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miércoles, 8 de marzo de 2023

Tiempos de hipérbole: ChatGPT, el metaverso y la distancia

Vivimos, creo, en tiempos de mito y de hipérbole, tiempos en que, en muchos campos, pero particularmente en el ámbito de las tecnologías y su capacidad transformadora, se ofrece una visión con frecuencia exagerada, poco anclada en la realidad, carente de conocimiento, publicitaria, superficial.


El mito y la hipérbole


Creo que se trata de un fenómeno generalizado, que va más allá de la tecnología, que incluye lo político, lo social, e incluso lo privado y para el cual no tengo un diagnóstico claro, aunque sospecho que, entre otras cosas, tiene que ver con la necesidad de captar la atención en un mundo hiperconectado y con superabundancia de información e impactos. 

Una captación de la atención que enlaza a su vez con motivos electorales en lo político, de auto-afirmación y satisfacción en lo personal y comerciales/publicitarios en lo profesional y empresarial.

El caso es que, seguramente por esa necesidad de llamar la atención, real o sentida, se generan grandes mitos, grandes exageraciones, mitos y exageraciones a las que nos apuntamos de manera inmediata y bastante superficial con lo que, en el fondo, no hacemos otra cosa más que contribuir a alimentar esa hipérbole, ese mito. 

Unos mitos y exageraciones que suelen acabar desapareciendo cuando, o bien no alcanzan lo prometido, cosa muy frecuente, o cuando, simplemente, una vez nos hemos aburrido del nombre, que ya no es llamativo, alguna gran consultora le da un nombre nuevo añadiendo algún matiz para explicar que hablamos de algo diferente aunque mcuhas veces no es cierto, o no del todo.

No deja de ser revelador e interesante que una de esas grandes consultoras, Gartner, publique todos los años su famoso ('hype cycle') de tecnologías emergentes o de ámbitos tecnológicos más especializados. La sola existencia de un diagrama ampliamente conocido y consultado (yo mismo lo consulto y utilizo de vez en cuando en formaciones) con ese nombre 'hype cycle' (algo así como ciclo de vida de la hipérbole, o del 'bombo publicitario') es más que indicativo. Y la falta de continuidad que existe entre los diagramas de diferentes años, aún más.

Dos de los que consideraría 'grandes éxitos' de los últimos meses en ese campo son el Metaverso y ChatGPT


Sobre el metaverso


En el fondo, no sabemos lo que es el metaverso, pero cuando Mark Zuckerberg anunció que esta idea, el metaverso, creada y bautizada hace ya décadas por Neal Stephenson en su novela futurista 'Snow Crash', pasaba a ser la piedra angular de su estrategia de futuro, pasaba a recibir inversiones millonarias hasta la exageración e incluso estimulaba el cambio de nombre de la empresa matriz, de Facebook a Meta, todo el mundo pareció obligado a apuntarse a este concepto... tan vagamente definido y de tan incierta proyección técnica y comercial.

Decenas, seguramente cientos y miles de posts en todo tipo de medios digitales, eventos, charlas e incluso reflexiones sobre sus implicaciones éticas.

En esta confusión, y 'surfeando' la ola, han aprovechado numerosas empresas y organizaciones para decir que hacen cosas ya en el metaverso utilizando tecnologías o soluciones como la realidad virtual, la realidad aumentada o los videojuegos, que ya existían hace muchos años (aunque se encuentren en evolución). Una forma de aprovechar el tirón publicitario, muy comprensible en realidad, pero que suma confusión, en aras de obtener rédito comercial o al menos publicitario del nuevo mito: el metaverso.

Como metaverso es un concepto vagamente definido, a ver quién les dice que no están en el metaverso. Pero lo cierto es que ese 'metaverso 'de andar por casa', poco tiene que ver con el, llamémosle, "verdadero metaverso", si como tal entendemos el que sugiere la novela de Neal Stephenson, los vídeos de Meta o incluso algún artículo relevante de Gartner. 

Pero, en tiempos de hipérbole ¿a quién le importa? Lo importante es ganar esa atención de que hablábamos antes.

