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lunes, 1 de septiembre de 2025

Riesgo, ley y responsabilidad: reflexiones sobre un caso desgraciado ligado a ChatGPT

La semana pasada cobró relevancia mediática unos hecho desgraciado: la muerte (que en realidad se produjo en Abril de este año) de un adolescente norteamericano, Adam Raine de dieciséis años, y la interposición de una demanda, ésa sí ocurrida la semana pasada, por parte de sus padres, Matt y María, contra OpenAI, indicando que ChatGPT había inducido a su hijo al suicidio y acusando a la empresa de Sam Altman de negligencia y muerte por negligencia.

Tanto la terrible noticia, como los comentarios que he podido leer al respecto me han hecho pensar sobre varios aspectos, que he querido recoger en este post.


A modo de 'disclaimer'


Antes de comenzar, sólo indicar que los temas que voy a tratar en este post son delicados, que probablemente no todos los lectores estén de acuerdo con lo que digo y que, en el fondo, también me falta algo de información.

Invito al lector, pues, a mantener mente abierta y, en el probable caso de que esté en desacuerdo con lo que digo y lo quiera expresar con comentarios, lo haga también desde la prudencia y el respeto.

Indicar, además, y como insistiré luego, que lo escribo en la seguridad de que, al tratarse de un post en español y escrito en España, y del que a propósito he excluido de su título la mención a Adam Raine, su contenido no llegará a las personas directamente afectadas por este caso, y a las que no quiero, evidentemente, causar más dolor. 


Los hechos


No poseo una descripción detallada de los sucedido, sino sólo algunos artículos en prensa como el publicado por la BBC 'Los padres de un adolescente que se quitó la vida demandan a OpenAI, creadora de ChatGPT'.

En esencia se indica que Adam comenzó a usar ChatGPT inicialmente como ayuda en sus estudios y consultas más o menos ligeras sobre sus intereses pero que, poco a poco, se fue adentrando en temáticas más personales, usando a ChatGPT como una suerte de amigo o confidente y llegando a conversar sobre la posibilidad del suicidio. Un suicidio que, finalmente, y desgraciadamente, se produjo.

Se indica también que ChatGPT indujo a Adam a aislarse del resto de sus relaciones humanas, que de hecho al final Adam se pasaba del orden de cuatro horas conversando con ChatGPT y que ChatGPT animó de alguna manera al chico a ese suicidio.

En la demanda interpuesta por los padres contra OpenAI se adjuntan los chats que presuntamente demuestran todo esto.


La responsabilidad legal de Open AI


¿Es legalmente responsable Open AI de estos hechos?

La responsabilidad legal, como es lógico, depende de las leyes y sistema legal aplicable, en este caso el norteamericano, y quién únicamente puede decidir la responsabilidad legal es el juez y/o jurado (si aplica) que se asignen al caso.

No tengo suficientes conocimientos ni legales en general, ni del sistema legal norteamericano en particular, como para asegurar nada, pero la intuición me dice que sí, que Open AI será condenada a indemnizar a la familia Raine y eso lo digo porque, hasta donde se me alcanza, en el sistema legal americano se castiga mucho el daño a terceros y, aunque ahora no soy capaz de recordar un caso concreto, sí he tenido conocimiento de sentencias que obligaban a indemnizar incluso en situaciones que en España consideraríamos casi disparatadas. En cualquier caso, esto es sólo una apuesta mía, nada más.

Además, no creo que Open AI vaya a extremar su defensa, porque, en el fondo, ya ha reconocido algunos fallos y porque, consideraciones éticas y legales aparte, creo que no le conviene

Tampoco me extrañaría en exceso un acuerdo extrajudicial que incluyese la indemnización.

En cualquier caso, todo estos son, como digo, apuestas por mi parte, sin mucha base, y el tiempo y los hechos dirán. 


La responsabilidad moral de Open AI... hasta ahora


Más allá de la responsabilidad legal ¿Qué responsabilidad moral tiene Open AI?

Cuando hablo de responsabilidad me encuentro que la palabra 'responsable' en español abarca demasiado (frente al caso del inglés en que distingue 'responsibility', 'liability', etc).

Voy a plantear dos visiones:

Si hablamos de responsabilidad como rendición de cuentas, como, dicho familiarmente, 'dar la cara', ante la sociedad y ante un juzgado, explicar cómo entrenó a ChatGPT y qué precauciones ha tomado para evitar situaciones como las de este caso, por supuesto que sí tiene responsabilidad.

