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lunes, 9 de febrero de 2026

La peligrosa combinación del 'automation blindness' y el 'deskilling' y cómo afrontarla

Una de las preocupaciones que surgen con la inteligencia artificial es, más allá de otras problemáticas éticas como la privacidad, los sesgos o la explicabilidad, cómo  va a afectarnos a nosotros, humanos, en nuestro propio desarrollo, en nuestras propias capacidades cognitivas, a medida que nos entreguemos a ella, que la utilicemos intensivamente tanto en el ámbito laboral como doméstico.

Y creo que, en efecto, existe a la vez un interrogante, porque realmente no estanos seguros, y un riesgo, porque creo que realmente podemos perder cosas valiosas por el camino. 

En este post quisiera mostrar cómo dos aspectos que ya he tratado en otros posts, se podrían combinar de una forma perjudicial y potencialmente peligrosa. Hablo de los así llamados 'automation blindness' y el 'deskilling'.

Veamos.


Recordando el 'automation blindness'


De 'automation blidness' hablé en el post anterior a éste titulado 'Automation blindness o el riesgo para human-in-the-loop'. Este fenómeno, en esencia consiste en que los humanos, cuando están apoyados en sus decisiones por sistemas automatizados, poco a poco se 'van confiando' y pasando de realizar una supervisión efectiva y responsable de las decisiones automatizadas, a confiar ciegamente en ellas eliminando, 'de facto', la supervisión e incluso su autonomía.

Se trata de un fenómeno no específico de la inteligencia artificial pero que se acentúa en sistemas inteligentes, tanto por su potencia, como por actuar en situaciones tradicionalmente reservadas al juicio humano.


Recordando la idea de 'deskilling'


Del 'deskilling' hablé brevemente hace un par de meses en el artículo 'Inteligencia artificial, capacidades y las tres olas hacia el desempleo'.  En este caso, de lo que hablamos es que, dado el efecto sustitutivo que la tecnología tiene respecto a  tareas humanas, a medida que vamos delegando en la tecnología esas tareas, perdemos la capacidad para llevarlas a cabo nosotros mismos, es decir, perdemos capacidades y habilidades. 

Se trata de un fenómeno que tampoco es exclusivo, ni mucho menos, de la inteligencia artificial. Lo que ocurre es que, en el pasado, las habilidades que delegábamos y perdíamos eran de naturaleza más bien manual, pero con la digitalización, y sobre todo con el advenimiento de la inteligencia artificial, estamos, cada vez más, delegando capacidades cognitivas y, eventualmente, perdiendo esas capacidades o al menos en riesgo de perderlas.


Una combinación doblemente peligrosa


Si veo ambos fenómenos, creo que cuando se combinan, y me parece muy fácil que se combinen, nos hallamos ante una situación peligrosa en un doble sentido, un sentido más operativo y práctico, y otro más cognitivo y profundo.


Un peligro operativo


En primer lugar, y desde un punto de vista que voy a denominar operativo, es peligrosa porque se pierde la supervisión real de los sistemas automatizados. Ya no es sólo que tendamos a confiarnos ('automation blindness'), es que podríamos incluso perder la capacidad real para entender y controlar un sistema automatizado ('deskilling'). Dado que, por desgracia, los sistemas automatizados pueden fallar, y más si se pretenden apoyar en inteligencia artificial generativa que, como ya analicé en otros posts, no conduce a comportamientos completamente predecibles ni sujetos a reglas, perder la capacidad de supervisión y control puede llevar a puntualmente a comportamientos del sistema incorrectos y eventualmente catastróficos.

Es cierto que los sistemas automatizados, sobre todos los de misión crítica, tienden a ser muy fiables, incluso con frecuencia mucho más que un humano, pero aún así, perder la capacidad última de decisión y control, me parece operativamente arriesgado.


Un riesgo cognitivo y ético


Pero quizá me preocupa más la segunda vertiente, la que voy a denominar cognitiva. En este caso, tiene mucho que ver con el 'deskilling', es decir, con la pérdida de capacidades cognitivas. Esa pérdida de capacidades cognitivas, por sí misma, me parece un empobrecimiento de la persona pero, además, en a medida que se confía más y más en sistemas automatizados, puede devenir en una menor autonomía, una mayor dependencia.