Lo cierto es que, ese "verdadero metaverso" parece lejano, suponiendo que sea viable y suponiendo que tenga atractivo comercial real. Respecto a lo del atractivo, sólo recuerdo que ya lleva años existiendo la realidad virtual y aumentada y que, pese a su extraordinario interés técnico, y pese a la natural fascinación que puede producir (me apunto a esa fascinación), no acaba de despegar comercialmente de manera masiva, no acaba de encontrar su 'killer application'. Respecto a las dificultades técnicas me remitiría al extraordinario libro 'The metaverse: and how it will revolutionize everything' de Mathew Ball, que me leí hace ya unos meses, aunque aún tenga pendiente de reseñar.


Sobre ChatGPT


Muchísimo más sólido y más aplicable de manera inmediata resulta, en mi opinión, todo lo que tiene que ver con ChatGPT o, por mejor decirlo, la Inteligencia Artificial generativa en general y los grandes modelos de lenguaje (LLM. 'Large Language Models') en particular.

No quiere eso decir que no se haya producido también un efecto hipérbole. De repente, todo el mundo opina sobre ChatGPT y como es abierto, espectacular en sus resultados y tan, tan sencillo de utilizar (al menos un empleo básico) ya tenemos inundación en medios, especializados y no especializados, de comentarios, opiniones, explicaciones (superficiales casi todas, por supuesto) sobre ChatGPT y parece que 'todo el mundo' se siente obligado' a publicar en sus redes, en LinkedIn, en Instagram, en Twitter o donde sea, la última pruebecita que ha hecho, el último resultado obtenido o destacar cualquier fallo que encuentre.

En este caso, y como digo, creo que la aplicación es real y casi inmediata, y un cierto impacto, puede que un gran impacto, también, así que, aunque el mecanismo de la hipérbole es similar al del caso del metaverso, en este caso, probablemente las conclusiones sean más acertadas y realistas.


La distancia


A nivel personal, puedo decir que, por un lado me fascina la tecnología, y por otro, es la materia prima sobre la que trabajo en mi actividad profesional en materia de consultoría, docencia, escritura y comunicación, así que, por supuesto, me he interesado, y mucho, por estos dos fenómenos. 

Aparte de lo que ya llevaba investigado hasta el momento de sus 'boom' respectivos, desde ese boom me he leído ya, a parte de muchos artículos y posts, dos libros sobre el metaverso y tres sobre inteligencia artificial generativa.

Sin embargo, y aunque quizá me haga desaprovechar muchas posibilidades de impactos mediáticos y publicitarios, quizá de auto-promoción, mantengo una cierta distancia con ambos fenómenos, especialmente en el caso del metaverso.

Distancia porque, antes de dar una opinión, me gusta formularla con 'conocimiento de causa' y haber entendido bien, primero la tecnología y luego su posible impacto comercial, social e incluso ético. En fenómenos técnicamente complejos, como son tanto el metaverso como la inteligencia artificial generativa, tan difusos, al menos en el caso del metaverso, y tan sometidos, como todos, al veredicto del mercado y de la sociedad, aún pendientes, conviene una cierta prudencia intelectual.


Distancia e innovación

 

Si ahora lo pienso no para mi, sino para empresas y organizaciones, creo que también tienen que mantener esa cierta distancia, aunque una distancia muy activa, en absoluto pasiva o reactiva. 

Quiero decir, que las empresas deben mantener una muy activa y muy ágil vigilancia tecnológica que les permita estar al tanto de las novedades, entender si constituyen oportunidades o amenazas para su modelo de negocio y conocer su verdadero estado del arte e implicaciones. En ese sentido, les conviene 'estar a la última' y, en la medida de lo posible, 'tangibilizar' las posibilidades mediante demostraciones de fabricantes y proveedores, pruebas piloto de pequeño alcance, productos mínimos viables, etc

Pero, a la vez, creo que deben tener un cierto criterio y no lanzarse 'como locos' a la última moda, el último 'palabro', la última hipérbole. Con mucha agilidad, porque vivimos en un mundo en rápido cambio, pero con criterio y, probablemente, aplicando los métodos modernos e iterativos de innovación que minimizan el riesgo, porque también vivimos en tiempo de mito e hipérbole.

El uso publicitario que hagan de sus avances, su propia contribución a la hipérbole, eso lo dejo ya a su propia responsabilidad y decisión.


