viernes, 19 de junio de 2026

La humanidad como metáfora (II): el caso de la robótica

En el post anterior de este blog introduje la reflexión sobre el uso de la metáfora humana en lo que tiene que ver con la inteligencia artificial.

Esa metáfora se manifiesta fundamentalmente en lo que tiene que ver con el vocabulario usado para referirnos a las capacidades de la inteligencia artificial, comenzando por el propio término inteligencia, y siguiendo por otras términos como reflexión, introspección, memoria, visión, etc

Pero también vimos que, más allá del lenguaje usado, hay aspectos más profundos que una mera metáfora, como el uso del ser humano, en este caso su cerebro, como fuente de inspiración científica para diseñar sistemas de inteligencia artificial y quizá, sólo quizá, o sólo para algunas personas y colectivos, su emulación y superación, como objetivo final de la inteligencia artificial,   

En este segundo artículo, voy a saltar al campo de la robótica, una disciplina bastante diferente pero cada vez más entremezclada con la inteligencia artificial.


El cuerpo como diferencia


Aunque el debate tendrá elementos comunes con el caso de la inteligencia artificial, la gran diferencia que se plantea en el caso de los robots, es que éstos, al menos en su mayoría (y digo esto de la mayoría para evitar el debate de si los robots software son robots), poseen un 'cuerpo' ('embodyment') una realidad física tangible con lo que la metáfora no se traslada sólo a lenguaje o funcionamiento, sino también a la forma, a la apariencia.


Robots y humanos digitales


Hay, sin embargo, un punto intermedio que conviene resaltar, y es el de los avatares o humanos digitales, es decir, una forma de chatbots que se presentan en pantalla con una forma humana, en algunos casos bastante fiel y detallada.

Por tanto, una buena parte, aunque no todo, de lo que digamos respecto a los robots 'con cuerpo', se aplica a los humanos digitales 


Las capacidades cognitivas y relacionales


Antes advertir que en el caso de los robots más avanzados, en el fondo en los que me estoy centrando, vienen dotados de capacidades cognitivas de la inteligencia artificial. Esto quiere decir que todo lo que dijimos en el post anterior de esta serie tanto sobre nomenclatura de tintes humanos, como sobre inspiración científica en el cerebro humano o posible objetivo final de la inteligencia artificial se traslada completamente al caso de estos robots cognitivos.


La forma: robots sociales y humanoides


Enlazando con lo que decíamos anteriormente sobre el cuerpo, en el caso de los robots la metáfora humana afecta muy directamente a su forma, a su cuerpo.

Muchos robots, como los manipuladores industriales, los robots móviles o los robots para reparto, adoptan formas plenamente funcionales, adaptadas a su labor y que nada tienen que ver con los humanos.

Pero existen dos importantes clases de robots, con algún solape entre ellos, en que la metáfora humana es evidente en cuanto a la forma. Me refiero a los robots sociales y a los robots humanoides.

Robot Neo

Los primeros, los robots sociales, son la contrapartida física de los chatbots, es decir, se trata de robots cuya misión principal es la de relacionarse con humanos. En ese sentido, no sólo utilizan el lenguaje natural y la voz como forma de comunicación, sino también elementos de lenguaje no verbal como la mirada, la distancia social o los gestos. Aunque no todos los robots sociales son antropomórficos, una buena parte de ellos sí que lo son. Entre los representantes más conocidos de los robots sociales podríamos mencionar a Pepper y Neo, aunque existen otros, quizá más experimentales, como la famosa Sophia o Amecca... y muchos más. Aunque son antropomórficos, y en algún caso como los geminoids imitan profundamente la forma humana, la mayoría tienen un aspecto indudablemente robótico.

Robot Optimus

El otro caso, es el de los robot humanoides. Siendo rigurosos con los términos, los robots sociales antropomórficos serían también humanoides, pero en esta categoría me refiero a robots más orientados a ámbitos industriales o a realizar tareas, incluso en el hogar y, por tanto, algo menos relacionales en su objetivo. Estaría hablando de robots como Optimus o Figure, por poner un ejemplo. Son robots técnicamente mucho más sofisticados que los robots sociales, más entrenados en la realización de trabajos y con mucha mayor destreza 'manual'.  


El papel de la forma humana en los robots


Aunque podamos pensar que el dotar a robots de forma humana es una forma de fantasía, de ser capaces de crear seres como nosotros, no es ésta la motivación verdadera, al menos no en la mayor parte de los casos.

Creo que se pueden identificar dos grandes motivaciones para el uso de la forma humana, una de naturaleza operativa y otra relacional (que, en el fondo, también acaba siendo operativa).


La motivación operativa


La primera naturaleza operativa tiene que ver sobre todo con los robots humanoides. En el post 'Especulando sobre un mercado para robots humanoides (I): proposición de valor', argumentaba que unos de los elementos de la proposición de valor de los robots humanoides es su versatilidad.

¿Qué quiere decir esto?

Otro tipo de robots, como los manipuladores industriales, pese a estar dotados de cierta flexibilidad, en el fondo están circunscritos a un conjunto acotado de tareas posibles. Sin embargo un robot humanoide puede acometer muchas más tareas y muy diferentes.

Pensemos que la anatomía del ser humano es fruto de milenios de evolución y capacita al ser humano para realizar todo tipo de tareas, incluyendo el desplazamiento por todo tipo de terrenos. Imitar la forma humana, no deja de ser una forma de biomímesis que hereda todo lo que de bueno tiene el cuerpo humano para acometer tareas de todo tipo y que posibilita a su vez a robots con esta morfología el acometer una gran variedad de tareas.

Esta flexibilidad, tiene indudable valor de negocio e ingeniería y facilita la producción masiva y las economías de escala que se derivan.

Además, en muchas de las tareas que queremos confiar a los robots humanoides, sustituirían a los humanos y parece que el que los robots estén dotados de una morfología similar a la del ser humano contribuye a que puedan realizar tareas similares a éste. 


La motivación relacional


La motivación relacional, aunque afecta también a los robots humanoides, tiene mas que ver con los robots sociales e incluso los humanos digitales.

Parece lógico pensar que el uso de mecanismos 'humanos' en la relación, no sólo el lenguaje verbal (procesamiento de voz y lenguaje natural), sino también el lenguaje no verbal con sus gestos, miradas, entonaciones etc facilita la comunicación entre personas y robots.

Dado que las características relacionales humanas se desarrollaron evolutivamente, fundamentalmente para engrasar las relaciones entre personas, si los robots son capaces de utilizar o emular los mismos mecanismos verbales y no verbales, la comunicación persona-robot fluirá de manera natural y sin necesidad de adaptación o aprendizaje por parte del humano.

En el fondo se trata de una manera algo particular y especializada de biomímesis.

Y esa comunicación, especialmente en sus aspectos no verbales, se beneficia también de una forma más o menos humana del robot, no sólo porque le permite al robot hacer gestos o usar miradas de forma más similar a un humano sino porque, en el fondo, lo vamos a aceptar mucho mejor.

Decía más arriba que esta motivación relacional en el fondo es también operativa porque es el robot el que se adapta al humano y por tanto para éste, para el humano, es muy sencillo, casi trivial, relacionarse con el robot, lo que elimina la necesidad de entrenamiento, aprendizaje o adaptación por parte del humano y facilita la adopción de la tecnología y su uso e interacción en el día a día.


El valle inquietante


Sin embargo, existe una limitación, no demostrada pero claramente admitida en esa imitación a la morfología humana: el valle inquietante ('uncanny valley').

Está bastante admitido que los humanos acogemos mejor a un robot cuanto más se va pareciendo a nosotros...pero eso tiene un límite. Si se parece 'demasiado' a un humano, si es casi igual (aunque sin llegar a ser igual) lo que era aceptación se convierte de repente en un profundo rechazo.

Dicho de manera familiar, queremos que los robots se parezcan a los humanos pero 'que no se pasen', que no dejen de seguir teniendo un aspecto razonablemente robótico.


El aprendizaje de los robots y la inspiración humana


Hay otro aspecto menos conocido de los robots en que se experimenta con mecanismos de clara inspiración humana: el aprendizaje.

Pese a que los robots avanzados, los robots cognitivos, obtienen sus capacidades cognitivas de la inteligencia artificial, presentan en ocasiones particularidades en cuanto a su entrenamiento que difieren de los mecanismos usados en la inteligencia artificial generalista.

Algunas de las dificultades del aprendizaje, que podrían considerarse generales pero que afectan sobre todo a robots cognitivos son el 'grounding', es decir, que sepan ligar los conceptos a las realidades físicas del mundo y la adquisición de conocimientos de naturaleza más cultural.

Aunque es posible que mecanismos como los VLAM (Vison-Language-Action Models) y los World Models a ellos asociados, resuelvan de una forma algo más algorítmica y similar al entrenamiento de otros modelos generativos, esos problemas, ya desde hace un tiempo se experimenta con formas de aprendizaje inspiradas en el aprendizaje humano, como son el aprendizaje por imitación ('imitation learning') o toda la propuesta de la robótica del desarrollo ('developmental robotics') en que se imita en cierto modo el aprendizaje en niños.

Estaríamos hablando en este caso, pues, de la metáfora humana como inspiración científica. De nuevo, una forma especial de biomímesis.


Personalidad y empatía


Un punto en que se comienza a extremar la metáfora humana es lo que tiene que ver con personalidad y empatía. 

