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miércoles, 8 de junio de 2022

Principios de una identidad digital auto-soberana


Una de las aplicaciones de blockchain que quizá van más allá de lo evidente, de las criptomonedas, las transacciones y últimamente los NFT, es su uso para el establecimiento de una identidad digital, una identidad digital perfectamente fiable, conceptualmente centralizada y bajo el estricto control del usuario.


Identidades digitales


Identidades digitales, en realidad, tenemos muchas. Pensemos, por ejemplo, en la multitud de credenciales que usamos para el acceso a redes sociales o aplicaciones y los perfiles asociados. Y pensemos también en la versión digital de nuestro DNI, nuestro número de la seguridad social, nuestro carnet de conducir, etc.

Algunos de los problemas de este tipo de identidades digitales son dos:


  • Su propia variedad...pero una variedad desconectada, es decir, muchas identidades  independientes unas de las otras aunque, evidentemente, hay mecanismos (y muy utilizados en el mundo digital a efectos, por ejemplo, publicitarios) para 'graparlos' de alguna forma, para 'casar' unas identidades con otras y los diferentes datos sobre nosotros que existen en los diversos perfiles asociados a esas identidades.

  • Derivado de lo anterior, el poco control que el ciudadano, la persona, tiene sobre esas identidades y, sobre todo, los datos de su perfil.


Para hacer frente a esa problemática surge la idea de la identidad auto-soberana ('self-sovereign digital identities', SSI).


Identidades digitales auto-soberanas ('self-sovereign digital identities')


En las identidades digitales auto-soberanas, es el usuario el que controla sus propias credenciales y sus datos se necesita su permiso para usar esas credenciales, cualesquiera que sean.

En las interacciones basadas en identidad digital auto-soberana, y de cara al establecimiento de la necesaria confianza, una parte cualquiera debe presentar sus credenciales a la otra u otras y esta otra u otras pueden comprobar que esas credenciales provienen de un proveedor de confianza.

Además, en general, los sistemas de identidad auto-soberana se basan en esquemas distribuidos.

Y ¿de qué tecnología disponemos que sea distribuida, segura y que esté orientada hacia la confianza?

¡Bingo! Blockchain.

En efecto, las implementaciones de identidad digital auto-soberana se suelen apoyar en blockchain. Así sucede, por ejemplo, en la más que interesante iniciativa de la Unión Europea European Self-Sovereign Identity Framework (ESSIF).

La idea habitual es utilizar las 'wallets' (que, fundamentalmente, y otras funcionalidades de usuario aparte, son contenedores de la claves de un usuario) como medio para gestionar a unas credenciales que en realidad están descentralizadas en una plataforma blockchain.


Los principios de la identidad digital auto-soberana


Leyendo el libro 'Token Economy: How the Web3 reinvents the Internet' de Shermin Voshmgir me he encontrado una enumeración que hace la autora de cuatro principios de esta identidad digital auto-soberana, unos principios propuestos por Christopher Allen uno de los primeros en definir y apostar por este concepto de identidad digital auto-soberana. y que me ha parecido interesante traer aquí:


  • Acceso y control: Control directo de los datos de una identidad personal por parte de los usuarios incluyendo el control sobre el nivel de anonimidad.

  • Transparencia e interoperabilidad: Los algoritmos que gobiernen los datos relacionados con la identidad deben ser trasparentes, 'open-source', e independientes de cualquier infraestructura. Además, debería garantizarse una larga vida de estos datos, a poder ser para siempre o, al menos, mientras el usuario lo desee.

  • Portabilidad: Los datos relacionados con la identidad deben poder ser portados a otros servicios, de manera que no sean objeto de censura o control. Estas identidades portables garantizan que los usuarios permanecen con el control de sus identidades independientemente de los servicios que utilicen.

  • Consentimiento y minimización: Los usuarios deben aprobar, en todo momento, el acceso de terceros a sus datos personales. No solo eso, cuando se revelen datos personales, esta revelación debe implicar el menor número de datos necesario.


 Conclusión


Desde que lo descubrí, este concepto de la identidad digital auto-soberana me ha parecido muy interesante. Veo que, por un lado, favorece la privacidad y el control de la información personal por parte del usuario pero, además, lo veo incluso muy interesante desde un punto de vista práctico y operativo como forma de identificación y autenticación.

Y el hecho de que la Unión Europea se lo haya tomado tan en serio como para lanzar su propio mecanismo, me da confianza, por un lado, en la solidez del concepto y, por otro, en su implantación real a gran escala.

Esperemos a ver.


miércoles, 7 de agosto de 2013

La fragilidad de la identidad digital

En los últimos años nos henos venido acostumbrando a la omnipresencia de algunos sitios de Internet como pueden ser Wikipedia o Amazon. Y entre los sitios que consideramos ya como parte de nuestras vidas se encuentran los medios sociales más populares como Twitter o Facebook.

