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miércoles, 26 de marzo de 2025

Especulando sobre un mercado para robots humanoides (y III): estrategias de desarrollo de mercado

Y con este post, llego al final, al menos por el momento, de mis reflexiones y especulaciones, sobre un mercado para los robots humanoides.

En este caso. me voy a centrar en posibles estrategias de desarrollo de este mercado. 

Aunque antes quiero hacer primero un recordatorio del concepto del 'abismo' ('chasm') de Geoffrey Moore y revisar los elementos que pueden tener en su contra este tipo tan especial de producto que son los robots humanoides.


Recordando el abismo de Geoffrey Moore


La idea del abismo ('the chasm') fue planteada por Geoffrey Moore  y recogida en su libro 'Crossing the chasm', pensando en nuevos productos de alta tecnología y mercados emergentes...una problemática que encaja perfectamente con el mercado para robots humanoides.

Moore se basa en un modelo de penetración en el mercado que sigue el famoso 'Technology adoption lifecycle' de Everett Rogers y que se representa en la figura:


Technology adoption lifecycle y el abismo

En ese ciclo de vida se pueden ver las famosas etapas de adopción por diferentes capas de la población / empresas (los innovadores, los 'early adopters', la 'early majority', la 'late majoritiy'  y los 'laggards').

Pues bien, para Rogers el gran momento de peligro, el 'abismo' es el salto desde los 'early adopters' a la 'early majority'.

¿Por qué?

Por un lado, tanto los innovadores como los 'early adopters' son segmentos del mercado que gustan de la tecnología, de la novedad, de probar cosas y, por tanto, son personas o instituciones 'fáciles', que desean los productos de alta tecnología y que, incluso, a lo mejor están dispuestos a perdonarles pequeñas carencias iniciales. Además, los estudios indican que suelen tener un poder adquisitivo alto. Son un mercado propicio y, además, son un mercado reducido.

El problema, el abismo, es pasar a la 'early majority' saltando desde los 'early adopters', Por un lado, el beneficio del producto, la proposición del valor, debe de ser más clara y creíble pero, además, ya se trata de un mercado masivo. Y eso significa que llegar a él se precisa de altas inversiones en materia de producción, de distribución y de marketing. Así que, si el producto no tiene aceptación, puede ser la ruina.

Para saltar ese abismo, la propuesta de Rogers se resumen en:


  • Escoger un nicho de mercado muy concreto
  • Concentrar las fuerzas en liderar ese nicho
  • A partir de ahí extender a mercados adyacentes


Es decir, en el fondo, ir progresivamente. 

¿Es esa solución para el mercado de los robots humanoides?


Los talones de Aquiles de los robots humanoides


¿Qué puntos débiles tienen los robots humanoides? En una rápida reflexión (no muy profunda como en el fondo no lo es en ninguno de los artículos de esta serie), creo que hay tres:


  • Coste: Aunque hace poco leía de manera diagonal una noticia sobre un robot chino muy barato, lo cierto es que me parece que, de forma natural, los robots humanoides, al menos en su versión más avanzada, son productos caros. Eso hace que no todos los clientes se los puedan permitir, especialmente en el ámbito doméstico o de consumo, y que los que se lo puedan permitir sean más exigentes en cuanto a sus beneficios diferenciales.

  • Prestaciones: Aunque los avances son muy importantes, a veces incluso espectaculares, creo que aún a los robots humanoides (vuelvo a insistir, los robots humanoides avanzados) tienen unas prestaciones relativamente limitadas, al menos respecto a lo que el 'imaginario' colectivo asume de un robot humanoide, y de lo que las exigencias de su uso en entornos no muy controlados, imponen.

  • Falta de estándares y diseño dominante: Esto es algo bastante natural en un mercado tecnológico emergente. No hay estándares, ni 'de iure' ni 'de facto'. Lo que hay mucho componente de investigación y desarrollo, de prototipado y de intentos de posicionamiento tanto tecnológico como de marca por parte de las empresas que trabajan este mercado. Aunque es perfectamente natural y comprensible, esa falta de estándares, esa falta de diseño dominante, dificulta la escalabilidad, dificulta la bajada de costes y puede imprimir incertidumbre en posibles clientes que no saben qué opción es mejor, o si se sostendrá o en el tiempo, o si están arriesgando mucho 'casándose' con un fabricante, o si tendrán soporte, o piezas de repuesto, etc. Aunque es una situación normal en un mercado tecnológico emergente, no deja de ser una dificultad,


Cualquier avance en lo relativo a materiales, procesos productivos, algoritmia, etc que lograse bajar costes y/o aumentar prestaciones iría a favor de este mercado, como es lógico. Ese es un ámbito más de la investigación y desarrollo y sólo cabe poner las esperanzas en la capacidad de investigadores y fabricantes que trabajan en esta tecnología.