Conclusiones


Como conclusión, y aunque no es difícil de deducir de lo anteriormente expuesto, en tiempos de hipérbole, aconsejo esa distancia activa, activa para estar realmente actualizado de las últimas novedades y tendencias en tecnología, pero distancia para no dejarse arrastrar, para adquirir conocimiento y decidir con criterio y no al calor de la última moda.


viernes, 13 de junio de 2014

#macrotweet: La importancia estratégica de la atención de los clientes en el mundo digital

In a world where consumers had limited choice, you needed to compete for locations. But in a world where consumers have unlimited choice, you need to compete for attention.

Michael Ross
Citado en 'The everything store' de Brad Stone

viernes, 1 de junio de 2012

Networking, Web 2.0 y generosidad

El mundo del networking y el mundo 2.0 son, en cierto sentido, dos caras de una misma moneda o, al menos, presentan evidentes solapes.

El networking es el arte de establecer relaciones, típicamente, pero no necesariamente, de carácter  profesional. El mundo 2.0 es esa forma de hacer internet que se orienta a la relación, a la colaboración y el diálogo y que incluye, por ejemplo, los blogs, las wikis y las redes sociales.

El networking es previo en el tiempo y tiene su mayor reflejo en el mundo offline, tiene que ver con contactos, eventos y relaciones públicas. Pero cada vez prospera más de modo online apoyándose en los diferentes medios sociales del mundo 2.0, muy especialmente, a través de redes sociales de carácter profesional.

Una de las características del mundo 2.0, aparte del diálogo y de la colaboración, es la generosidad que impregna muchas de las actuaciones que hay detrás. Es cierto que existe una economía de la atención y una economía del regalo, pero no es menos cierto que muchas de las aportaciones son esencialmente altruistas y desinteresadas. Y también es preciso reconocer y hasta ensalzar el hecho de que esas aportaciones originalmente desinteresadas pueden tener, a pesar de ello, su retorno en forma de prestigio o de oportunidades profesionales. Si llegan las oportunidades, suelen hacerlo tras mucho tiempo de aportar sin esperar nada a cambio...pero a veces llegan.

Y el networking se atiene al mismo principio de la generosidad, a establecer relaciones sin esperar a priori nada a cambio...aunque el retorno pueda producirse en el momento más inesperado en forma de una prestación de ayuda o una oportunidad profesional.

Esta última idea he tenido ocasión de escuchársela en vivo y en directo a Antonio Moar, comunicador y 'business trainer' como él mismo se autodefine en su perfil de LinkedIn. Me quedé especialmente prendado de dos frases que, de hecho, ya publiqué en twitter.

La primera, de autoría indeterminada, era: 

"Dar sin esperar; recibir sin olvidar"

y nos habla una actitud que entrega sin esperar nada a cambio...pero que no olvida los favores recibidos y los corresponde cuando es posible.

La segunda, en realidad corolario de la anterior, refleja un proceso de maduración del fruto que surge de la relación. No hay que esperar nada...pero el fruto suele producirse y, por ello:

"El networking es un trabajo de largo plazo"

El networking...y el mundo 2.0, me atrevo a decir. Mucho publicar, mucho aportar, mucho generar relación...puede dar fruto a largo plazo...

... o no. 

¿Qué importa? 

¿No se trata de generosidad?

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La ley de la base instalada

Existen ciertos productos y servicios que, para alcanzar valor, precisan disponer de una base instalada importante, productos y servicios que no tienen sentido en caso contrario.

El ejemplo más claro e inmediato lo podemos contemplar en todo lo que tiene que ver con social media. Porque ¿qué sentido tienen las redes sociales si no existe un suficiente número de personas con las que contactar? ¿Qué valor el microblogging si no tenemos seguidores potenciales? ¿Y una plataforma de vídeos sin contenidos?

En general, todos los servicios ligados a la economía de la atención precisan de una base amplia de usuarios que, en este caso, podemos considerar base instalada.Y en esa categoría podemos incluir desde medios relativamente tradicionales como la radio y la televisión hasta, por supuesto, todos los sitios web y servicios de carácter digital.

Pero esto no ocurre sólo en el caso del mundo digital y social media. Lo mismo podría decirse de elementos o servicios de comunicación como teléfonos, faxes, etc Ganan valor, o incluso lo adquieren, en la medida que son servicios y equipos muy difundidos.

La base instalada puede ser muy relevante, igualmente, en los medios de todo tipo cuyo modelo de negocio se basa en publicidad, puesto que, salvo casos especiales de nicho o de marketing muy enfocado, parece que el alcance de la publicidad y, por tanto, su valor, va muy ligado al público, especialmente la cantidad de público, del medio o servicio.

