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lunes, 29 de enero de 2024

Los tres principios del liderazgo para Satya Nadella, CEO de Microsoft

Me encuentro leyendo el libro 'Hit Refresh', escrito por Satya Nadella, actual CEO de Microsoft.

Un libro que hacía tiempo tenía ganas de leer- Y no tanto por el libro en sí, en el que no sabía muy bien qué me iba a encontrar, sino por el personaje, Satya Nadella.

En este post voy a hacer un breve apunte sobre la visión que del liderazgo tiene Nadella, pero antes quisiera hacer un muy breve paréntesis para detenerme en el personaje.


Una percepción sobre Satya Nadella y Microsoft


Mi interés por Nadella no es tanto por unos nombres y apellidos concretos, por la persona como tal, sino por la obra que está realizando en Microsoft.

Hace no tantos años, en la época final de Steve Ballmer, Microsoft, uno de los grandes protagonistas de la revolución digital en las dos últimas décadas del siglo XX, el dueño del puesto de trabajo con Windows y el indiscutible líder de las herramientas de productividad con su Office, parecía languidecer, incapaz de responder adecuadamente al cambio en el mundo digital que se producía con fenómenos como la explosión de Internet y la Web 2.0, la omnipresencia del smartphone como dispositivo preferido entre los usuarios y la llegada arrasadora de los servicios en la nube, especialmente tras la llegada de Amazon AWS.

Microsoft inicialmente, y durante bastante tienes tuvo respuestas lentas y probablemente erróneas, cuando no negacionistas ante algunos de esos fenómenos. Paradójicamente, Microsoft parecía alejada de la innovación, de la vanguardia tecnológica y sus negocios, ya maduros, parecían claramente amenazados.

Y, sin embargo, en los últimos años, Microsoft ha conseguido 'dar la vuelta a la tortilla' y su estrategia, posicionamiento y realizaciones le sitúa como indudable líder. Quizá haya abandonado la lucha por el móvil como dispositivo, pero está presente en todos los smartphones. Ha construido Azure, la segunda plataforma de servicios en la nube, por delante por ejemplo de Google y sólo por detrás de Amazon AWS, ha reorientado hacia un modelo en la nube de tipo SaaS sus aplicaciones estrella, dando lugar a Office 365 o Dynamics 365. Y se ha convertido también en uno de los mayores actores en el campo de la inteligencia artificial.

Al contrario de lo que sucedía hace a lo mejor una década, ahora Microsoft ejerce un liderazgo real, a veces compartido, eso si, en casi todos los campos de tecnología digital.

Y todo parece apuntar a que quien ha fijado la estrategia y ha conseguido que se lleve a cabo es él, Satya Nadella.

Aunque en el libro habla muy bien de su predecesor, Steve Ballmer, y aunque insinúa haber recibido algunas pistas de él y de Bill Gates, lo cierto es que la enorme transformación de Microsoft coincide con el mandato de Nadella, así que resulta difícil no pensar que es él, Nadella, el líder inequívoco de esa transformación.


Los principios del liderazgo para Satya Nadella


Y, en ese sentido, parece interesante conocer cómo ve el liderazgo Nadella. En un punto del libro, Nadella dice que para él existen tres principios en el liderazgo. Creo que son principios que ya había expuesto con anterioridad a la publicación de este libro porque los he visto en  alguna publicación en Internet creo que anterior a la publicación de esta obra (que data de 2018).

En cualquier caso, éstos son esos tres principios:


  • Claridad: Traer o generar claridad en aquellos con los que se trabaja, evitando el ruido y los mensajes confusos.

  • Energía: Generar energía no sólo en el equipo directo sino, en general, en toda la compañía. Inspirar optimismo, creatividad, compromiso y crecimiento y crear un entorno de trabajo donde cada uno pueda dar lo mejor.

  • Acción: Encontrar el camino para hacer que las cosas pasen, para generar el éxito, encontrando el equilibrio entre el éxito de largo lazo y los logros de corto y teniendo una visión amplia en la búsqueda de soluciones.


La verdad es que es una caracterización sucinta del liderazgo, pero creo que muy acertada.


La importancia del ejemplo


En realidad, los principios anteriores, tampoco resultan sorprendentes, ni especialmente novedosos u originales. Probablemente muchos autores hayan publicado cosas parecidas e, incluso, probablemente muchos de nosotros los podríamos formular con sólo una pequeña reflexión.

Hay un factor importante y diferencial, sin embargo. Quien identifica y aboga por esos principios es una persona que, en la práctica, y de manera claramente demostrable, ha ejercido ese liderazgo.

Así que, incluso aunque podamos pensar que no son originales, o que en realidad se los ha preparado alguien del equipo de comunicación de Microsoft, o incluso que se trate de pura imagen, lo cierto es que si te habla de liderazgo alguien que ha demostrado tan claramente ejercerlo, y ejercerlo con éxito, es como para prestar atención. 


Conclusiones


Claridad, energía y acción, parecen buenos atributos para resumir el liderazgo y una buena receta para el éxito. Nos lo dice, nada más y nada menos, que Satya Nadella.


jueves, 6 de abril de 2023

Esbozo de un programa de pais, entre la decepción y la esperanza


Se trata este de un post que se aparta bastante de mi línea editorial habitual. Un post que no trata de tecnología, aunque alguna se roce levemente. Que no habla especialmente del mundo de la empresa, aunque lo roce también y añore su disciplina y métodos.

Se trata de un post que, hasta cierto punto, habla de política. Sólo hasta cierto punto, porque no voy a, ni de lejos, mencionar ni decantarme por una opción, partido o ideología concreta, tanto por las directrices que en ese sentido a mi mismo me he impuesto, y que comento unas líneas más abajo, como porque realmente no es el objetivo que persigo

En realidad, lo que quiero es hablar de lo que considero la 'verdadera política', la que echo de menos, la que tiene mucho más que ver con gestión y con administración, que con discursos o elecciones. La que huye de posicionamientos estáticos, excluyentes y descalificantes para centrarse en lo que, de verdad, hay que hacer.


La política y yo


Desde hace muchos años, cuando empecé a participar en redes sociales, e incluso creo que antes, me impuse la norma de no tocar dos temas: política y religión. El motivo es que no espero nada positivo de un pronunciamiento en abierto sobre esos temas. Se trata de dos aspectos de la vida que deberíamos estar dispuestos a debatir pero, sin embargo, por algún motivo, especialmente paradójico en el caso de la política, parecen más ligados a lo emocional que a lo racional.

Considero prácticamente imposible convencer a una persona de unas ideas políticas diferentes a las que pueda tener de partida. Casi imposible. Y, a cambio, fácil hacer que se sienta ofendida, atacada o que te etiquete (una etiqueta bastante teñida de descalificación, por cierto) como de 'los otros', por decirlo de alguna forma, y rompa o perjudique una relación hasta ese momento, sencilla, fluida y cortés.

Con tan poco que ganar (nada, normalmente) y tanto riesgo que correr, simplemente creo que no vale la pena ni intentarlo, salvo en círculos muy reducidos y de confianza.

Y, sin embargo, crece en mí un paradójico interés por la política. Cada vez me interesa más estar al tanto de lo que ocurre a nivel tanto nacional como internacional en materia política. Oigo las noticias, me atraen las tertulias bien fundamentadas y, en círculos reducidos como digo, comento más que antes esa actualidad política.

Pero se trata, como también digo, de un interés paradójico, no tanto por esa prudencia que me he impuesto en cuanto a expresión pública de mis opiniones, sino porque es un interés al mismo tiempo fuertemente teñido de decepción y desesperanza.


La decepción y la desesperanza


¿Por qué esa decepción? ¿Por qué esa desesperanza?

Pues, simplemente, observo las acciones de nuestros políticos y dirigentes, muy en especial los españoles, claro, pero también los europeos o norteamericanos, y en última instancia a los mundiales, en general. Y no puedo evitar observar dos carencias muy generalizadas y terribles: falta de capacidad y falta de ética. Así de simple y así de duro.

Falta de capacidad porque les veo, de forma muy generalizada, sin los conocimientos de gestión necesarios. Conocimientos de derecho y de economía, de técnicas de gestión, de planificación, de gestión de programas, de control de costes etc y, según el área de trabajo, conocimientos específicos adicionales, quizá conocimientos técnicos en industria o energía, o de gestión de la salud para sanidad,  o cualquier otro específico, por ejemplo, de un ministerio o concejalía. 

Creo que los políticos, sin una gran formación en general, se ven más como máquinas de ganar elecciones, de construir discursos, de debatir con rivales y ganar voluntades, que como lo que realmente deberían aspirar a ser: gestores, o al menos gestores en potencia. Las elecciones, en los países en que existen, debería ser sólo, creo, el medio transitorio para elegir a los mejores gestores. Pero insisto que deberían ser mecanismos transitorios (y breves) de corta duración y foco, y no centrar gran parte de la preocupación y acción política. 

