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miércoles, 1 de marzo de 2023

La equivocada mitología del fracaso

Bueno, equivocada en mi muy personal pero también muy convencida opinión.

Se ha puesto de moda desde hace algunos años, la verdad es que no sé cuándo empezó la cosa, la que denomino mitología del fracaso, casi diría la apología del fracaso.

Directivos, gurús del management, deportistas, y por qué no decirlo, también meros charlatanes o cajas de resonancia, nos intentan convencer de que fracasar 'es fantástico' (perdón por la ironía).

Los personajes más admirados y triunfadores, nos quieren convencer de que triunfaron porque fracasaron mucho, y pretenden quitarnos el miedo al fracaso, e invitan a él, al fracaso, aunque preciso es reconocerlo, con alguna salvaguarda, no menor hay que reconocerlo, de que fracasemos 'rápido', fracasemos 'barato' y, por supuesto, que aprendamos del fracaso.


Los motivos corporativos para la mitología del fracaso


Hay motivos, y diría que justificados, e incluso muy justificados e interesantes, para esa defensa del fracaso

Los hay desde un punto de vista empresarial y pensando, especialmente, en el campo de la innovación. Una organización conservadora y temerosa, temerosa del fracaso, nunca será una organización innovadora. Una organización que no se atreva a intentar cosas por miedo a fracasar está seguramente, y paradójicamente, abocada al fracaso como organización a corto o medio plazo. 

Y más en el mundo digital y cada vez más acelerado en que vivimos. 

Por eso, para conseguir organizaciones innovadoras, es preciso que tanto a nivel de gestión como cultural, se sea consciente de que la innovación y el emprendimiento van a conducir a una proporción, seguramente no menor de fracasos o, mejor digamos, cosas que no funcionaron técnicamente, o mucho mas importante y frecuente, que no funcionaron en el mercado.

Y por eso, gurús tan relevantes como Tom Peters, nos dicen que probemos y que fallemos y que luego ya ajustaremos. Eso sí, rápido.

Y, por eso, y siguiendo la filosofía derivada de modelos como 'agile' o 'lean startup' se anima a fracasar aunque invirtiendo poco tiempo y esfuerzo en cada intento (de ahí los modelos iterativos que promulgan, y conceptos como el producto mínimo viable). La idea es buena aunque, más que animar a fracasar, habría que animar a intentar...que en el fondo es lo que quieren decir, lo que pasa es que es más espectacular y mediático el animar a fracasar que a intentar. 


Tom Peters

Pero, seamos claros, incluso aunque apliquemos este tipo de metodologías, en cada iteración, con cada producto mínimo viable, con cada prototipo, se busca el éxito y la confirmación de tus hipótesis y tu modelo de negocio. 

Buscamos el éxito, sin duda, sin duda, lo que ocurre es que somos conscientes de que es probable que no no lo alcancemos a la primera, y queremos estar preparados para ello y para gestionarlo.


Los motivos personales para la mitología del fracaso


Desde un punto de vista personal, digamos que de formación del carácter, el mensaje acertado que trae consigo la mitología del fracaso es hacer consciente a las personas de que el fracaso existe, está omnipresente, y que se deben mentalizar para reconocerlo, aceptarlo, aprender de él, y sobre todo, para superarlo..

El miedo al fracaso es inmovilizador, no sólo para las organizaciones, también para las personas.


Sir Ken Robinson

Y por eso, personajes tan notorios como el malogrado Sir Ken Robinson, nos invitan a prepararnos para estar equivocados


Los motivos deportivos para la mitología del fracaso


Desde el punto de vista deportivo...bueno, creo que los motivos tienen más que ver con el marketing, con el apoyo por parte de personalidades relevantes, atractivas y llamativas para los jóvenes, de esa especie de apología del fracaso.

Es cierto que, claro, la NBA la gana un sólo equipo cada año y el resto, de alguna forma, fracasan. Y lo mismo sucede con el Mundial, con 'la Champions' o con La Liga. Y es cierto que sólo un atleta puede ganar la carrera o tener el record del mundo y el resto, de alguna manera, fracasan.

Y, claro también, si el mismísimo Michael Jordan, al que muchos consideran el mejor jugador de la historia del baloncesto, te dice, como reza el cartel de cabecera, que triunfó gracias a haber fracasado muchas veces...pues el mensaje tiene fuerza, no vamos a decir que no.