Esta base instalada puede actuar como una importante barrera de entrada puesto que el negocio no tendría sentido económico si no se alcanza dicha base, pero llegar hasta ella será en general costoso. Por otra parte, una vez alcanzada, esa base instalada puede servir como un elemento de ventaja competitiva, en la medida que otros actores tengan dificultades para alcanzar dicha base instalada o los usuarios pueden carecer de incentivo para el cambio, por ejemplo, de red social y, además, tener 'apego' a la marca o a la plataforma en uso.

Creo que, en cierto sentido, eso es lo que ocurre, por ejemplo, con el caso de redes sociales de propósito general como el caso de Facebook.

Chuck Martin nos recuerda también esta ley en su libro 'The third screen' cuando habla del marketing móvil. Considera este autor que está en curso actualmente una auténtica carrera entre diversos competidores para alcanzar esa masa crítica, esa base instalada, en lo relativo al uso de medios sociales desde el móvil.

Una cuestión, pues, muy a tener en cuenta en muchos de los productos y servicios del mundo digital ...y algunos del mundo analógico.

miércoles, 6 de abril de 2011

La economía de la distracción

En el entorno de Internet y de la Web 2.0, y como una forma de explicar el 'boom' de los servicios gratuitos y la dinámica de muchos sitios web, se ha acuñado el término 'economía de la atención'.

Según este concepto, uno de los motores de Internet es atraer la atención de los usuarios, los navegantes. Se entiende que en un mundo hiperconectado y sobreinformado, la atención es un bien escaso, un bien que por tanto, tiene carácter económico y, caso de conseguirse, puede monetizarse, típicamente en forma de publicidad.

Leyendo el libro 'Superficiales' de Nicholas Carr, me encuentro, sin embargo, con este llamativo párrafo:

"Los beneficios de Google están directamente ligados a la velocidad con que las personas consumen información. Cuanto más rápido naveguemos por la superficie de la red- cuantos más enlaces pulsemos y más páginas veamos- más oportunidades tendrá Google de recopilar información sobre nosotros y de insertar anuncios. Su sistema de publicidad, por lo demás, está explicitamente diseñado para determinar qué mensajes tienen más probabilidades de captar nuestra atención antes de poner esos mensajes en nuestro campo visual. Cada clic que hacemos en la Web marca un descanso en la concentración, una interrupción de abajo arriba de nuestra atención; y redunda en el interés económico de Google el asegurarse de que hacemos clic, cuantas más veces, mejor. Lo último que la empresa quiere es fomentar la lectura pausada o lenta, el pensamiento concentrado. Google se dedica, literalmente, a convertir nuestra distracción en dinero."

¿Existe una contradicción? ¿Qué tiene que ver la economía de la atención con este fenómeno que describe Nicholas Carr y que me atrevo a bautizar como 'economía de la distracción'?

En realidad creo que se trata del mismo fenómeno. Lo que ocurre es que cuando hablamos de economía de la atención estamos adoptando un enfoque simple y economicista: cualquier tiempo que estemos en pantalla pendientes de una web se considera atención. Sin embargo, el enfoque de Nicholas Carr en 'Superficiales' es de tipo cognitivo: analiza la profundidad de la atención, la concentración, la penetración intelectual en lo leído. Es en ese sentido donde surge una contradicción que sólo lo es en apariencia.

Es evidente que si un mensaje primario (el contenido de una web), sirve como anzuelo para insertar mensajes publicitarios o enlaces a otros sitios (mensajes secundarios), y que si la monetización se consigue a base de que el lector interesado inicialmente en el mensaje primario salte al secundario, la denominada economía de la atención se consigue, en realidad, precisamente desviando la atención del internauta.

Se trata pues, de una aparente contradicción 'in terminis' pero que, en realidad, es absolutamente coherente: la economía de la atención es, en realidad, una economía de la distracción.

lunes, 2 de agosto de 2010

El tiempo: la economía de la atención desde el lado de la oferta

Unos pocos artículos más atrás mencionábamos los mercados no monetarios en Internet y, en concreto, la economía de la atención. Hablar de una economía de la atención supone admitir, según teorías económicas clásicas, que la atención es un bien escaso.

