Mostrando entradas con la etiqueta Incentivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Incentivos. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de agosto de 2010

La economía 'freaky' de Levitt y Dubner

'Freakonomics' no es realmente un libro sobre economía.

Se trata de un ensayo de bastante difícil encuadre en una disciplina concreta. Es cierto que el 'autor intelectual' de las teorías allí expuestas, Steven D. Levitt, es economista y es cierto que algunos enfoques y parcialmente la metodología de sus investigaciones, parecen recordar a los propios de la economía, pero en realidad, y como el propio Levitt reconoce en su blog, se trata de un libro interdisciplinar o, más bien, adisciplinar que, tanto podría ser clasificado de sociología como de economía, con algún detalle de política o psicología.

Los mismos autores reconocen también que, tal y como se les ha criticado, el libro carece realmente de un tema unificador.

Antes de leer esa crítica (que se encuentra al final del libro), yo mismo le daba vueltas acerca de cuál era realmente el tema de esta obra. Mi conclusión fue que, de alguna forma, este libro trata de cómo pensar correctamente y cómo buscar las respuestas adecuadas fiándose de los datos e intentando evitar falacias y lugares comunes de la sabiduría convencional.

Levitt y Dubner insisten en la importancia de los incentivos de las personas, en entender los incentivos que empujan a cada individuo o colectivo, como forma de explicar muchos comportamientos. También nos previenen acerca de las deficiencias de la sabiduría convencional y de las opiniones de los expertos así como del peligro de la asimetría informativa.

Armados con todos estos planteamientos, los autores atacan la explicación y comprensión de problemas absolutamente dispersos y llamativos.

Así, por ejemplo, analizan los incentivos de los maestros de escuela o de los luchadores de Sumo. Con base en esos incentivos, deducen que ambos colectivos se encuentran de alguna forma empujados al engaño...y aportan estudios, ya de tipo numérico, con graves paradojas que parecen confirmar la sospecha de ese presunto engaño.

O, también, estudian el comportamiento de los agentes inmobiliarios y la historia del Ku Klux Klan lo que les da ocasión para tratar el asunto de la asimetría informativa y cómo la rotura de la misma puede ayudar a los clientes de los primeros y cómo acabó parcialmente con el poder del Klan.

Otros temas quizá aún más controvertidos que se abordan es la influencia del aborto en la disminución del índice de criminalidad o el mercado del crack y cómo se explica que, a pesar de las grandes fortunas que se mueven en ese tráfico ilegal, los traficantes 'suelen vivir con sus madres'.

También tratan de la influencia de las decisiones de los padres en el futuro de sus hijos lo que les da ocasión de hablar acerca del miedo y su uso por parte de los expertos.

Finalizan con un llamativo estudio sobre la posible influencia en el futuro de los hijos, del nombre elegido por los padres.

Un libro llamativo, polémico, iconoclasta pero bien fundamentado y argumentado, en el que creo que lo más importante, salvo que sean de nuestro interés particular, no son los problemas específicos tratados (el mercado inmobiliario, el sumo, el tráfico de crack, el índice de criminalidad, etc) sino su enfoque conceptual y el énfasis en buscar las respuestas adecuadas, de la forma adecuada, a cualquier cuestión que nos planteemos.

La edición que he manejado se completa con una larga serie de anexos que incluyen, fundamentalmente, algunos artículos en prensa y algunos posts relevantes en el blog de freakonomics.

Steven D. Levitt
Nacido en 1967, Levitt es un economista estadounidense graduado por la Universidad de Harvard en 1989 y doctorado en 1996 por el MIT. Premiado en 2003 con la medalla John Bates Clark de la American Economic Association al economista estadounidense más prometedor de menos de 40 años de edad y elegido en 2006 por la revista Time entre las cien personas más influyentes del mundo. Actualmente es profesor en la Universidad de Chicago.

Stephen J. Dubner
Escritor y periodista norteamericano nacido en 1963 y graduado por la Universidad de Carolina del Norte en 1984. Vive en New York donde colabora en periódicos como The New York Times y The New Yorker.

Puedes seguir todo lo relativo a este libro en su página oficial

Ficha técnica:
TITULO: Freakonomics. Un economista políticamente incorrecto explora el lado oscuro de lo que nos afecta
AUTORES: Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner
EDITORIAL: Zeta bolsillo. Ediciones B
AÑO: 2005
ISBN: 978-84-9872-331-1
PAGINAS: 325

Artículos de este blog relacionados

martes, 10 de agosto de 2010

Incentivos, indicadores y engaños

Un esquema sencillo, y generalizado, para entender la gestión de una organización y de una empresa, sería el siguiente:

marcarse unos objetivos, establecer unos incentivos para el cumplimiento de esos objetivos, definir los indicadores que miden el cumplimento de los objetivos... y poner a rodar todo el sistema.

Este esquema primario se encuentra presente, de una manera u otra, en técnicas de gestión tan conocidas como la Dirección Por Objetivos (DPO) propuesta por Peter Drucker en 1954 (jefe y empleado acuerdan, de manera participativa, unos objetivos frente a los cuales se mide posteriormente el desempeño del empleado) o el Cuadro de Mando Integral (CMI) de Robert Kaplan y David Norton (una empresa establece una estrategia y fija unos indicadores en diferentes planos, cliente, finanzas, procesos y recursos, para poder seguir el cumplimiento de esa estrategia).

