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lunes, 1 de octubre de 2012

Las razones del blogger según Dan Ariely: bloguear para darse el gusto.


Dan Ariely ha dedicado gran parte de su vida al estudios en el campo del comportamiento y la denominada economía conductual, reflejando algunos de sus hallazgos en dos besteller que, en español se han traducido (creo que con poca fortuna) como 'Las trampas del deseo' y 'Las ventajas del deseo'.

Ariely hace experimentos descubriendo patrones de comportamiento poco racionales pero previsibles (en el sentido de que los reproducimos una y otra vez) especialmente en lo relativo a comportamientos de compra pero, en realidad, en muchos otros aspectos.

En el segundo de los libros mencionados 'Las ventajas del deseo' y cuya lectura he finalizado hace unos semanas, dedica un apartadito, cierto que bastante secundario, a razonar sobre los comportamientos que mueven a escribir a los bloggers. Y lo hace en el contexto de un capítulo en el que, entre otras cosas, concluye que para los seres humanos es muy importante que nuestro trabajo tenga sentido, que aunque se nos remunere bien, si no le vemos el sentido al trabajo que realizamos, nos desmotivaremos y tendremos un peor desempeño.

¿Y qué nos dice Ariely al respecto?

Pues, básicamente, que se bloguea, que blogueamos, simplemente, para darnos el gusto. Y ese darse el gusto, Ariely lo ve en dos dimensiones. La primera que afecta sólo al bloguero, el placer de tener una audiencia. Así lo dice:

En primer lugar [los blogs] proporcionan la esperanza o la ilusión de que alguien más leerá lo que escribimos. Pues en el momento en que el bloguero pulsa el botón 'Publicar', el blog puede ser leído por cualquier individuo del mundo, y con tantas personas conectadas a la red seguro que alguna , o más de una, acabará topando con el blog. Además, las estadísticas del número de visitas resultan un ingrediente muy estimulante en la blogosfera  porque permiten al bloguero saber exactamente cuántas personas han visto finalmente su texto.

El segundo punto lo comparten los blogueros y sus lectores: la posibilidad de dialogar.

Los blogs también proporcionan a los lectores la posibilidad de dejar sus impresiones o comentarios , lo cual resulta gratificante tanto para el bloguero, que dispone de una audiencia tangible, como para el lector-escritor. La mayoría de los blogs tienen muy pocos lectores [...] pero incluso escribir para una sola persona, comparado con escribir para nadie, parece bastar para que millones de individuos se animen a mantenerr un blog.

No es de las opiniones ni más profundas ni más inspiradoras sobre los fenomenos sociales en general y el blogging en particular, pero dada la resonancia del personaje que vierte la opinión, dada la autoridad que le confiere ser un especialista del campo de la economía conductual, y dado que, además, él mismo es blogger (podéis encontrar su blog en danariely.com), he creído interesante reflejar aquí su pensamiento y unirlo al de artículos precedentes en que recopilo opiniones de grandes personajes acerca de lo que nos mueve a participar en social media.

Abajo consigno los artículos que en este blog han tratado esa temática.

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viernes, 28 de septiembre de 2012

La Tercera Revolución Industrial de Jeremy Rifkin

Nunca había sentido un especial interés, a pesar de la innegable importancia del asunto, acerca del cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles, las energías renovables o, en general, los aspectos de la sostenibilidad relacionados con un uso responsable de la energía, hasta que leí este libro: 'La tercera revolución industrial' de Jeremy Rifkin.

Tampoco hasta ahora había encontrado, lo cual no supone necesariamente que no exista, un planteamiento cohesivo y creíble acerca de cómo afrontar el problema de la sostenibilidad energética y cómo responder al agotamiento del petróleo.... cosa que sí he creído encontrar en la obra de Rifkin.

El planteamiento de Jeremy Rifkin es, en esencia, el siguiente:

Todas las revoluciones industriales se han visto caracterizados por la unión de una tecnología energética y una de comunicaciones. En el caso de la primera revolución industrial fue la unión la máquina de vapor como tecnología energética con la imprenta como herramienta de comunicación. En el de la segunda, la máquina de combustión interna basada en el petróleo y los combustibles fósiles como tecnología energética y la distribución eléctrica como tecnología de comunicación. La tercera revolución industrial aúna las energías renovables (solar, eólica, biomasa, etc) con Internet o una red eléctrica basada en los principios de Internet.