Leyendo el libro 'Estrategia digital' de Pere Rosales, encuentro una afirmación clara y sencilla que explica ese valor económico:

"El recurso más escaso del nuevo consumidor es el tiempo, por ello lo quiere todo al instante, rápido, sin esperas".

En esta economía de la atención se invierten los papeles y los oferentes no son las empresas, sino las personas, las familias. Ahora que el marketing, la publicidad y la promoción de todo tipo invaden y saturan los medios, el ganar una cuota de atención, el conseguir el tiempo de los posibles consumidores, se hace crecientemente complejo. A esta saturación de mensajes se une a una cierta cultura de la impaciencia y de la inmediatez, que nos ilustra la frase anterior.

El tiempo, la atención, se convierten, pues, en bienes escasos, muy escasos y, por tanto, la capacidad para obtener algo de ese tiempo, se constituye en un bien económico de alto valor.

miércoles, 28 de julio de 2010

Mercados no monetarios en Internet

Aparte de la motivación y la autorrealización que supone el participar en Internet y en la Web 2.0, el aportar contenidos y trabajo, hay motivos de carácter más económico que justifican la presencia en Internet y que ayudan a construir modelos de negocio sostenibles.

Parte de esos modelos se sustentan sobre dos mercados no monetarios... pero monetizables. Así lo expresa Chris Anderson en su libro 'Gratis':

"La Red está construida fundamentalmente sobre dos unidades no monetarias: atención (tráfico) y reputación (enlaces)", que se benefician ampliamente de la gratuidad de los contenidos y servicios. Y es una cuestión muy sencilla convertir cualquiera de esas dos monedas en dinero líquido, como pone en claro una ojeada al balance de Google."

Si recordamos algunos conceptos expresados por el propio Anderson, un bien tiene valor económico cuando es escaso (esto nos remite en realidad a las teorías económicas más clásicas) y puede ser gratuito cuando su coste marginal es cero o cercano a cero (lo cual se produce en situación de abundancia o en casos como la producción y distribución de bienes digitales que realmente apenas tienen coste).

Cuando pensamos en esos mercados no monetarios y, en concreto, en el de la atención, parece razonable preguntarse el valor valor económico de la misma y el porqué.

El propio Anderson se pregunta por las "reservas globales de atención". ¿Son finitas? ¿Escasas o abundantes? En un primer vistazo parecería que la capacidad de atención es muy amplia. Somos millones de seres humanos capaces de prestar atención a contenidos. Esto llevaría a pensar que la atención debería ser un bien gratuito. Lo cierto es que como individuos prestamos esa atención de forma gratuita...pero cuando se considera a nivel empresarial la atención es un bien preciado, escaso. Si se paga por hacer publicidad es porque se considera esa atención como un bien escaso. Quizá lo que ocurra es que la oferta de atención sea muy alta...pero que aún más alta sea la demanda de la misma.

Eso hace que sitios como Google, Facebook o Youtube, capaces de captar de manera masiva la atención del público, sean valiosos y que puedan cobrar por publicidad de diferentes tipos. Lo mismo ocurre con medios más clásicos como la radio o la televisión. Es la capacidad de estos medios de captar la atención la que justifica el precio que cobran a los anunciantes.

En el caso de la reputación, parece que si pensamos, por ejemplo, en los gurús, 'speakers', escritores, consultores, y profesionales similares, el conseguir una notoriedad en la red, una buena reputación, puede ser también monetizable en forma de conferencias, cursos, libros, consultorías, etc

Al final, esos mercados no monetarios son convertibles en dinero, y tanto empresarios como autónomos lo utilizan en ese sentido... aunque a nivel individual muchas personas valoren por sí mismos estos bienes y la satisfacción que de ellos se deriva sea paga suficiente sin intervenir nunca el dinero.

martes, 27 de julio de 2010

El negocio de los activos virtuales

Si pensábamos que la economía de la atención era un tanto intangible, algo inasible y poco sólido, ¿qué podemos decir cuando descubrimos el jugoso negocio de los activos virtuales?

Chris Anderson, ¿quién si no?, nos ofrece una sorprendente lista de ejemplos en su libro 'Gratis'.

Así, nos habla de la venta de "piedras transportadoras" o "ángeles de la guardia" para el juego Maple Story o el mercado de oro, más exactamente de WOW, la moneda de Wold of Warcraft, a razón de 20 WOWs por dólar americano.