Ya desde hace años, con chatbots relativamente básicos, uno de los primeros pasos del diseño del chatbot es la decisión de la personalidad que deseamos que exhiba. En general, cualquier chatbot moderno y robot social, salvo que por algún motivo se decida lo contrario, va ser amable y servicial. Pero lo importante es que la metáfora no afecta sólo a la forma y a procesos cognitivos más intelectuales, sino también a la dotación a chatbots y robots de personalidad propia, una personalidad, por supuesto, perceptible por los humanos con que dialoga.

No sólo eso, se dota a este tipo de soluciones de una cierta empatía. Por supuesto, se trata de una empatía impostada, no sentida, pero a efectos prácticos y relacionales eso es casi irrelevante: el robot o el chatbot se muestran empáticos y las personas los perciben como tales.

Y, por cierto, no estoy hablando de una metáfora sólo como terminología, sino como comportamiento absolutamente real.


Las emociones


En la misma línea, pero yendo un poco más allá, la metáfora se extiende hasta las emociones. Los chatbots y robots avanzados son capaces en algunos casos de percibir las emociones del humano tanto por su lenguaje verbal como, en los casos más avanzados, por el lenguaje no verbal.

Y, claro, no es sólo que sepan percibir las emociones de los humanos, es que pueden tener  capacidad para simular, de forma consistente, sus propias emociones.

De nuevo, no se trata de una metáfora meramente terminológica, sino plenamente operativa y perceptible.


El problema de la vinculación afectiva


No voy a profundizar mucho en esto ahora, pero sí mencionar que entre las problemáticas éticas que generan estos robots sociales o humanos digitales avanzados, varios de los más representativas tienen que ver con la vinculación afectiva que se puede producir, tiende a producirse de hecho, entre el humano y el robot o chatbot.

Un tema delicado, sin duda, y que conduce a otros riesgos relacionados con la influencia y la autonomía.


El problema del engaño


En los casos más avanzados, y quizá implicando a humanos poco advertidos o poco maduros, se puede producir un engaño, una confusión, en que el humano piense que realmente el robot o chatbot con que se relaciona, es más o menos consciente y tiene verdadera inteligencia, verdadera personalidad, verdaderos sentimientos.

En este caso, la metáfora casi, casi, dejaría de ser tal, porque algunas personas se la tomarían no como metáfora, sino como realidad.

Esto, aparte de falso, es peligroso y, de hecho, el reglamento europeo de inteligencia artificial pide explícitamente que estos artefactos se identifiquen claramente como tales, evitando o intentando evitar el engaño.

De todas formas, evitar el engaño creo que, más allá de leyes, depende también de cierta divulgación correcta de lo que son este tipo de ingenios, y casi diría también de cierto sentido común por parte de las personas. 


Conclusiones


La metáfora humana en el caso de los robots o ingenios con ciertas características similares, adopta características diferenciales respecto a las que vimos de la pura inteligencia artificial en gran medida porque los robots incluyen un cuerpo físico, que también en su forma adopta la metáfora

Pero además, tiende, con mas intensidad que en el caso de la pura inteligencia artificial, a extenderse a elementos relacionales que implican personalidad, empatía y emociones. 

Y eso conlleva algunos riesgos, incluyendo que la metáfora deje de ser reconocida como tal y se convierta en un engaño, quizá un auto-engaño.


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miércoles, 17 de junio de 2026

La humanidad como metáfora (I): El caso de la inteligencia artificial

En ciertos campos tecnológicos, muy en especial con lo que tiene que ver con inteligencia artificial, se utiliza un lenguaje que  mimetiza las características y aportaciones de esa tecnología con características con capacidades humanas. Así, hablamos de capacidades cognitivas, de razonamiento, de reflexión, etc.

Y la cosa no creo que se reduzca al lenguaje, existen dudas y debates sobre si lo que estamos haciendo va mucho más allá de la terminología, y si la verdadera aspiración, como así se afirma, sin duda, es alcanzar o incluso sustituir a la inteligencia humana.

Me encuentro inmerso en la lectura del libro 'Agentic Mesh: The GenAI-Powered Autonomous Agent Ecosystem' de Eric Broda y Davis Broda, un libro eminentemente técnico, pero en el cual, en el tercer capítulo, 'Agents basics', se dedica completamente a poner en paralelo y comparar a los agentes con los seres humanos, a mostrar capacidades humanas, tanto individuales como grupales, y cómo éstas se trasladan puntualmente al caso de agentes. De hecho, los autores afirman que esa analogía con las personas es una excelente forma de entender cómo funcionan los agentes, como exponen en la primera sección de ese capítulo 'Agent analogy: agents as people'.

Y es precisamente la lectura de ese capítulo la que me ha hecho preguntarme hasta qué punto es beneficiosa, y hasta qué punto real, esa analogía, esa metáfora. Y, también, si esa analogía va más allá de un paralelismo para convertirse en una aspiración.

Con ello tengo material para una 'miniserie' de dos o tres posts, de la cual éste es el primero, y en él me centro en el caso concreto de la inteligencia artificial.


Inteligencia artificial y metáfora


Lo cierto es que desde su mismo nacimiento, la inteligencia artificial sostiene, en su nomenclatura y en algo más, ese paralelismo con la humanidad o con la cognición humana.

El propio nombre de inteligencia hace pensar en seres vivos y, sobre todo, en humanos, y la propia declaración de visión, en la conferencia de Darmouth, 'hacer que las máquinas se comporten de una forma que consideraríamos inteligente si un humano se comportase de esa forma', pone de alguna manera al ser humano como medida y casi como aspiración de la inteligencia artificial.

Y ese paralelismo, esa analogía, esa nomenclatura y esa aspiración, siguen entre nosotros e inundan el discurso y en parte la actividad en materia de inteligencia artificial.

Pero, en realidad, esa forma de hablar acerca de la inteligencia artificial, esa insistencia en términos provenientes de la psicología o la neurociencia como razonamiento, reflexión, introspección, memorias de corto y largo plazo, etc va más allá de una pura metáfora, de un puro paralelismo.

También es una inspiración, inspiración en el doble sentido científico y aspiracional y, puede, sólo puede, que constituya un objetivo.


Más allá de la metáfora: el cerebro como inspiración científica


En efecto, el ser humano, y en concreto su cerebro y su sistema nervioso, han funcionado y funcionan como fuente de inspiración desde un punto de vista científico y técnico, es decir, como un elemento que podemos estudiar y que las conclusiones nos pueden servir en el diseño técnico de las soluciones de inteligencia artificial.

En la época en que estaba en boga la inteligencia artificial simbólica, se estudió e intento aplicar, con regular éxito, los mecanismos de pensamiento consciente del ser humano. Se trabajó con las leyes de la lógica y con la representación del conocimiento y se atendía a los procesos cognitivos del ser humano.

Y cuando la orientación viró hacia el machine learning, hacia el reconocimiento de patrones y el aprendizaje basado en datos, las muy exitosas actualmente redes neuronales se inspiraron, y de qué manera, en el cerebro humano. Los perceptrones, las primeras neuronas artificiales, abstraían (y abstraen) el funcionamiento de una neurona humana, y la distribución en capas emula, creo que de forma ya algo menos fiel, la profunda interconexión entre neuronas que existe en el cerebro humano.

He leído, aunque tengo alguna duda al respecto, que las redes neuronales de convolución, que permitieron un enorme salto en materia de visión artificial, también emulaban el funcionamiento de las neuronas dedicadas a visión.

En el fondo no se trata de nada nuevo ni de nada ilógico. Dado que muchas de las características que aspira a conseguir la inteligencia artificial las exhiben con notable éxito los seres vivos y en especial los humanos, parece muy razonable estudiar a esos seres vivos e intentar trasladar lo aprendido a diseños técnicos. Es lo que se denomina biomímesis y es algo que se ha hecho durante décadas e incluso siglos y tiene toda la lógica del mundo.

Pero es preciso ser conscientes de que con frecuencia se trata solo de un punto de partida inicial. El diseño fino  de esas redes neuronales, o de cualquier artefacto basado en biomímesis, se suele apartar luego en parte de su inspiración original, y se guía luego más por resultados y técnicas de ingeniería que por una verdadera copia del mecanismo biológico que, además, con frecuencia, y este es el caso del cerebro, no se conoce del todo.


El cerebro como objeto 


A veces se afirma, y es una afirmación de base científica, que lo que aprendemos del funcionamiento de algoritmos de inteligencia artificial, lo que experimentamos con ella, puede ser un mecanismo para ayudarnos a comprender nuestro propio cerebro.

En este caso, en el fondo, el objeto es el propio cerebro, o su conocimiento, más que la tecnología de inteligencia artificial en sí misma que sería un medio para experimentar.

Es una afirmación razonable e inspiradora, pero no estoy seguro de cuántos resultados se han producido en esta orientación.


El cerebro como aspiración


Lo que de alguna forma es técnicamente más retador, y también éticamente más problemático, es si la aspiración real es el cerebro humano, o por mejor decir, conseguir hacer un cerebro artificial que emule, e incluso supere, al cerebro humano.

Esto tendería a llevarnos al campo de la AGI ('Artificial General Intelligence') o de la superinteligencia y nos pudiera dejar en los umbrales de la famosa singularidad

A pesar de discursos sensacionalistas y catastrofistas, no creo que este objetivo domine hoy en día el desarrollo de la inteligencia artificial, pero tampoco diría que no está presente y que no tiene su peso. De hecho, un objetivo declarado de OpenAI es conseguir esa AGI. Así que, cuidado.