Y detecto también falta de ética porque, aunque creo que aquí puede existir más variedad, no percibo motivos limpios en muchas de las acciones que llevan a cabo y discursos que pronuncian, por más que se nos venda la idea de la vocación de servicio. Creo que se guían y deciden en demasía guiados por su afán de crear un 'relato', de hacer daño a los rivales, por descalificar las ideas diferentes, por lucirse o por conseguir sus objetivos, generalmente de corto plazo, a costa de cualquier otra cosa. 

Demasiado discurso engañoso cuando no directamente mentiroso, demasiadas trampas, demasiado juego sucio, demasiado objetivo indigno, demasiada descalificación, demasiada unilateralidad y eso sin entrar siquiera en el terreno de la corrupción, claro. 

No hablo de un partido o líder concreto, que quede claro, hablo de todos, de la generalidad.


Imaginando otra forma de gestionar


Y me gusta imaginar, casi diría soñar, otra forma de hacer política.

Digo soñar, aunque parece que la palabra sueño se comparece mal con política, porque esa forma que deseo la percibo como un algo muy lejano, desgraciadamente inalcanzable, al menos a corto y medio plazo, el plazo que probablemente me sea dado contemplar con mis ojos.

Y eso que el sueño, en el fondo, es muy sencillo. Debería ser realmente moneda común.

Sueño, simplemente, con políticos éticos (no debería ser mucho pedir ¿no?) y que gestionasen los asuntos públicos con el rigor y las técnicas que se usan, por ejemplo, en el mundo de la empresa. Que trabajasen con objetividad y en base a datos y evidencias. Que decidieran con base no en ideologías apriorísticas, sino con base en hechos, cálculos y proyecciones. Sólo eso. No debería ser mucho pedir tampoco ¿no?

Quisiera menos palabras y más números. Quisiera menos discursos escritos y más powerpoint explicado y explicativo. Menos papel y más Excel. Quisiera menos afirmaciones grandilocuentes y más histogramas. Quisiera menos 'meetings' y más 'workshops'. Quisiera menos sesiones de seguimiento al gobierno, y más informes de evolución con datos y curvas, menos  comisiones de investigación y más investigaciones de campo. Más modelos econométricos o sociales, más analítica descriptiva y si puede ser, predictiva. Más gestión. Mucha más gestión. Menos ruido y más nueces.

No debería ser tan difícil, me parece a mí... 

Y no, no debería, pero creo que lo es. Por herencia y por cultura, más bien incultura, una incultura política demasiado asentada entre nuestra clase política y por desgracia también en nosotros, los ciudadanos, me temo. 


*****


Y, a veces, fantaseando, me he preguntado, si yo tuviera la responsabilidad ejecutiva, si yo tuviera en mi mano marcar las prioridades y los esfuerzos del país durante, digamos, una legislatura (aunque creo que ese tiempo se queda bastante corto), ¿en qué me centraría? ¿Qué haría?

Sé que la acción política debe responder al día a día y a imprevistos y 'cisnes negros' como pueden haber sido recientemente la pandemia del COVID, el volcán de la La Palma,  la guerra de Ucrania, o como pueden ser los incendios, pero prescindiendo de esas inevitables reacciones a lo actual e inmediato, creo que me centraría en cambios estructurales profundos, cambios que miran no ya a un par de años vista sino, probablemente, a décadas, aunque sus primeros resultados deberían ser mucho más cercanos. Cambios que deberían garantizar por un lado la sostenibilidad de logros de que disponemos en día pero que se encuentran en claro peligro y, por otro, poner las bases para la creación de un futuro bastante mejor y más próspero.


El programa de país


La verdad es que tampoco lo he pensado mucho, y es más que posible que me deje en el tintero algún tema relevante. Y también es cierto que temas hay muchísimos temas que abordar, y reducirlo, como he hecho, a una docena de acciones, es acotar bastante. Pero bueno, se trataba de priorizar ¿no?

Estas serían, en ese bote pronto, las doce líneas de acción prioritarias;


  • Sostenibilidad a largo plazo del sistema de sanitario y social
  • Sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones
  • Reestructuración energética
  • Desarrollo de infraestructuras
  • Normalización del empleo
  • Ordenación de la inmigración
  • Revolución del sistema de investigación
  • Cultura y ayudas al emprendimiento
  • Reforzamiento de instituciones y sistema legal
  • Redemocratizaciòn
  • Orgullo de país


Y, por cierto, al principio pensaba hablar de un 'plan de país'. Pero no es casual el que al final hable de un 'programa de país'. Por un lado, prefiero evitar un término, 'plan de país', que ya ha sido utilizado por nuestros políticos.  Por otro, para aquellos familiarizados con la disciplina de dirección de proyectos, el término programa tienen significado, aunque quizá los más rigurosos me sugerirían que hablase de porfolio. Me gusta, en cualquier caso, la connotación de dirección de proyectos que la palabra programa conlleva, porque engarza muy bien con esa política como gestión que me gustaría encontrar y que echo muy en falta.

Sea como fuere, a continuación dibujo someramente la idea de cada línea de actuación, aunque en general son bastante evidentes.


1- Sostenibilidad a largo plazo del sistema sanitario y social


Creo que no somos suficientemente conscientes del tesoro que supone un sistema sanitario como el que disfrutamos en Europa Occidental en general y España en particular. Creo que no somos suficientemente conscientes de lo singular que es. 

Pero tampoco somos conscientes, en absoluto, de lo caro que resulta, de lo ineficiente que es actualmente y del grave riesgo de quiebra que sufre tanto por su amplio alcance como por su ineficiencia, agravado por evoluciones demográficas que nos hablan de gran envejecimiento de la población.

Creo que algo tan serio y a la vez tan caro, se gestiona sin el rigor debido. 

Los ciudadanos pedimos, no siempre con mucho criterio, más y más prestaciones sin pensar en lo que eso cuesta y los políticos tienden a concederlas, porque hacerlo es ganar votos y denegarlas es perderlos. Los propios profesionales de la salud prescriben pruebas, consultas y revisiones innecesarias que atascan el sistema y lo encarecen enormemente. El consumo farmacéutico, carísimo, se dispara, y no siempre justificadamente. No se conocen con claridad el coste de procesos y no se analizan suficientemente los datos disponibles. 

Creo que urge un análisis serio y en profundidad con una perspectiva que, sin excluir, claro, lo clínico y lo humano, conceda mucha mayor relevancia a lo económico y lo operativo en busca de eficiencia y sostenibilidad en el sentido económico del término. Es, quizá, el punto del programa más crítico...y para el que veo menos voluntad política de afrontarlo. Porque es muy complejo, probablemente la operación de un sistema sanitario sea una de las operaciones más complejas que existen pero, además, porque probablemente, sea el electoralmente más arriesgado.

Lo malo, es que si no hacemos algo, en algún momento, no tan lejano, explotará, y por inconsciencia y falta de rigor, nos arriesgamos seriamente a perder el tesoro de que disfrutamos.


2 - Sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones


Bueno, de este hemos oído hablar mucho últimamente y, sin duda, seguiremos oyendo hablar. 

No estoy seguro si lo entendí bien, pero recientemente y a tenor de la ley presentada por el ministro Escrivá, escuché en un programa de radio que las pensiones se llevaban la mitad del presupuesto (tengo la duda, que no es menor, de si se trata de la mitad del presupuesto nacional o de la mitad del presupuesto en acción social, es algo que tengo que averiguar). Sea como fuere, se trata de un gasto enorme al que, por un lado, no nos gustaría renunciar, pero que por otro nos consume y que no es productivo. En términos financieros es mero gasto, no inversión.

No voy a juzgar la ley recién propuesta. Por un lado no la conozco en suficiente profundidad y, por otro, he dicho que no me voy a pronunciar de manera concreta sobre una opción política específica. Pero sí puedo decir que me desazona que, mientras un gobierno lanza una ley clave y la defiende a capa y espada, la oposición no esté de acuerdo en absoluto y diga que no es sostenible y la AIREF se muestre también claramente en contra. No es buena señal: o la ley no es rigurosa o no lo son quienes la critican. En cualquier caso es muy preocupante que no seamos capaces de consensuar, al menos aproximadamente, una opinión sobre un tema tan crítico y que tantos recursos nos consume. Otro tema que puede 'explotar' si no se actúa con rigor. Rigor económico, rigor de gestor. 

Tornaría de nuevo a la petición de menos propaganda y más números, exceles e histogramas para intentar juzgar con criterio. Y objetividad, por favor, más objetividad, más números, más modelos, más histogramas y menos relato.