Si entendemos responsabilidad como 'culpabilidad', creo que eso dependerá de hasta qué punto Open AI fuese conocedora de este riesgo y hasta qué punto fuese diligente en intentar mitigarlo. Y eso, supongo, que se tratará en el juicio por esta demanda, si es que lo hay. Si tomó todas las medidas razonables para evitar este caso y no lo consiguió, creo que moralmente no sería culpable, lo cual no quiere decir que no sea responsable, y aún menos que legalmente no pueda ser acusada e incluso condenada por negligencia.


El interés de Open AI


Decía más arriba, al hablar de los elementos legales, que no pensaba que Open AI fuese a extremar su defensa y que no me extrañaría un acuerdo extrajudicial.

¿Por qué?

Pues porque, y a lo mejor en esto también me equivoco, creo que Open AI no tiene ningún interés en que se produzcan hechos como el desgraciado caso de Adam Rainer.

Por un lado, y aunque es fácil demonizar a una empresa como Open AI en un caso como el que nos ocupa, las empresas en el fondo son personas. No me puedo imaginar a ninguna persona de Open AI, empezando por Sam Altman y siguiendo hasta el último empleado, a los que no les importe, a los que no duela una muerte presuntamente impulsada por su producto estrella. Y tampoco me puedo imaginar que, si son conscientes del riesgo, simplemente 'pasen', si se me permite decirlo de forma familiar. No conozco a Open AI y sus empleados, pero, por principio, confío en ese mínimo de buenos sentimientos,

Incluso si pensamos en Open AI como una organización, como algo abstracto y frío que sólo busca maximizar beneficios, no creo que le convenga para nada la mala reputación que un caso como este le puede acarrear. O peor aún para su negocio, que se empiece a considerar ChatGPT como una aplicación peligrosa cuyo uso hay que limitar o que conviene evitar.

Por eso creo que, aunque supongo que intentará rechazar la idea de negligencia, y aunque supongo que puede luchar por que la indemnización no sea de exageradas proporciones, lo que no creo que luche es por no indemnizar a la familia Raine o por no comprometerse a adoptar nuevas medidas de seguridad en ChatGPT en el futuro inmediato. 


Narrativas equivocadas


Un caso como el de Adam Raine es doloroso, y supone un aldabonazo a las conciencias y una llamada de atención. No sólo eso, reclama acción para que no vuelva a suceder.

Sin embargo, creo que hay que ser prudentes y responsables con los discursos sobre este tipo de situaciones.

Hace pocos días me encontré una publicación del 'Center for Humane Technology' en LinkedIn en que se comentaba brevemente este asunto y, sobre todo, se anunciaba, usando un breve vídeo, un episodio creo que de un podcast.

Y debo confesar que, aunque no voy a dudar de sus buenas intenciones, no me gustó cómo lo planteaban. Así, por ejemplo, en el texto de la publicación en LinkedIn se decía:


The AI preyed on his vulnerabilities, isolated him from his friends, and gave him detailed instructions on how to hurt himself. 


Y, en el vídeo donde se mostraba un breve fragmento de la entrevista a Camille Carton, ésta decía, en un pasaje.


ChatGPT actively worked to displace Adam's real life relationships with his family and loved ones


Destaco dos verbos 'preyed on' y 'actively worked'. Hablar de esta forma de una solución de inteligencia artificial, en este caso ChatGPT, es presentarla como si tuviera alguna forma de personalidad e intención, intención malvada, además.

Seamos claros: ChatGPT no tienen ningún tipo de voluntad ni de intención, En absoluto. 'No sabe' lo que está 'diciendo'. Es meramente probabilista y se guía por lo que el usuario introduce y por el contexto incluyendo el historial de la conversación.

Atribuir, o insinuar, una intención a una solución de inteligencia artificial es alimentar una fantasía y desenfocar el problema.

Otra frase que aparece en el texto de la publicación dice literalmente


what Adam's story reveals about the dark design of today's AI models


No me gusta, en este caso, el uso de 'dark design'. Me parece que está juzgando y condenando, en este caso a Open AI, y atribuyéndole también en este caso, intenciones culpables e incluso delictivas, como si intencionalmente se hiciesen diseños a sabiendas de que son peligrosos. 

Los jueces dictarán si en este caso es así, pero no creo que se deba afirmar a la ligera y además aplicado en general a los modelos de inteligencia artificial.