Rifkin considera como un hecho innegable el agotamiento de los combustibles fósiles, que el hallazgo de nuevos yacimientos no puede hacer otra cosa que retrasar ligeramente. La respuesta, tanto para conseguir una energía virtualmente inagotable, como para lograr eliminar los efectos climáticos y medioambientales, está en las energías verdes y renovables: solar, eólica, mareomotriz o biomasa.

Sin embargo, este tipo de energías tienen alguna característica que las hace diferentes de las tradicionales basadas en combustibles fósiles o, incluso, de la nuclear. Por un lado, son energías 'intermitentes', es decir, no existe una producción continua y fácilmente gestionable, sino que depende de efectos ambientales como el mayor o menor número de horas de sol o de ráfagas de viento. Además, son 'distribuidas', es decir, aunque es posible construir, por ejemplo, parques solares o eólicos, lo cierto es que no es viable construir infraestructuras centralizadas basadas en estas energías de suficiente tamaño como para satisfacer unas necesidades globales.

Por eso, a las nuevas energías renovables, Rifkin une el concepto, y parcialmente la tecnología, de Internet y aboga por un modelo distribuido que recuerda, en cierto sentido, al crowdsourcing y la colaboración 2.0. Se trata de que todas las casas se conviertan en pequeñas minicentrales solares, eólicas, etc, que puedan autoabastecerse total o parcialmente. Cuando su propia generación sea insuficiente, obtendrían energía adicional de la red eléctrica y, por el contrario, cuando presenten excedentes, lo entregarían a esa misma red eléctrica. Esto, sin embargo, precisa un nuevo tipo de red eléctrica, la red eléctrica inteligente o smartgrid basada en Internet.

Coche de hidrógeno
No olvida Rifkin, tampoco, la problemática del transporte, muy en especial de los coches. Por ello, apuesta también por los coches eléctricos y el desarrollo de tecnologías de almacenamiento, basadas en la tecnología del hidrógeno o similares para aumentar la autonomía.

Con todo ello, el modelo de energético-industrial de Rifkin, se apoya en cinco pilares:
  • Energías renovables
  • Transformación de edificios en microcentrales
  • Despliegue de la tecnología del hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento energético
  • Redes inteligentes de energía (smartgrids)
  • Despliegue de una flota de vehículos eléctricos
El libro 'La tercera revolución industrial', explica estos principios pero, en realidad es más, como el propio autor indica, un relato de sus esfuerzos y trabajos por comunicar, extender e implantar este modelo.

El libro se compone de nueve capítulos agrupados en tres partes.

La primera parte 'LA TERCERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL' es la más teórica (si es que se puede aplicar el adjetivo de teórico a este libro) y en ella se explican las negativas consecuencias medioambientales del uso masivo de combustibles fósiles y se razona sobre su inevitable agotamiento y la necesidad de encontrar alternativas. Además, y mucho más importante, en esta parte se explica el modelo de la tercera revolución industrial y se incluyen referencias a algunos proyectos y experiencias reales en que el autor ha estado involucrado como el de Roma, Mónaco o San Antonio.

La segunda parte, 'EL PODER LATERAL', comienza razonando cómo el sistema energético ha condicionado el modelo económico y social actual y así la centralización de las fuentes de energía ha llevado a la concentración de poder en grandes empresas pero cómo también, el nuevo modelo energético, alineado con la cultura de Internet, deriva hacia la emergencia del poder lateral, de las personas, y de un capitalismo distribuido. Luego pasa revista a sus contactos con grandes líderes mundiales y su actitud ante el modelo de la tercera revolución industrial. En este recorrido aparecen José Luis Rodríguez Zapatero, Angela Merkel, David Cameron o Barack Obama. En el último capítulo de esta parte, Rifkin razona en el sentido de la concentración de actividad económica a nivel de continentes, más que a nivel país o a nivel global. Por ello habla de una continentalización.

Finalmente, en la tercera parte, 'LA ERA COLABORATIVA', algo más ecléctica, apuesta primero por una nueva teoría económica en que se revisen, por ejemplo, el concepto de propiedad o el de capital. En el penúltimo capítulo, revisa implicaciones del modelo para la educación de los jóvenes y finaliza, en el último capítulo, apostando por la colaboración y por una nueva concepción del trabajo que, ante la escasez de empleo tradicional, se vuelque más hacia el trabajo social, hacia el tercer sector.

'La tercera revolución industrial' es un libro muy interesante y estimulante, especialmente por el modelo energético que propone y por el estilo ameno del autor. Adolece, sin embargo y en mi opinión, de cierta falta de concreción acerca de cómo implementar el modelo, del estado del arte tecnológico actual, y de su viabilidad técnica y económica. Por otro lado, creo que también se recrea en exceso en explicar sus propias experiencias y conversaciones con líderes diversos o en foros de todo tipo en detrimento de una mayor explicación de conceptos.