3 - Reestructuración energética


El tema energético creo que es clave. La energía mueve toda la economía, toda la industria, toda nuestra vida. Creo que esa reestructuración es clave en un doble sentido, un doble objetivo, una doble sostenibilidad. 

Por una parte, por sostenibilidad del suministro. Sostenibilidad del suministro quiere decir que debemos garantizar ese suministro de la manera más eficiente y barata posible. Quizá es algo que dábamos por hecho, pero las problemáticas de suministro surgidas a raíz sobre todo de la guerra de Ucrania, nos han hecho ver que somos mucho más frágiles de lo que pensábamos en este tema. Es necesario garantizar el suministro con capacidades propias o con suministros de países cercanos y 'fiables'. Es lamentable no poder pensar a escala mundial en este tema del suministro, que sería lo suyo, pero razones geoestratégicas nos han demostrado que hay que mirar de forma más acotada. 

El segundo objetivo, es el de la sostenibilidad medioambiental. Está claro que tenemos que abandonar, lo más rápidamente posible, las fuentes energéticas altamente contaminantes y desarrollar y optimizar las sostenibles: la solar, la eólica, el hidrógeno, etc. Pero debemos hacerlo con rigor económico y técnico. Puedo entender que el objetivo medioambiental nos pueda hacer optar por soluciones que no sean las más baratas ahora mismo, pero de todas formas, es ineludible no olvidar la lógica económica y, dentro de un margen, luchar por abaratar costes. Y debemos ser serios para valorar, con objetividad, tanto económica como medioambientalmente, opciones como la nuclear despojándolas de su 'sentimiento político' y siendo fríos y rigurosos.

Y, por cierto, como un subconjunto de este tema energético sería el impulso al coche eléctrico, algo para lo que existe ya un PERTE, pero que no parece que acabe de despegar. Estoy convencido que el coche eléctrico es difícil que tenga un rápido desarrollo si no hay apoyo público, especialmente para las redes de recarga así que, salvo que apostemos por el hidrógeno u otra energía limpia, que no parece viable a corto plazo, si queremos un transporte por carretera no contaminante, hay que apostar, pero en serio, por el coche eléctrico.


4 - Desarrollo de infraestructuras de transporte y comunicaciones


Me refiero a todo tipo de infraestructuras. 

Estoy pensando, sobre todo, en transporte de personas y mercancías de manera terrestre (vehículos, trenes), marítimo (buques y puertos) y aéreo y también en transporte de 'información' y, por tanto, redes de telecomunicaciones

Tengo la sensación de que no es este el apartado en que más flojo se puede encontrar nuestro país pero, aún así, siguen existiendo 'gaps' (basta con pensar en el tristemente célebre tren de Extremadura o el desastre reciente de los trenes hacia mi Asturias) pero, aún así, y aun dando por bueno que en general estemos bien situados en cuanto a infraestructuras de transporte creo que toda inversión en este punto es poca y que aún tenemos trabajo por hacer. 

Este tipo de infraestructuras constituye un dinamizador absoluto de la economía y apoyan el desarrollo de todos los sectores. Dentro de las posibilidades, sería necesario invertir lo más posible en autopistas y autovías (nuevas o mejora y mantenimiento de las existentes), puertos e infraestructuras asociadas, trenes, normales y de alta velocidad al menos para pasajeros, etc 

Y en cuanto a redes de telecomunicación, ayudar a los operadores para su adaptación y despliegue rápido de las nuevas tecnologías, llámese 5G, 6G o lo que tenga que venir. 


5 - Plan hídrico


Quizá el plan hídrico lo podría haber hecho formar parte del desarrollo de infraestructuras, pero creo que vale la pena un apartado propio.

Es una triste realidad: España se está secando.

Y el agua es imprescindible para la vida humana, es imprescindible para la agricultura e, incluso, también para la industria. 

No podemos quedarnos pasivamente viendo cómo cada vez tenemos mayores dificultades. Creo que hay que hacer un plan a medio plazo que probablemente suponga inversiones no menores. Sinceramente, no tengo conocimientos suficientes sobre el particular y no tengo claro si la solución son más embalses, más plantas desaladoras, más trasvases o qué, pero sí que hay que hacer algo. 

Hay que, en primer lugar, y acudiendo a especialistas, determinar cuáles son esas mejores acciones y poner en marcha las inversiones y proyectos. Ya.


6 - Normalización del empleo


El tema del empleo, más bien del desempleo en España es endémico y sorprendente. No encuentro, y creo que no soy el único, una explicación razonable para que España, un país razonablemente próspero y cuarta economía de la Zona Euro, tenga ese desempleo endémico y que no depende ni de la orientación del gobierno de turno ni de encontrarnos en época de crisis o bonanza económica.

No encuentro una explicación clara y tampoco encuentro motivos que expliquen cómo, a pesar de ello, sobrevivimos razonablemente bien y no hay un estallido social. Hay muchas voces que apuntan a la existencia de economía sumergida y que el desempleo real es mucho menor que el que muestran las estadísticas. Hay quien apunta al papel de la familia como institución arraigada y que protege a las personas sin empleo.

No lo sé, pero no es admisible en cualquier caso.

Si la explicación es la economía sumergida, no lo podemos permitir. Luego hablaré del respeto a la legalidad pero, además, la economía sumergida no paga los impuestos que necesitamos para sostener las pensiones, el sistema sanitario o invertir en infraestructuras, por ejemplo.

Si la explicación es el papel de la familia, no puedo dejar de alegrarme de lo que tiene de valores humanos, pero no es admisible, en cualquier caso, poner sobre los hombros de padres, abuelos o hermanos el peso de una responsabilidad que, de alguna forma, debería cubrir el mercado.

La verdad es que, en este punto, confieso que no tengo un diagnóstico ni una propuesta clara. Sólo se me ocurre que algunas de las sugerencias anteriores como el desarrollo de las infraestructuras o algunas que vienen luego como favorecer el emprendimiento puedan crear un ambiente económico más favorable y creador de empleo.


7 - Ordenación de la inmigración


Este sea, quizá, un punto muy polémico por lo politizado. 

La inmigración tiene una vertiente humana, una vertiente social y una vertiente económica y creo que es preciso dar una respuesta equilibrada a todos esos aspectos pero, sobre todo, los dos últimos implican análisis, planificación y, eventualmente, inversión.

Desde un punto de vista humano, tendemos a ponernos a favor de los inmigrantes, porque suelen venir huyendo de la pobreza, de la guerra o de la persecución política. Y es difícil no sentir empatía y tener el reflejo, muy loable, de la ayuda. Y eso es algo que, desde luego, hay que mantener. Pero es cierto que una inmigración desordenada genera problemas en forma de efecto señuelo para mafias y explotadores, problemas de integración y formación de guetos, problemas de delincuencia, de pobreza, etc. 

Pero, aparte de por motivos humanitarios, incluso desde el punto de vista económico y demográfico, no tiene sentido para España rechazar la inmigración. La tasa de natalidad en España es alarmantemente baja, la pirámide poblacional está deformada e, incluso, aunque parezca paradójico vista nuestra situación en cuanto al empleo, existen puestos de trabajo que no se cubren. Eso hace que, desde un punto de vista exclusivamente demográfico y económico, incluso al margen de lo humanitario, necesitamos la inmigración.

Por tanto, las tres perspectivas apuntan al acogimiento al inmigrante. Sin embargo, creo que ahora mismo lo hacemos de forma reactiva, desordenada, a medida que 'van llegando' y muchas veces genera tantos o más problemas como los que resuelve.

Me parece lógico hacer una planificación que permita favorecer una inmigración ordenada, una inmigración legal, controlada y segura, que atraiga, además, a perfiles que necesitamos y que favorezca la integración social y cultural y que combata la inmigración ilegal y las mafias que la promocionan.

Es un tema complejo, y con carga emocional y, desgraciadamente, excesiva también carga ideológica y 'política'. Pero hay que tomárselo en serio y gestionarla, insisto gestionarla. Sin eludir lo sentimental y humanitario, pero gestionarla, con datos, planes y rigor.


8 - Revolución del sistema de investigación


Este es otro de los temas en que tengo más claro el problema que las vías de solución. Pero tengo bastante claro que hay que revolucionar todo el sistema de investigación español, probablemente europeo.

Es posible que implique más inversión en I+D, no digo que no y de hecho me encantaría que así fuera, pero lo que creo que hay que cambiar es cómo se estructura, cómo se gestiona y cómo se evalúa. Percibo al sistema investigador español como muy endogámico, muy cerrado sobre sí mismo, muy alejado de la empresa y del mercado. Adicionalmente, un entorno de trabajo muy inestable, donde investigadores y doctorandos sacrifican sus vidas y su talento a la espera de la última beca, la última subvención que les permita, durante unos meses más, seguir investigando, seguir trabajando, seguir haciendo su tesis, con salarios mínimos e inestables, sin una perspectiva a medio plazo ni investigadora, ni profesional, ni personal. 