Es cierto que en el pasado, nos hemos deshecho de capacidades que hemos delegado en máquinas y tecnología, y no parece que nos haya ido mal ni que estemos descontentos. Incluso es posible, sólo posible, que a cambio de ceder algunas capacidades, resultemos potenciados en otras, que desarrollásemos nuevas habilidades. 

Pero, claro, hablamos de capacidades cognitivas, muy esenciales de lo que significa ser humano. Y  no sé si estamos dispuestos a asumir (yo, personalmente, no), esa suerte de degradación cognitiva o el riesgo de un incierto cambio de capacidades cognitivas.


Sin recetas, pero con un planteamiento a corto plazo


La verdad es que creo que nadie puede tener claro lo que va a ocurrir en el futuro, y cómo vamos a evolucionar. Es posible que, al final, los riesgos y peligros no sean tan grandes o, al menos, que sepamos encauzarlos y el resultado final sea bueno. Y como estamos ante un panorama incierto, es difícil saber cuál es el camino adecuado.

Sin embargo, pase lo que pase en el futuro, creo que los riesgos que he mencionado son reales y afectan a temas muy importantes, de seguridad y casi a nuestra propia naturaleza. Así que, si existen riesgos reales, pero tenemos poco clara la visión futura, creo que conviene actuar, al menos a corto plazo. Desde luego, creo que podemos, casi diría que debemos, utilizar, y utilizar mucho, una tecnología tan potente y versátil como es la inteligencia artificial. Pero debemos hacerlo de una forma consciente y responsable, responsable con los demás y con nosotros mismos. 

Y así, creo que cada uno de nosotros deberíamos exigirnos y esforzarnos en la supervisión de aquello que delegamos en la inteligencia artificial, desde grandes automatizaciones corporativas, hasta simples consultas a ChatGPT. Aunque nos cueste, aunque nuestra naturaleza nos impulse a ser cómodos y confiarnos, debemos esforzarnos conscientemente en ejercer el juicio crítico, el control y la autonomía. 

Y, además, deberíamos cuidar nuestras capacidades cognitivas, intentando no sólo no perderlas sino incluso aumentarlas. Y para ello, dado que no vamos a dejar de utilizar la inteligencia artificial, quizá debamos reforzar nuestras capacidades, y hacerlo conscientemente, mediante actividades en paralelo que cuiden y desarrollen esas capacidades: lectura, estudio, actividades artísticas, interacción humana, etc

Es cierto que pongo mucho énfasis en la responsabilidad individual, en el auto-cuidado cognitivo, es cierto que, además, lo que propongo exige acción consciente y puede que esforzada, y es cierto, finalmente, que puede que las cosas cambien, y que en unos años o que las valoremos de una forma diferente, pero ahora mismo, a corto plazo, creo que es lo mejor que podemos hacer... y hacerlo cada uno de nosotros.


Conclusiones


El uso intensivo de las tecnologías, muy en especial la inteligencia artificial, puede conducir, por un lado, a una confianza excesiva en de las decisiones automatizadas y, por otro, a una progresiva degradación de nuestras capacidades cognitivas.

La combinación de ambos fenómenos, creo que es peligrosa tanto desde un punto de vista operativo como humano, cognitivo y casi ético.

Existe mucha incertidumbre sobre el nivel de riesgo real o cómo afrontarlo pero, a corto plazo, lo que creo que debemos hacer es reforzar, conscientemente, nuestra supervisión de los sistemas y, sobre todo, nuestro propio desarrollo cognitivo. 


lunes, 16 de enero de 2023

Automatización vs. autonomía

Uno de los elementos constitutivos de la inteligencia y, sobre todo, uno de los elementos que, al menos en mi opinión, caracterizan a los robots es el de la autonomía.