Late en todo ello el aforismo de gestión que dice que "aquello que no se mide, no se gestiona".

Por otro lado, es sabido que, aparte de otros incentivos específicos que la empresa pueda establecer (por ejemplo, comisiones por ventas o planes de retribución variable por cumplimiento de objetivos), la propia medida de indicadores, cuando es conocida por los empleados, afecta al desempeño. De alguna manera son señales de lo que la dirección espera, y de lo que premiará o castigará.

En ese sentido, el establecimiento de indicadores de desempeño actúa como una forma de incentivo en sí misma.

Todo ello parece tener sentido y que debe funcionar... pero tenemos el problema del engaño...

Por desgracia, es bien conocido también cómo un sistema de incentivos y/o un sistema de indicadores pueden tener, es fácil que tengan en realidad, grietas en su diseño, grietas que provocan el incentivo inintencionado de comportamientos no deseados o que posibilitan engaños y falseamientos del sistema.

Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, en su libro,'Freakonomics', nos advierten de una forma bastante descarnada de esa posibilidad del engaño. Nos dicen:

"Por cada persona inteligente que se molesta en crear un esquema de incentivos, existe un ejército de gente, inteligente o no, que inevitablemente invertirá incluso más tiempo en tratar de burlarlos."

Y unas líneas más abajo, remachan, y dan una explicación, un motivo para el engaño:

"Engañar es un acto económico primitivo: obtener más a cambio de menos".

No parece alentador aunque diría, para no dejar muy mal sabor de boca que, en realidad, el ser humano tiende a ser honrado y que los comportamientos engañosos son claramente minoritarios. Eso sí, existen.

Y tambien existen efectos indeseados, no necesariamente malintencionados, de un diseño inadecuado o desequilibrado de indicadores como cuando, por poner un ejemplo, en atención posventa se mide el tiempo de resolución de incidencias y se pone mucha presión en ello, pero no se mide la calidad de la resolución, lo que conduce a cierres precipitados e inadecuados de incidencias no bien resueltas y, por tanto, a insatisfacción de los usuarios, insatisfacción no detectada por un indicador.

¿Cómo luchar contra ello?

Pues, sinceramente, no creo que existan recetas mágicas ni soluciones definitivas. Lo primero, por supuesto, es reconocer el problema. A partir de ahí, algunas ideas podrían ser:
  • Cuando se diseñen sistemas de incentivos e indicadores hacer el ejercicio, en fase de diseño, de intentar encontrar formas de forzarlos y de engañar. Eso podría permitir el identificar huecos y carencias y mejorar el diseño.
  • No fiar completamente la evaluación del desempeño a indicadores presuntamente objetivos, sino dejar un margen, un porcentaje de la evaluación, que sea más subjetivo y que permita equilibrar o corregir errores en el sistema de indicadores (aunque la evaluación subjetiva, preciso es también reconocerlo, tiene sus propios riesgos).
  • Promover un alineamiento sentimental de los empleados con la empresa y con sus objetivos así como una cultura del compromiso que palíe, siquiera parcialmente, las posibles tendencias al engaño
No son ideas brillantes, lo sé, pero no sé si hay mucho más que se pueda hacer.

lunes, 9 de agosto de 2010

Principios de economía freaky

Aunque quizá un poco a destiempo, aunque quizá sea ya casi una especie de clásico más que un libro actual, acometo ahora la lectura de 'Freakonomics', de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner.

Intuyo que me dará mucho para comentar pero, de momento, y nada más empezar, expone tres principios que creo conformarán el modo de pensar de lo que sigue:

  • Los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna y comprenderlos es la base para resolver prácicamente cualquier misterio.
  • La sabiduría convencional a menudo se equivoca. A menudo se halla mal fundamentada y resulta endemoniadamente difícil de comprender, pero puede lograrse.
  • Los efectos drásticos frecuentemente tienen causas lejanas e incluso sutiles. La respuesta a un enigma determinado no siempre se encuentra delante de nosotros.
El primer principio, quizá el más económico de los tres, creo que va a ser, a su vez, el más jugoso, el más fructífero. Entender los incentivos de las personas para sus actuaciones es fundamental para entender sus comportamientos de todo tipo pero especialmente, si de economía hablamos, en cuanto a consumidores.

De los errores de la sabiduría convencional, publicaré próximamente un artículo que lo ilustra y en el que los autores han puesto en palabras algo a lo que yo llevaba dando vueltas desde hace años y nunca había expresado. De momento le voy a dar título: la falacia de la correlación.

El último principio, quizá, en el momento actual, diría que el más discutible o menos claro de los tres, es una suerte de efecto mariposa aplicado a la economía.

Como se puede observar, no son principios exclusivamente de economía, sino más bien una disciplina de pensamiento aunque los autores, por su trayectoria e intereses, la apliquen al mundo de la economía.

Igualmente, tampoco son principios expecialmente 'freakys', sino que exhiben bastante sentido común.

Creo que habrá mucho que reflexionar y comentar en torno a estos principios.