Con todo, el modelo propuesto es tan sugerente, tan en apariencia brillante, que vale la pena leerlo y aumentar con ello nuestra esperanza y esfuerzos en pos de un mundo más limpio, justo y sostenible.

Jeremy Rifkin

(Denver, 1943) Economista estadounidense, uno de los más influyentes por su análisis crítico, desde una perspectiva progresista, de la nueva economía global. Jeremy Rifkin nació en Denver, Colorado, en 1943, aunque creció y se educó en la gran metrópoli de Chicago. Hijo de una acomodada familia de clase media, tuvo la oportunidad de asistir a las mejores escuelas, en las que recibió una educación que posteriormente le permitió «conseguir el ticket», tal como suelen decir los estadounidenses para referirse a los privilegiados ciudadanos que tienen la posibilidad de acceder a una buena universidad y entrar en el elitista sistema del país.

Ya en su infancia y en su primera adolescencia el pequeño Jeremy solía pasar las horas mirando con atención a su alrededor, regañado a menudo por su exigente padre, que se desesperaba ante la aparente pasividad de su pensativo y abstraído hijo, al tiempo que lo apremiaba para que dedicara su tiempo a hacer algo de provecho.

Estudiante metódico y ordenado, el joven pronto destacó en las asignaturas relacionadas con las matemáticas y las estadísticas, lo que le llevó a elegir la carrera de economía en la selecta Escuela de Economía y Comercio de Wharton, adscrita a la Universidad de Pensilvania, la mejor de Estados Unidos, según afirmó años después el propio Rifkin en más de una entrevista.

La entrada de Estados Unidos en la guerra de Vietnam le hizo desviarse del camino previamente marcado por su posición socioeconómica, y el inquieto estudiante se encaminó hacia un activismo militante en la izquierda estadounidense. Admirador declarado de las obras de pensadores como Herbert Marcuse, Wilhelm Reich o Carl-Gustav Jung, en 1967 decidió organizar junto a otros compañeros de facultad varios actos de protesta contra la guerra.

Activo miembro de varios movimientos pacifistas, fue uno de los fundadores de una comisión de ciudadanos que pretendió llamar la atención contra los crímenes de guerra cometidos por los soldados de su país en el frente. La incursión del crítico intelectual en política no le impidió acabar de manera brillante sus estudios de economía, que amplió con un máster en relaciones internacionales y un trabajo de investigación sobre la influencia de la evolución tecnológica y científica en la economía, el trabajo, el medio ambiente y la sociedad en general, el primero que realizó en este campo.

Concluido su período de estudios universitarios, Rifkin empezó a escribir ensayos y artículos sobre ética económica. Decidido a combatir en favor de los derechos humanos, en 1971 creó, junto a varios compañeros, la People’s Bicentennial Commission (PBC) de Estados Unidos, con el fin de promover una celebración contracultural alternativa a los actos oficiales de la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Estados Unidos organizados por el gobierno de Richard Nixon.

Ese mismo año, participó en la fundación del grupo de izquierdas New American Movement (NAM), desde el que promovió la formación de un foro de debate alternativo en el que se establecían grupos de trabajo que reflexionaban sobre los cambios políticos, sociales y económicos. Por aquel entonces, Rifkin ya estaba convencido de que la tecnología y el progreso científico debían tener como fin último el bienestar de las personas.

A caballo entre sus residencias en Washington y Filadelfia conoció a Carol Grunewald, una intelectual con la que acabó compartiendo algo más que las ideas progresistas que les unían y que con el tiempo se convirtió en su esposa. Ella, con quien Rifkin solía mantener largas disertaciones, destacó entre las colaboradoras que en 1977 le ayudaron a crear la Foundation on Economic Trends (FET), con sede en Washington, un organismo de estudio de los efectos del progreso científico y tecnológico en la coyuntura socioeconómica, en general, y el empleo, en particular.

Pese a que Rifkin carecía de una formación científica específica, decidió luchar contra los nocivos efectos de los avances biotecnológicos en la sociedad, como los trastornos genéticos producidos en los alimentos, y reclamó el establecimiento de unos estrictos controles gubernamentales sobre dichos experimentos. Se opuso a un microbio sintético que en teoría protegía a las plantas de las heladas y a la producción de una bacteria que se destinó a limpiar las áreas contaminadas por las mareas negras provocadas por vertidos de petróleo. Tiempo después se demostró que las dos cosas eran perjudiciales para el medio ambiente.

