miércoles, 6 de abril de 2011

La economía de la distracción

En el entorno de Internet y de la Web 2.0, y como una forma de explicar el 'boom' de los servicios gratuitos y la dinámica de muchos sitios web, se ha acuñado el término 'economía de la atención'.

Según este concepto, uno de los motores de Internet es atraer la atención de los usuarios, los navegantes. Se entiende que en un mundo hiperconectado y sobreinformado, la atención es un bien escaso, un bien que por tanto, tiene carácter económico y, caso de conseguirse, puede monetizarse, típicamente en forma de publicidad.

Leyendo el libro 'Superficiales' de Nicholas Carr, me encuentro, sin embargo, con este llamativo párrafo:

"Los beneficios de Google están directamente ligados a la velocidad con que las personas consumen información. Cuanto más rápido naveguemos por la superficie de la red- cuantos más enlaces pulsemos y más páginas veamos- más oportunidades tendrá Google de recopilar información sobre nosotros y de insertar anuncios. Su sistema de publicidad, por lo demás, está explicitamente diseñado para determinar qué mensajes tienen más probabilidades de captar nuestra atención antes de poner esos mensajes en nuestro campo visual. Cada clic que hacemos en la Web marca un descanso en la concentración, una interrupción de abajo arriba de nuestra atención; y redunda en el interés económico de Google el asegurarse de que hacemos clic, cuantas más veces, mejor. Lo último que la empresa quiere es fomentar la lectura pausada o lenta, el pensamiento concentrado. Google se dedica, literalmente, a convertir nuestra distracción en dinero."

¿Existe una contradicción? ¿Qué tiene que ver la economía de la atención con este fenómeno que describe Nicholas Carr y que me atrevo a bautizar como 'economía de la distracción'?

En realidad creo que se trata del mismo fenómeno. Lo que ocurre es que cuando hablamos de economía de la atención estamos adoptando un enfoque simple y economicista: cualquier tiempo que estemos en pantalla pendientes de una web se considera atención. Sin embargo, el enfoque de Nicholas Carr en 'Superficiales' es de tipo cognitivo: analiza la profundidad de la atención, la concentración, la penetración intelectual en lo leído. Es en ese sentido donde surge una contradicción que sólo lo es en apariencia.

Es evidente que si un mensaje primario (el contenido de una web), sirve como anzuelo para insertar mensajes publicitarios o enlaces a otros sitios (mensajes secundarios), y que si la monetización se consigue a base de que el lector interesado inicialmente en el mensaje primario salte al secundario, la denominada economía de la atención se consigue, en realidad, precisamente desviando la atención del internauta.

Se trata pues, de una aparente contradicción 'in terminis' pero que, en realidad, es absolutamente coherente: la economía de la atención es, en realidad, una economía de la distracción.