El tema de los estándares, por su parte, es más dependiente de la madurez del mercado y de las dinámicas competitivas.


***


Ya con este marco, exploro algunas posibilidades de evolución de este mercado, de formas de acometerlo o de factores que podrían influir en su desarrollo.


La estrategia de Tesla con el coche eléctrico trasladado a los humanoides


Aunque hablo de Tesla, no estoy pensando en la Tesla de hoy en día, ni en su robot Optimus, sino en el planteamiento que Elon Musk hizo hace ya varios años, cuando Tesla nació, sobre su apuesta estratégica en tres fases. En esa estrategia, la idea era:


  • Fase 1: apostar por un vehículo deportivo, caro, de alta gama y tirada limitada (el Tesla Roadster) con un objetivo fundamental de experimentar y aprender.

  • Fase 2: ir ya a por un coche más común aunque todavía de gama más bien alta, que puediera ser vendido en mayores cantidades y que preparase a la compañía para el escalado. Este era el papel reservado para el Tesla Model S.

  • Fase 3: con la empresa ya preparada para mercado masivo, ir ya a por ese mercado masivo con un coche de gama media: el Tesla Model 3.


¿No podría tener sentido esa estrategia para los robots humanoides? Partiríamos de un robot humanoide caro pero de altas prestaciones (hasta donde la tecnología lo permita) e iríamos a mercado limitados: personas o empresas con dinero e innovadoras. Es para esta fase para la que consideraba muy importante a ese segmento de clientes que en el post anterior donde los denominaba 'los early adopters adinerados' y donde veía, por ejemplo, a las estrellas de Hollywood. Como en el caso del Tesla Roadster, la idea sería afinar el producto (y, añadiría, crear marca e imagen).

Centrado más el tiro, técnico, de mercado y de producción, se podría ir a por un robot humanoide quizá más centrado en casos de uso, quizá más modesto en prestaciones (aunque con tecnología más afinada). Probablemente, los clientes fuesen empresas del ámbito de los eventos, la tecnología, etc

Finalmente, con la tecnología, los sistemas productivos, los canales y los casos de uso afinados, lanzamiento masivo, para más casos de uso incluyendo, quizá, el mercado doméstico y de consumo.

En innovación, e innovación tecnológica, nunca se sabe, pero yo creo que esta estrategia tiene sentido.

Puede que, incluso, la propia Tesla y el propio Elon Musk, estén pensando en una estrategia así para su Óptimus o, en general, su negocio de robot humanoides.


Robots como servicio y servicios basados en robots


Creo que en este mercado, el concepto de 'Robot como servicio' y del tipo de empresas que denominaba el el post anterior 'plataformas de robots', podrían aportar mucho valor porque eliminan en los clientes/usuarios finales muchas de las reservas en cuanto al uso de robots humanoides (inversión, apuesta por un producto un poco incógnita, posible anclaje a un fabricante, mantenimiento, etc).

Si sigo el modelo de tres fases de Tesla, creo que, aunque les veo a estas plataformas de robots papel en todo el ciclo, me parece especialmente importante cuando hablásemos de la Fase 2, del punto intermedio, donde ya queremos llegar aun mercado más amplio y empezar a prepararnos para escalar.


La incógnita de los robots de cuidados


Para mí este es un segmento de clientes incógnita: según su comportamiento podrían ser un acicate casi definitivo para este mercado o bien pasar a un segundo plano o, incluso, tener un papel casi nulo.

Si se demostrase que los robots humanoides son útiles como robots de cuidado e incluso de compañía, y si se venciesen resistencias psicológicas y si, finalmente, las administraciones o empresas sociosanitarias apostasen por ello, podría suponer un cambio de la noche al día: un mercado masivo, buen pagador y que, además, acercaría a los robots humanoides a todo el mundo.