Pensador heterodoxo con una notable capacidad oratoria, que le permitió atraer hacia sí a grupos a priori irreconciliables, Rifkin logró unir en la década de los ochenta a sindicatos de agricultores, ecologistas y defensores de los animales contra las pruebas científicas para crear nuevas razas de animales, así como a los seguidores de las más diversas doctrinas religiosas contrarias a los ensayos genéticos.

Sus esfuerzos no fueron en balde y, en 1987, obligó al Congreso de Estados Unidos a reexaminar sus planes concernientes a las pruebas con animales. Durante la guerra del golfo Pérsico -y aun después de concluida ésta- criticó duramente la intervención del ejército de su país y las nefastas consecuencias ecológicas que tuvo el conflicto en aquella parte del planeta.

En 1994, el reconocido ensayista, autor de libros como 'Entropía', comenzó a impartir clases a ejecutivos en su antigua escuela universitaria de Wharton, al tiempo que era invitado a impartir conferencias en universidades de todo el mundo sobre las nuevas tendencias en ciencia, tecnología y economía global. Pese a trabajar como asesor de la administración de Bill Clinton, en concreto de su vicepresidente Al Gore, en temas económicos relacionados con la ciencia y la tecnología, fue capaz de llevar a los tribunales a varios empresarios y científicos relacionados con investigaciones que plantean dudas sobre su impacto ambiental, como los problemas que causan los alimentos transgénicos a la salud humana.

Ha escrito 14 libros sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la economía, en la sociedad y el medio ambiente; son obras que han sido traducidas a 15 idiomas. Pese a oponerse de un modo reiterado al pensamiento capitalista dominante, el profesor Rifkin se define a sí mismo como un ser contradictorio, capaz de trabajar como consultor para algunas de las empresas más grandes de su país y, al mismo tiempo, dar conferencias y escribir libros en los que predica unos ideales progresistas.

Jeremy Rifkin con José Luis Rodríguez Zapatero
Conocido sobre todo por su libro 'El fin del trabajo' (1995), éxito de ventas y punto de referencia en los debates políticos y académicos, en el que anticipaba el despido en masa debido al advenimiento de una etapa marcada por el paro, como consecuencia del avance tecnológico, en 2001 publicó 'La era del acceso'. En él reflexiona sobre los cambios sociales y culturales a que dará lugar la generalización de las nuevas tecnologías. Según Rifkin, la irrupción de herramientas como Internet consolidará una lógica económica en la que el individuo deberá pagar por el acceso a la práctica totalidad de las actividades que realice fuera del entorno familiar. Dentro de esta lógica, los individuos, en vez de acumular bienes, tenderán a alquilar servicios. Ello comportará el fin de la era industrial y una completa transformación de las actuales estructuras laborales y sociales.

Asesor de varios jefes de Estado y empresarios, Rifkin es un personaje influyente en la toma de decisiones políticas de los gobiernos estadounidenses, al tiempo que no duda en exigir que se apliquen medidas de control para proteger a la humanidad de los efectos nocivos producidos por los experimentos científicos. Mientras reflexiona junto a su mujer Carol sobre los próximos ensayos, desde las columnas de periódicos tan prestigiosos como Los Angeles Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung, el políticamente incómodo pensador denuncia a los transgresores de un código ético no escrito y alerta a los lectores sobre los posibles cambios socioeconómicos que nos aguardan. 

Puedes conocer más sobre el autor en la 'Foundation for Economic Trends', la oficina del propio Jeremy Rifkin o bien seguirle en Twitter en la cuenta @JeremyRifkin

Ficha técnica:

TITULO: La Tercera Revolución Industrial.
EDITORIAL: Paidós
AÑO: 2011
ISBN: 978-84-493-2603-5
PAGINAS: 397

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Colaboración y lateralidad en la base de la revolución energética

Nos hemos acostumbrado, aquellos que frecuentamos el mundo 2.0 y los medios sociales, que nos interesamos por el crowdsourcing y la inteligencia colectiva, a entender el poder de las personas y la colaboración como una de las bases de la revolución social de Internet y los cambios culturales y sociales que lleva aparejados.

A lo que quizá no estamos tan acostumbrados es a pensar en la colaboración y la lateralidad (el poder de los individuos) como eje de una revolución industrial y, sobre todo, energética.

Sin embargo, el modelo de la Tercera Revolución Industrial que propugna Jeremy Rifkin y del que ya hemos tratado en algún artículo anterior, se basa en buena parte en estos mismos valores del mundo 2.0 y de Internet

Rifkin entiende que la economía construida alrededor de recursos escasos y concentrados como son los yacimientos de combustiibles fósiles, lleva a modelos de explotación centralizados, en cierto modo autoritarios y basados en un cierto egoismo económico.