Si esto se consiguiera, o si la AGI o la super-inteligencia son el verdadero objetivo, estamos hablando no de una metáfora, sino de una imitación e incluso una sustitución y con muchas y serias implicaciones.


Ingeniería versus utopía


Lo cierto es que, al menos eso creo yo, una gran parte del trabajo en materia de inteligencia artificial, tanto en los diseñadores y fabricantes de los algoritmos y los grandes modelos, como en las empresas que adoptan soluciones, creo que está mucho, muchísimo más guiado por objetivos de negocio e ingeniería, por la aplicación de tecnología para conseguir unos objetivos más concretos, más prácticos y, en cierto sentido, más inmediatos, acercándose o usando la inspiración humana sólo cuándo éste sea un recurso prometedor.

Y la metáfora humana con frecuencia creo que se queda más en eso, metáfora, más usada en términos de comunicación y marketing o a veces, sólo a veces, se orienta hacia la venta de una utopía (puede que en realidad una distopía)


La conveniencia de la metáfora humana


Personalmente, no me parece mal del todo el uso de la metáfora humana hasta cierto punto.

En el fondo, es cierto que con frecuencia la inteligencia artificial imita capacidades cognitivas humanas, y no está mal reconocerlo, explicarlo e, incluso, con prudencia, adoptar nombres que se reutilicen de la neurociencia o la psicología para denominar capacidades más o menos equivalentes de la inteligencia artificial.

Además, la metáfora bien usada y explicada, puede ayudar a entender de una forma más sencilla qué mecanismos implementa la inteligencia artificial.

Pero tampoco creo que haya que extremar la metáfora.

En primer lugar, no se debe exagerar, no se deben usar palabras que hagan pensar que la inteligencia artificial hace más de lo que realmente hace. Y también se debe emplear con cierta contención y prudencia, porque un uso poco explicado, o peor, mal explicado de la metáfora humana, puede despistar al público, puede, en lugar de ayudar, confundir e incluso puede generar rechazo. Hace unos pocos meses pude asistir, por ejemplo, al rechazo que generaba el mero uso del término agente, en una comunidad orientada hacia la filosofía e incluso la teología donde el término agente tiene un significado propio y de connotaciones morales.

Y, por supuesto, si el objetivo es realmente crear un cerebro artificial, una super-inteligencia que nos supere, lo cual ya no es metáfora en absoluto, eso tiene muchas otras implicaciones éticas, humanísticas e, incluso de seguridad, pero eso es ya harina de otro costal.


Conclusiones


La metáfora humana se ha usado y se usa con frecuencia en el campo de la inteligencia artificial. Su empleo es justo y razonable en la medida en que realmente la inteligencia artificial implemente mecanismos similares o paralelos a los de la cognición humana, pero un uso incorrecto o exagerado de esa metáfora puede generar rechazo y puede confundir, y creo que confunde, de hecho.


viernes, 12 de junio de 2026

Cuatro patrones para la monitorización de agentes IA en producción

Probablemente, una de las áreas en que más se trabaje, o al menos que, digamos, más 'preocupación' genere en el tema de los agentes IA sea la gobernanza de éstos y, más específicamente, como gestionarlos adecuadamente en producción, cómo hacer que sean seguros, cómo vigilar que tengan un comportamiento correcto, cómo asegurar que funcionan como esperamos que funcionen.

 

Inteligentes pero imprevisibles


Y esta labor no es trivial en absoluto pese a la cantidad de años que llevamos monitorizando todo tipo de sistemas, garantizando su seguridad, sus prestaciones y su escalabilidad, y a pesar de la abundancia de soluciones y herramientas que existen para ello.

Y la dificultad surge, no del hecho de que los agentes sean un tipo de software novedoso, sino de la naturaleza misma de este tipo de solución basada en IA, de lo que les diferencia y les da valor.

Los agentes son un tipo de software autónomo, pero eso no es nada nuevo. Existen desde hace décadas sistemas que se comportan de manera autónoma. Y sabemos monitorizarlos y operarlos.

Los agentes, como su propio nombre indica, son también capaces de actuar, esto es, de realizar acciones sobre sistemas de ficheros, sobre bases de datos o sobre otras aplicaciones. Pero esto no es tampoco nada nuevo y nada que en general no sepamos controlar. Esa misma capacidad de actuación, además de una forma bastante parecida, la tienen también muchos otros sistemas autónomos, como los robots RPA que describía en mi libro 'Robots en la sombra' o los modernos workflows en la nube que construimos con plataformas como Make, N8N, Zapier o Power Automate Cloud.

No, la verdadera dificultad no está ahí, no está en la autonomía y ni en la capacidad de actuación. sino en la forma en que estos sistemas autónomos 'deciden' que hay que hacer. Todos los demás sistemas autónomos que les han precedido y con los que conviven, tienen marcada, de una forma rigurosa y cerrada, la lógica que deben seguir para llevar a cabo la tarea que tienen encomendada y automatizarla. Esta lógica se establece en tiempo de desarrollo por el propio desarrollador y suele adoptar la forma de un flujo, un workflow, aunque pueden existir otras formas de fijar reglas de comportamiento.

El caso de los agentes es muy diferente. No tienen una lógica pre-establecida, sino un objetivo o tarea, unas reglas de comportamiento muy generales expresadas en lenguaje natural y una serie de capacidades de actuación mediante las denominadas herramientas ('tools'). Pero la verdadera lógica de solución la decide el agente usando sus capacidades razonadoras basadas en un gran modelo de lenguaje, y lo hace en tiempo de ejecución, no de desarrollo.

Eso nos lleva a un comportamiento sin duda más inteligente, más flexible y más adaptativo, pero precisamente por eso, hasta cierto punto imprevisible. No quiero decir con ello que sean completamente imprevisibles, pero sí que no existen unas reglas exactas y que el agente tiene, digamos, grados de libertad.


Difíciles de probar, difíciles de monitorizar


Esa imprevisibilidad los hace difíciles de probar, porque no podemos establecer un catálogo exhaustivo y cerrado de casos de prueba que garanticen haber ejercitado con éxito todas los escenarios posibles. Ni siquiera es siempre posible definir con claridad cuál es el resultado que consideraríamos correcto para dar por bueno el caso.

Esas mismas dificultades se trasladan a a la monitorización en producción. Podemos monitorizar, claro, ciertas manifestaciones externas de su comportamiento como, por ejemplo, invocaciones de cada herramienta a su disposición o los datos que generan. Pero como el comportamiento es abierto, y hasta cierto punto imprevisible, es difícil disponer de unos mecanismos claros y cerrados para asegurar que el agente se comporta adecuadamente, que no incurre en riesgos no admisibles y que, por supuesto, no comete errores.


Cuatro patrones para la monitorización de agentes


Es por eso que me ha interesado la propuesta de patrones para esa monitorización que he encontrado en el libro 'Building Applications with AI Agents' de Michael Albada donde nos plantea cuatro patrones de monitorización. Son los siguientes:


  • Shadow mode (modo sombra): Se trata, en realidad, de un mecanismo transitorio hasta que ganemos confianza en un agente nuevo. La idea es, cuando despleguemos un agente nuevo, mantener a este recibiendo datos reales pero sin enviar salidas a los usuarios y sin realizar acciones reales. De esta forma, durante un tiempo se puede observar su comportamiento en situaciones reales y ver que se comporta bien, antes de otorgarle 'plenos poderes'. En realidad, es casi más un mecanismo de prueba que de monitorización.

  • Canary deployments (despliegues 'canario'): También se sitúa un poco en la línea de poner a prueba un agente nuevo en situaciones reales sin dejarle hacer daño, pero va un poco más lejos que la opción anterior. En este caso lo que se hace es que el nuevo agente sólo actúe en un porcentaje bajo (digamos entre un 3% y un 5%) de las situaciones reales, mientras que el resto se tratan 'normalmente' (con una versión anterior del agente, con un sistema más tradicional o manualmente, si es el caso). Estrictamente hablando, no impedimos que el agente pueda hacer daño, pero minimizamos el riesgo y el posible impacto

  • Regression trace collection (recolección de trazas de regresión): Ahora, más bien, lo que tratamos es de aprender del pasado. Y lo hacemos también mediante un mecanismo bien conocido: la recolección y análisis de trazas. Para ello se recopilan trazas (logs) y, cuando se produce un fallo, se estudian para intentar entender qué ha pasado y arreglarlo de cara al futro.

  • Self-healing agentes (agentes auto-curativos): Se trata de agentes que reciben los propios datos de monitorización, y las propias métricas y son capaces de implementar mecanismos de recuperación ante fallos.


La verdad es que de estos cuatro mecanismos, sólo el último es realmente novedoso. Los otros tres ya se han venido aplicando con mayor o menor intensidad en la monitorización y operación de otro tipo de sistemas.

Se trata de mecanismos que disminuyen el riesgo y el impacto de posibles malos funcionamientos, pero, por supuesto, no los evitan completamente.

En cualquier caso, parecen buenas prácticas que 'van a favor de obra' en busca de ese objetivo de tener a los agentes bajo control.


Conclusiones


Los agentes de IA, por su propia naturaleza, son difíciles de probar, de monitorizar y de operar.

Hemos visto cuatro patrones de operación de agentes que, si bien no eliminan el riesgo, sí pueden ayudar a tenerlo bajo control.


viernes, 5 de junio de 2026

'Magnifica Humanitas' y la voz

Es probablemente de todos los lectores conocido la reciente publicación de la primera encíclica del Papa León XIV, la ya muy conocida y comentada 'Magnifica Humanitas'.