Si por el contrario, se demuestra que los robots humanoides no son adecuados para las labores de cuidados o no son aceptados. seguiríamos hablando como mera curiosidad de estos casos de uso, pero no supondrían nada como mercado.


¿Nos pueden sorprender los robots sexuales?


Otra gran incógnita, para mí, son los robots sexuales. Aunque no manejo datos, no tengo muchas dudas de que sea un mercado de cierta relevancia. 

Pero, cuestiones éticas aparte (unas cuestiones que, por cierto, también podría suponer su prohibición o limitación), me cuesta verlo como motor del mercado de robots humanoides y, más bien, lo contemplo como un nicho, quizá un nicho jugoso, pero un nicho.

No creo que sirvan para el desarrollo tecnológico de los robots humanoides (salvo, quizá, en materiales)  y creo que el precio puede limitar este mercado.


La incierta apuesta por las fábricas


Aunque Elon Musk dice que quiere a Optimus para las fábricas de Tesla, lo cierto es que me cuesta verlo.

No digo que no existan 'huecos' posibles para los robots humanoides en las fábricas, huecos donde su esperada versatilidad y flexibilidad, y su posibilidad de colaborar con humanos, sean útiles y diferencialmente mejores que sus alternativas industriales.

Pero en un entorno controlado, como suelen ser los industriales, intuyo que normalmente serán más eficientes robots especializados de ese entorno industrial.

Sólo podrían, creo, dar una sorpresa los robots humanoides si su producción a gran escala, les hiciese tan económicos que, unida a su versatilidad, pudiesen, quizá más por eficiencia que por eficacia, suplir a los robots industriales.


La también incierta apuesta por el 'downsizing'


Otra posibilidad es que, aunque en los videos promocionales y las noticias llamativas que vemos últimamente, se nos sugieran (o demuestren) robots muy avanzados y complejos, la apuesta real, mirando al mercado y al menos a corto y medio plazo, sea por robots más simples y, por tanto, más baratos.

Sin renunciar a las mejoras tecnológicas de todo tipo y a la sofisticación creciente, podría pensarse en robots humanoides más simples, más cercanos a los robots sociales actuales, y si esa simplicidad se uniese a una producción a gran escala, los costes y los precios pudiesen bajar mucho.

Y eso permitiría ir a mercados más masivos, incluyendo el doméstico o empresas pequeñas y medianas.

Pero para eso, creo, se necesitan casos de uso realistas y ser capaces de reducir costes y precios. En esta labor de reducir costes y precios sería importante alcanzar la escala (sujetos, eso sí, al famoso riesgo del 'abismo'). De nuevo, la estrategia escalonada de Tesla con el coche eléctrico, creo que tiene sentido para llegar aquí.


La apuesta de los estados


Algo que podría cambiar las reglas del juego sería el papel de los estados. Y en este caso, no puedo de dejar de pensar en China.

Me refiero a que un estado (y sólo me imagino ahora mismo a China haciéndolo) creyese tanto en esta tecnología, ya sea por sí misma o por su importancia estratégica, que estuviese dispuesto a invertir y subvencionar masivamente en ella financiando, a su costa, el viaje desde la experimentación hasta la gran escala.

Aprovecho para mencionar en este apartado de los estados el uso militar. La tecnología militar es muy avanzada y de forma parecida a los usos en salud, hasta cierto punto acomete un mercado insensible al coste. Sin embargo, no acabo de ver a los robots humanoides en el ámbito militar. Pese a que en películas y, de nuevo, en el imaginario colectivo, sí aparezcan los robots soldado, no me convence en cuanto a su adecuación meramente práctica. Sí veo una gran sinergia tecnológica: los sistemas de percepción, razonamiento, guiado, etc de los robots humanoides podrían tener aplicación militar y viceversa. De hecho, algunas de las armas más avanzadas en forma de misiles, drones, tanques, etc son en algunos casos formas especiales de robots. Lo que no veo, al menos no de forma generalizada, cuál sería el papel de un robot humanoide salvo, quizá, como imagen o intimidación.