No es que sea malo hacer investigación básica, como creo que fundamentalmente se hace en España. Un cierta dosis tiene que existir. Pero es muy importante que la investigación y la innovación sirvan para algo. No se trata sólo de publicar 'papers', hacer doctorados y publicar tesis u organizar congresos y todo ello sometido al albur de la concesión de becas o presupuestos. La investigación debe estar, en último término, destinada a conseguir resultados, a hacernos progresar económicamente y como sociedad. Y si se queda en las publicaciones, si no se entrelaza íntimamente con las empresas, y es lo que creo que sucede ahora mismo, no cumple su función social y económica. Igualmente, si no puede establecer planes a medio plazo, se hace inestable, no fiable y, de nuevo, sigue sin cumplir su misión.

Por eso, y aunque confieso que no sé muy bien cómo se podría hacer, creo que hay que cambiar de arriba a abajo el mecanismo de gestión, financiación, seguimiento y evaluación de la investigación. Hacerla más estable pero también, y sobre todo, más realista, más productiva y más conectada con el mercado y la realidad social y económica.


9 - Cultura y ayudas al emprendimiento


Desgraciadamente, y aunque en los últimos años se ha mitificado hasta cierto punto la figura del emprendedor, creo que en España no tenemos una verdadera cultura de emprendimiento, de creación de empresas.

Y los emprendedores son, sin embargo, los verdaderos 'magos' de una economía productiva: personas que arriesgan sus ideas, sus bienes, su tiempo, sus energías y puede que sus ahorros para crear una empresa nueva y, con ello, no sólo obtener su propia forma de sustento sino, y sobre todo, crear actividad económica, crear riqueza y, con un poco de suerte, crear empleo.

Y de los emprendedores depende la existencia de empresas en el futuro, de empleo en el futuro e incluso en el presente. Y no pensemos que un emprendedor es sólo el creador de una startup tecnológica por más que muchas veces esas sean las que ocupen titulares y las que, personalmente, lo confieso, más me atraigan. Un emprendedor también es quien pone una nueva panadería o una tienda de moda. Un emprendedor es cualquier empresario, sí, empresario, que crea un negocio nuevo, sea más o menos grande, sea más o menos moderno, sea más o menos 'glamuroso'.

Declaro mi admiración por ese tipo de personas y denuncio que no promovemos el que existan y se arriesguen, no las ayudamos lo suficiente. Por un lado, existen las inacabables trabas administrativas. A pesar de algún intento por simplificar los trámites, estamos muy lejos de haber convertido en algo sencillo la creación de una nueva empresa.

Tampoco ayudan las cargas fiscales y de todo tipo que pesan sobre estas actividades e, incluso, sobre los autónomos, una forma aligerada de emprendimiento. Deberíamos simplificar la tramitación e introducir beneficios fiscales y de todo tipo a todo a aquel que se atreva a crear una nueva actividad económica desde cero.

Y, sobre todo, y más difícil, deberíamos cambiar los aspectos culturales que favorecen, especialmente entre los jóvenes, lo seguro, el convertirse en funcionarios, por ejemplo, y que penalizan o no incentivan  la actividad emprendedora. Deberíamos dejar de ver a emprendedores y empresarios como explotadores. ¿No nos damos cuenta que apuestan su propia riqueza, su propia vida? ¿Y que si tienen éxito nos ayudan a todos? Hagamos un plan tanto de simplificación de la actividad emprendedora, como de incentivo de la misma y de modificación de 'clichés' culturales contrarios.

Y reconozcámosles y premiémosles, aunque para un emprendedor, entiendo que el éxito de su empresa es el mejor premio que pueden recibir. 


10 - Refuerzo de instituciones y sistema legal


Lamentablemente, creo que en los últimos años se ha degradado todo el edificio institucional y legal español (probablemente no sólo el español, pero me quedaré aquí). 

Por desgracia, hemos asistido a la manipulación y el descrédito de todo el sistema institucional y legal. En gran parte, y eso es lamentable y doloroso, promovido por los que deberían estar más interesados sen salvaguardarlo: nuestras autoridades políticas y judiciales. 

Se han retorcido y llevado al extremo las leyes y el sistema judicial, buscando sus resquicios y debilidades. Se ha criticado, abiertamente, desde los poderes ejecutivos y legislativo al judicial, se ha eludido la responsabilidad de renovar el CGPJ, se han explicitado bandos ('progresistas' versus conversadores' en un poder judicial que debería estar al margen de esas batallas), se han concedido indultos sin sentido real, sólo por intereses, se han creado leyes torpes y mal elaboradas que generan efectos 'secundarios' adversos. Y así un largo etcétera.

¿Es que no nos damos de lo importante que es la fiabilidad del entramado institucional? ¿Es que no nos damos cuenta de la importancia de un sistema legal sólido y respetado con independencia de que nos gusten más o menos las leyes o instituciones en vigor? ¿Es que preferimos eludir un estado de derecho y confiarnos a dictaduras bananeras? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Nos hemos vuelto locos, o tontos, los ciudadanos, nuestros políticos y nuestros jueces? ¿No nos damos cuenta de que jugamos con fuego? ¿No entendemos que salimos de una dictadura hace menos de 50 años y que gracias a ese sistema institucional y legal disfrutamos de un estado de derecho, de garantías legales para las personas, los partidos y las empresas? ¿Preferimos volver a un estado dictatorial? ¿Preferimos la inseguridad jurídica? ¿La revolución¿ ¿Qué pretendemos? O es pura inconsciencia.

La degradación institucional es clara y lo peor es que la están promoviendo los principales encargados de velar por ella.

No sé cómo se resuelve esto, porque son culpables sobre todo nuestros políticos y nuestros jueces, incluso los medios de comunicación, pero en buena medida también nosotros, los ciudadanos, que somos inconscientes y permisivos, que aplaudimos o toleramos cosas que no deberíamos, cosas que deberíamos condenar sin paliativos, sin ambages y hacer pagar, como mínimo, en las urnas, si no antes y por otros medios.

No sé exactamente cómo resolver este tema, pero supongo que habría que promover algún tipo de pacto entre actores políticos e institucionales, una especie de acuerdo de estado que impidiese ciertas prácticas. Y acciones de mentalización y promoción en la ciudadanía. 

Y quiero pensar, además, que si los otros elementos del programa, que buscan seriedad y gestión se llevaran a cabo, indirectamente se crearía un estado de consciencia y responsabilidad que nos llevaría también, insisto que por vía indirecta, a ser más serios con nuestro sistema institucional.


11 - Redemocratización


Aunque siendo niño, viví de primera mano la transición española, algo que, cuánto más tiempo pasa, y cuánto más comparo con las dinámicas en otros países, e incluso en la España actual, más admirable e increíble me parece: pasamos de una dictadura a una democracia plena en poco más de dos años o así. 

Sin guerra, sin excesivos disturbios (aunque alguno sí hubo y muchísimos atentados), sin excesivos odios y consiguiendo hacer una sociedad unificada y cada vez más moderna aceptada y respetada por todas las entidades internacionales. En aquella época, y los años que la siguieron, en cierto sentido se mitificó la democracia. Quizá exageradamente. Pero era un ideal. Un ideal valioso. Un ideal que alcanzamos.

Miro ahora, y, como he comentado en el punto anterior, se desprestigian y mal utilizan las instituciones y el entramado legal. Se critican de forma furibunda todas las instituciones. Se ha producido la radicalización y el ataque desaforado y exagerado del que mantiene otras posiciones.

Aunque formalmente, y seguramente en la práctica, seguimos siendo una democracia, y una democracia consolidada, el talante de políticos, medios de comunicación e incluso ciudadanos, me parece cada vez menos democrático, cada vez menos respetuoso con la opinión diferente, con el partido o líder al que no votas, con las instituciones que, por lo que sea, con razón o sin ella, no te gustan.

No detecto el respeto, el respeto sincero y profundo a la opinión ajena que creo que está en la base de un sistema democrático. No se trata de que estés de acuerdo con esa opinión ajena, que te puede parecer errónea e incluso horrorosa. Se trata de que respetes que pueda existir, que tenga derecho a pensar que tiene razón y que todos, tú y quien no piensa como tú, pueda expresar esa opinión e intentar convencerte a ti o a otros, sin ser insultado, excluido o manipulado. Sin convertirse en un enemigo, sólo por ser alguien que piensa, tal vez equivocadamente, tal vez muy equivocadamente, de forma diferente a ti.

Como se trata de un tema cultural y, por desgracia, creo que de profundo arraigo, creo que el planteamiento sería similar al del punto anterior: un acuerdo de estado entre partidos y otras entidades para evitar ciertas actitudes, acciones y mensajes y, adicionalmente, una intensa actividad de comunicación y mentalización entre la ciudadanía.