Cuando supe de su publicación me propuse, por supuesto leerla, pero además publicar un post como este, en que la comentase.

Por cierto, que pensaba que publicar un post sobre una encíclica, por más que ésta se centrase en la inteligencia artificial, era un paso de una cierta originalidad por mi parte, pero viendo todo lo que se ha hablado de ella, no sólo en medios como la radio y la televisión, sino también en redes sociales incluyendo las profesionales, creo que no es así, que no soy original para nada, y que, incluso, este post podría verse casi como 'cansino', más aún cuando ya hace unos 20 días desde que la encíclica fue publicada, y ya se ha producido toda una avalancha de artículos, pronunciamientos y opiniones.


Recogimiento para la formación de una opinión


Y sin embargo, publico estos comentarios porque me sigue apeteciendo hacerlo, y pese a que ya pueda haber perdido una cierta oportunidad.

Lo cierto es que cuando supe de la publicación de la encíclica, decidí atender lo menos posible a los comentarios y publicaciones que se produjeran, porque quería crearme una opinión propia, sin influencias ni condicionamientos.

Y, además, quería leerla tranquilamente, capítulo a capítulo, y no 'de un tirón'.

De ese aislamiento, o recogimiento, buscado, y de esa calma...conviviendo con un gran pico de trabajo, nace esa distancia en el tiempo que pueda parecer una pérdida de oportunidad.


Un mini resumen


Aunque inicialmente pensaba en hacer una especie de resumen comentado de la encíclica, al final casi prefiero transmitir algunas sensaciones generales y alguna reflexión, pero antes, para quien no se haya leído la encíclica (y, por cierto, se sea creyente o no, creo que es aconsejable leerla), hago un resumen rápido.

La encíclica, es bien conocido que tiene como protagonista a la inteligencia artificial, pero lo cierto es que es un documento más amplio y que, posiciones aparte específicas sobre la inteligencia artificial, también transmite otro tipo de preocupaciones morales y, además, realza, y mucho, lo que ha sido y es la doctrina social de la Iglesia, algo que era previsible porque el propio nombre adoptado por el actual Papa, León XIV, era ya desde elección, una clara referencia a León XIII, impulsor de esa doctrina social de la Iglesia.

Brevemente, el contenido de los capítulos es el siguiente:


  • Introducción: Utiliza como apertura y metáfora bíblica, la contraposición entre la torre de Babel, representando el poder sin referencia a Dios que dispersa y deshumaniza, y la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías representando la corresponsabilidad, la escucha y trabajo compartido orientado al bien común.

  • Capítulo I — Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio: Hace un recorrido por la evolución de la doctrina social de la Iglesia, fundamentalmente recorriendo las diferentes encíclicas que se han concentrado en ella. Un recorrido que, claro, tiene en su origen la 'Rerum novarum' de León XIII.

  • Capítulo II — Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia: resume los principales planteamiento de esa doctrina social, destacando elementos como el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad o la justicia social, principios que traslada al mundo digital actual. Añade una cierta autocrítica o examen de conciencia hacia la propia Iglesia católica en materia de trasparencia, rendición de cuentas o la escucha a víctimas.

  • Capítulo III — Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA: Es, probablemente, junto con el siguiente, el capítulo más centrado realmente en la inteligencia artificial, revisando algunos de sus riesgos e implicaciones para la persona humana. Critica el denominado paradigma tecnocrático y también, y esto no lo esperaba, el transhumanismo y poshumanismo.

  • Capítulo IV — Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad: aborda cuatro ámbitos de lo humano a proteger: la verdad, la dignidad del trabajo, la familia y la libertad frente a esclavitudes. En un punto que también me ha resultado sorprendente, no por el hecho en sí, sino por verlo en esta encíclica, el Papa reconoce que la Iglesia no siempre ha reaccionado a la velocidad debida a ciertos fenómenos y, en concreto, lo centra en la esclavitud y pide perdón por esa falta de respuesta de la Iglesia en su momento.

  • Capítulo V — La cultura del poder y la civilización del amor: Abandona parcialmente, aunque no del todo, el tema de la inteligencia artificial, para centrarse más en el poder y, sobre todo, la guerra.

  • Conclusión: Propone un programa de vida que se concentra en la fidelidad a la verdad, la inversión en educación, el cuidado de las relaciones y el amor a la justicia y la paz.


Algunas ideas y sensaciones


Más allá de contenidos objetivos que he condensado muy brevemente en la sección anterior, comentar algunas ideas que extraigo o algunas sensaciones que me produce.

En primer lugar, es un documento bien informado. Eso es algo que espero de cualquiera que se pronuncie en este caso sobre la inteligencia artificial: que sepa de lo que está hablando, que hable con conocimiento de causa, no 'de oídas' o con base en mitos. Por supuesto, no me sorprende que una encíclica sea un documento 'bien informado', pero creo que vale la pena ponerlo de relieve

Me parece un documento que aúna firmeza y moderación. Es moderado en el sentido de que no es agresivo ni altisonante pero, a la vez, es firme, criticando claramente, aunque sea con esa moderación, lo que considera que es incorrecto.

Aunque repasa los riesgos de la IA, la perspectiva es sobre todo, la de proteger la dignidad humana en su conjunto. En ese sentido, tienen poco protagonismo problemáticas éticas digamos tradicionales, de la IA, como es lo que tiene que ver con la privacidad.

Me ha dado la sensación de que lo que más preocupa al Papa de la IA, más allá de sus riesgos, es la concentración de poder, que el destino de la IA se encuentre en manos de unos pocos.

Igualmente, y aunque a nivel mediático lo que se ha destacado es la inteligencia artificial, la encíclica pone mucho foco en otros dos aspectos de los que destacaría esa concentración de poder y la guerra.

Igualmente decir que me ha llamado la atención, y me ha gustado, todo el viaje por la doctrina social de la Iglesia. Me ha gustado, digamos intelectualmente, porque explica muy bien, aunque sea de forma breve, en qué consiste y cómo ha evolucionado hasta llegar al momento actual. Pero me gusta, además, por esa sensación que transmite de continuidad, de coherencia, en cierto modo de tradición, que muestra que, por más que la IA sea ahora el último grito y que esta encíclica pudiera parecer disruptiva, lo cierto es que se enmarca en toda una historia, toda una tradición y todo un pensamiento coherente.


De la ética aplicada a la religión aplicada


Cuando se cuenta la evolución de la filosofía, y sobre todo de la ética, se cuenta, yo mismo lo he hecho varias veces, cómo tras unos siglos en el pasado en que gozaron de atención, la filosofía y la ética,  como disciplinas, estaban un poco 'muertas', hasta que surgió el enfoque de la 'ética aplicada' en que en lugar de teorizar, de 'filosofar' podríamos decir, decidió centrarse en problemas concretos, modernos e incluso del día a día: la biotecnología, la eutanasia, la ecología... y la tecnología. Y esto ha supuesto un renacer de filosofía.

No puedo evitar pensar que, en cierto sentido, esta 'Magnifica humanitas', como probablemente toda la doctrina social de la Iglesia, más allá de su evidente trasfondo religioso, tengo un algo de esa  ética aplicada y si no estaríamos hablando, y me acabo de inventar el término, de una 'religión aplicada'. Y me pregunto si ese enfoque aplicado, aunque quizá más susceptible de polémicas, no puede ayudar a un nuevo impulso de la Iglesia que, al menos en Europa, a ratos parece languidecer.


Una forma de marketing religioso


No sé si es pretendido o no, pero diría que esta encíclica ha sido una especie de 'golpe de marketing' para la Iglesia católica y para el Papa León XIV.

El nombre de la encíclica, 'Magnifica humanitas' me parece precioso y excelente para una encíclica que habla de Inteligencia Artificial y de proteger la dignidad humana. Aunque desconozco el proceso, no tengo ninguna duda de que los nombres de las encíclicas se eligen cuidadosamente. Pero en este caso, la elección me parece singularmente acertada.

Otra cosa que me llamó la atención es que se anunciara por anticipado que se iba a publicar y la atención que concitó. No sé si en ocasiones anteriores se anunciaron los 'lanzamientos' de las encíclicas, pero estoy convencido de que pocas o ninguna, generó tanta expectación.

Conscientemente o no, buscado o no, creo que esta encíclica y su publicación han tenido alto impacto mediático, mucho más allá de la comunidad cristiana católica, y han realzado la imagen de la Iglesia y, sobre todo, del Papa León XIV. 


Sobre la voz


Hace unos meses, concretamente a finales de Octubre de 2025, fui invitado como ponente en unas jornadas sobre Teología e Inteligencia artificial, en la Universidad Pontificia de Salamanca, una experiencia que recogí en el post ' La Iglesia y el diálogo ético sobre inteligencia artificial: una experiencia, unas lágrimas y un mensaje'.

En ese post explicaba cómo, por cierto celo en el control de tiempos, mi intervención fue 'cortada' sin que pudiera llegar al final, sin poder llegar a las conclusiones y transmitir los verdaderos mensajes que quería transmitir.

Pero publiqué el vídeo de lo que hubiera sido la ponencia completa, incluidos esos mensajes. Es este



Y me satisface ver que, en cierto sentido, esta encíclica recoge algunas de las que eran mis propuestas.

Antes decía que esta encíclica me parecía un documento informado, que 'no tocaba de oídas'. Pues bien,  entre los mensajes que no pude pronunciar en las jornadas, estaba el de que cuando abordasen el tema de la inteligencia artificial, que lo estudiaran bien y se informasen, que no 'tocaran de oídas' (en el video 2:56).