El seguidismo estratégico


Mas pensando en empresas que en el mercado en su conjunto, se puede seguir la estrategia del 'fast follower', es decir, empresas que sin aspirar a liderar el mercado y la tecnología, sí siguen de cerca los últimos avances.

Hacerlo así les elimina muchos costes de inversión en investigación o en desarrollo de mercado (promoción, canales, cadenas de suministro, etc) pero les permite llegar pronto a un mercado eventualmente jugoso y creciente.

Como digo, los 'fast followers' por sí solos no van a crear un mercado pero, si son capaces de seguir, sin asfixiar, a los líderes ('first entrant'), pueden ayudar mucho a que el mercado crezca y madure en ofertas y en clientes.


Conclusiones


Bueno y esto son, simplemente, algunas ideas y algunas especulaciones. Es posible, muy posible, que haya otros modelos u tras estrategias que no se me hayan ocurrido en este momento.

Pero como reflexión y especulación, me resultan interesantes, me ayudan a estructurar una opinión y una línea de análisis y seguir, quizá con mayor criterio, lo que pueda suceder en las próximas semanas, en materia de desarrollo tecnológico, de marketing y de estrategias, en este sector tan alucinante como son los robots humanoides.

Veremos...


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viernes, 2 de marzo de 2018

Tres cifras para dimensionar un mercado


Tres cifras, tres conceptos definen habitualmente cómo dimensionar un mercado.

Steve Blank y Bob Dorf nos lo recuerdan en su libro 'The startup owner's manual' pensando evidentemente en startups, pero el concepto es mucho más general y válido para todo tipo de empresas.

Los tres conceptos son:

Total Addresable Market (TAM)

Que recoge el universo total de posibles candidatos. Es un valor máximo, una cota superior.

Served Available Market (SAM)

Es el subconjunto del mercado total a los que puedo alcanzar con los canales de que dispongo.

Target Market (TM)

Es el subconjunto del mercado que me marco como objetivo, qué clientes están realmente a nuestro alcance. En el caso de una startup estaría constituido por el subconjunto de clientes más probables.

*****

Como se puede entender, y como se aprecia especialmente bien en la figura, cada concepto es subconjunto del anterior y, por tanto, en número, es menor.

No es que por sí mismos estos conceptos nos resuelvan la vida, pero ayudan a poner orden y disponer de un lenguaje común.

lunes, 25 de agosto de 2014

Nueve puntos para una estrategia de desarrollo de mercado

Desarrollar un mercado, vender un nuevo producto o atacar un nuevo segmento no es tarea sencilla y toda ayuda, aunque sea teórica, es de agradecer.

Cuando Geoffrey Moore en su libro 'Crossing the chasm' plantea la estrategia para saltar desde los innovators y 'early adopters' a los mercados masivos (inicialmente un nicho de 'early majortity') nos ofrece una checklist con nueve puntos que debemos analizar y contestar de forma coherente.

Son estos.

  • Cliente objetivo: un comprador claro, identificado, accesible para el canal de venta y con capacidad financiera para comprar.

  • Razón para la compra: una consecuencia económica de suficiente importancia como para que un comprador racional desee realizar la compra.

  • Producto extendido: solución completa, apoyada presumiblemente en socios y aliados, y que permita conseguir continuidad en el mercado

  • Socios y aliados: otras compañías con las que podemos colaborar para proporcionar la solución completa, el producto extendido.

  • Distribución: canales de venta

  • Política de precio: una política consistente con el segmento de cliente objetivo y con el valor ganado por el cliente con nuestro producto.

  • Competencia: qué otros competidores existen que hayan conseguido acceder al mismo mercado al que aspiramos.

  • Posicionamiento: fundamentalmente credibilidad en el nicho al que intentamos acceder.

  • Siguiente cliente objetivo: si tenemos éxito en nuestro nicho actual, ¿nos facilita el salto a otros nichos adyacentes? ¿a cuáles?

Geoffrey Moore centra esta checklist en un caso concreto, el ataque inicial a un mercado masivo de alta tecnología...pero creo que la lista es bastante generalizable a otros casos.

Apuntada queda.

jueves, 11 de julio de 2013

#macrotweet: El éxito del mercado de acciones

The measure of the stock market's success is not whether stocks prices are rising. It's whether stocks prices are right.