La responsabilidad de las personas


Lo que escribo a continuación es delicado, y lo hago por un lado desde el respeto y, por otro, y como decía en el 'disclaimer' inicial, en la absoluta confianza de que no será leído por la familia Raine, porque lo último que quiero es hacer ningún tipo de daño. Pero creo que hay cosas que debemos plantearnos.

El caso es que hay otro aspecto, en este caso indirecto, que me sugiere la publicación del Center for Humane Technology que mencionaba antes: aunque no se dice explícitamente: toda la responsabilidad y toda la presunta culpabilidad se descarga en el lado de Open AI.

Y yo me pregunto: ¿Sólo de Open AI?

Existe por un lado la responsabilidad individual. Cada uno de nosotros somos también responsables de nuestro comportamiento y en este caso del uso que hacemos de la tecnología. Aunque sea muy duro decirlo en este caso, quizá el propio Adam debiera haber sido consciente de que no era muy normal estar cuatro horas al día interactuando con ChatGPT, aislándose del resto del mundo y siguiendo su consejo en según qué temas. Debería ser consciente él se lo deberían haber dicho. Es cierto que la adolescencia es un periodo pleno de inseguridades y sin madurez psicológica, pero creo debemos educar y educarnos para ser capaces de gestionar nuestra relación con las tecnologías.

Más importante: ¿Y su entorno? ¿Y sus padres, sus amigos, sus educadores? ¿No notaron nada raro en todo el proceso?

¿Todo el problema fue ChatGPT?

No quiero profundizar más porque creo sólo puede causar dolor, y, en el fondo, lo que quiero decir me parece que queda claro.


Los límites del riesgo


Un poco al hilo de lo anterior, creo que también debemos ser conscientes que casi cualquier actividad humana y, en particular cualquier tecnología, entraña algunos riesgos.

Ir a la montaña tienes sus peligros, y de hecho de vez en cuando tenemos noticias desgraciadas de muertes de montañeros o senderistas. ¿Debemos prohibir la escalada o el senderismo?

Sabemos que los accidentes de tráfico son una de las mayores causas de mortalidad, sabemos que los aviones de vez en cuando sufren accidentes, que los barcos a veces se hunden. ¿Debemos prohibir coches, aviones y barcos?

Por desgracia, pocas cosas hay exentas de riesgo, incluso de riesgo mortal. Y no por ello renunciamos a todo ello.

Lo que es exigible, y también en este caso, es ser metódicos y responsables, identificando riesgos y tomando las medidas para reducirlos a un mínimo razonable y admisible. En el fondo, la presunta culpabilidad de Open AI y su eventual negligencia en este caso, dependerá en buena medida de si puede mostrar o no que realizó un análisis de riesgo suficientemente concienzudo y si adoptó o no las medidas correctoras razonables para mitigarlo. 


El control de sistemas generalistas


Ese análisis y mitigación de riesgos es más claro en soluciones tecnológicas con casos de uso muy acotados.

En el caso que nos ocupa, ChatGPT, el tema me parece más complejo, porque los casos de uso son casi infinitos. Me parece difícil, puede que imposible, prever en todas las formas, en todos los contextos y con todas las informaciones que puede ser usado. Y me parece muy difícil prever todos los comportamientos posibles de un usuario frente a ChatGPT. En el fondo, ese es parte de su valor.

En ese sentido, supongo que, por un lado, hay que intentar estrategias genéricas para eliminar usos indebidos o maliciosos y, por otro, concretar en los casos de uso concretos, conocidos y más peligrosos para tomar medidas mitigadoras específicas. Pero no creo que se pueda prever todo ni eliminar el riesgo de forma absoluta, sólo reducirlo a límites tolerables.

¿Era este caso de uso, el de Adam, algo previsto o no? Hoy en día ya sabemos que, en efecto, usar ChatGPT como una especie de terapeuta psicológico, o confidente, o puede que incluso amigo, es muy común, especialmente entre adolescentes, así que hay que urge tomar medidas protectoras específicas.

¿Era previsible ese uso hace un año o dos? 


La responsabilidad moral de Open AI a partir de ahora


Cuando hablaba más arriba de la responsabilidad moral de Open AI, sobre todo en el sentido de culpabilidad, en cierto sentido lo dejaba en el aire, porque dependía de hasta qué punto Open AI era consciente de este posible uso como confidente e incluyendo la temática de suicidio y si, con lo que se sabía, se habían tomado medidas de mitigación adecuadas.