Sin embargo, el modelo de la Tercera Revolución Industrial, que se basa en la microgeneración con energías verdes en cada casa, en cada familia, y en la compartición de excedentes a través de una red eléctrica inteligente, es por sí misma descentralizada, colaborativa y, en un cierto sentido, generosa, no acaparadora.

Asi lo expresa el autor:
La naturaleza colaborativa de la nueva economía es fundamentalmente discordante con la teoría económica clásica, que pone especial énfais en un supuesto: el de que sólo el interés propio individual que se manifiesta en el mercado puede impulsar eficazmente el crecimiento económico. El modelo de la Tercera Revolución Industrial prescinde también del tipo de control y mando centralizado que se asocia con las economías socialistas tradicionales de corte soviético. El nuevo modelo favorece las iniciativas laterales tanto en el seno de "ejidos" sociales como en el mercado desde el supuesto de que el interés común perseguido de forma colectiva, es la mejor ruta para alcanzar el desarrollo económico sostenible.

Lo más importante, creo, para una verdadera solución al problema energético es realmente su viabilidad técnica, económica y operativa pero, aún así, es interesante y motivador entrever unos ciertos valores tras esta revolución, unos valores bastante próximos a los de la Internet social...probablemente inspirados en ellos...o quizá ambos casos inspirados por un imperativo común que nace de lo mejor de la naturaleza humana.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Las razones para estar en contacto según Dolors Reig

Encuentro en el libro 'Socionomía' de Dolors Reig una nueva argumentación, una nueva lista de razones que impulsan a las personas a participar en los medios sociales.

Éste es, si mi recopilación no me falla, el sexto artículo en que recojo las opiniones o propuestas de diversos autores más o menos en esta misma línea: intentar entender qué impulsa a las personas a contactar, a colaborar y aportar sin un retorno tangible claro en redes y otros medios sociales.

En el caso de esta psicóloga social, quien primero revisa otras teorías al respecto, sintetiza las posibilidades en tres razones:
  • Comunidad /afecto: basándose en los resultados de una encuesta, apunta la posibilidad de contactar con personas de intereses similares como uno de los motivos para participar en comunidades...y esto incluye comunidades creadas por marcas o con objetivos promocionales.

  • Reconocimiento social: es decir, ganar credibilidad dentro de nuestro círculo social.

  • Aprendizaje (social): un aprendizaje que, citando a Edward Deci, traduce en el deseo de ser autónomos y ser competentes.
Aunque los argumentos se hacen, con matices, más o menos convergentes, seguiré explorando y consignando aquí las explicaciones que a tan sorprendente y esperanzador comportamiento dan diversos autores y pensadores.

De momento, y a modo de resumen, consigno al pie de este artículo la lista de posts relacionados con este tema con todas las explicaciones detectadas hasta la fecha.

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lunes, 10 de septiembre de 2012

Los tres sistemas de consumo colaborativo de Rachel Botsman

Hace unas semanas leí, creo que en Twitter, la recomendación de ver una charla de Rachel Botsman en TED.

Rachel Botsman es una conferenciante y escritora que se ha hecho famosa con sus conceptos sobre el denominado consumo colaborativo... y hace muy poco he visto la conferencia...

La charla es amena e interesante pero de toda ella he querido recoger, siquiera como unas brevísimas notas, un clasificación de esos consumos colaborativos, conceptos que supongo que desarrolla en su libro 'What's mine is yours', el cual confieso no haber leído.


Entiendo que el consumo colaborativo es un tipo de consumo emergente en que el consumidor no se hace con la propiedad, o no la propiedad completa, de aquello que usa o consume sino que de alguna forma comparte los bienes y servicios con otros.


Botsman identifica tres sistemas de consumo colaborativo, que, en la charla, explica aproximadamente entre los minutos 9 y 12.
Son los siguientes:
  • Mercados redistributivos (redistribution markets): en ellos, una vez que un producto no es ya necesario, en lugar de tirarlo a la basura (estilo no colaborativo), se recicla y se pone a disposición de quien sí lo necesita.

  • Estilos de vida colaborativos (collaborative lifestyles): en los que se comparten recursos productivos.

  • Sistemas producto-servicio (product service systems): en que los antiguos productos que se tenían en propiedad se convierten ahora en servicios en los que se paga por su uso o consumo (por ejemplo, en lugar de comprar CDs, se accede, previa cuota, a la música en Internet).
Las ideas de Botsman en general, y estos tres sistemas de consumo colaborativo en particular, parecen interesantes y prometedores y quizá ello sea razón para leer el libro de esta pensadora.