James Surowiecki
'The wisdom of crowds'

miércoles, 3 de julio de 2013

La economía de la confianza

No tiene este artículo ninguna connotación política. No se le busque, por favor. Es sólo la constatación de una sorpresa...una agradable sorpresa, podríamos decir.

Tampoco se trata de un nuevo concepto económico como  la economía de la atención, la economía del regalo o  la economía del conocimiento, que en este mismo blog hemos comentado.

Hablamos del capitalismo, del puro y simple capitalismo.

Hay un momento en el libro 'The wisdom of crowds' de James Surowiecki en que éste habla de la cooperación y la explica analizando fenómenos como el de los impuestos o las propinas, situaciones en que se produce esa cooperación en que las personas tienen comportamientos que no se explican por su propio interés individual sino por un cierto interés global. 

Y es en este capítulo en que se detiene a hablar de la confianza como fundamento de la economía.

Se remonta primero a tiempos antiguos en que los intercambios se realizaban persona a persona, cara a cara, y hace ver lo importante que resultaba la confianza para lubricar esa economía. Si uno no pudiese confiar en que el otro cumpliría sus promesas, su parte del trato, el intercambio se haría muy costoso, muy difícil. Serían necesarias investigaciones o precauciones previas que, en la práctica, anularían el comercio.

Y luego traslada esa misma idea a un intercambio mucho más masivo, aquel que tiene lugar cuando se impone la economía capitalista. Si ya en el intercambio uno a uno la confianza era importante, para el funcionamiento del capitalismo es absolutamente imprescindible, puesto que los intercambios son mucho más masivos y con personas o entidades a las que no se conoce personalmente. Imposible afrontar esa masividad y ese desconocimiento, si no existe una confianza en no ser engañado.

Así se explica el autor en un pasaje del libro:

Modern capitalism made the idea of trusting people with whom you had "no prior personal ties" seem reasonable, if only by demonstrating that strangers would not, as a matter of course, betray you.

El capitalismo extremo ha traído mucho dolor, sin duda, y la historia y los movimientos políticos y sociales han suavizado sus aristas hasta hacerlo mucho más humano.

Sin embargo, consuela y anima el comprobar que en su misma base se encuentra una virtud tan loable, tan humana y tan social como es la fe en las personas y los grupos. El capitalismo es, sorprendente y afortunadamente, una forma de economía basada en la confianza.

miércoles, 31 de octubre de 2012

La innovación y el mercado

La innovación tecnológica, al menos aquella que no se hace por mero interés científico sino con objetivos de negocio, debería estar mirando de alguna forma hacia el mercado.

Cuando nos encontramos ante mercados más o menos maduros y ante avances tecnológicos de tipo evolutivo, la forma de 'mirar' al mercado pueden ser los estudios de mercado o los resultados del pasado.

En el caso de innovaciones disruptivas, mejor que eso es, probablemente, experimentar sacando rápido soluciones al mercado (con riesgo limitado), observando los resultados y reaccionando en consecuencia.

En cualquier caso, y por más atractiva que sea la innovación tecnológica 'per se', se debe estar atento al mercado y al retorno posible de esa innovación.

Una innovación guiada por aspiraciones de excelencia tecnológica, por la mera obtención de las mayores prestaciones puede, simplemente, estar por encima de lo que el mercado espera, desea y, sobre todo, de aquello por lo que está dispuesto a pagar.

Así nos lo recuerda Clayton Christensen en su libro 'The innovator's dilemma' con frases como: 

The pace of technological progress can, and often does, outstrip what market needs.

La innovación como investigación básica o como hobby es interesantísima pero, como negocio, precisa ineludiblemente del refrendo del mercado.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La estrategia de probar y aprender

Las disciplinas de gestión empresarial más tradicionales han puesto el foco en la planificación. Así, por ejemplo, hablamos de plan estratégico, de plan de marketing o de planes de acción.

A más bajo nivel, y en entornos que me resultan muy cercanos, las metodologías de gestión de proyectos, de nuevo, ponen mucho énfasis en la planificación. Aparte de las archiconocidas técnicas del PERT y el GANTT, pueden revisarse adicionalmente al respecto, por ejemplo, las más nuevas enseñanzas del PMI y su casi obsesiva fijación en el plan de gestión de proyecto con todos sus subplanes.