Pero a partir de ahora ya no hay duda. A partir de ahora esta situación es conocida y está documentada. A partir de ahora Open AI, y quien dice Open AI dice Microsoft, Google, Anthropic, etc, tienen la obligación moral de tomar todas las medidas posibles para que un caso como el de Adam Raine no vuelva a suceder.


Conclusiones


El doloroso caso de Adam Raine, independientemente de cómo termine la demanda, nos ilustra la necesidad de tomar más precauciones, más medidas de seguridad, y puede que regulatorias, en los sistemas conversacionales basados en modelos de lenguaje.

Sin embargo, no conviene recurrir, o al menos esa es mi opinión, a narrativas engañosas, no conviene olvidar que el riesgo es casi imposible de erradicar plenamente y, sobre todo, sobre todo, que jamás debemos de renunciar a nuestro propio juicio y a nuestra responsabilidad personal e individual, en toda nuestra actividad, incluyendo el uso que hacemos de la inteligencia artificial y la tecnología.

viernes, 10 de marzo de 2023

ChatGPT o el panal de rica miel

Es bien conocida la fábula de Félix María Samaniego 'Las moscas', quizá más que por su título y por sus dos primeros versos que nos hablan de un panal de rica miel al que "dos mil moscas acudieron".

Y ante la omnipresencia de ChatGPT en todo tipo de eventos tecnológicos o que guarden algún tipo de relación, aunque sea lejana, con la tecnología, ante la inflación, no sólo de usuarios sino sobre todo mediática que ¿sufre? esta solución tecnológica, he tenido el capricho de hacer alguna reflexión sobre el fenómeno de ChatGPT tomando como hilo conductor la famosa fábula.


La fábula de Samaniego


Este es el texto de la fábula completa:


Las moscas

A un panal de rica miel

dos mil moscas acudieron,

que por golosas murieron

presas de patas en él.

Otra dentro de un pastel

enterró su golosina.

Así, si bien se examina,

los humanos corazones

perecen en las prisiones

del vicio que los domina.


Teniendo esta referencia, veamos alguna reflexión.


El panal de rica miel


Es absolutamente innegable el efecto atractivo que ha tenido ChatGPT. Es evidente que ofrece una miel rica, muy rica.

Pero ¿por qué la miel de ChatGPT es tan rica?

Desde un punto de vista técnico, tengo que decir, que es todo un alarde, que pese a las limitaciones evidentes que exhibe a poco que 'se rasque', demuestra un grandísimo avance en lo que tiene que ver con procesamiento del lenguaje, aunque lo trasciende para hacer visible el poder transversal de la inteligencia artificial generativa basada en la arquitectura transformador y grandes modelos de lenguaje. Sin embargo, aunque personalmente eso me interesa muchísimo, me inspira, me alienta, y aumenta mi confianza no sólo en la tecnología, sino principalmente en el ingenio humano, para ser sincero, no creo que eso sea lo que atrae realmente a 'dos mil moscas'.

Ese atractivo generalizado tiene que ver con otros factores como, por ejemplo, la enorme simplicidad de su uso y acceso que lo pone al alcance de cualquiera, absolutamente de cualquiera.

Además es útil, y con muy, muy poco esfuerzo se pueden obtener montañas y montañas de soluciones válidas para todo tipo de actividades.

Y, también hay que reconocerlo, es divertido. En parte por la propia facilidad, en parte por la novedad y cierto 'efecto wow'  y en parte, incluso, por los errores o comportamientos curiosos que muestra de tanto en tanto y que hacen sonreír.

Y si, también permite presumir, permite hacer demostraciones en eventos, en clases, en charlas. Permite, como comentaba hace poco a propósito de la educación, dar espectáculo. Y como está al alcance de cualquiera, sirve para intentar demostrar modernidad, conocimiento, para 'dárselas de enterado' si se me permite la licencia.  

Así que, sí, hay que reconocer que el ChatGPT es una miel rica, muy rica.


Las dos mil moscas


¿Y las dos mil moscas?

Pues todos lo que nos interesamos por el fenómeno y todos los que lo usamos o publicamos sobre él. 