Además les hubiera querido decir, que ante los debates éticos en que no tenemos claro qué hacer, la brújula es siempre el valor de la vida humana (en el video, 2:50) y cómo se ve afectado por una tecnología o una solución. 'Magnifica humanitas', ya casi desde el título, adopta la perspectiva de proteger la dignidad humana.

Pero, sobre todo, lo que les quería haber dicho, era que, ante los dilemas éticos planteados por la inteligencia artificial, que la Iglesia católica tenía la posibilidad y casi del deber, de dejar oír su voz (en el video 2:55)

 

Conclusiones


La encíclica 'Magnifica humanitas' es un documento informado y muy relevante en muchos aspectos incluyendo los debates éticos alrededor de la inteligencia artificial.

Y me alegra comprobar que resuena con los principales mensajes de aquella ponencia inconclusa que protagonicé en la Universidad de Salamanca.


lunes, 1 de junio de 2026

¿Cómo aprenden los agentes de IA?

Los agentes basados en IA, aunque aún en proceso de maduración, son una cosa que roza en muchas ocasiones lo extraordinario, explotando, de formas muy potentes, las capacidades que ofrecen los grandes modelos de lenguaje.

Dejando aparte su autonomía o su capacidad para elaborar razonamiento y planes, ahora me fijo ahora en su capacidad para aprender, aprender a partir ejemplos o de la experiencia en un asombroso remedo de lo que hacen los seres vivos en general y los seres humanos en particular.

Me encuentro leyendo el libro 'Building Applications with AI Agents' de Michael Albada , que me está gustando mucho por cierto, y no he podido dejar de fijarme con mucha atención en la explicación que aporta en el capítulo dedicado al aprendizaje en sistemas agénticos y, en especial, a los denominados métodos no paramétricos de aprendizaje.


Métodos no paramétricos


Es bien sabido que el aprendizaje durante el entrenamiento de modelos de machine learning se produce, en la inmensa mayoría de los casos, mediante el ajuste de los parámetros del modelo.

Y es bien sabido que los modelos de IA generativa se basan en formas más o menos sofisticadas de redes neuronales donde, en general aunque no únicamente, los parámetros que se ajustan son los pesos de las conexiones entre neuronas.

Sin embargo, una propiedad que podemos comprobar casi como meros usuarios de ChatGPT o Claude, es que estos sistemas son capaces también de aprender sin un 're-entrenamiento' explícito o, por mejor decir, sin necesidad de ajustar sus parámetros.

Y es a estos métodos no paramétricos a los que quiero referirme en este post. 

En concreto, en la obra citada más arriba, se nos hablan de tres:

  • Aprendizaje mediante ejemplos
  • Reflexión
  • Aprendizaje mediante la experiencia 

Veamos estos tres tipos brevemente.


Aprendizaje mediante ejemplos: 'few-shot prompting' estático y dinámico


Esta primera forma es muy conocida y está abundantemente explicada y documentada. Se trata, simplemente, de proporcionar en el propio 'prompt' ejemplos de cómo se realiza la tarea. Estaríamos hablando, pues, de la técnica conocida como 'few-shot prompting'.

Sin embargo, en ese formato, en que los ejemplos se incluyen en el propio 'prompt', hablamos de un 'few-shot prompting estático , donde realmente, es el usuario el que 'manda'.

Existe una variante muy interesante que es el 'few-shot prompintg' dinámico. En este caso, se dispone de una base de datos vectorial (como las que se utilizan en la técnica de RAG 'Retrieval Augmented Generation' donde almacenamos los ejemplos de que disponemos. En este caso, ante un 'prompt', es el agente el que busca el o los ejemplos más adecuados en esa base de datos vectorial, usando mecanismos de búsqueda semántica (basada en significado no en coincidencia exacta de palabras clave), de la misma forma de nuevo, que se hace en RAG.

De hecho, creo que no sería incorrecto considerar que este 'few-shot promting dinámico es una forma particular de RAG.

Además, entiendo que, una vez que se dispone de esa base de datos de ejemplos, ésta puede ser enriquecida por el propio agente (o una comunidad de agentes), con lo cual el efecto aprendizaje es mucho más real, mas dinámico y evolutivo.


Reflexión


Siempre me ha llamado la atención este mecanismo de reflexión ('reflection'), identificado mediante un nombre que me resulta misterioso en la medida en que emula en ese nombre, evidentemente de forma intencionada, a una capacidad cognitiva humana tan profunda como es la reflexión.

Sin embargo, cuando se entiende bien, no es tan mágico (siempre que no consideremos casi mágico, claro, el propio funcionamiento de los grandes modelos de lenguaje.

Explicado como reflexión ('reflection') suena muy espectacular y sofisticado y, en cierto sentido lo es, pero lo es en la medida en que un gran modelo de lenguaje es realmente sofisticado porque, disponiendo de un buen modelo de lenguaje, el mecanismo de reflexión no es tan complejo

Lo que se hace es que el sistema agentico hace auto-crítica ('self-critique') ante un intento fallido de realizar una tarea. Para ello, claro, tiene que en primer lugar detectar que la tarea no se ha realizado correctamente (para esto, en algunos casos, podría tener ayuda externa en forma de feedback humano o medida de algún tipo de sensor, indicador o mensaje de error).

Una vez que ha comprendido que algo no ha ido bien, hace esa crítica y almacena 'sus conclusiones' en una memoria específica en que une esa reflexión con las acciones realizadas y lo observado. 

Y luego, cada vez que el agente va a realizar una nueva acción, busca las últimas 'reflexiones' en esa memoria y adecúa su comportamiento (es como incluir esas reflexiones en el contexto o el prompt... de hecho, eso es lo que hace).

 

Aprendizaje experiencial


El aprendizaje experiencial, en el fondo, es una evolución o ampliación del mecanismo de reflexión pero añadiendo un aprendizaje cruzado entre tareas. Es decir, no se trabaja sólo con las reflexiones de la misma tarea sino también de otras diferentes que se contienen en los denominados 'insights'.

Y existe una, digamos, gestión dinámica en el tiempo de 'insights' en que unos aparecen, otros desaparecen y existe una suerte de votación para que el agente tenga nociones de cuáles son los más relevantes o útiles.


Perplejidad


Sorprende, o al menos a mi lo hace, cómo un mecanismo cognitivo tan sofisticado como es el aprendizaje, se consigue de una forma relativamente sencilla y fácil de entender.

Creo que esto es una demostración de dos cosas: por un lado de la enorme potencia y versatilidad de los grandes modelos de lenguaje y, por otra, del indudable ingenio de las personas que diseñan estos mecanismos.


Siempre nos quedará el 'fine-tuning'


De todas formas, la cosa no acaba a aquí. Si estas formas no paramétricas de que los sistemas agénticos aprendan no son suficientes, siempre nos quedarán los métodos paramétricos, el famoso 'fine-tunning' en que, mediante un entrenamiento adecuadamente dirigido podemos añadir nuevas capacidades o una mejor adecuación a los modelos de lenguaje en que se basan los agentes. 


Conclusiones


Los sistemas agénticos presentan unas notorias capacidades de aprendizaje, sorprendiendo, por un lado, que son relativamente simples de entender e implementar y, por otro, que no precisan en general de un re-entrenamiento, al menos no un re-entrenamiento de los que alteran los parámetros del modelo: Y, por si esto fuera poco, una vez implementadas estas capacidades de aprendizaje, pueden funcionar de manera autónoma.

Increíble ¿verdad?



jueves, 28 de mayo de 2026

Gran Vía. El valor de la tradición y los símbolos

No sé, estimado lector, si habrás escuchado las noticias del mundo de los negocios que anuncian que está a punto de cerrarse la venta del edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid.

Como empleado que fui durante más de 25 años de esta compañía, y como alguien que siempre ha estado orgulloso de ese pasado 'telefónico, en este post, quisiera realizar una breve, pero sentida, valoración de esta operación. 


La operación


No he tenido apenas tiempo para informarme del detalle de la operación pero, al parecer, la transacción, aún no cerrada en el momento de escribir este post, estaría en una horquilla entre los 120 y 200 millones de euros.

Ignoro el destino que le daría al edificio el principal candidato a comprador actual, el empresario Tomás Olivo, pero dada la naturaleza de sus negocios y la situación del edificio, parece que estaría destinado a convertirse en centro comercial.

Para Telefónica, en apariencia, el objetivo es puramente financiero, fundamentalmente reducir deuda y se enmarca un un plan de 'desinversión' (es decir, venta) de activos 'no estratégicos'. 

¿Es una buena operación?


Una 'no valoración' financiera y estratégica


Sinceramente, no me atrevo a juzgarlo de forma rigurosa y por ello, aunque voy a apuntar un par de cosas, no lo considero una verdadera valoración si hablamos de puro negocio.

Hombre, reducir deuda, así dicho, me parece bien y, hasta donde sé, desde hace unos años Telefónica arrastra un problema de deuda que parece que, aunque no sólo sea por eso, le supone un lastre en bolsa. Eso sí, e insistiendo en que no conozco los detalles y que no tengo perfil financiero, prefiero que la deuda se salde a partir de excedentes en beneficios por operaciones que 'desinvirtiendo', porque esa desinversión siempre supone una reducción de tus activos, en cierto modo de tu valor, por más que esos activos los consideres no estratégicos.