Y los expertos en marketing y comunicación (tanto empresariales como deportivos), no parece fácil que desaprovechen tamaña ocasión.


Los aprovechable de la mitología del fracaso


Hay, pues, motivos más que justificados, para defender la casi inevitabilidad del fracaso en los ámbitos tanto corporativo como personal. 

Hay motivos para invitar a ser conscientes de esa realidad y a aceptarla. 

Hay motivos para invitar a gestionar ese fracaso casi inevitable, para que no nos paralice, sino todo lo contrario. 

Hay motivos para invitar a a aprender de él. 

Y hay motivos para, ante la inevitabilidad del fracaso, intentar forjar un carácter resiliente que nos permita superarlos, tanto a nivel individual como grupal o empresarial.


Un mensaje equivocado


Pero creo que el mensaje es equivocado. Y creo es especialmente equivocado si pensamos en las generaciones jóvenes, las que están acabando sus estudios o, mejor aún, iniciando su carrera profesional.

El mensaje, repetido insistentemente, y repetido de manera superficial, y sin entender lo que hay detrás, sin entender el mundo empresarial, sin entender los mecanismos de la innovación y el emprendimiento, sin entender las filosofías agile o lean startup, convertido en un mero slogan que anuncia Michael Jordan, como bien pudiera anunciar unas deportivas de Nike, es equívoco y puede que peligroso.

Puede transmitir la falsa idea de que el fracaso no importa, de que no pasa nada. Y como el fracaso no importa, puede invitar a la complacencia, a la mediocridad, a la pasividad. 

Puede invitar a hacer las cosas superficialmente, sin análisis y sin rigor. ¡Total, si fracaso no pasa nada! ¡Fracaso rápido, fracaso barato y aprendo! ¡Qué fácil! ¡Cómo mola!

Y puede invitar a la desidia y ausencia de esfuerzo. ¡Total, para qué esforzarme! Ya aprenderé y ya triunfaré después de haber fracasado n-mil veces ¿no?

****

Pues no.

Las cosas no funcionan así.

No, tampoco para Michael Jordan.


El riesgo del fracaso


¡Por supuesto que pasa algo si fracasas! No es inocuo en absoluto. No te lo creas

Cualquier fracaso en el mundo empresarial, cuesta tiempo, cuesta recursos, cuesta dinero. Ninguna empresa se puede permitir continuos fracasos. Ninguna. Por mucho que innove. Por mucho que aprenda. Que nadie se engañe ni os engañe.

E, incluso la empresa con la cultura más abierta e innovadora que te puedas imaginar, no permitirá, no te permitirá en concreto a ti, si eres el profesional que lo lidera, el fracaso repetido y mucho menos si la iniciativa fracasada no ha sido gestionada con extremo rigor, con extremo esfuerzo y con mucho criterio.

Y el fracaso también tiene coste personal. Por más consciente que seas de que el fracaso existe, por más que ya lo hayas experimentado, por más que aprendas de él y se te abran nuevas posibilidades, el fracaso duele y desgasta. Si tienes un poco de sangre en las venas, no te va a dejar indiferente.

Y ¡por favor! que nadie te ponga a Michael Jordan como ejemplo de fracaso. ¿Jordan? ¡Por Dios bendito! ¿Pero has visto jugar a Michael Jordan? ¿De verdad te crees que triunfó por sus fracasos? ¿De verdad te crees que no le importaba fracasar? ¿De verdad te crees que no se esforzaba? ¿De verdad te crees que no buscaba el éxito casi desesperadamente?


Un cambio de valores o al menos de mensaje


Aunque, como he dicho, hay motivos, y perfectamente justificados e interesantes, para cierta teoría del fracaso, muy especialmente, como también decía, en los ámbitos de la innovación y del desarrollo de la personalidad, creo que los valores, y el mensaje que los promueve, deben cambiar. Cambiar radicalmente.

Y muy especialmente, insisto, si estamos hablando a los jóvenes.

Hay que volver a invitar al éxito y la búsqueda del éxito. Una búsqueda, eso sí, respetuosa con los valores éticos, y consciente de la realidad casi inevitable del fracaso

Pero éxito. no fracaso. Unos valores donde se busque el éxito, y un éxito apoyado en el foco, en el rigor y el esfuerzo.

Sin ninguna duda.