Pero, hablamos de dos mil moscas, metafóricamente claro, porque en realidad serían cientos de miles, o más bien millones, porque en este caso, aparte del público habitual de los avances tecnológicos, aparte de técnicos, consultores, analistas o empresas especializadas, apenas una decena o así de moscas, el fenómeno, dado su especial atractivo y simplicidad, dada su facilidad para la explotación desde la superficialidad y el 'postureo digital', atrae a esas dos mil moscas, que incluye a curiosos sinceros, a verdaderos innovadores y 'early adopters',  y también, es preciso y triste reconocerlo, a una buena dosis de, perdón de nuevo, advenedizos y charlatanes.

Es evidente que, al menos a corto plazo, OpenAI e, indirectamente, Microsoft, han obtenido un enorme beneficio comercial, al menos, a corto plazo y en materia de notoriedad de marca

En cierto sentido, podemos pensar que toda la comunidad científica y tecnológica alrededor de la inteligencia artificial en general y de la inteligencia artificial generativa en particular, obtienen de alguna forma también su particular victoria en forma de reconocimiento, admiración e interés, quizá también de orgullo y satisfacción.. 


El vicio


¿Cuál es el eventual vicio de todo esto?

Bueno, algún riesgo es que, pasada la excitación inicial, y un poco como lo que predicen los 'hype cycle' de Gartner, tras el famoso pico de expectativas infladas se caiga en la desilusión y el rotundo interés despertado por la inteligencia artificial generativa lleve a un desinterés, no sé si a un invierno, pero quizá sí a una borrasca. 

La forma más inocua, puede que, paradójicamente, beneficiosa, de ese vicio sería que, simplemente, 'se pasase de moda' y ya no fuese tan 'cool' para aquella parte de las moscas más sensibles a lo superficial y mediático y ya no se mencionase tanto en artículos sencillos, en eventos, en charlas y cursos..


Las patas apresadas


La más peligrosos sería, sin embargo que, ante las limitaciones y fallos que aún puedan existir, ante, quizá, la dificultad para obtener una rentabilidad real, decrezca el interés ya no mediático, sino de adopción real y de investigación y desarrollo reales o que ante los peligros de naturaleza práctica, legal o ética que se puedan detectar se puedan adoptar medidas que limiten o dificulten el desarrollo y adopción de este tipo de tecnologías y soluciones. 


Re-escritura de la fábula. La perspectiva de las abejas


Sin embargo, debo decir que, a pesar de que percibo, e incluso a veces casi me enerva un poco, ese ruido mediático y esa cierta superficialidad, en realidad soy bastante optimista respecto a este panel de rica miel que es ChatGPT, entendiendo en realidad que ChatGPT es la punta del iceberg de la inteligencia artificial generativa y los grandes modelos de lenguaje (LLM, 'Large Language Models').

Quizá, y eso se le olvidó a Samaniego, conviene que lo veamos, no bajo la perspectiva de las moscas,  sino como pueden contemplarlo las abejas, las creadoras del panel.

ChatGPT hace patente, para el gran público, lo que ya sabían los especialistas de la inteligencia artificial generativa: el enorme avance conseguido en los dos o tres últimos años en este campo y las posibilidades inmensas que se abren. Que ChatGPT es sólo un hito en el camino  y que no parece que, ni de lejos, 'hayamos tocado techo'. 

Creo que, en muy breve, OpenAI lanza, de hecho, GPT-4 mientras Google trabaja en su alternativa, BARD, y seguro que hay más alternativas y avances en camino. Creo que 2023 todavía nos dará mucho que ver y hablar. 

Así que, visto desde el punto de vista de las abejas, no importa mucho si alguna mosca se va a otro sitio, quizá una tarta, a enterrar su golosina. No importa si algunas moscas, como si son las dos mil, se quedan presas de patas.

Porque las abejas siguen aumentando el panal y siguen construyendo otros nuevos a los que, quizá, quizá, acudan no dos mil, sino cuatro mil, ocho mil o quien sabe cuantas moscas.

Si vemos la fábula desde el punto de vista de las abejas, no tiene tal vez el efecto moralizante perseguido por Samaniego, pero si nos da buenas razones para el optimismo.


Conclusión


No me cabe duda que ChatGPT es un panal de rica miel, al que acuden moscas y moscones, y que muchos se quedarán presos de patas en él.

Pero en este caso, y no puedo decir lo mismo de todas las tecnologías de moda, confío en las abejas, confío mucho en las abejas, confío plenamente en las abejas.