En el entorno del diseño y desarrollo software, las metodologías tradicionales, con su modelo en cascada, intentaban enmarcar en unas fases muy defninidas el desarrollo de módulos y sistemas software. No era una planificación completa, pero sí un intento de aprehender los estadios del desarrollo.

Es un intento loable, y probablemente fructífero, de hacer manejable la realidad y, sobre todo, un futuro aún en construcción. La planificación permite clarificar el trabajo a realizar, permite identificar recursos, plazos y costes y consigue, sobre todo, enfocar los esfuerzos y monitorizar los avances. Y, piscológicamente, nos da una sensación de control...

... pero la realidad se resiste a ser planificada.

Incluso en esos entornos altamente planificados, se reconoce la necesidad de la replanificación y la seguridad de las metodologías en ocasiones se resquebraja.

Los grandes planes estratégicos, por ejemplo, suelen tener una frontera a, por ejemplo, tres o cinco años...y sin embargo, se revisan anualmente. En gestión de proyectos se establecen líneas base...frente a las cuales luego comparamos las nuevas planificaciones o los avances reales. Y en desarrollo software, las nuevas metodologías agile hablan más de un desarrollo iterativo, de pequeños avances seguidos de reconsideración de objetivos y planes.

El ritmo acelerado de cambio en las tecnologías, en los mercados e, incluso, en la sociedad, dificultan, hasta el punto de a veces convertirla en no realista, la tarea de la planificación. Cuando hablamos, además, de innovación, de la cresta de la ola, muchas veces nos enfrentamos a lo desconocido, a los limites tecnológicos o a reacciones imprevisibles del mercado. En esas situaciones, aunque quizá se puedan hacer planificaciones tentativas, es preciso reconocer nuestra incapàcidad para una planificación completamente fiable. Es preciso tener una actitud mental y de gestión de flexibilidad y adaptación, de reconocimiento de situaciones y reacción consecuente, sin ceder a vanas ilusiones de control que nos pueda proporcionar una planificación que, sencillamente, no tenemos ninguna garantía de que se cumpla.

En estos entornos, y como nos propone Chuck Martin en su libro 'The third screen' al respecto del marketing móvil, la mejor estrategia puede llegar a ser 'Test and learn' (probar y aprender), lanzar un producto o una idea, ver cómo reacciona el mercado y adaptarse a los resultados.

No es, en el fondo, y a pesar de las apariencias, una estrategia frontalmente contraria a la planificación. El lanzamiento del producto puede, y debe, haber sido gestionado mediante una planificación. Otras técnicas tradicionales de gestión, como la gestión de riesgos, deben aplicarse, y no parece admisible el lanzamiento a ciegas de un producto o servicio sin estudios previos de viabilidad. 

No se trata de estrategias suicidas sino de flexibilidad.

Las técnicas tradicionales de planificación y monitorización de proyectos de todo tipo o de la actividad empresarial, creo que siguen siendo valiosas, muy valiosas, pero si van acompañadas, especialmente en los entornos más innovadores, más en el límite, de la necesaria flexibilidad y capacidad de reacción, si no se hacen planificaciones a muy largo plazo sino en lapsos temporales realistas y si somos capaces de adaptar esas planificaciones al devenir de la realidad y a la respuesta del mercado.

Al fin y al cabo, la planificación es sólo es una herramienta. Nuestro objetivo es el mercado.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Personalización de la oferta y el poder del consumidor

Muy atrás han quedado los tiempos del Ford T, cuando, en la irónica frase de Henry Ford, el comprador podía elegir cualquier color siempre que fuese negro.

A medida que la economía industrial se ha desarrollado, a medida que se ha producido la mecanización masiva, mejorado los procesos productivos y disminuido los costes, la eficiencia operativa ha perdido gran parte de su protagonismo como arma de diferenciación estratégica.

No es que no sea importante, no, es simplemente que ya no suele ser diferencial.

Otros atributos de producto o servicio, como el tiempo de respuesta o la atención a cliente han ganado fuerza.

Sin embargo, hoy dia uno de los elementos de diferenciación, siguiendo las ideas de Javier Rovira en 'Reset & Reload', es la personalización de la oferta, el adaptar los productos y servicios a las necesidades de clientes y consumidores.