Un mensaje para Michael Jordan


Y, aunque sé que, evidentemente, no vas a leer este artículo, tengo un mensaje para ti, mi muy admirado Michael Jordan. Y el mensaje es:


No me vendas una moto


Y por si no queda claro, te digo aún más: 


No intentes convencerme de que triunfaste gracias a todo lo que fallaste. 'De eso nada, limonada'. Triunfaste porque tenías unas capacidades físicas extraordinarias. Triunfaste porque te esforzaste y entrenaste 'como si no hubiera un mañana'. Y triunfaste porque tenías una enorme confianza en ti mismo y tus posibilidades y una mentalidad ganadora fuera de lo común. Vale, y también un buen equipo. Fue por eso, no por los fallos. Seguro. No me vendas motos.


Conclusión: un mensaje para los jóvenes


Y para cualquier lector, pero muy especialmente para los jóvenes que puedan leer esto, mi mensaje es que te olvides de tanto fracaso y tanto fallo y te prepares y luches para triunfar y tener éxito, signifique el éxito lo que signifique para ti. Deja de buscar el fracaso, aunque sea rápido y barato, y busca el éxito. Y búscalo con conocimiento, con rigor y con esfuerzo.

Personalmente, estoy completamente seguro, de que te estoy dando el mensaje adecuado.

Michael Jordan. Finales 1998 

Sé que es atrevido por mi parte pedírtelo. Se que es difícil que me creas, cuando te estoy diciendo cosas diferentes a las que te dicen Tom Peters, Ken Robinson o el mismísimo Michael Jordan. Cuando te hablo desde mi blog personal cuando ellos te hablan desde anuncios, desde charlas y grandes eventos, desde libros, desde medios de comunicación masivos.

Pero tengo un último arma, un último argumento.

Si todavía no me crees, haz el siguiente ejercicio: visualiza un partido de Michel Jordan. A poder ser de  playoffs y con los Bulls. A poder ser unas finales. Compara sus palabras, las que aparecen en la cabecera de este post, con lo que vean tus ojos que dice 'de verdad' Jordan en la cancha.

Ya me contarás. 


miércoles, 25 de julio de 2018

La innovación y el éxito a toro pasado


La innovación y el éxito se ven diferentes a toro pasado.

Como lector asiduo de libros de 'management', me doy cuenta de que, especialmente en los libros de origen americano (la mayoría, por tanto) se producen ciertas confluencias de estilo, de formas de narrar, ciertos lugares comunes.

En general, se tiende a contar la historia del emprendedor, o de la empresa, o de la metodología, de una forma que hace pensar que las ideas estaban muy claras desde el principio, que el protagonista era resiliente hasta rozar la heroicidad, que asumió decisiones difíciles y, además, que de alguna forma todo sucedió de una forma casi planificada y en una aparentemente lógica secuencia de causas-efectos.

El estilo de narración, dicho de una forma muy simplificada es ''nuestro héroe hizo esto y sucedió lo otro que es exitoso" o "se aplicó está técnica y se tuvo éxito", es decir, se narra mediante una conjunción copulativa 'y' que sugiere una relación causa efecto que, en realidad, no tiene por qué ser tal. La relación entre lo que se hizo y lo que pasó pudo tratarse de una correlación donde la causa real sea una tercera no identificada o, incluso, una mera  coincidencia afortunada de circunstancias que condujeron al éxito. Pero esa presunta relación causa-efecto, no demostrada, se ve reforzada por el hecho de que los protagonistas de esos libros de 'management', evidentemente, tuvieron éxito en sus empeños.

La conclusión explícita o implícita es que la forma correcta de actuar es la que usaron esos heroicos protagonistas. Es una forma de narración que resulta atractiva y efectiva, y estoy seguro de que la mayor parte de la audiencia queda convencido de esa relación causa efecto. Pero no es una narración rigurosa.

Siempre me he preguntado qué pasaría si nos contasen la historia de los que fracasaron. Y siempre he pensado que, en muchos casos, aquellos que fracasaron hicieron muchas cosas parecidas a los que triunfaron con lo que la lógica de esas sugeridas relaciones causa-efecto quedaría desmontada. Nos daríamos cuenta de que las estrategias que se nos ofrecen no son verdaderas recetas para el éxito, al menos no recetas en el sentido de que proporcionen seguridad de ese éxito. Probablemente veríamos que en el éxito de unos y en el fracaso de otro han intervenido otros muchos factores, algunos quizá muy puntuales y específicos del caso y entre los que, probablemente se cuenten también la personalidad de los triunfadores y una cierta casualidad afortunada, cosas ambas difícilmente procedimentables.