Por lo poco que he leído, Telefónica esperaba obtener 300 millones de euros por esta venta. Si eso era una expectativa real (no una especie de 'farol' para comenzar la negociación) y si realmente la horquilla superior de lo que se decide puede obtener son 200 millones de euros, quizá, desde un punto de vista meramente financiero, estaría malvendiendo este activo, quizá presionada por la necesidad de saldar la deuda o, quizá, porque entiende que sobrevaloró el valor de mercado del inmueble. Pero, vaya Vd. a saber...

Lo de la estrategia, claro, es bastante más intangible. ¿Qué hace que un activo tenga o no valor estratégico?

En cualquier caso, y esto es sólo una impresión personal, no me parece que en este punto Telefónica esté actuando con una visión realmente estratégica. Las visiones estratégicas apuntan al futuro, y no un futuro inmediato, y buscan mejorar la posición competitiva. En esta operación, e insisto una vez mas que es sólo mi impresión, creo que Telefónica actúa 'a corto' sólo buscando reducir una deuda (una herencia del pasado) que la debe estar asfixiando y no está mirando para nada hacia un futuro que no sea inmediato. 


Pero no va de esto...


Pero este 'post' no va realmente de una valoración estratégica ni financiera de la operación, temas en los que no me considero especialista y, además, para los cuales necesitaría más información de la que no dispongo.

El post, mis reflexiones y casi diría mis sentimientos, van más en línea con los valores intangibles.


El valor simbólico


El edificio de Gran Vía tiene valor histórico. Se construyó entre 1926 y 1929, fue uno de los primeros rascacielos de Europa y el edificio más alto de Madrid hasta 1953.

Y la dirección de la compañía estuvo durante muchísimos años ubicada en ese edificio, aunque en los últimos años ganara peso Distrito C como sede real de la dirección. Pero, incluso hasta 2025, fue donde se realizaban los consejos de administración.

Es un edificio emblemático de Madrid también con valor turístico.

Y ha sido, especialmente, un edificio emblemático para la propia empresa, la imagen que aparecía una y otra vez en todo tipo de comunicaciones como imagen de Telefónica.

¿Cómo se cuantifica ese valor simbólico? ¿Cómo se pone en la balanza de una operación financiera?

Es cierto que es un intangible pero, sin embargo, a otros intangibles como son las propias marcas (digamos Movistar) se les da mucha importancia estratégica y se les asigna valor económico y no menor. Y, en general, en marketing y comunicación se invierte y, mucho, pese a que cómo dijo hace John Wanamaker, la mitad de eso que se invierte en marketing es un desperdicio (y lo difícil es saber qué mitad).

¿Nos es un activo como el edificio de Gran Vía, con su valor histórico y simbólico, algo parecido a una inversión en marketing? ¿No tiene de verdad ningún valor de mercado? ¿O es que ese valor de mercado es inferior a, digamos, 200 millones de euros?


Tradición, orgullo y pertenencia


Más allá del valor de mercado (un valor externo) ¿Qué hay del valor para la propia compañía y, sobre todo, para sus empleados?

En los discursos oficiales se valora mucho, y cada vez más, el compromiso del empleado, su sentimiento de pertenencia, su orgullo de pertenencia.

Prescindir de un edificio tan emblemático, que ha representado desde siempre a Telefónica, que conecta a la Telefónica actual con la del pasado, que crea una sensación de continuidad, historia y tradición, de algo grande ¿No va en la dirección de despersonalizar a la compañía y sus símbolos y no puede por tanto, afectar a ese orgullo de pertenencia?   


¿Influye el directivo?


Me pregunto si esta operación es posible porque al frente de Telefónica se encuentra Marc Murtra, un directivo venido, digamos, 'del exterior', casi 'recién llegado', un directivo que, sin atreverme a juzgar su cualificación y motivaciones, quizá, digo sólo quizá, 'no sienta los colores'.

Me pregunto si esta operación sería posible bajo el mandato del anterior presidente, José María Álvarez-Pallete, quien sí que había estado muchísimos años en Telefónica antes de asumir su presidencia. Y se me ocurre pensar que tal vez, sólo tal vez, Pallete no hubiese vendido el edificio de Gran Vía porque me hago a la idea de que si 'sentía los colores' y probablemente percibiría más ese valor simbólico.


Tristeza


En cualquier caso, no me atrevo, y lo digo ya por enésima vez, a juzgar objetivamente la operación, su sentido financiero y estratégico. Expertos habrá que lo hagan o hayan hecho

Lo que sí digo es que en esta operación, aparte de un inmueble, se venden elementos intangibles que creo que son muy valiosos.

Y también digo que, de forma absolutamente subjetiva, como ex-empleado de Telefónica, como alguien que ha sentido, y siente, profundamente ese orgullo de pertenencia, y he dejado buena huella de ello en varios posts en este mismo blog a lo largo del tiempo) esta operación me produce tristeza, una gran tristeza. 


Conclusiones


Según nos dicen las noticias, está cercana a cerrarse la venta del emblemático edificio de Telefónica en la Gran Vía Madrileña.

Más allá de posibles valoraciones estratégicas y financieras, están en juegos elementos simbólicos, casi diría que culturales, y no puedo evitar, a nivel personal, que eso me produzca una gran tristeza y desconsuelo.


jueves, 21 de mayo de 2026

El desarrollo asistido por inteligencia artificial y la motivación del desarrollador

Parece que ningún campo de la actividad profesional es inmune a las transformaciones radicales que la inteligencia artificial trae consigo.

Una de esas actividades es el desarrollo software. Aunque ya desde hace un tiempo una de las modalidades típicas de los modelos generativos era el código, últimamente parece que hemos dado un salto enorme en calidad con aportaciones de agentes de IA integrados en cada vez más entornos de desarrollo, herramientas como Codex o Claude Code y soluciones de Vibe coding como Lovable, Windsurf o Cursor.

Cuando recuerdo mi etapa como desarrollador software, primero desarrollador aficionado y posteriormente como desarrollador profesional en los primeros pasos de mi carrera, no puedo dejar de reflexionar, no sólo acerca de cómo cambia la operativa de desarrollo sino también, lo que motiva a o puede motivar a un desarrollador actual.

Y de eso, de la motivación, es de lo que quería hablar en este post. 


La labor del desarrollador tradicional


La labor del desarrollador tradicional, la que yo pude hacer en los años ochenta, noventa o primeros años de este sigo XXI consistía, básicamente, en tomar un problema a resolver o una funcionalidad a conseguir, y trabajar para traducir la solución solicitada o imaginada a un conjunto de instrucciones expresadas en un lenguaje de programación de los denominados 'de alto nivel' como en su momento se hacía con C, C++, C#, Java, Visual Basic o similares. Hoy pensaríamos más, por ejemplo, en python.

A continuación se compilaba (entonces se trabajaba poco con lenguajes interpretados) y se depuraban los errores sintácticos cometidos. Cuando ya se superaba la fase digamos sintáctica, venía el probar el software desarrollado, primero individualmente, lo que uno había hecho y luego, cuando se trabajaba en equipo como era lo normal en entornos profesionales, conjuntamente con lo que habían hecho otros desarrolladores.

Pero destaco, por lo que a motivación se refiere, la fase en que tenías que imaginar cómo traducir a instrucciones de un lenguaje aquello que te habían solicitado o, mejor aún, aquello que habías imaginado que querías hacer.

Solo un apunte metodológico: aunque hablo de imaginar cómo traducir una necesidad u objetivo en instrucciones como parte de la tarea del desarrollador, conocí, por suerte un poco de lejos, entornos en que ese traducir un problema a instrucciones lo hacía un analista funcional, no el desarrollador, y el desarrollador era un mero codificador que no diseñaba, sino que creaba el código fuente a partir de lo que se le indicaba. Esto era común en los desarrollos de sistemas empresariales en lenguaje COBOL y ejecutados sobre mainframe IBM.

Pero los entornos en que yo trabajé, tanto profesionalmente como en forma de afición, eran abiertos y el desarrollador era también el analista y diseñador de lo que hacía.


Mis elementos de motivación


Con frecuencia comento que una de las etapas de mi carrera profesional en que más me divertí, que más disfrute, fue esa etapa de desarrollador.

Primero disfruté una barbaridad cuando trabajaba por puro 'hobby', haciendo código simplemente por divertirme y para conseguir las cosas que yo me imaginaba y usando el inolvidable Turbo PASCAL.

Luego de forma profesional, aunque con mucha libertad de diseño, primero en la empresa asturiana GADD y luego en Telefónica Investigación y Desarrollo.

He dicho que me divertía y que disfrutaba, y mucho.

¿Cuáles eran los elementos de ese disfrute? ¿Cuál era la motivación?

Aunque es difícil racionalizar mucho qué es lo que te motiva, qué es lo que te hace disfrutar, voy a concentrar en cuatro elementos lo que creo que eran mis motores, mis motivaciones, que supongo que compartirían muchos desarrolladores de entonces, puede que también actuales.


El reto


Hablaría, en primer lugar del reto. Encontrar la forma de traducir una idea que tenías en tu cabeza (cuando actuaba como desarrollador aficionado)  o que te habían solicitado, en un marco limitado de instrucciones que te ofrecía el lenguaje. Por supuesto, había traducciones obvias, pero lo interesante era cuando bordeabas lo evidente o te metías en campos nuevos. Hoy en día no impresiona, pero en aquella época, hacer elementos gráficos, o introducir música no era absolutamente nada evidente. En otros casos, conseguir eficiencia algorítmica, que el software se ejecutase a buena velocidad y buenos tiempos de respuesta no era tampoco fácil. 