Me ha gustado, por clarificador, el siguiente párrafo:

"Es necesario que las empresas flexibilicen sus procesos en módulos de valor y que sean aquellos [los consumidores] los que elijan la configuración que más desen en cada momento."

Muy relevante me parece la propuesta de los módulos de valor, algo así como unas piezas del puzzle de valor. Y me parece muy relevante porque puede ser la estrategia para conseguir un adecuado equilibro entre la personalización por un lado y la eficiencia y eficacia operativa por otro: cada módulo de valor puede seguir un proceso productivo estandarizado, maduro y optimizado (beneficio en costes y calidad), pero la combinación de esos módulos según los deseos del cliente consigue el valor diferencial para el cliente / consumidor.

El óptimo de este proceso de diferenciación basado en la personalización, el extremo de la adaptación a los deseos del consumidor, de la cesión de poder a ese consumidor, es todo un reto: convertir nuestros mercados en "mercados de una persona".

viernes, 29 de julio de 2011

Cómo generar una crisis económica

En su libro 'Reset & Reload', Javier Rovira, tras analizar varios momentos históricos gloriosos que fueron seguidos de una profunda crisis económica, concluye una receta sencilla para explicar cómo se gestaron esas crisis económicas y obtiene una conclusión, un consejo básico, elemental...pero muchas veces ignorado:

"Cualquier exceso de oferta con relación a la demanda posible es un camino que siempre ha terminado en una crisis económica."

Javier Rovira llega a esta conclusión tras analizar cómo, posteriormente a la Revolución Industrial, se generó una altísima oferta de productos para un mercado real cada vez más reducido debido a los bajísimos salarios de los trabajadores y el creciente desempleo, y cómo ello generó la emigración masiva desde Europa a América entre los años 1845 y 1915.

O cómo, el fenómeno se repitió en los felices 20 en que de nuevo, y espoleado por el capitalismo financiero y el hambre de beneficios de las empresas, se generó una altísima oferta para una población que otra vez, tenía una baja capacidad adquisitiva debido a los bajos salarios y cómo todo ello desembocó en la Gran Depresión.

O cómo, el espectacular crecimiento económico que se produce una vez superados los efectos de la Segunda Guerra Mundial, un crecimiento basado en el supuesto implícito de la disponibilidad de energía inagotable y barata se viene abajo con la crisis de 1973. Cómo, a pesar de ello, mejorando la productividad y empleando a menos trabajadores se consigue el crecimiento del PIB y que esto se estimula con medidas financieras (bajos tipos de interés) aumentando la oferta y el consumo hasta que el miedo a la inflación hace subir los tipos de interés, el consumo se derrumba...y todo se viene abajo.

Pasando de la macroeconomía, a lo que una empresa debe tener en cuenta, Javier Rovira concluye lo siguiente:

"Por obvio que parezca... parece que no terminamos de interiorirzar que el crecimiento ilimitado no existe ni en la economía global ni para nuestros productos o servicios. Así, deberíamos asumir que nuestra propuesta para el mercado tiene atractivo para un cierto tipo de consumidor y por lo tanto un nivel de consumo. Invertir en estructura y apalancarse  financieramente para aumentar nuestra capacidad productiva con la ilusión de que muchos quedarán embelesados  con nuestro producto o servicio es mucho soñar."

En resumen, un toque de prudencia. En lo que él denomina los momentos gloriosos, aquellos en que nuestro negocio o la economía crecen, no nos confiemos pensando que dicho crecimiento es ilimitado. No invirtamos, no nos apalanquemos en exceso o generemos infraestructuras productivas sobredimensionadas para una demanda que puede resultar inexistente. 

Seamos, pues, realistas en la estimación de nuestra demanda potencial o, parafraseando al propio Javier Rovira:

"Analicemos la demanda potencial REAL de nuestro negocio (no la deseada) y contrastémosla con nuestra capacidad instalada."

miércoles, 5 de enero de 2011

El modelo abajo-arriba en la estimación de mercado: un toque de prudencia para emprendedores

La estimación del mercado potencial tanto para una compañía como para un producto o servicio siempre me han parecido una de las actividades más arriesgadas pero, al tiempo más importantes, en lo que a marketing o estrategia se refiere. La eventual viabilidad o no de una iniciativa, la posible rentabilidad, la conveniencia o no de una inversión, se basan en buena parte en esas estimaciones de mercado potencial y en la cuota que pensemos podemos alcanzar.