De momento, me limito a dejar un apunte sobre los mismos, y a la propia Rachel Bostman explicándolo en TEDxSidney2010.

martes, 17 de enero de 2012

Colaboración: "Tecnología y estrategia competitiva (III). Estándares y comoditización" para 'A un CLIC de las TIC'"

Mi siguiente colaboración en el blog A un CLIC de las TIC, continúa la serie dedicada a analizar diferentes aspectos de la estrategia competitiva y el papel que la tecnología juega en ella. 

En este caso, en el artículo titulado 'Tecnología y estrategia competitiva (III). Estándares y comoditización' reflexiono sobre el papel que juegan los estándares, si son una suerte de comoditización, si son beneficiosos o perjudiciales para la sociedad en su conjunto y, sobre todo, si permiten todavía a las empresas obtener beneficios de tipo competitivo.

¡No os lo perdáis!

lunes, 2 de mayo de 2011

Lean management, colaboración y el fin de la guerra fría industrial

En ocasiones, probablemente por estrechez de miras, parece como si la eficiencia fuese un asunto que concerniese a cada empresa por sí misma. Más aún, parecería como si la eficiencia e incluso la calidad fuese un problema del área de Operaciones, mientras que otras áreas de la empresa como Marketing, Ventas, RRHH o Finanzas fuesen ajenas a dicha problemática.

Nada más lejos de la realidad.

En lo relativo a la responsabilidad de la eficiencia dentro de una empresa, todas las teorías sobre eficiencia y calidad que conozco ponen énfasis en los procesos extremo a extremo, en la orientación a cliente de dichos procesos y en los equipos multidisciplinares.

Por otro lado, y dado la creciente interrelación entre empresas en la producción de bienes y servicios y la existencia de cadenas de valor compartidas, casi confundidas, rara vez el flujo de valor comienza y finaliza realmente en una única empresa, sino que, en realidad, debería cruzar las fronteras entre corporaciones para obtener un flujo óptimo extremo a extremo.


Sin embargo, esta situación ideal no es demasiado común. James P. Womack y Daniel T. Jones en su libro 'Lean Thinking' ejemplifican esta problemática mediante una analogía con la guerra fría. Así lo cuentan:

"Históricamente las relaciones entre las diferentes empresas dispuestas a lo largo del flujo de valor han sido más o menos parecidas a las de los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Un nivel mínimo de cooperación era necesario para evitar que el mundo saltase en pedazos ... pero la regla operativa era que cada parte trataría por todos los medios de aprovecharse de la otra, con la excepción de la aniquilación mutua.Los participantes en el flujo de valor se comportan a menudo de una forma parecida, cooperando al nivel mínimo necesario para lograr que el producto se fabrique, pero al mismo tiempo conla esperanza de que la ignorancia de las otras partes respecto a sus capacidades y métodos (y su coste) les permitirá obtener el premio gordo...

con frecuencia se oye decir que los proveedores y los clientes participantes de un mismo flujo de valor pueden poner fin a la guerra fría industrial gracias a una aplicación generosa de 'confianza mutua', una expresión que no parece tener mucho sentido práctico
"

Con todo, y a pesar de la pérdida de oportunidad que para los clientes y la sociedad en su conjunto supone esta 'guerra fría industrial', esta falta de colaboración entre empresas, esta falta de auténtica visión extremo a extremo, más triste y más grave es cuando esta guerra fría se produce dentro del seno de una sola empresa en el momento se cruzan fronteras funcionales o departamentales.

¿Cómo finalizar con esta situación? Hacen falta creo, tanto visión como confianza. Visión para entender la importancia de esa colaboración entre departamentos y entre empresas, y confianza para que la colaboracion se produzca sin reticencias y con una compartición transparente de la información necesaria.

Womack y Jones hacen una recomendación en esa línea:

"los estados de guerra sólo pueden terminar cuando las partes implicadas negocien por propia iniciativa un conjunto de principios que guíen su comportamiento conjunto y, a continuación, diseñen un mecanismo de control mutuo de respeto a esos principios"

A falta, quizá, de una visión y sobre todo una confianza profundas, el establecimiento de unas reglas de juego, de los principios y mecanismos de control que mencionan Womack y Jones, puedan hacer el trabajo.