Al final, al igual que la historia la escriben los vencedores, el management lo escriben los triunfadores y eso hace que, aunque la historia de su éxito sea amena, interesante y probablemente ofrezca muchas áreas de aprendizaje y ejemplo, es algo arriesgado considerarla como un modelo que imitar a pie juntillas, una receta segura para nuestro propio éxito.

En un sentido parecido, aunque quizá no completamente igual, insiste Luis Pérez-Breva en su libro 'Innovar. Un manifiesto de acción' donde nos dice, por ejemplo:  

Buena parte del lenguaje empleado para describir los conceptos de innovación está contaminado por el conocimiento de los desenlaces de las historias de innovación.

El profesor Pérez-Breva, en su propuesta, insiste mucho en huir de esa historia de la innovación como una historia de un éxito planificado y, a cambio, parte de unos presupuestos modestos en que el innovador inicia su camino a partir de sólo un presentimiento que, además, probablemente sea equivocado. A partir de ahí se inicia un viaje de aprendizaje en el que lo primero que debe centrar es el propio problema que quiere resolver mediante la innovación.

Afirma el autor que la innovación se reconoce ya al final del camino cuando el innovador, en efecto, ha encontrado un problema real y una solución igualmente real para ese problema. Y es en ese momento cuando el innovador, mirando hacia atrás, podría contar la historia de su éxito de innovación como si hubiera tenido desde el principio una visión y seguido luego unos pasos lógicos para realizarla. Pero, en el fondo, no sería la historia real ya que en esa realidad, el innovador actuó mediante ensayo, error, aprendizaje y ajuste.

Seguramente, exactamente igual que ocurre con la mayoría de emprendedores y directivos de éxito cuyas proezas llenan las páginas de los libros de 'management'.

Soy un firme defensor del método y la planificación, y lo que voy a decir a continuación no lo niega en absoluto, pero cuando nos movemos en terrenos desconocidos o de alta incertidumbre es preciso reconocer la necesidad de aprendizaje y ajuste y de que la planificación inicial será sólo un borrador de partida de lo que realmente ocurrirá.

El éxito y la innovación, vistos a toro pasado, pueden contarse, suelen contarse de hecho, como un camino recto, pero la realidad es que su trazado suele ser sinuoso y rodeado de trampas y barrancos. Y, cuando nos encontramos al inicio de ese camino, es peligroso pretender que existe una línea recta y empeñarse es seguir esa línea.

viernes, 1 de enero de 2016

Las razones del éxito según Malcolm Gladwell

En 'Outliers' su autor, Malcolm Gladwell, analiza qué es lo que conduce a las personas al éxito y su conclusión es, a grandes rasgos, que no depende tanto del talento innato del individuo cuanto de otros factores, algunos exógenos como el entorno familiar, el contexto socio-económico o las oportunidades de que se ha disfrutado, y otros propios de la persona de éxito, muy particularmente, su esfuerzo y dedicación.

El libro se desarrolla en una introducción, un epílogo y el cuerpo principal del libro constituido por nueve capítulos agrupados en dos partes.

La primera parte 'OPPORTUNITY' se centra en la influencia que tienen las oportunidades y cómo se aprovechan. Incluye cinco capítulos:
  • 'The Mathew effect': con base en una sorprendente pero explicable correlación entre los mejores jugadores de hockey y su mes de nacimiento, el autor nos alerta sobre la relación del éxito con factores no innatos, en este caso, las mayores oportunidades de entrenamiento que, por el sistema de selección que se aplica, tienen los jugadores nacidos en los primeros meses del año.

  • 'The 10,000 hour rule': nos explica la importancia del entrenamiento como condición casi sine qua non para el éxito y apunta a la regla dorada de la necesidad de 10.000 horas de trabajo en una materia para ser realmente un virtuoso de la misma. Igualmente explica cómo algunos de los niños prodigio y los fenómenos son simplemente casos en que, por diversos motivos, han alcanzado en edad temprana ese nivel de entrenamiento.

  • 'The trouble with geniuses, part I y part II': nos hablan usando casos diferentes, cómo personas con alto Coeficiente intelectual (IQ) pueden triunfar sólo se si encadenan una serie de circunstancias que les permiten desarrollar su talento.