12 - Orgullo de país


Finalizaría con un último aspecto de naturaleza también cultural.´

Somo un país particular, un país que en lugar de enorgullecerse de sí mismo, parece arrepentirse de ser quien es. Todas nuestra glorias históricas se desacreditan, no sólo por actores extranjeros, que también, sino por nosotros mismos. Hace no mucho vi una estadística, creo que a nivel europeo, que venia a decir que somos el país que menos se aprecia a sí mismo.

Es muy triste, es lamentable y es, en cierto sentido, inexplicable. Y, además, muy perjudicial.

Es cierto que el orgullo patrio es un elemento emocional y es cierto que en ocasiones se ha abusado de él. Es cierto que las glorias históricas, si la analizas en detalle, tienen luces y sombras. Pero no solo las nuestras, las de cualquier país. Pero mientras países como EEUU, Reino Unido o Francia, ensalzan a sus héroes y sus gestas (con las mismas o más luces y sombras que las españolas), nosotros nos encogemos, nos autocriticamos, destacamos lo malo, nos olvidamos de lo bueno y nos sentimos inferiores e incluso culpables.

Es algo emocional y se pudiera pensar que secundario, pero el orgullo, la fe en uno mismo, la motivación, estoy convencido que te hacen más feliz y, lo que quizá sea más importante, da alas al emprendimiento, a la investigación, todo aquello que sea crear algo nuevo y atreverse a pasearlo por el mundo.

Un país encogido, triste, desconfiado de si mismo, es difícil que brille en ningún terreno. 

Estar orgulloso de ser español no es ignorar que no siempre nuestro país ha tenido éxito, no es ignorar que hemos perdido guerras y colonias, no es ignorar que hemos tenido malos reyes y malos gobiernos, muchos seguramente, no es ignorar que hemos hecho barbaridades en el pasado, que nuestros tercios sembraron el terror en Flandes o que no siempre fuimos muy humanos con los indios de América. 

Estar orgulloso de ser español es, reconociendo eso, saber que también descubrimos y colonizamos América, que nuestro idioma que es el segundo más hablado del mundo, que la neurociencia tiene su base en las aportaciones de nuestro Ramón y Cajal, que tuvimos un espectacular un siglo de oro en las artes, que somos líderes en trasplantes, que nuestra transición política es objeto de estudio o que nuestros Pau Gasol y Rafael Nadal son, probablemente dos de los más grandes 'role model' que ha dado el deporte mundial.

Y, sin embargo, en el tiempo que he vivido, y ya es bastante, creo que sólo he visto a España sentirse orgullosa de ser España cuando ganamos el mundial de Sudáfrica en 2010.  Que conste que yo también me emocioné con el gol de Iniesta, y que me sentí muy orgulloso. Pero un mundial de fútbol me parece poco como orgullo de país, la verdad.

Si queremos un programa de país exitoso, aparte de ética y profesionalidad, creo que es imprescindible el orgullo, el orgullo de ser lo que somos y el orgullo de lo que podemos llegar a ser.


Conclusiones: la esperanza


Decía al principio de este largo post, que, en el fondo, escribo este post y describo este  programa desde la desesperanza, porque no veo ni ética, ni capacidad ni voluntad en nuestros líderes e instituciones políticas como para llevar a cabo algo parecido.

Y, sinceramente, tampoco veo en el ánimo y capacitación general de mis conciudadanos y de mi España ni la preparación ni la mentalización para hacerlo.

Pero, bueno, nunca se sabe. 

Si hemos sido capaces de descubrir América, de fundar la neurociencia, de hacer una transición desde una dictadura y ganar un mundial de fútbol, a lo mejor también somos capaces de llevar a cabo este programa.


martes, 19 de octubre de 2021

La visión tecnoemocional del teletrabajo de Virginia Cabrera

'Disfruta teletrabajando' es, evidentemente, un libro sobre teletrabajo, pero con un enfoque que no se centra especialmente en las necesidades técnicas del teletrabajo ni siquiera especialmente en las organizativas o económicas sino, más bien, en los impactos emocionales, en la gestión y desarrollo personales en un ambiente de teletrabajo y en la gestión de equipos virtuales. Y todo ello redactado con el estilo práctico, cercano y directo que caracteriza a la autora.

Se trata, además, de un libro multimedia ya que, al texto escrito propio de cualquier libro, le acompañan una serie de vídeos a los que se accede a través de unos códigos QR que se proporcionan al final de cada capítulo.

La obra de una extensión entre corta y mediana se estructura en cinco grandes capítulos, como sigue:
  • 'Mitos y realidades del teletrabajo': Se dedica, como el propio título anuncia, a desmontar nueve mitos que existen sobre el teletrabajo y, en su lugar, describir cómo es la realidad.

  • 'Aprendiendo a garantizar tu rendimiento': Proporciona un plan de acción en tres pasos para organizar el trabajo propio cuando se funciona en modo teletrabajo. Los pasos son (1) Organizar el espacio y el tiempo para ser altamente productivos (2) Tomar el control emocional estableciendo la propia motivación así como ciertas fronteras y (3) Ponerse en valor a uno mismo mediante un desempeño diferencial. Para cada uno de esos tres pasos aporta, a su vez, tres pautas específicas.

  • 'Estableciendo colaboración efectiva y afectiva': Se centra ahora en la colaboración con otros colegas y, de nuevo, repite el esquema de tres pasos y tres pautas por paso. En este caso los pasos son: (1) Conseguir efectividad plena en las comunicaciones (2) Enriquecer las relaciones compartiendo expectativas y (3) Conseguir que todos ganen mediante la negociación de pautas de convivencia.

  • 'Gestionando a un equipo que no se ve': En este caso, se adopta no tanto la perspectiva de un profesional individual sino la de un gestor de equipos virtuales. Y, de nuevo, nos encontramos con el esquema de tres pasos con tres pautas, siendo los pasos, en este caso (1) Establecer una identidad y un propósito común (2) Asegurar la ejecución de las tareas y la consecución del resultado y (3) Adelantarse a las desviaciones para evitar conflictos.

  • 'Identificando nuevas oportunidades para brillar': Volvemos al plano individual pensando un poco bajo la perspectiva de marca personal y desarrollo profesional, y el planteamiento se concreta en tres ideas, aunque en esta ocasión no muestran como los pasos de un plan de acción sino como una suerte de reflexiones y consejos. Esas ideas son (1) Los nuevos tiempos implican nuevos valores (incluyendo flexibilidad y confianza) (2) El disfrute del propio trabajo como condición para un futuro profesional brillante y (3) El teletrabajo es a la vez un reto y una oportunidad para brillar como profesional.
Aparte de la información aportada de manera textual, cada capítulo se cierra con un par de vídeos de la autora incidiendo desde dos perspectivas, 'cultiva tu mentalidad digital y 'practica tu actitud digital', en temáticas complementarias a las tratadas en el capítulo y, además, y también en forma de vídeo enlazado, se incluye la colaboración de un experto. En concreto, los expertos que intervienen son, por orden de capítulos:
  • Juan Martínez de Salinas
  • Roberto García Esteban
  • Mª Ángeles Fernández Benito
  • José Luis Montesino
  • Hass Machiab
'Disfruta teletrabajando' es un libro muy oportuno en cuanto a temática, probablemente único en cuanto a su planteamiento del teletrabajo desde esa perspectiva tecnoemocional que caracteriza a la autora y un libro fresco, cercano, muy fácil de leer y lleno de indicaciones prácticas y accionables.

Virginia Cabrera Nocito

(Fuente: Elaboración propia a partir de su perfil en LinkedIn y otros materiales)

Virginia Cabrera Nocito
Virginia Cabrera Nocito se define como especialista en Transformación Digital Tecnoemocional, mentalidad y actitudes digitales y en ese campo actúa como mentora, formadora y divulgadora.

Es fundadora y CEO de 'Cultivando Mentes Digitales' desde donde presta sus servicios de formación y mentoring.

Además de proporcionar sus propios programas de formación, colabora como docente en entidades como UNIR (Universidad Internacional La Rioja), Universidad Nebrija, etc

Es además co-fundadora del Podcast 'Caminos de knowmad' que trata de temáticas relacionadas con los trabajadores del conocimiento y 'freelances' y co-fundadora del blog 'Balcon40' sobre actitud digital, además de colaborar en otros blogs como Think Big Empresas de Telefónica.

Anteriormente, trabajó en Telefónica durante más de 20 años habiendo pasado por Terra Mobile, Telefónica Móviles y Telefónica Empresas. En su etapa en Telefónica Empresas trabajó en el desarrollo del negocio TIC para PYMEs y actuó como especialista en Transformación Digital

Virginia es Ingeniero de Telelecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid.

