores tras esta revolución, unos valores bastante próximos a los de la Internet social...probablemente inspirados en ellos...o quizá ambos casos inspirados por un imperativo común que nace de lo mejor de la naturaleza humana.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cinco pilares para una tercera revolución industrial

Autor: Sven Jense
Como veíamos en el artículo anterior, 'Fundamentos de un modelo energético sostenible', Jeremy Rifkin propone un nuevo modelo energético basado en energías renovables unido a la colaboración y lo que él denomina 'el poder lateral', una colaboración y un poder lateral que hunden algunas de sus raíces tecnológicas y, sobre todo, filosóficas, en Internet, los medios sociales y el universo 2.0.

Las ideas fundamentales las recogimos en ese artículo pero para una mejor comprensión de la propuesta, creo que resulta imprescindible repasar, siquiera someramente, los cinco pilares en que se basa el modelo que el propio Rifkin denomina 'La tercera revolución industrial', apelativo que da título al libro que lo explica.

Estos pilares son los sguientes:
  • Transición hacia energías renovables: energías entre las que se encuentran la solar, la eólica, la biomasa, etc

  • Transformación de los edificios en microcentrales: Unas microcentrales que generen su propia energía (a veces con excedentes, a veces con déficits) basados en energías renovables, por ejemplo, mediante placas solares.

  • Despliegue de la tecnología del hidrógeno y otras sistemas de almacenaje energético: Esto aplicaría tanto al caso de edificios e infraestructuras como, eventualmente, al de vehículos. Por esta vía se equilibra el carácter intermitente de la mayoría de las energías renovables.

  • Redes inteligentes (smartgrids): aplicación de la tecnología de Internet para crear las redes eléctricas inteligentes que permitan reconducir excedentes.

  • Despliegue de una flota de vehículos eléctricos: unos vehículos alimentados ya sea en red o ya sea mediante pilas de combustible.
De los cinco pilares, dos creo que apuntan claramente a la necesidad de desarrollo tecnológico (smartgrids y tecnologías de almacenamiento), aunque existen importantes avances en ambos casos, dos (transformación de edificios en microcentrales y despliegue de la flota de vehículos eléctricos) tienen más que ver con una apuesta estratégica de las empresas o administraciones y una viabilidad económico-comercial y, finalmente, el primer pilar es casi un fundamento o una filosofía básica: que las fuentes de energía sean renovables. 

El éxito en el desarrollo tecnológico de las tecnologías de almacenamiento y las redes inteligentes de energía, unida a una apuesta, seguramente impulsada por la administración pública, por el despliegue inicial, puedieran ser la chispa que convierta en realidad este atrevido pero esperanzador modelo energético sostenible.

Tal vez valga la pena intentarlo ¿no?
 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Fundamentos de un modelo energético sostenible

Cuando escucho las alarmantes noticias y reportajes sobre el polémico cambio climático, o cuando reflexiono sobre el fin del petróleo, el carbón y otros combustibles fósiles (algo de cuya fecha podemos no estar seguros, pero que el hecho de su agotamiento parece que no está sometido a discusión), no puedo evitar preguntarme qué estamos haciendo, en qué están pensando los gobiernos y empresas, y qué investigaciones puede haber en marcha en las administraciones o en las compañías del sector de la energía o el automovilístico.

Hasta ahora muchas veces he tenido la sensación de que no se estaba haciendo lo suficiente, que estábamos abdicando de nuestro deber de afrontar el problema o que estábamos confiando en un hallazgo casi mágico de nuevos pozos, de nuevas reservas.

A pesar del relativamente reciente y esperanzador desarrollo comercial de los vehículos eléctricos o híbridos, a pesar de la publicidad y cierto nivel de inversión en energías renovables como la solar y la eólica (sector del que, por cierto, nuestro país es líder), no parecía existir, o al menos yo no conocía, ningún esfuerzo serio, comprensivo, abarcador y estructural de la envergadura suficiente como para dar una respuesta real a un problema más que serio.

Sin embargo, este verano he leído la propuesta de Jeremy Rifkin, un popular pensador social, asesor de estados e instituciones de alto rango en todo el mundo y especialmente en Europa. Rifkin propone una revolución que, según él, tiene una vertiente energética y otra de comunicación y que bautiza como la 'Tercera Revolución Industrial'. Todos los conceptos y su esfuerzos por extenderla se recogen en el libro del mismo título.

 El modelo de Rifkin, que tiene un fascinante paralelismo con los fundamentos que han hecho de Internet y los medios sociales una revolución del pensamiento y las relaciones sociales y comerciales, y que incluso presenta solapes tecnológicos con Internet, especialmente en la parte relativa a las smartgrids (redes eléctricas inteligentes), se podría resumir, al menos en lo que a mi más me ha llamado la atención, en lo siguiente.

Las energías derivadas de los combustibles fósiles presentan una limitación en su modelo de explotación. Dejando aparte su agotamiento, tienen la característica de concentrarse en unas relativamente escasas ubicaciones: los yacimientos. Por lo tanto, se adapta a un tipo de explotación centralizado a cargo de grandes empresas. 

Por el contrario, las energías renovables, típicamente pero no exclusivamente, la solar y la eólica, son distribuidas, existen en una cantidad virtualmente infinita en cualquier punto del planeta. Eso dificulta una explotación centralizada de las proporciones que serían necesarias...pero abre la puerta a una gran oportunidad, una enorme oportunidad: la colaboración.

En el planteamiento de Rifkin, la idea es que cada edificio, cada hogar, se abstezca, al menos parcialmente, de energía mediante instalaciones propias y relativamente modestas de, por ejemplo, energía solar. En algunos casos se podrán autoabastecer, en algunas ocasiones tendrán déficits de generación y en otros superávits. 

Y para equilibrar el modelo, para medir y cubrir necesidades, entran las smartgrids, las redes eléctricas inteligentes, unas redes capaces de absorber y utilizar la energía excedente de algunos hogares y entregar la energía que falta a otros. De esta forma, se minimiza (eventualmente se elimina) la necesidad de una generación centralizada y se cambia por una generación de energía dfistribuida y verde. 

¿No tiene esto un maravilloso paralelismo con el crowdsourcing, tan propio de Internet, con el simultáneo consumo y generación de ideas y bienes digitales por parte de los particulares convertidos ahora en prosumidores, un esquema que incluso permite su extensión al mundo de los bienes físicos por mor de la aparición de nuevos conceptos como el hardware libre y la impresión 3D? De alguna forma, el modelo de Rifkin lleva el modelo de prosumer al sector energético, un sector energético ahora verde y sostenible.

El modelo de Rifkin no se olvida del problema de los vehículos y así, aborda también la problemática del coche eléctrico y de las baterías, aunque quizá aquí el planteamiento sea más conocido y menos revolucionario.

En un próximo artículo extenderemos un poquito más la explicación de las ideas de Rifkin, presentando los cinco pilares en que se apoya su modelo. Pero, de momento, quedémonos con la esperanza de que puede existir un modelo energético verde y sostenible, que puede existir una solución para el desafío energético y el deterioro medioambiental que actualmente padecemos.