 

miércoles, 8 de marzo de 2023

Tiempos de hipérbole: ChatGPT, el metaverso y la distancia

Vivimos, creo, en tiempos de mito y de hipérbole, tiempos en que, en muchos campos, pero particularmente en el ámbito de las tecnologías y su capacidad transformadora, se ofrece una visión con frecuencia exagerada, poco anclada en la realidad, carente de conocimiento, publicitaria, superficial.


El mito y la hipérbole


Creo que se trata de un fenómeno generalizado, que va más allá de la tecnología, que incluye lo político, lo social, e incluso lo privado y para el cual no tengo un diagnóstico claro, aunque sospecho que, entre otras cosas, tiene que ver con la necesidad de captar la atención en un mundo hiperconectado y con superabundancia de información e impactos. 

Una captación de la atención que enlaza a su vez con motivos electorales en lo político, de auto-afirmación y satisfacción en lo personal y comerciales/publicitarios en lo profesional y empresarial.

El caso es que, seguramente por esa necesidad de llamar la atención, real o sentida, se generan grandes mitos, grandes exageraciones, mitos y exageraciones a las que nos apuntamos de manera inmediata y bastante superficial con lo que, en el fondo, no hacemos otra cosa más que contribuir a alimentar esa hipérbole, ese mito. 

Unos mitos y exageraciones que suelen acabar desapareciendo cuando, o bien no alcanzan lo prometido, cosa muy frecuente, o cuando, simplemente, una vez nos hemos aburrido del nombre, que ya no es llamativo, alguna gran consultora le da un nombre nuevo añadiendo algún matiz para explicar que hablamos de algo diferente aunque mcuhas veces no es cierto, o no del todo.

No deja de ser revelador e interesante que una de esas grandes consultoras, Gartner, publique todos los años su famoso ('hype cycle') de tecnologías emergentes o de ámbitos tecnológicos más especializados. La sola existencia de un diagrama ampliamente conocido y consultado (yo mismo lo consulto y utilizo de vez en cuando en formaciones) con ese nombre 'hype cycle' (algo así como ciclo de vida de la hipérbole, o del 'bombo publicitario') es más que indicativo. Y la falta de continuidad que existe entre los diagramas de diferentes años, aún más.

Dos de los que consideraría 'grandes éxitos' de los últimos meses en ese campo son el Metaverso y ChatGPT


Sobre el metaverso


En el fondo, no sabemos lo que es el metaverso, pero cuando Mark Zuckerberg anunció que esta idea, el metaverso, creada y bautizada hace ya décadas por Neal Stephenson en su novela futurista 'Snow Crash', pasaba a ser la piedra angular de su estrategia de futuro, pasaba a recibir inversiones millonarias hasta la exageración e incluso estimulaba el cambio de nombre de la empresa matriz, de Facebook a Meta, todo el mundo pareció obligado a apuntarse a este concepto... tan vagamente definido y de tan incierta proyección técnica y comercial.

Decenas, seguramente cientos y miles de posts en todo tipo de medios digitales, eventos, charlas e incluso reflexiones sobre sus implicaciones éticas.

En esta confusión, y 'surfeando' la ola, han aprovechado numerosas empresas y organizaciones para decir que hacen cosas ya en el metaverso utilizando tecnologías o soluciones como la realidad virtual, la realidad aumentada o los videojuegos, que ya existían hace muchos años (aunque se encuentren en evolución). Una forma de aprovechar el tirón publicitario, muy comprensible en realidad, pero que suma confusión, en aras de obtener rédito comercial o al menos publicitario del nuevo mito: el metaverso.

Como metaverso es un concepto vagamente definido, a ver quién les dice que no están en el metaverso. Pero lo cierto es que ese 'metaverso 'de andar por casa', poco tiene que ver con el, llamémosle, "verdadero metaverso", si como tal entendemos el que sugiere la novela de Neal Stephenson, los vídeos de Meta o incluso algún artículo relevante de Gartner. 

Pero, en tiempos de hipérbole ¿a quién le importa? Lo importante es ganar esa atención de que hablábamos antes.