Puedes conocer más de la autora visitando su perfil en LinkedIn o siguiéndola en Twitter donde se identifica como @vcNocito.

Ficha técnica:

EDITORIAL: Wolters Kluwer
AÑO: 2021 
ISBN: 978-8409273850
PAGINAS: 178


viernes, 9 de abril de 2021

La empresa sana de Vicente de los Ríos

'Empresa sana', el segundo libro de Vicente de los Ríos, viene, en cierto sentido, a continuar la labor iniciada con su primera publicación, 'El misterio de reinventarse'. Si en aquel primer libro se hablaba de la transformación personal, ahora se lleva la transformación al ámbito de la empresa, una transformación que se propone a un tiempo como humana y digital.

Todo el libro sigue un paralelismo metafórico entre la empresa y el cuerpo humano y éste último ayuda a centrar e ilustrar los principales retos, problemáticas y también oportunidades a que se enfrentan la empresa y sus líderes frente al cambio y la necesidad de transformación.

Como elemento diferencial y práctico, cada capítulo, que se abre con una cita inspiradora, se cierra con un cuestionario que permite a las empresas la evaluación de su propia situación en cada una de las dimensiones analizadas.

El libro, de una extensión mediana tendiendo a corta, se estructura en quince capítulos:

  • '1. ¿Por qué hay que reinventar la empresa:' Un capítulo inicial introductorio que aporta una motivación para el resto del libro destacando un argumento por encima de los demás: el que la empresa pueda seguir aportando su valor a lo largo del tiempo. Analiza el factor humano, tanto en propietarios y directivos como empleados, clientes, proveedores, y proporciona algún ejemplo de transformación como Western Union.

  • '2. La empresa un ser vivo:' Explica la analogía entre la empresa y el cuerpo humano que servirá de hilo conductor del resto del libro. A partir de ahí en los siguientes capítulos va desgranando distintas facetas importantes en la transformación y expresadas metafóricamente como un elemento del cuerpo humano, empezando por los sentidos.

  • '3. La vista: Mirando al futuro:' Un capítulo que con la metáfora de la vista incide en los aspectos de visión estratégica, una visión que implica comprender el entorno, en especial el nuevo entorno digital, que precisa de valentía para cuestionar el modelo de negocio, logrando, eso si, un equilibrio entre el corto-pazo (la operación, los resultados) y el largo plazo (la visión estratégica propiamente dicha) y con una visión de la transformación que tiene que ser eminentemente digital. En este capítulo se aprovecha, además, para introducir el modelo de transformación digital propio del autor.

  • '4. El oído: Escuchar de verdad al cliente:' El oído, un órgano que nos permite captar sonidos pero también mantener el equilibro, es la metáfora usada para apostar por la escucha activa del cliente. El autor destaca la cercanía y el agradecimiento como elementos clave y apuesta decididamente por el contacto cercano y frecuente con el cliente, el empatizar con él y luego traducir ese conocimiento y esa sintonía en acciones.

  • '5. El olfato: el cambio en la toma de decisiones:' El olfato tiene que ver para el autor, como casi no podía ser de otra manera, con la toma de decisiones. Se apuesta por un cambio en el modelo de toma de decisiones y por unos directivos seguros de sí mismos y capaces de tomar decisiones drásticas cuando todavía las cosas van bien. Además, se destaca la importancia de ser capaz de aprender de los errores y del uso de los datos y la analítica de datos como soporte a la decisión.

  • '6. El gusto: innovar para crecer:' Y toca en este capítulo hablar de innovación apoyándose en la metáfora del gusto. Se apuesta decididamente por la innovación incluyendo el consejo de arriesgar en ese proceso y el eventual uso de los modelos de negocio y experiencias de terceros.

  • '7. El tacto: colaborar con otros:' El sentido del tacto nos refiere ahora a la colaboración, una colaboración en que se incluye la capacidad de participar en ecosistemas, es decir, entornos donde muchas empresas colaboran en pos de un beneficio mutuo. También se aconseja la creación de negocios con terceros y, en un sentido algo diferente, el hacer a la empresa visible, el mostrarla, mediante participación en eventos, organizando jornadas de puertas abiertas, impartiendo conferencias, etc.

  • '8. El cerebro: coordinación y racionalidad:' Cerrado ya el recorrido por los sentidos, la mirada se fija en otros tres elementos del cuerpo humano: el cerebro, el corazón y las canas. En este capítulo, el protagonista es el cerebro como imagen de la coordinación y la racionalidad y aunque esa racionalidad debe estar siempre presente, se desarrollan tres elementos bastante más concretos como son el presupuesto de base cero y el trazado de un plan sensato de transformación para lo cual se expone un modelo y, en general, se apuesta por la coordinación.

  • '9. El corazón: apostar por las personas:' donde se desarrolla una visión muy humana de la transformación, una visión donde no se toleren los malos comportamientos, donde se valore y potencie el talento y donde, en general, se apueste por los valores humanos entre los que se resaltan la confianza, la colaboración y la generosidad.

  • '10. Las canas: aprovechar lo mejor de la experiencia:' Recogiendo un leit-motiv muy propio del autor, en este capítulo se apuesta por el llamado talento senior, integrando en los equipos a las personas más mayores con los más jóvenes. Además, se habla de la gestión del tiempo y de una recuperación del sentido común que, de alguna manera, recoge muchos elementos tratados en los capítulos anteriores.

  • '11 Las enfermedades de la empresa y sus remedios:' Se produce un nuevo giro argumental y ahora lo que revisa son las enfermedades de la empresa, usando el paralelismo con las enfermedades de los diferentes órganos vistos en los primeros capítulos, en un minucioso recorrido. Y luego se identifican tres elementos que pueden servir como vacuna para esas enfermedades: el liderazgo, la comunicación y el alma, tres elementos que ocupan los tres siguientes capítulos.

  • '12 El liderazgo: generar confianza:' En el caso del liderazgo, se habla de la capacidad de generar confianza pero además se apuesta por un tipo de líder ejemplar, compasivo y agradecido.

  • '13. La comunicación: el eje vertebral de la transformación:' Se propone la comunicación como herramienta clave del líder para alinear esfuerzos y en esa línea se esbozan los pilares básicos de un plan de comunicación y se describe una comunicación que debe ser constante, transparente y adaptada a cada colectivo.

  • '14. El alma: la importancia del propósito:' Cerca ya de rematar todo el análisis llegamos quizá al punto más elevado, el alma esa especio de poso que deja la vida de una empresa en sus empleados y clientes y dentro de ese alma se profundiza en dos aspectos: el propósito y la responsabilidad, que incluye los elementos de responsabilidad social corporativa.

  • '15. Realmente se puede reinventar tu empresa?:' Un capítulo de cierre en que, recogiendo los resultados de los cuestionarios elaborados al final de cada capítulo, se llega a un diagnóstico de la empresa.
'Empresa sana' es un libro de lectura fácil y agradable pero que oculta, bajo esa aparente sencillez, mucha experiencia y el fruto de muchos años de trabajo en o con entornos corporativos que atesora el autor.

Un libro, además, escrito con ese tono espontáneo, humano y cercano que tanto caracteriza a su autor.

Un libro ágil y actual, creo que muy del gusto directivo y que, aunque puedo no ser imparcial, dada la relación de colaboración e incluso amistad que me une al autor, no puedo dejar de aconsejar como lectura a cualquiera interesado en el mundo de la empresa, el liderazgo y, sobre todo, en la transformación, digital o de cualquier otro tipo.

Vicente de los Ríos

(Fuente: perfil en LinkedIn)

Vicente de los Ríos Medina
Asesor digital y de negocio que ayuda a Comités de Dirección en su desarrollo y en procesos de transformación. Gran capacidad para crear y liderar equipos de expertos que acometan procesos de transformación digital

Mentor Digital de ejecutivos seniors, ayudándoles a entender el mundo digital y cómo sacarle partido en su vida profesional y personal

Ejecutivo Senior y experto en digitalización con una amplia experiencia internacional y éxito en liderar y transformar negocios y canales de venta y atención en los sectores de Telecomunicaciones, Consumo e Internet.

Director del Programa Ejecutivo de Transformación Digital de la EOI (Escuela de Organización Industrial) - 24 ediciones en 4 años.

Conferenciante en temas de transformación digital, reinvención, negocios y liderazgo. Gran comunicador motivacional con capacidades pedagógicas y técnicas.

Autor de "El Misterio de Reinventarse" (2019), un libro para ayudar a las personas en su reinvención profesional y personal (www.elmisteriodereinventarse.com)

Extensa experiencia en el Negocio de Internet con amplios conocimientos de marketing online, ventas online, estrategia omnicanal y social media, con dominio del uso de la tecnología como herramienta para mejorar resultados, resolver problemas y transformar negocios.