El descubrimiento


El segundo elemento, muy relacionado con el anterior, tenía que ver con la investigación y el descubrimiento. Leías manuales, libros y revistas, preguntabas a compañeros, y experimentabas y experimentabas (entonces Internet no estaba generalizado) hasta conseguir lo que te proponías. Tras el reto, venía el descubrimiento de la solución. Aún recuerdo con orgullo cómo descubrí la forma de mezclar código ensamblador con PASCAL, y cómo apoyándome en eso y estudiando la arquitectura HW del ordenador personal, conseguí escribir directamente en la memoria de pantalla (la mayoría de los desarrolladores actuales no creo que sepan siquiera qué era eso, ni siquiera estoy seguro, calculo que no, que el mismo concepto de memoria de pantalla exista hoy en día) y con ello conseguir unas velocidades de escritura entonces casi inimaginables y que me permitieron trabajar con gráficos y animaciones en una época en que ninguna librería ni herramienta te lo daba. Aún recuerdo con orgullo cómo logré generar movimiento de elementos gráficos o cómo logré introducir música apoyada en partituras (si, partituras) que compraba en tiendas de música.


La maestría


Consecuencia de ese descubrimiento buscabas y alcanzabas, o al menos eso sentías, la maestría, el dominio del lenguaje de programación y del ordenador. Sentirte hábil, maestro, es extraordinario, al menos para mí que siempre he apreciado tanto el conocimiento.


El logro


Finalmente, hablaría de la sensación de logro. Un logro que se producía en un doble sentido. Un sentido personal, que tiene que ver con esa maestría que mencionaba en el punto anterior. Pero también una sensación de logro por lo que conseguías, por el programa que funcionaba. Sólo hacer el 'Hola mundo' en un nuevo lenguaje o entorno era altamente satisfactorio pero, mucho más allá de eso, conseguir realizar eso que te habías imaginado y que inicialmente no sabías cómo llevar acabo, como personalmente me sucedió en los casos que he relatado de los gráficos o la música, pero que en realidad fueron muchos más, era una sensación de emoción y plenitud extraordinarias.


Descremado


Con el tiempo, el desarrollo de software, los lenguajes y, sobre todo, las herramientas y entornos de desarrollo han evolucionado y crecido, en busca de hacer esa tarea mucho más fácil y mucho más productiva.

Esa mayor facilidad y productividad, que tiene todo el sentido del mundo desde un punto de vista de negocio, creo que, sin embargo, de cara al desarrollador, al profesional y sobre todo la persona 'desarrollador', ha supuesto una forma de 'descremado', de eliminación de parte de las esencias y diría que encantos, de lo que inicialmente fue el desarrollo de software y también de las exigencias y cualificación requeridas. 


Un gran paso de 'descremado': 'low-code' y 'no-code' 


Esa evolución hacia la simplificación y la productividad ha sido continua y ha adoptado muchas formas, empezando por el uso de lenguajes de alto nivel frente a ensambladores, la creciente existencia de librerías de componentes reutilizables incluyendo componentes gráficos, etc

Pero quizá un gran salto en el 'descremado' lo hayan supuesto los entornos 'low-code' y 'no-code' que, como su propio nombre indica, apuestan por disminuir e incluso eliminar el código fuente, convirtiendo el desarrollo de software en el uso de herramientas normalmente semi-gráficas, con plantillas y componentes reutilizables y donde se desdibuja la idea de código.

Y tanto se desdibuja que incluso Microsoft acuñó hace unos años el término 'Citizen developer' para designar a un desarrollador no profesional o no especializado, es decir, personas que sin formación en informática ni programación, personas pertenecientes quizá a departamentos de ventas o recursos humanos, capaces de construir sus propias aplicaciones. 

Aunque en teoría los elementos de motivación que describí en la sección anterior podrían mantenerse, tengo la sensación de que lo hacen en una medida mucho menor. El reto es menor, puesto que el entorno es mucho más sencillo, aunque siempre hay trucos y aspectos avanzados y el descubrimiento es limitado y, por tanto, la sensación de maestría, aunque calculo que existe, también es menor.

Sólo albergo alguna duda en cuanto a la sensación de logro. Calculo que inicialmente, o cuando utiliza una de estas herramientas un auténticos 'citizen developer' sí puede existir esa sensación de logro, acentuado por el hecho de que, al ser herramientas muy productivos se pueden conseguir aplicaciones muy interesantes. Pero también imagino que esa sensación de logro debe de disminuir a medida que el desarrollador se acostumbra y todas las aplicaciones comienzan a parecerse entre sí.


El desarrollador en tiempos de inteligencia artificial


Y ahora llega la inteligencia artificial a irrumpir, y de qué manera, en el campo del desarrollo software.

Por un lado, tomando la forma de asistentes integrados en los entornos de desarrollo, tradicionales y 'low-code'. Asistentes que te sugieren qué hacer, crean secciones de código (o de flujos en ciertas herramientas low-code), depuran ese código o te hacen sugerencias de depuración.

Por otro lado, como una especie de entorno completo o casi completo de desarrollo donde el no sé si seguirle llamando desarrollador, pide en lenguaje natural lo que quiere, incluyendo entornos que prometen la capacidad de crear aplicaciones completas a partir de 'prompts'.


La motivación del desarrollador en tiempos de IA


Actualmente hay preguntas y debates acerca del propio futuro del desarrollador como puesto de trabajo o categoría profesional, sus perspectivas de empleo y si, incluso, desaparecerán.

Pero ahora me enfoco desde el punto de vista de la motivación. 

Parece que cuando te apoyas en IA de forma masiva para desarrollar, queda en cierto entredicho cuánto aportas tú realmente, cuánto hay de reto,  cuánto de descubrimiento o cuánto de maestría.

Tiendo a pensar que, de forma similar a lo que comentaba en el caso del 'low-code', algunos restos pueden quedar de los antiguos elementos de motivación. Al fin y al cabo, todavía hay que saber definir la solución y hay que saber proporcionar los prompts adecuados. Quedan vestigios de lo que, al menos en mi caso personal, eran los elementos de motivación, pero me parece que no son comparables en cuanto a intensidad.

Y planteo de nuevo lo relativo al logro. Por una parte, me parece que en cuanto a la aportación a la persona, se consigue mucho menos, que la persona se desarrolla menos y consigue menos para sí misma, pero es cierto que el desarrollo apoyado en IA, o incluso completamente hecho por IA, puede permitir conseguir cosas impresionante en poco tiempo. Puede ser enormemente satisfactoria en cuanto a logro entendido como resultados conseguidos. Y eso sí que puede ser un fuerte elemento de motivación.

Quizá, es que más que de desarrollador, convenga hablar de creadores de soluciones. Quizá es que los elementos de motivación que describía más arriba se centraban más en el propio proceso de creación del software y ahora haya que centrarse más en el producto final, en los resultados, en lo que se consigue.

No sé, se mueve todo tan rápido que es difícil llegar a conclusiones sólidas y, además, la motivación es algo tan personal que no creo que se deba pontificar demasiado al respecto.

Me encantaría saber lo que piensan desarrolladores jóvenes actuales, cuáles son sus factores de motivación y si este desarrollo apoyado, o incluso hecho completamente con IA, les proporciona motivación o no, y en caso afirmativo, con base en qué factores.


Conclusiones


El desarrollo software ha evolucionado muchísimo a lo largo de los años, siendo especialmente relevante la explosión de la inteligencia artificial como ayudante, e incluso casi sustituto, del desarrollador tradicional.

Si, al menos para mí, el desarrollo software ofrecía como elementos de motivación el reto, el descubrimiento, la maestría y el logro ¿Cuáles son los elementos de motivación para un desarrollador actual muy apoyado en IA? ¿Son los mismos? ¿Son otros? ¿Existen?


martes, 19 de mayo de 2026

Figure 03, el caso de negocio y la credibilidad de los robots humanoides

Para cualquiera que me siga en mis medios digitales, no es nada oculto que me fascinan los robots.

Me han fascinado desde pequeñito, desde que leí los primeros relatos de robots de Isaac Asimov. Me fascinaron de adolescente o adulto joven cuando los estudié como parte de la asignaturas, no sé si de 'computadores' o 'regulación automática de mi carrera en Ingeniería industrial

Y me han seguido fascinando desde todos los puntos de vista incluido el ético, que he desarrollado por estudio propio y por mi actividad en OdiseIA (Observatorio del Impacto social y ético de la Inteligencia Artificial) al frente del área de Relación Robots-Personas.

Así que no he podido dejar de asistir embelesado, a la par que reflexivo, a la explosión de los robots humanoides en medios y, cada vez más, en experiencias reales.

Sin embargo, sí que he abrigado alguna duda en bastantes momentos sobre sus plazos de adopción, casos de uso e impacto reales en la industria, en los negocios y en el ámbito doméstico.

Y por ello, ya en este blog he dedicado una serie de posts a especular sobre ellos. En concreto, en Marzo del año pasado, realicé una especulación sobre un eventual mercado para los robots humanoides que recogí en tres artículos:



Recientemente, uno de los actores que más están dando que hablar en el mundo de los robots humanoides, Figure, con su robot Figure 03 (F.03), ha saltado a los medios por una experiencia compartida en vivo por YouTube.

Y esa experiencia me hace revisitar algún aspecto de la visión de negocio de los robots humanoides.


La experiencia de Figure 


La experiencia de Figure consiste en que ha puesto un equipo de robots Figure 03 trabajando ininterrumpidamente (el equipo, aunque los robots se turnan) en una tarea simple del sector logístico y en competencia con un equipo de personas humanas.