  • 'The three lessons of Joe Flom': ahonda en lo relativo a las circunstancias que rodean a una persona y que pueden determinar que ésta alcance o no el éxito.
La segunda parte 'LEGACY' se centra importancia de aquello que recibimos de la familia y entorno al que pertenecemos e incluye tres capítulos:
  • 'Harlan, Kentucky' inicia el estudio de la importancia e influencia de los factores culturales.

  • 'The ethnic theory of plane crashes' en una línea parecida al anterior logra explicar, de forma sorprendente, cómo razones de índole cultural y de etiqueta propia de un país o cultura, han influido en el pasado en la mayor tasa de accidentes de pilotos coreanos o colombianos, por ejemplo.

  • 'Rice paddies and math tests' se centra en este caso en cómo la cultura del esfuerzo que nace de los campos de arroz chinos, unido a la forma en que se nombran los números en este idioma, capacita mejor a los habitantes de este pais para las matemáticas.

Simplificando algo, el mensaje del libro, que abunda en ejemplos y es relativamente extenso, es que el éxito depende de muchas más cosas que el talento innato, muchas de las cuales nos vienen dads aunque queda en nuestras manos, eso sí, el arma del esfuerzo y el entrenamiento.

El libro plantea una tesis relevante y creo que realista y es, en ese sentido, una obra muy interesante. Además, las historias con que ejemplifica el autor sus conclusiones son en ocasiones ricas en anécdotas. Todo ello confiere interés al libro. A cambio diría que se extiende algo más de lo que es necesario para explicar e ilustrar la teoría del autor.

Con todo, un libro valioso para entender los factores de éxito y que está en nuestras manos para alcanzarlo.

Malcolm Gladwell

(Fuente: Wikipedia)

Malcolm Gladwell
Malcolm Gladwell (Fareham, 3 de septiembre de 1963) es un periodista, ensayista y sociólogo canadiense.

Es hijo de una psicóloga jamaicana y de un catedrático inglés de Matemáticas. Aunque nació en Inglaterra en 1963, a los seis años (1969) se fue con su familia a Canadá, donde se crio. En la Universidad de Toronto se licenció en Historia (1984) y, tras ser rechazado en varias agencias de publicidad, empezó a ejercer el periodismo en una revista de Indiana, The American Spectator. De ahí pasó a The Washington Post (1987-1996), donde estuvo casi una década, primero en la sección de Ciencia y luego como jefe de la corresponsalía en Nueva York para negocios. Por entonces empezó a leer investigaciones académicas de sociología y psicología en busca de ideas para reportajes, algo que sustenta buena parte de su trabajo y suscita muchas polémicas en el sentido de que se inclina a resaltar las excepciones más documentadas a las reglas de la opinión general. En 1996 empezó a trabajar en The New Yorker.

Uno de sus temas recurrentes es la desigualdad en relación con la educación y la sociología. En resumidas cuentas, sus ideas se reducen a que no siempre más dinero y selección equivale a mejor, y a que mucha gente valiosa permanece en puestos oscuros a causa del narcisismo de los demás y la obsesión por la juventud y por lo rápido, exigidas por los imperfectos sistemas de promoción, centrados en lo que llama el "mito del talento". A este contrapone él lo que llama "genio menor", formado por las personas que son muy buenas en lo que hacen pero no son necesariamente bien conocidas: los individualistas apasionados con un tema, los pioneros, y otras variedades. El tiempo y la experiencia aseguran mejor el éxito a largo plazo. Según Gladwell, la práctica no es algo que se hace una vez que se es bueno en algo, es lo que se hace para volverse bueno en cualquier campo; y el contexto de algunas personas permite que lleguen con los deberes hechos antes de que se los pidan.