¿Y qué decir del negocio de bienes raíces en Second Life, donde se gestionan alquileres, se compran islas, se revenden terrenos construidos y existe, incluso, un mercado secundario de este tipo de bienes? Y el precio es en dólares, dólares reales por activos virtuales.

Un último ejemplo, aunque el autor señala más: el uso de publicidad, nada más y nada menos que por parte de Barack Obama durante la campaña electoral que le elevó a presidente de los EEUU, en juegos como Burnout Paradise.

Negocios de activos virtuales con los que hay quien afirma que se ha hecho millonario.

Pero ¿es que nos hemos vuelto todos locos?

Esa puede ser, desde luego, la primera impresión... pero pensémoslo un poco más.

En lo relativo a la publicidad en videojuegos, lo cierto es que este tipo de programas compite de manera muy efectiva en la economía de la atención y atención es precisamente lo que busca la publicidad. La cosa tiene mucho sentido.

En cuanto al resto, ¿no es cierto que incluso en el mundo analógico, el que consideramos real, pagamos por intangibles como la diversión o el ocio? ¿Y qué son, en el fondo, la cultura y el arte más que intangibles?

Pagamos por aquello que nos satisface y parece claro que, a medida que ascendemos por la Pirámide de Maslow, a medida que aseguramos el sustento, la estabilidad y la seguridad, nuestras necesidades y deseos se vuelven más y más intangibles.

No parace tan raro, pues, que en una economía de abundancia, ganen terreno los intangibles y, entre ellos, los novedosos activos virtuales.

sábado, 24 de abril de 2010

La economía de la atención

En pocos días este concepto, la economía de la atención, ha acudido a mí varias veces: en una charla de Alejandro Piscitelli, en el libro de Enrique Dans, en otros blogs e, incluso, he recordado que algo parecido a esto ya lo comenté hace unos meses en este mismo blog, en un artículo titulado La visibilidad y la atención como bienes escasos.

Sin embargo, esta vez el término ha captado más mi atención, ha ganado un valor explicativo que hasta ahora no tenía, me ha hecho comprender mejor algunos fenómenos de estrategia empresarial en este confuso y aún en definición sector de Internet.

Con frecuencia me he preguntado, supongo que mucha gente se ha preguntado (y debo decir que todavía no he encontrado una respuesta completamente satisfactoria), qué sentido tiene, desde un punto de vista de negocio, que no desde un punto de vista tecnológico o social, la explosión de servicios gratuitos en Internet, la dedicación de esfuerzos por parte de profesionales y empresas en su desarrollo y explotación, y las valoraciones estratosféricas que se hacen de compañías como Facebook, YouTube o Twitter, cuál es el valor económico de una empresas sin un modelo de negocio muy claro y que, en algunos casos, no producen beneficios.

Enrique Dans, en su libro 'Todo va a cambiar', y a propósito del 'caso Google', nos proporciona una explicación basada en esta economía de la atención.

Al decir, 'economía de la atención', estamos reconociendo que la atención de usuarios y, por tanto, potenciales clientes, es un bien escaso y, por consiguiente, económico. En el mundo de la web 2.0 y los social media, la atención es un bien aún más escaso dada la ingente cantidad de contenidos existentes en la red, los millones de opciones que un usuario tiene a su alcance mediante unos simples click. En ese sentido, la capacidad de captar la atención de los internautas, de atraer visitas hacia un punto concreto, es absolutamente valiosa. Esta capacidad de atraer la atención, combinada con un uso inteligente de la publicidad, puede convertir en muy rentables negocios que, en principio, parecen abocados a la ruina, negocios donde lo que parece su funcionalidad fundamental, sus prestaciones más notables, se regalan a cambio, únicamente, de la atención de los usuarios.

Eso sería lo que estaría haciendo Google: atraer nuestra atención mediante un excelente buscador, mediante las funcionalidades para blogs que ofrece Blogger, mediante los videos de YouTube, mediante la lectura de noticias a través de Google reader, etc, etc, etc para luego rentabilizarlo mediante mecanismos como AdWords.

No creo que la atención pueda servir como base de cualquier negocio en la red, y tampoco creo que existan normas demasiado claras acerca de qué debe hacer una empresa para atraer la atención de los usuarios, para tener grandes activos de atención. Lo que sí parece es que esta economía de la atención puede dar una explicación y un fundamento sensato a ciertos modelos de negocio en Internet.