No he visto la descripción de la tarea (que seguramente esté en alguna parte y no difícilmente accesible) pero sólo con observarlo unos minutos creo que se deduce: al robot (o humano), le llegan por una cinta transportadora paquetes. Estos paquetes se presentan en dos formatos: por un lado lo que parecen unas bolsas de plástico de tamaño bastante uniforme, y, por otra, cajas de cartón de diversos tamaños.

Las bolsas o cajas contienen algo en su interior que parece bastante ligero. Y tanto las bolsas como las cajas llevan pegada una etiqueta de cierto tamaño.

Lo que hacen los robots (o los humanos) es, simplemente, colocar tanto bolsas como cajas de forma que la etiqueta quede en la parte inferior, mirando hacia abajo, y luego empujan a la bolsa o caja para que siga su camino por la cinta transportadora.

Imagino que, en una línea de producción, más adelante hay algún lector de esas etiquetas (quizá otro robot) que necesita que éstas se encuentren boca abajo

En el momento que esto escribo, aunque se puede ver todavía la emisión en directo, creo que no existe un vídeo ya grabado, así que adjunto un vídeo anterior de Figure en que se ve a un robot haciendo una tarea similar.



Y, en el momento en que esto escribo, el equipo de robots lleva trabajando 6 días consecutivos (en concreto, 140 horas) y clasificado más de 175.00 paquetes.

Cuando vi a los robots, me quedé con la idea de que era una tarea artificial, de laboratorio, sólo para poner a prueba algunos aspectos de los robots.

Tras ver un video de los humanos haciendo la misma labor, empiezo a tener alguna duda de si se trata de una actividad artificial o, realmente, en centros logísticos hay personas haciendo exactamente esto o algo muy parecido.


Razonamientos sobre la proposición de valor


Cuando hace ya más de un año especulé sobre la proposición de valor de los robots humanoides, aportaba como un factor a su favor, la versatilidad y, como posibles factores en contra hablaba del coste, de la madurez tecnológica y del valle inquietante.

Dejo para más abajo el razonamiento sobre versatilidad y coste, pero quiero hacer un par de observaciones sobre los otros dos puntos.

En cuanto a la madurez tecnológica, creo que esta demostración muestra que, aunque quizá todavía para ciertos casos de uso aún nos falte un tantito, existen algunos otros casos de uso, como éste, en que ya es suficiente o estamos muy cerca con la capacidades actuales de robots humanoides.

He oído que el equipo de robots cometió más errores que los humanos (aunque desconozco las cifras) pero, con base en lo que he podido observar personalmente en la emisión en directo, está claro que los robots cometen pocos errores. Esto quiere decir que, a poco que se mejore el algoritmo o se les entrene más, pueden estar al nivel humano o superior. Es más, especulo que si ponemos a dos equipos de robots en serie, haciendo lo mismo, la tasa de errores será mínima, aunque eso duplicaría el coste.

Y, si eso es así, si los robots son capaces de realizar la tarea razonablemente bien, y si es una tarea real, sólo hay que razonar el aspecto económico que viene luego.

En cuanto al valle inquietante, observo que el diseño de Figure, como el de Optimus, como el de Atlas  y como, en general, el del resto de propuestas de robots humanoides, lo evitan claramente. Aunque el robot es humanoide, no tiene cara ni intenta extremar para nada el parecido con un humano. Es decir, evitan el valle inquietante, lo que tiene mucho sentido.


Razonamientos sobre el mercado y el sector industrial


En cuanto al mercado (segmentos de cliente), entre los que consideraba hace un año, mostraba alguna reserva con el sector industrial, sobre todo porque pensaba (en el fondo todavía tengo alguna reserva) si para ese entorno no pueden ser más adecuados los robots industriales más clásicos.

Estrictamente hablando, la demostración de Figure no es del sector industrial, sino del logístico, pero no parece un escenario demasiado alejado de casos de uso industriales, aunque, en el caso de esta  demostración se centre en un caso extremadamente simple y la manipulación industrial muchas veces sea más compleja.

Lo que me pregunto, y no sólo desde la mera capacidad, sino desde factores más de negocio, si esta misma tarea no la podría realizar, por ejemplo, un 'simple' cobot.


Razonamiento sobre el caso de negocio


Pero quizá, lo más interesante, me parece, es razonar sobre el caso de negocio, es decir, sobre los aspectos económicos del mismo. La verdad es que los precios de los robots humanoides no se publican demasiado. Creo que, en parte, es porque los mismos fabricantes están intentando decidir su precio y, por otro, porque, en general, son altos y no les conviene mucho publicitarlos.

Desde luego, hay que pensar en varias decenas de miles de dólares o euros.

No veo en la web de Figure el precio de su robot Figue 03, pero en humanoid.guide aparece un precio de 130.000$. Sin embargo, en más de un sitio he visto declaraciones de precio objetivo (insisto que es un precio objetivo) para robots humanoides de en torno a los 20.000$ - 30.000$.

En la demostración que vemos, el equipo de robots sustituye a humanos que, entiendo, por el tipo de tarea, no serían muy cualificados y no cabría esperar una remuneración muy alta. ¿Podríamos pensar, por poner números redondos, en un coste del humano de 25.000$ - 30.000$ anuales?

Dado que el robot trabaja 7x24, podríamos decir que sustituye a tres turnos de trabajo humano (es decir, entre 75.000$ y 90.000$ anuales). Pero es cierto que, también, se necesita más de un robot (aunque sólo sea para que recarguen baterías). De todas formas, si este escenario se reprodujese a escala, creo que podríamos despreciar el tiempo de recarga (podría haber muy pocos robots recargando mientras el resto trabaja) con lo cual, en media, saldría poco más que un robot por línea de producción, es decir, poco más de un robot por cada tres humanos. Es decir, no creo nos equivoquemos demasiado si pensamos en que un robot sustituye, casi, a tres humanos.

Digamos, por ejemplo, que sustituye a 2,5 humanos, es decir, ahorra unos 200.000$ al año. Aunque ahora mismo este análisis tan a 'bote pronto' no parece ni mucho menos definitivo (habría que considerar más costes y circunstancias), sí parece que en menos de un año, el robot podría estar amortizado. ¿Cuánto es el tiempo de vida de un robot humanoide? No he oído ninguna referencia al respecto, pero parece razonable pensar que nos situamos en el orden de varios años.

No quiero, ni mucho menos, trasladar esta conclusión como rigurosa, ni definitiva, pero sí parece que los números pueden empezar a salir.


Versatilidad y economías de escala


Y es el momento de recordar el tema de la versatilidad.

La versatilidad de los robots humanoides, su capacidad para ser empleados en casos de uso muy diferentes, les facilita el llegar a alcanzar despliegues masivos y, sobre todo, producciones masivas que, con las curvas de aprendizaje y economías de escala que eso supondría, parece que hacen pensar en una bajada muy relevante del precio, quizá hasta esos 25.000$ o 30.000$ que se plantean como objetivo.

Y, en ese escenario, y a falta de análisis más detallados y rigurosos, creo que el caso de negocio sale sobradamente positivo.  

Hay una regla muy sencilla: si valoramos en 25.000$ o 30.000$ la remuneración de un trabajador poco cualificado, y se llega a conseguir que ese sea, precisamente, el coste de un robot humanoide, tenemos un 'coste similar' de robot y humano, pero con dos particularidades a favor del robot:


  • Por un lado, que un robot puede trabajar en 7x24 o casi, es decir, que casi sustituye a tres trabajadores (en tareas en que realmente sea aplicable un trabajo continuo)

  • Que el coste del robot es una inversión, que aplica el primer año. Aunque posteriormente sea preciso asumir costes de mantenimiento, los costes en años posteriores parece que deben ser mucho más bajos que el primero y eso mejora aún mucho más el caso de negocio


Según eso, parece que, si se alcanza realmente el coste objetivo de los 25.000$ 30.000$ en el robot humanoide, creo que el caso de negocio va a ser muy rentable.

Insisto en que estas son valoraciones 'a vuela pluma', no un análisis riguroso, así que no quiero que se entienda como una conclusión definitiva.

Sí me quedo con las ganas (a ver si en algún momento lo hago) de estimar cómo veríamos este caso de negocio si, en lugar de un robot humanoide, usásemos un robot industrial tradicional o, casi mejor, un cobot.


La credibilidad


Pero hay algo que quiero sacar en conclusión de todo esto, y es lo relativo a la credibilidad de las robots humanoides.

Una demostración como la de 'Figure 03', en directo, durante muchos días, es una prueba de que estamos ya más allá de los meros vídeos demostrativos, y que, aunque aún se produzcan errores, aunque aún haya muchas cosas que afinar, el funcionamiento de los robots humanoides empieza a ser ya una realidad, y que empieza a ser bastante creíble su viabilidad técnica para muchos casos de uso.

Y, por otro lado, y a falta de cierta estabilización de mercado (me refiero en realidad a estabilización de costes y precios), empieza a ser creíble que los casos de negocio puedan salir y que el uso de los robots humanoides pueda llegar a ser (o sea ya en algunos casos) económicamente rentable.

No obstante, aún nos queda mucho que ver, y creo que, de hecho, veremos mucho en los próximos meses.


Conclusiones


Aunque los robots humanoides aún están en evolución tecnológica y no completamente maduros, demostraciones como las de Figure 03 empieza a hacer creíble que los robots humanoides pueden cubrir con éxito casos de uso reales y que pueden ser económicamente rentables.