Si esa estimación es a la par importante y arriesgada en empresas ya establecidas, en el caso de los emprendedores, de los fundadores de nuevas empresas o proyectos, la cosa se complica aún más al no disponer de datos históricos y al poder convertirse esta estimación en lo que determine la viabilidad completa del proyecto o la capacidad para obtener inversión.

En su libro 'El arte de empezar' Guy Kawasaki nos habla de dos modelos, el modelo de arriba-abajo y el modelo de abajo-arriba y opta claramente por el segundo, como una medida de realismo y prudencia que no puedo más que compartir.

El modelo arriba-abajo es un enfoque, digamos, con visión externa. Se parte de datos globales como el volumen de negocio del sector en el que va se va a entrar, o el número de personas de tu ámbito geográfico objetivo, etc y sobre esa base se hacen hipótesis de qué cuota se puede capturar. El problema de este modelo, como el propio Kawasaki apunta, es que "si eliges un mercado lo bastante grande, es fácil engañarte pensando que el éxito va a ser fácil de alcanzar. Uno por ciento, por ejemplo, parece siempre una cuota de mercado pequeña y fácilmente accesible". En efecto, plantearse una cuota pequeña de un mercado grande puede generar una falsa ilusión de realismo...cuando no es así en absoluto. Las cifras que se obtendrán con este modelo tenderán a ser grandes y engañosamente optimistas.

Por el contrario, Guy Kawasaki aboga por el modelo abajo-arriba, un modelo con un enfoque más interno, con nuestras propias capacidades para generar negocio. Así, por ejemplo, podemos partir del número de comerciales que podemos tener en plantilla, el número de llamadas o visitas que son capaces de realizar y la tasa de ventas que con ello pueden conseguir. En general, este enfoque arrojará cifras mucho más modestas...pero también más realistas y con un valor añadido adicional que es que, de alguna manera, no sólo de centran en el qué o cuánto vamos a conseguir sino, tambien, en el cómo vamos a hacerlo.

Aunque ser emprendedor implica visión, entusiasmo y empuje, cuando de dinero hablamos más vale que eso se compense con un adecuado contrapeso de realismo, y la ejecución de una previsión de mercado potencial puede ser un excelente momento para aplicar ese realismo.

jueves, 1 de julio de 2010

Mercados emocionales

Hace unas semanas recordábamos la famosa primera proposición del manifiesto cluetrain:

"los mercados son conversaciones".

Ahora, y avanzando esta vez en la lectura de 'Conectados' el libro de Nicholas Christakis y James Fowler, me encuentro esta otra:

"los mercados ... tienen estado de ánimo económicos".

Creo que ya había oído hablar del 'sentimiento de mercado', concepto que quizá no sea especialmente novedoso. Con la crisis actual hemos visto con frecuencia como los políticos intentaban dar mensajes para generar 'confianza' en el mercado, un mercado 'retraído', quizá en 'depresión'. Confianza, retraimiento, depresión...

¿No estamos, en efecto, hablando de sentimientos, de mercados que, de alguna forma,son emocionales?

Quizá lo más novedoso e interesante de la aportación de Christakis y Fowler sea que ponen en relación este sentimiento de mercado con las redes sociales.

Al fin y al cabo, los mercados están formados por personas. Si los mercados son conversaciones es porque las personas que forman las empresas y el público, los clientes potenciales, conversan entre sí.

Y los posibles clientes, y los profesionales que constituyen las empresas, se relacionan entre sí formando redes sociales...y se influyen entre sí. Según la regla de los tres grados de influencia que comentábamos en el post anterior, si una persona tiene desconfianza en la evolución de los mercados trasmitirá esta desconfianza a sus amigos, y a los amigos de sus amigos, y a los amigos de los amigos de sus amigos. Lo mismo ocurrirá si hablamos de optimismo o de pánico, de prudencia o de euforia.

Las emociones que anidan en las personas, se difunden e impregnan las redes sociales, las redes de personas y, por tanto, los mercados. Y el sentimiento individual se convierte en social.

Los mercados son personas y, por ello, y por las redes que vinculan a las personas, son profundamente emocionales.