Sobre la autonomía de los robots


Por autonomía, y sin entrar en definiciones formales o académicas, me refiero al hecho de que el robot es capaz de funcionar de manera independiente sin necesidad de ser manejado por un ser humano. Eso los distingue, por ejemplo, de una herramienta como un martillo neumático.

La característica de la autonomía ya la puse de relieve en mi libro 'Robots en la sombra' al intentar caracterizar a los robots en general y a los robots software en particular. En ese contexto, y de forma muy sencilla y gráfica, decía que autonomía significaba que 'funcionan ellos solos'. 

Esta característica de la autonomía también la he enunciado más recientemente en uno de los vídeos de mi proyecto 'The robot notes' en el que identifico, de nuevo, las características que habitualmente encontramos en los robots:



En el vídeo hablo de los robots como agentes inteligentes y digo que autónomo ('autonomous') significa:


[the agent] is capable of working by itself without being handled or used by a human being at least for some periods of time.


Esta es mi forma de hablar de autonomía, una forma realmente simple, pero voy a mostrar otra que es algo más elaborada que nos aporta Robin R. Murphy en su libro 'Introduction to AI robotics'.


Automatización frente autonomía en la visión de Robin Murphy


La autora hace una distinción entre automatización y autonomía.

Para ella, automatización hace referencia a la realización de tareas de manera completamente determinista y claramente marcadas de antemano, mientras que la autonomía introduce algoritmos no deterministas que permiten a un robot moverse en un mundo abierto y superar posibles omisiones u errores.

Sin embargo, Murphy sugiere que, más que unas fronteras claras entre una situación u otra, existen cuatro aspectos que se mueven un rango continuo de posibilidades, algunas más cercanas a la automatización y otras más cercanas a la autonomía. Esos cuatro aspectos son:


  • Planes: En el caso de automatización, los planes, es decir, la serie de acciones a realizar para conseguir un objetivo, están definidos de antemano y el robot se limita a aplicarlos. En el caso de autonomía, el propio robot genera sus planes para responder en variaciones en el entorno o en los objetivo.

  • Acciones: En este caso nos movemos entre acciones deterministas (que sólo pueden producir un resultado en una situación dada) en el caso de la automatización, frente a no deterministas, presentes en la autonomía, en donde las salidas posibles de un algoritmo son múltiples y la elección de una u otra depende de otros factores o eventos.

  • Modelos: Los algoritmos, sistemas o robots necesitan crear un modelo del mundo para entenderlo. En el caso de automatización estos modelos son de mundo cerrado ('closed world') en que todo lo que es posible conocer del mundo se sabe a priori y no aparecen sorpresas. Por el contrario, en el caso de la autonomía hablamos de modelos abiertos ('open world') donde todos los estados, objetos o condiciones del mundo no pueden ser conocidos a priori, por lo que el modelo del mundo se debe ir actualizando.

  • Representación del conocimiento: En este caso se contraponen el uso de señales (que marcan a la aparición de situaciones o datos ante los que el robot responde) en el caso de la automatización frente al uso de símbolos en el caso de la autonomía.


Murphy propone una sencilla representación gráfica de la combinación de estos factores en que cada uno de ellos puede encontrarse en algún punto intermedio entre automatización (a la izquierda) y autonomía (a la derecha).

Y no se 'empeña' en distinguir como clases estancas la idea de automatización frente a la autonomía, sino como una especie de continuo que incluye continuos parciales en cada uno de esos factores.


Conclusión


La visión que aporta Murphy de autonomía es más elaborada que mi propia visión y me parece muy interesante, sobre todo, la identificación de estos factores.

De la visión de Murphy expresada, lo único que no me convence es el uso de los términos determinista o no determinista en el caso de las acciones. Creo que, aunque entiendo lo que la autora quiere decir, todas o casi todas las acciones que la autora denomina no deterministas, en el fondo son plenamente deterministas y hablar de ellas como no deterministas alienta, seguro que no intencionadamente, la confusión y la fantasía sobre un 'libre albedrío' en los algoritmos o robots, un libre albedríos que en realidad es claramente inexistente.

En cualquier caso, un planteamiento muy interesante e ilustrativo.