En sus libros de divulgación combina historias interesantes con investigaciones de sociología y filosofía igualmente atractivas y novedosas. Intenta explicar cómo, habiendo gente tan inteligente y ambiciosa o más que Bill Gates, no consigue valer sesenta mil millones de dólares, y postula que el éxito debe residir en otros factores. Cree descubrirlos en los distintos tipos de entorno que rodean a figuras como estas, de manera que los fueras de serie son construidos y mediatizados por su entorno, de la misma manera que las figuras que no lo son. Y, al igual que en la epidemiología, los fenómenos de éxito masivo se fundan en la conducta de tres clases de factores del entorno: los "enterados", los "conectores" o transmisores y los "vendedores natos", que desempeñan un papel decisivo en el de boca en boca. Tres características son fundamentales:
  • La capacidad de contagio y focalización de los factores implicados.
  • Que un conjunto de pequeñas causas provoca grandes y singulares efectos.
  • Que el cambio no se produce de manera gradual, sino drásticamente a partir de un punto crítico (tipping point o "punto de inflexión") de no aumento: las epidemias empiezan y acaban bruscamente, y encuentran un cenit más allá del cual declinan en poco tiempo.
Sin embargo, en la difusión viral Gladwell advierte una diferencia entre el modelo epidemiológico y el sociológico: el virus en medicina se puede atajar mediante prescripciones muy precisas, pero eso no ocurre en el caso de las epidemias sociales. Por demás, señala que el papel de la tecnología y de Internet en este tipo de difusión viral no es progresista y revolucionario en lo social, sino conservador. En su quinto libro, 'David y Goliat' (2013) examina la lucha de los oprimidos contra los favoritos.

Sus libros más famosos, que venden millones de ejemplares, son:
  • 'The Tipping Point' (2000) (traducido como 'La clave del éxito')
  • 'Blink, The power of thinking without thinking' (2005) ('Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos?')
  • 'Outliers' (2008) ('Fueras de serie: Por qué unas personas tienen éxito y otras no')
  • 'What the Dog Saw: And Other Adventures' (2009) ('Lo que vio el perro: y otras aventuras')

Puedes saber más del autor en su página oficial o seguirle en twitter donde se identifica como @Gladwell.

Ficha técnica:

TITULO: Outliers
EDITORIAL: Back Bay Books
AÑO: 2008
ISBN: 978-0-14-190349-1
PAGINAS: 336

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jueves, 17 de diciembre de 2015

Éxito y contexto. Más allá del talento.

Ya lo tenemos claro.

El éxito no depende, o no sólo depende del talento, si entendemos por talento unas habilidades innatas, un don recibido.

No, ya vimos en un artículo anterior, que el entrenamiento es fundamental, que se estima que son necesarias 10.000 horas de trabajo y entrenamiento para alcanzar el virtuosismo.

No sólo eso, en su libro 'Outliers', Malcolm Gladwell habla también de otros elementos que, de alguna forma, constituyen el contexto en que se mueve y desarrolla una persona. 

A modo de resumen, podríamos seleccionar el siguiente pasaje:
Superstar lawyers and math whizzes and software entrepreneurs appear at first blush to be outside ordinary experience. But they don't. They are products of history and community, of opportunity and legacy.

Observamos algunos de os elementos de ese contexto que favorece el éxito.

La historia y la comunidad a que pertenecemos, de la que heredamos habilidades, valores y cultura.

Las oportunidades que se nos ofrecen...siempre que seamos capaces de aprovecharlas.

El legado, especialmente de nuestras familias, la educación, las actitudes...

El éxito tiene un entorno causal complejo y multidimensional. Depende de nuestros dones, pero también de nuestro esfuerzo y entrenamiento... y también de nuestra familia, nuestra comunidad, las oportunidades que nos surjan...

Muchos factores...muchos... quizá por eso no sea fácil de alcanzar...

martes, 15 de diciembre de 2015

10.000 horas



Esa es la llave del éxito.

10.000 horas.

No, el éxito no se basa sólo en el talento, puede que ni siquiera de forma fundamental. El éxito tiene que ver mucho con el esfuerzo continuado, con el entrenamiento, con la persistencia y, como resultado de ese trabajo, la consecución de ese virtuosismo que muchas veces confundimos con el talento y que está en la base del éxito.

Ese fue el resultado del estudio llevado a cabo en 1990 por el psicólogo K. Anders Ericsson y del cual ya había oído hablar pero que ahora me lo recuerda la lectura de 'Outliers' de Malcolm Gladwell, un tratado, precisamente, sobre el éxito y las factores que lo acompañan y producen.

10.000 horas.

Ese parece ser el tiempo que nuestro cerebro necesita para asimilar completamente una actividad hasta el nivel del virtuosismo.

Si tienes un sueño, si aspiras al éxito, no dejes de soñar...pero empieza a entrenar...

Tienes 10.000 horas por delante...

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cuatro características de las empresas de éxito... duraderas

La llave longevidad de las personas es un misterio...casi tan grande como las claves de la longevidad de una empresa de éxito.