Más de 20 años de experiencia en liderazgo de grandes equipos con resultados sobresalientes en motivación, desarrollo de personas y mentoring, gracias a un estilo de gestión innovador y entusiasta con grandes dotes de comunicación, creatividad, trabajo en equipo y orientación a cliente.

Puedes saber más de la autor visitando su perfil en LinkedIn o siguiéndole en Twitter donde se identifica como @vdlrios.

Ficha técnica:

EDITORIAL: Almuzara
AÑO: 2021 
ISBN: 978-8418578373
PAGINAS: 208

viernes, 2 de abril de 2021

¿Por qué fracasa una transformación digital? Dos riesgos que habitualmente no se mencionan

Mucho se ha escrito y hablado sobre transformación digital en los últimos años, y mucho se escribirá y hablará sobre transformación digital en los inmediatamente venideros.

Muchas explicaciones, no siempre afortunadas, sobre en qué consiste la transformación digital. 

Muchas ideas y recetas, no todas completas ni acertadas, sobre cómo llevarla a cabo.

Y también, si, alguna argumentación, tampoco necesariamente bien enfocada, sobre los riesgos existentes y sobre qué puede hacer que nuestra transformación digital descarrile y no llegue a buen puerto. 

Hablé largo y tendido sobre transformación digital en mi primer libro 'La carrera digital' y en él hui de proporcionar recetas simples y genéricas, porque como les suelo insistir a mis alumnos cuando les hablo de transformación digital, no creo en la existencia de LA transformación digital, en abstracto, sino en TU transformación digital, la propia de tu compañía. Una transformación digital que depende del sector en que operes, de tu estrategia, de la situación de partida y madurez en materia de sistemas y tecnologías en tu empresa, de la presencia o no de cultura digital y habilidades digitales básicas, de tu aversión al riesgo, de tu disponibilidad presupuestaria...

No, no creo, en las recetas simplistas y generales, aunque, evidentemente, existen patrones comunes y buenas y malas prácticas.

En mi visión de la transformación digital, juega un papel importante una disciplina a la que no se suele relacionar, incomprensiblemente, con la transformación: la dirección de proyectos. Y una parte relevante de la dirección es la gestión de riesgos. En gran medida, la gestión del riesgo de un programa de transformación digital se debería, en mi opinión, gestionar siguiendo las buenas prácticas de gestión de riesgos en proyectos y programas.

En resumen, no creo en las recetas simplistas y generales para la transformación digital y los riesgos que la aquejan se debe gestionar mediante las técnicas al respecto de la dirección de proyectos.

A pesar de todo lo anterior, en este post quisiera mencionar dos riesgos genéricos que comprometen el éxito de una transformación digital (y, en gran medida, cualquier transformación ambiciosa). Y lo hago porque, como parte de mis actividades docentes, he tenido la ocasión recientemente de observar algún planteamiento sobre riesgos en transformación digital, y me pareció que había cosas importantes que añadir o, al menos, resaltar.

Voy a comentar, en concreto, dos elementos de riesgo:

  • El salto de la estrategia a la operativa
  • La ejecución y la resiliencia


El salto de la estrategia a la operativa


Se suele decir, y se dice bien, que la transformación digital deriva de la estrategia, que debe estar alineada con la estrategia. Y es cierto. Muy cierto. Absolutamente cierto. 

La transformación digital debe apoyar de forma coherente una estrategia existente o, incluso, debe definir, al menos parcialmente, esa estrategia. En cualquier caso, debe haber un completo alineamiento entre nuestra estrategia empresarial y la transformación digital que acometemos.

Sin embargo, existen discursos, que me inquietan e incomodan por lo blandos y ambiguos, en que de tanto centrarse en la estrategia, de tantas grandes palabras y visiones como los pueblan, se olvidan de que la estrategia hay que implementarla. La transformación digital hay que hacerla, construirla, ejecutarla

En el modelo que propongo en 'La Carrera Digital' indico que, teniendo clara la estrategia, se deben identificar unas iniciativas. De esas iniciativas se seleccionan las más oportunas. Y las iniciativas se convierten en proyectos (es decir, actividades con alcance, entregables, plazos, responsables, costes...). Ese salto de las estrategias, que forzosamente son visiones de alto nivel, a proyectos que son empeños muy concretos y operativos, es fundamental para que la transformación digital no se quede en un discurso o un powerpoint.

Y se trata de un salto que algunas visiones en mi opinión demasiado 'blandas' de la transformación digital no favorecen. La transformación digital no son unas 'slides' o el discurso de un CEO. La transformación digital es acción. Es ejecución. Es sangre, sudor y lágrimas.


La ejecución y la resiliencia 


Sangre, sudor y lágrimas. Una forma artística aunque severa de decirlo. Pero es así. La ejecución es compleja. Y es dura. La implantación de tecnología es compleja, y es dura. Y la transformación digital, aunque les pese reconocerlo a aquellos que se empeñen en negar su base tecnológica, es esencialmente, implantación de tecnología.

Una implantación de tecnología que, como hemos dicho, deriva de la estrategia...pero implantación de tecnología, al fin y al cabo.

Una implantación de tecnología acompañada de acciones de gestión del cambio y, eventualmente, de la promoción de un cambio cultural... pero implantación de tecnología.

Y cualquier que haya tenido la experiencia de participar en proyectos de implantación de tecnología sabe que suelen ser complejos y duros. Sabe que aparecen imprevistos, cosas que, inexplicablemente, no funcionan como pensábamos. Que surgen errores y fallos que parecen indescifrables. Que pese a nuestros mejores intentos de estimación de plazos, los tiempos tienden inexorablemente a alargarse. Que hay agentes que se oponen de forma activa o pasiva al avance del proyecto y que ponen 'palos en las ruedas. Y que la presión de la dirección suele ser alta.

Si, la implantación de tecnología es bonita, pero dura. Y la transformación digital, pese a quien pese, es esencialmente implantación de tecnología. Y, por tanto, es bonita, pero dura.

Y por eso es tan importante la resiliencia. Una resiliencia que nos haga a un tiempo resistentes y flexibles, pero en cualquier caso capaces de mantener la visión, la tensión y la motivación, cuando las cosas se ponen difíciles, lo cual suele ocurrir con frecuencia.

Cuando se habla de la importancia de las personas, se suele poner más énfasis en los aspectos culturales y de gestión del cambio. Y, en efecto, son muy importantes.

Pero en mi visión, lo que más me importa de cara a una transformación digital (en realidad de cara a cualquier transformación o iniciativa ambiciosa) es el liderazgo, la capacidad de llevar a la práctica una visión. Y esa capacidad de llevarla a la práctica implica no sólo visión. Implica, aún más, capacidad operativa y resiliencia, mucha resiliencia.


En resumen


Estos dos riesgos se podrían resumir en uno solo: la falta de capacidad operativa

Sugiero que no nos dejemos arrastrar por discursos simplistas, que nos hablen de estrategia sin concretar o que, al poner el foco en lo cultural, se desentiendan de lo tecnológico y operativo.

Insisto: la estrategia es esencial como punto de partida y las personas son cruciales, como impulsoras y sujetos afectados. Pero una transformación digital es, en esencia, implantación de tecnología. E implantar implica voluntad, resistencia y capacidad operativa.

Y si no la tienes, créeme, puedes llamarle como quieras a tu programa de cambio, pero no será una transformación digital. 

Y no implantarás nada relevante.

Y no triunfarás.


miércoles, 25 de marzo de 2020

Mi apuesta frente a la excepcionalidad: foco y resiliencia


En el fondo, ninguno sabemos muy bien cómo tenemos que reaccionar y comportarnos.


No estábamos preparados para esto


La pandemia ésta del coronavirus nos ha llegado a una sociedad, estoy pensando en la occidental, en mi entorno conocido, la sociedad europea y sobre todo la española, que ya no está acostumbrada, por fortuna, a las grandes crisis, más allá de las económicas.

Nadie o casi nadie en nuestro entorno ha sufrido realmente una pandemia y sólo los más mayores, por suerte, han vivido una guerra, la única situación que creo que se compara con, y supera en gravedad y triste espectacularidad, a lo que estamos viviendo ahora mismo.

Y ahí estamos, a veces preocupados, a veces incrédulos, pero a veces también tranquilos, a veces, incluso, inconscientes.

¿Cómo deberíamos comportarnos?


El comportamiento sin alternativas


Hay una parte, la principal del comportamiento, que nos viene dada por las circunstancias e impuesto por la autoridades.

Evidentemente, si estás enfermo, no hay nada que decidir. Seguir instrucciones y cruzar dedos.

Evidentemente, si eres un profesional sanitario, o trabajas en un supermercado, o en una farmacia o en cualesquiera de las otras actividades que permanecen activas, pocas decisiones tienes que tomar, más que las que tu propia actividad, quizá algo alterada, eso sí, por las circunstancias, te imponga.