Pero mucho hay de cultiral en esta situación. Queda mucho por hacer en lo que a colaboración, y por ende a calidad y eficiencia se refiere...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La wiki de los átomos

Cuando hablamos de temas como la producción entre iguales, los prosumidores o conceptos similares, parece que, implícitamente, estamos pensando en la economía digital, en lo que se ha dado en llamar la economía de los bits.

Los ejemplos clásicos que ilustran estos conceptos de colaboración incluyen la wikipedia, las comunidades de software libre, las redes sociales, etc. En todos los casos hablamos, de alguna manera, de crear y compartir información, de intercambiar bienes cuyo soporte es más lógico que físico.

Parece que en ese ámbito aplica muy bien la gratuidad y el empuje de Internet, la eliminación de barreras de entrada para la producción y, por tanto, la democratización y fragmentación de esa producción.

¿Son aplicables estos conceptos a la esfera de los bienes físicos, a la fabricación, a la economía de los átomos?

Don Tapscott y Anthony Williams, en su libro 'Wikinomics' contestan a esta pregunta de manera positiva y afirman:

"aunque es cierto que la producción entre iguales resulta idónea por naturaleza para los productos compuestos por bits, no lo es menos que muchos de los atributos y de las ventajas de la producción entre iguales pueden reproducirse también en la fabricación de productos hechos de átomos"

y rematan:

"Cada día que pasa nos acercamos más a una realidad crecientemente colaborativa, diseñando y desarrollando productos físicos en redes de empresas e individuos cada vez más descentralizadas, usando métodos que son cada vez más un reflejo de los utilizados para producir intangibles como el conocimiento. Pronto los métodos colaborativos de los desarrolladores de software libre serán tan trasladables a los automóviles y los aviones como ya lo son a los programas informáticos y las enciclopedias."

Lo cierto es que, tal y como afirman los propios autores, ese concepto de colaboración wiki es más complejo en el mundo de los átomos. Al fin y al cabo, en mayor o menor medida, para producir bienes materiales se precisa una inversión, una planta productiva y unos materiales. Esto supone una barrera de entrada efectiva que, en muchos casos, impide que los individuos de forma aíslada puedan participar con la misma facilidad que en el mundo del conocimiento y la información.

Parece que el concepto wiki de colaboración se aplica mejor, en el mundo de los átomos, entendiéndolo como una colaboración en redes de empresas, más que de particulares. Los autores utilizan como ejemplo principal, el desarrollo del Boeing 787 en que la compañía americana ha constituido una impresionante red mundial de empresas colaboradoras y ha ampliado el concepto tradicional de relación con esas empresas, introduciendo unas enormes dosis de transparencia y delegación.

Creo que la condición para que el concepto colaborativo en la economía de los átomos se extienda a los individuos, es preciso encontrar nichos en que los costes de los elementos de producción, así como de materiales y stock sean mínimos. Uno de estos nichos, un eslabón de la cadena de valor, podría ser el diseño o la simulación utilizando tecnologías de CAD/CAM que, en el fondo, convierten una fase de la producción de átomos, en un microcosmos de bits.

Mientras tanto, mientras esos nichos no se generalicen, la wiki de los átomos seguirá destinada a aplicarse en el mundo empresarial más que el individual aunque, eso si, con un enfoque diferente e innovador, más trasparente y creativo, respecto a las asociaciones de empresas tradicionales.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Principios de economía Wiki

De forma muy parecida a como ocurrio hace aproximadamente un mes con 'Freakonomics', el afamado libro de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, inicio, he iniciado realmente hace unos días, la lectura de otro 'clásico' de la infonomía, de la economía de la era digital.

Me refiero, en este caso, a un libro de título parecido. Se trata de 'Wikinomics' de Don Tapscott y Anthony D. Williams, un libro ligeramente antiguo ya para lo rápido que se mueve el mundo y las ideas en esto de la economía digital (data de 2006) pero que, por lo que llevo leído hasta ahora, parece conservar casi intacta su vigencia y actualidad.

Y como hice en su momento con el libro de Levitt y Dubner, inicio la presumible serie de artículos dedicados a este libro con unos primeros apuntes, unas primeras notas, todavía con escaso comentario, más bien como un mecanismo de estructuración y recuerdo.

Y si el primer artículo de la serie dedicada a 'Freakonomics' se titulaba 'Principios de economía freaky' este se tenía que titular, por fuerza, 'Principios de economía wiki'.