¿Qué hace que una compañía sea sostenible en el tiempo, que su éxito no sea efímero y desaparezca en unos años?

Difícil cuestión que, además, parece crecientemente compleja, quizá crecientemente importante, habida cuenta de que,  según se nos dice, la vida de las empresas es cada vez más corta.

Aún así, hay quienes tienen el empeño de explicarnos cómo debe ser una empresa para ser exitosa de forma sostenible en el tiempo.

Así, Brian Solis en su libro 'The end of business as usual' nos menciona un estudio realizado en 2002 por Arie De Geus y que compartía en su libro 'The living company'. Según este estudio, la vida media de una compañía del Fortune 500 es entre 40 y 50 años.

En su libro, De Geus identificaba cuatro factores clave para la supervivencia de un negocio.

¿Quieres conocerlos?

Eran estos:
  • Sensibles al entorno: más que una visión interna, lo que guiaba su acción es saber responder a tiempo a los cambios en la sociedad que les rodea.

  • Cohesionadas y con un fuerte sentido de identidad: Cohesionadas alrededor de un sentido de comunidad, en que los mandos surgen de la propia organización y se consideran eslabones de una larga cadena que se remonta al pasado y se proyecta en el futuro.

  • Tolerantes: Muy permisivas con experimentos y excentricidades lo que las conduce a conocer y entender sus posibilidades.

  • Conservadoras en lo financiero: frugales y sin arriesgar capital de forma gratuita. La salud financiera, además, proporciona flexibilidad e independencia en la decisión y la acción.
Interesante ¿no?

viernes, 16 de marzo de 2012

Los cuatro elementos para el éxito de un proyecto

Al final de su libro 'Gestión de proyectos', Ted Klastorin identifica cuatro elementos que considera imprescindibles, cuatro elementos no excluyentes ni ortogonales pero, a juicio del autor, la falta de uno o más de ellos conduce al fracaso del proyecto.

Los elementos son estos:
  • Comunicación eficiente entre los interesados
  • Fuerte compromiso de la alta gestión
  • Metas y objetivos bien definidos
  • Un sistema de supervisión y control efectivo
Resumir es difícil y seguro que podríamos pensar algún elemento más. Pero, como se suele decir, a lo mejor no están todos los que son pero, desde luego, son todos los que están.

jueves, 22 de julio de 2010

Miedo al éxito

El miedo al éxito...

Hace ya bastantes años, siendo yo apenas un adolescente, y no recuerdo muy bien a cuento de qué, un profesor de mi colegio decía en su clase que había que tener cuidado para evitar, por causa de una reprimenda pública inadecuada, herir a un alumno en su orgullo. Pero luego dijo que también había que cuidar de evitar, por un halago público excesivo, herir a un alumno en su humildad.

Fue hace muchos años...pero se me quedó grabado y aún lo recuerdo: "herir a un alumno en su humildad..."

En el mundo deportivo también se habla, cuando un equipo pequeño tiene en su mano 'dar la campanada' ante un equipo grande, que a veces le entra "el miedo a ganar"...y, de hecho, con frecuencia acaba perdiendo, en parte debido a ese miedo a ganar.

Tendemos a creer que el éxito, la victoria, son objetos de deseo, que son algo bueno y deseable en sí mismo. Sin embargo, no siempre es así. Depende de nuestras motivaciones, de nuestras aspiraciones.

Pilar Jericó, en su libro 'NoMiedo', nos habla de algo parecido, pero en el entorno de la empresa.

Enlazando con la teoría de la motivación de McClelland que ya vimos en un post anterior sobre miedos directivos, esto sucedería cuando los elementos fundamentales de la motivación no son el poder o el logro, como se supone sucede en los directivos, sino cuando el eje principal de la motivación es la afiliación.

Para las personas con este tipo de motivación, un ascenso, un éxito aparente, puede ser, en realidad, un fracaso. El ascenso aleja al nuevo jefe de sus antiguos compañeros, crea distancias, y, eventualmente, le obligará a exigir, reprender o dar feedback negativo a esos antiguos compañeros, quizá amigos. Nada más duro para un carácter predominantemente afiliativo.

El presunto éxito se percibe, en realidad, como un fracaso para la persona afectada. Quizá no en lo profesional, pero sí en lo personal.

A lo mejor, al menos en este caso, el miedo al éxito es, en realidad, un intuitivo y en el fondo muy razonable miedo al fracaso.