Si por cualquier causa, personas dependientes, enfermos en casa, etc tu vida está completamente alterada, no tengo mucho que decir, resistir lo mejor que se pueda.


Recetas para la mayoría


Pero no es en esos casos en los que estoy pensando. Estoy pensando en el resto que, a pesar de todo, creo que somos una amplísima mayoría. 

¿Qué pasa si estás sano, si no estás implicado en las actividades esenciales, si tu entorno personal es razonablemente normal, dentro, claro, de la anormalidad que nos afecta? ¿Qué debes hacer?

Oigo voces, y no las voy a criticar, que apuestan por el reencuentro con uno mismo o con tus personas más cercanas, por la lectura, por la conversación, por acometer aquellos objetivos que tenías aparcados.

No, no lo voy a criticar. Son todos objetivos loables, deseables, humanos y no me parece mal ninguno de ellos. Todo lo contrario.

Pero, aunque suene duro, e incluso políticamente incorrecto, no estoy del todo de acuerdo.

No es que esté en desacuerdo específicamente con ninguno de esos objetivos. Los comparto todos. E, incluso, comparto el derecho que tenemos a perseguirlos y buscar espacios para su realización. Con lo que no estoy de acuerdo es con esa cierta sensación de paréntesis, de vacaciones, de año sabático que estos planteamientos creo que transmiten.

Es como si el confinamiento, y el cese de muchas actividades normales, se convirtiese en un periodo de ocio, como si la tragedia, paradójicamente, fuese una época para el descanso y el disfrute.

Y eso me parece un error. Un error estético, económico y psicológico.


El error estético


Cuando hablo de error estético, me refiero a ese doloroso contraste entre una parte de la población enferma, alguna gravemente enferma (incluidos un número creciente de fallecidos), otra parte (sobre todo personal sanitario, pero también, por ejemplo, las fuerzas del orden) trabajando sobrecargada, incluso desesperada y en riesgo y, sin embargo, la existencia de otra parte de la población  que parece estar relajada y buscando su entretenimiento realización personal y que con aplaudir en su ventana a las ocho de la noche cree, quizá, haber cumplido.

Hablo de la profunda contradicción que supone la avenida de una inexorable y gravísima crisis económica, la próxima (en realidad ya en marcha) pérdida de empleo, la amenaza profunda para nuestro estado del bienestar y que, sin embargo, una parte importante de la población se sienta como de vacaciones.

El contrate es cuando menos, feo, puede que incluso inmoral.


El error económico


El error económico consiste en el cese innecesario de actividad. Una gran parte del cese de actividad, una parte importante, en realidad, está ordenado por las autoridades y/o marcado por las circunstancias. Eso es así, es probablemente inevitable y no lo critico.

Pero cesar la actividad profesional y económica, más allá de lo inevitable, no hace sino agravar mucho más una crisis que, ya de por sí, se prevé terrible. 

Oímos que el Estado, o la Unión Europea no van a dejar caer a nadie. Oímos hablar de avales y movilización de fondos. Suena bien, no dudo de que la intención es buena y que, probablemente, se trata de medidas adecuadas y necesarias.

¿Pero de dónde creemos que salen los recursos del Estado o de la Unión Europea?

Básicamente de los impuestos, de los impuestos que pagamos los ciudadanos y las empresas y que, fundamentalmente, tanto en IRPF, como impuesto sobre sociedades o IVA están básicamente ligados a la actividad económica de empresas y ciudadanos.

Vale que las Administraciones pueden tener reservas o métodos de financiación especiales pero, en último término, los recursos provienen, como no puede ser de otra manera, de la actividad económica. Y esa la realizan, fundamentalmente, personas y empresas.

Si disminuimos la actividad más de lo estrictamente necesario, generamos menos recursos, menos productos y servicios y menos fondos para las administraciones vía impuestos y, por tanto, agravamos aún más la crisis y prolongamos la salida de la misma y, por cierto, también la capacidad de respuesta ante una nueva amenaza que pueda surgir en el futuro.

La crisis es seguramente inevitable, pero es un error hacerla más profunda de lo necesario, dedicándonos al ocio.


El error psicológico


Creo, aunque no soy piscólogo, que también es un error personal y psicológico optar por el ocio y la tranquilidad. Porque no estamos hablando de un fin de semana, unos días, ni siquiera, me temo, de un mes. Estamos hablando de una situación anómala que como mínimo se extiende cuatro semanas pero estoy casi seguro que, por desgracia, va a ir más allá. Primero porque me temo (ojalá me equivoque) que el confinamiento todavía durará algo más y, en cualquier caso, porque la normalidad tampoco se va a recuperar al día siguiente del fin del confinamiento.

Aunque a las personas nos suele gustar la novedad, creo que en el fondo necesitamos objetivos claros y estabilidad. 

Unas vacaciones demasiado prolongadas (y además, sometidas a incertidumbre en cuanto a su fecha de finalización) creo que nos dejan desnortados, sin dirección, sin sentido para nuestra propia existencia.

Unas vacaciones prolongadas e indefinidas, aunque puedan sonar idílicas, en el fondo creo que nos afectan negativamente, y acabarán redundando, y más teniendo en cuenta el confinamiento físico, en decaimiento del ánimo (incluso depresión), en aburrimiento y en mal humor.

Creo que necesitamos actividad y objetivos, incluso, me atrevería a decir, una actividad y unos objetivos exigentes.


Mi apuesta: foco y resiliencia


Y es por todo ello que mi apuesta es por el foco y la resiliencia.

Insisto que no hablo ni de los enfermos, ni de las actividades esenciales o de los entornos deteriorados, sino de las personas sanas y en estado normal dentro de las circunstancias.

Para ellos, mi apuesta es mantener la actividad lo más normal que las circunstancias permitan. Con foco para no despistarse con actividades lúdicas o secundarias y resiliencia porque, a pesar de todo, la situación es psicológicamente anómala y estresante y hay que resistir y mantener ese foco. 

Mantén tu actividad

Si tu empresa está preparada para el teletrabajo, hazlo. Hazlo manteniendo un horario ordenado, lo más parecido posible al horario laboral que tenías antes del confinamiento y exigente, sin disminuir innecesariamente horas ni objetivos  dentro, insisto, de lo que sea realista.

Si eres autónomo o tu empresa no permite el teletrabajo, busca fórmulas para trabajar de todas formas. Intenta seleccionar actividades que puedes realizar en tu hogar. Comparte documentos o información por correo electrónico (eso seguro que lo tienes), pon algunas bases para un 'medio teletrabajo' (las herramientas, por ejemplo, para reuniones virtuales, están al alcance de todos e igualmente herramientas ofimáticas). De verdad, si quieres, no hay excusas, al menos en los trabajos de oficina, para mantener una actividad mediana o incluso alta.

Y si de verdad, pero de verdad, eso no es posible, al menos fórmate. Hay multitud de cursos online, muchísimos gratuitos y otros muy baratos. Fórmate, pero en temas realmente útiles y profesionales. Me refiero a hacer formación real, no a cursos, perdón por la forma de expresarlo, de 'macramé' o 'escritura creativa' (salvo que seas escritor profesional). Me refiero a cursos sobre capacidades o habilidades que realmente necesitas en tu trabajo (no sé, herramientas informáticas, por poner un ejemplo sencillo y válido para casi cualquier sector).

En cualquier caso, no te detengas.

Mantén el foco en cuál es tu actividad profesional y tus objetivos para las próximas semanas. Y no te desvíes de ellos.  

Y sé resiliente. Resiste. Resiste. No te dejes ni abatir ni despistar. Resiste.

Si mantienes el foco y eres resiliente creo que, en el fondo, el confinamiento y el distanciamiento social se te harán más cortos.

Y habrás sido responsable y útil para la sociedad.


En conclusión


Si estás enfermo, por favor, cuídate y recupérate.

Si trabajas en el sector sanitario o realizas una actividad esencial, tienes mi aplauso y reconocimiento. Sigue así.

Si tu entorno es complejo, porque tienes personas enfermas o dependientes a tu cargo, porque te acabas de quedar en el paro, o por lo que sea, tienes también mi ánimo. Aguanta y haz lo que puedas.

Pero si eres una persona sana con un entorno normal, no tienes excusa. No estás de vacaciones.  No es época de ocio. Debes mantener el foco y ser resiliente. 

Mantén tu actividad profesional. Teletrabaja o trabaja en desconexión todo lo que sea posible. Todo. Todo Y si no, fórmate. No te detengas. Para el ocio, para encontrarte contigo mismo, para la lectura y la conversación, sigues teniendo las tardes, las noches y los fines de semana.

Mantén la actividad. Con foco y resiliencia.

Es lo mejor para ti. 

Es lo mejor para nuestra sociedad.

Es lo mejor para nuestro país.