Según los autores, cuatro son los principios de esa Wikinomía, de esa economía 'wiki':
  • Apertura: se trata de que las empresas hagan sus fronteras más flexibles, más porosas, en aspectos como la colaboración con personas y organizaciones externas, la adopción de estándares o la eliminación de la confidencialidad sobre la información corporativa.
  • Producción entre iguales: lo que supone, probablemente no la eliminación, pero sí la relajación de las jerarquías y unos nuevos modelos de producción más colaborativos y menos jerárquicos. El ejemplo paradigmático es el de la Wikipedia cuya semejanza de nombre con el título del libro y el tipo de economía que denomina, no es casual.
  • Compartir: referida muy especialmente a la propiedad intelectual pero que comprende también capacidad informática, ancho de banda o conocimiento científico
  • Actuación global: es decir, reconocer la existencia de un mundo globalizado, 'plano' como diría Thomas L. Friedman, y traducirlo en una gestión de activos personales e intelectuales que trascienda culturas, disciplinas y fronteras. Los autores parecen más partidarios de un 'pensar global y actuar global' que de la forma tradicional del aforismo que recomendaba 'pensar global y actuar local'.
Siete son, además, los mecanismos que los autores proponen a las empresas para enfrentarse a esta 'tormenta perfecta', como ellos mismos la denominan, a que nos arrastra esta 'wikinomía' que combina factores tecnológicos, demográficos y de economía global:
  • Producción entre iguales
  • Ideágoras
  • Comunidades de prosumidores
  • Nuevos alejandrinos
  • Plataformas abiertas
  • Plataformas productivas globales
  • Centros de trabajo wiki
A desarrollar estas siete ideas, que aquí sólo mencionamos, dedican los autores la mayor parte del libro.

miércoles, 23 de junio de 2010

Las razones de la compartición según Chris Anderson

Ya tengo la respuesta, al menos provisional, a lo que anticipaba en el anterior post 'Razones de la aportación y la colaboración 2.0', a saber, las razones que arguye Chris Anderson para compartir y colaborar desinteresadamente en este nuevo mundo 2.0. Esto es lo que dice en su libro 'Gratis':

"Los incentivos para compartir pueden ir desde la reputación y la atención a factores menos mensurables, como la expresión, la diversión, el buen karma, la satisfacción, o sencillamente el propio interés"

Bueno, no es que nos haya desvelado nada excesivamente original...pero ahí queda la respuesta por ahora.

lunes, 21 de junio de 2010

Razones de la aportación y colaboración 2.0

¿Alguna vez os habéis preguntado qué impulsa a tantas y tantas personas a ofrecer contenidos gratuitos en los blogs, a participar de forma anónima en la Wikipedia, a desarrollar SW libre, a publicar presentaciones vía Slideshare o proporcionar valiosos consejos y referencias en foros y redes sociales?

¿Por qué ofrecer y compartir nuestro trabajo y creatividad de forma altruista y gratuita?

Espero obtener más ideas respecto a la gratuidad a través del último (¿penúltimo?) libro de Chris Anderson, pero, de momento, Nicholas Carr nos ofrece una interpretación, la más simple, las más inspiradora: lo hacemos, simplemente, porque nos gusta. Ni más, ni menos. Así lo explica:

"... la principal razón de que la gente contribuya a estos sitios no es diferente de la que existe para que se dediqueen a un hobby o regalen su tiempo a obras benéficas: porque les gusta hacerlo. Les produce una gran satisfacción. La creación es algo que a la gente le gusta de modo natural, mostrar sus creaciones a los demás, hablar sobre sí mismos y sus familias, o formar parte de proyectos comunitarios. En internet no es distinto."

"La descarga de vídeos, la publicación de blogs, la eliminación del código de fuente abierta, la edición de entradas en la Wikipedia, constituyen simplemente nuevas formas de pasatiempo o de obras benéficas que la gente siempre ha realizado además de su trabajo pagado."

Desde luego, es cierto. Ese es un motivo. Quizá el más potente. Quizá el más bello e inspirador.

Aún así, creo que detrás de ese 'querer' se ocultan muchas motivaciones psicológicamente diversas: desde las más intrínsecamente altruistas hasta las más cercanas al alimento del ego. No sé en qué punto de su pirámide lo situaría Abraham Maslow.Puede que, según el individuo, en ese querer intervengan motivaciones de naturalezas diversas que se puedan situar desde la capa de afiliación hasta la de autorrealización, pasando por la de reconocimiento.

¿Y no hay otras motivaciones, probablemente legítimas, pero menos altruistas? ¿Qué tal la aportación como una forma de construir la marca personal? ¿ O como, lo que es casi lo mismo, una forma de marketing? ¿Y como una necesidad percibida de estar presente en la red, como la única manera de realmente 'estar', de ser alguien?

La explicación de Carr es buena...pero creo que hay mucho más que explorar y descubrir.