Lo cierto es que, ese "verdadero metaverso" parece lejano, suponiendo que sea viable y suponiendo que tenga atractivo comercial real. Respecto a lo del atractivo, sólo recuerdo que ya lleva años existiendo la realidad virtual y aumentada y que, pese a su extraordinario interés técnico, y pese a la natural fascinación que puede producir (me apunto a esa fascinación), no acaba de despegar comercialmente de manera masiva, no acaba de encontrar su 'killer application'. Respecto a las dificultades técnicas me remitiría al extraordinario libro 'The metaverse: and how it will revolutionize everything' de Mathew Ball, que me leí hace ya unos meses, aunque aún tenga pendiente de reseñar.


Sobre ChatGPT


Muchísimo más sólido y más aplicable de manera inmediata resulta, en mi opinión, todo lo que tiene que ver con ChatGPT o, por mejor decirlo, la Inteligencia Artificial generativa en general y los grandes modelos de lenguaje (LLM. 'Large Language Models') en particular.

No quiere eso decir que no se haya producido también un efecto hipérbole. De repente, todo el mundo opina sobre ChatGPT y como es abierto, espectacular en sus resultados y tan, tan sencillo de utilizar (al menos un empleo básico) ya tenemos inundación en medios, especializados y no especializados, de comentarios, opiniones, explicaciones (superficiales casi todas, por supuesto) sobre ChatGPT y parece que 'todo el mundo' se siente obligado' a publicar en sus redes, en LinkedIn, en Instagram, en Twitter o donde sea, la última pruebecita que ha hecho, el último resultado obtenido o destacar cualquier fallo que encuentre.

En este caso, y como digo, creo que la aplicación es real y casi inmediata, y un cierto impacto, puede que un gran impacto, también, así que, aunque el mecanismo de la hipérbole es similar al del caso del metaverso, en este caso, probablemente las conclusiones sean más acertadas y realistas.


La distancia


A nivel personal, puedo decir que, por un lado me fascina la tecnología, y por otro, es la materia prima sobre la que trabajo en mi actividad profesional en materia de consultoría, docencia, escritura y comunicación, así que, por supuesto, me he interesado, y mucho, por estos dos fenómenos. 

Aparte de lo que ya llevaba investigado hasta el momento de sus 'boom' respectivos, desde ese boom me he leído ya, a parte de muchos artículos y posts, dos libros sobre el metaverso y tres sobre inteligencia artificial generativa.

Sin embargo, y aunque quizá me haga desaprovechar muchas posibilidades de impactos mediáticos y publicitarios, quizá de auto-promoción, mantengo una cierta distancia con ambos fenómenos, especialmente en el caso del metaverso.

Distancia porque, antes de dar una opinión, me gusta formularla con 'conocimiento de causa' y haber entendido bien, primero la tecnología y luego su posible impacto comercial, social e incluso ético. En fenómenos técnicamente complejos, como son tanto el metaverso como la inteligencia artificial generativa, tan difusos, al menos en el caso del metaverso, y tan sometidos, como todos, al veredicto del mercado y de la sociedad, aún pendientes, conviene una cierta prudencia intelectual.


Distancia e innovación

 

Si ahora lo pienso no para mi, sino para empresas y organizaciones, creo que también tienen que mantener esa cierta distancia, aunque una distancia muy activa, en absoluto pasiva o reactiva. 

Quiero decir, que las empresas deben mantener una muy activa y muy ágil vigilancia tecnológica que les permita estar al tanto de las novedades, entender si constituyen oportunidades o amenazas para su modelo de negocio y conocer su verdadero estado del arte e implicaciones. En ese sentido, les conviene 'estar a la última' y, en la medida de lo posible, 'tangibilizar' las posibilidades mediante demostraciones de fabricantes y proveedores, pruebas piloto de pequeño alcance, productos mínimos viables, etc

Pero, a la vez, creo que deben tener un cierto criterio y no lanzarse 'como locos' a la última moda, el último 'palabro', la última hipérbole. Con mucha agilidad, porque vivimos en un mundo en rápido cambio, pero con criterio y, probablemente, aplicando los métodos modernos e iterativos de innovación que minimizan el riesgo, porque también vivimos en tiempo de mito e hipérbole.

El uso publicitario que hagan de sus avances, su propia contribución a la hipérbole, eso lo dejo ya a su propia responsabilidad y decisión.


Conclusiones


Como conclusión, y aunque no es difícil de deducir de lo anteriormente expuesto, en tiempos de hipérbole, aconsejo esa distancia activa, activa para estar realmente actualizado de las últimas novedades y tendencias en tecnología, pero distancia para no dejarse arrastrar, para adquirir conocimiento y decidir con criterio y no al calor de la última moda.