La presencia continua y cuidada en estos medios sociales crea una imagen de nosotros mismos, una huella digital o, más aún, una identidad digital a la que nos vamos acostumbrando y que acaba siendo nuesra imagen y carta de presentación para todos aquellos a los que no conocemos personalmente.

Más aún, adecuadamente cuidada y dirigida, esta identidad digital puede ayudarnos a construir, en lo que al terreno profesional se refiere, nuestra marca personal, nuestra imagen y proposición de valor personales.

La omnipresencia de Internet y los medios sociales pueden, sin embargo, llevarnos a una sensación seguramente engañosa acerca de la estabilidad y durabilidad de estos medios y de esta imagen creada con mucha dedicación y, en ciertas ocasiones, con esfuerzo y una clara estrategia.

En su último libro, 'Who owns the future?', su autor, Jaron Lanier, nos advierte a este respecto. Nos recuerda que, por ejemplo, Facebook es sólo una empresa y, cómo tal, volátil y sometida a los avatares del mercado y la economía... y susceptible de desaparecer y con ella la parte de nuestra huella digital que en ella resida.

The death of Facebook must be an option if it is to be a company at all. Therefore your online identity should not be fundamentally grounded in Facebook or something similar.

La advertencia de Lanier es clara: no podemos confiar nuestra imagen digital a un sitio concreto como Facebook.

La advertencia es acertada y pertinente.

No tan claras o tan inmediatas son las alternativas.

Lanier aboga por la intervención gubernamental para garantizar esa estabilidad, una intervención que habría que definir y articular pero que empezaría, como mínimo, con la generación de un ID digital por parte de las administraciones.

Mientras eso llega o no, se me ocurren tres posibles recetas, ninguna definitiva lo reconozco, para intentar independizar nuestra identidad digital y nuestra marca personal de un sitio web o una empresa concretas:
  • Diversificar nuestra presencia en varios medios sociales, manteniendo la coherencia e, incluso, en algunos casos, duplicando contenidos, de forma que la ligadura a un medio concreto sea menor.

  • Mantener un site propio con dominio propio. Cierto es que esto cuesta dinero y dedicación...pero siempre estará en nuestra mano la parte de identidad digital que en él volcamos.

  • Cultivar la identidad, personalidad y marca personal 'off-line'. Aparte de que nuestro valor intrínseco no puede venir ligado a ningún medio, digital o no, siempre nos será más fácil reconstruir una identidad o una marca en el mundo online si tenemos los conocimientos, valores y el reconocimiento en el mundo offline.
En parte, la estrategia y el esfuerzo que dediquemos a preservar nuestra identidad digital, dependerá de cuánto la valoremos...

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Personalidad implícita en la red

Una de las preocupaciones más frecuentes respecto al uso de Internet y los medios sociales es todo lo que tiene que ver con la privacidad y la seguridad.

Siendo ciertos ambos, con frecuencia tengo la sensación de que se magnifican un tanto ambos y no porque técnicamente no existan ambas problemáticas, que existen, sino porque quizá se les da una dimensión relativa superior al impacto real lo que tiende a demonizar Internet.

Cuando se reflexiona de forma simplista sobre los posibles problemas de privacidad, podemos pensar que éstos pueden eliminarse o minimizarse simplemente evitando el proporcionar datos explícitos sobre nosotros mismos tales como nuestro teléfono, nuestro DNI, nuestra dirección postal, etc. 

Es cierto que no proporcionar esos datos añade algún nivel de privacidad...sin embargo, probablemente muchísimo menor del que pensamos.

Con los pocos datos disponibles, pero cruzando la información que sobre nosotros puede existir en tantos y tantos lugares de la red, es posible llegar a unir mucha información sobre una persona.

Pero el punto más interesante, quizá el más preocupante, no es tanto el que tiene que ver con nuestra información explícita sino en todo lo que revelan, de forma implícita, nuestros usos de la red...que también quedan registrados y sobre cuya información poco control tenemos.

Nuestros usos, los grupos a que nos podemos unir en una red social, las compras que podemos realizar online, las páginas que visitamos, etc, permiten elaborar un perfil sobre nuestra personalidad, ideología, opiniones, gustos, inclinaciones...

Usado desde un punto de vista comercial y positivo, eso puede permitir ofrecer las ofertas que mejor se adaptan a nuestros gustos o personalizar nuestra experiencia de uso de la red.

Manejada esa información, sin embargo, con otro tipo de fines no tan bienintencionados... la cosa puede llegar a producir miedo.

En su libro 'The net delusion', Evgeny Morozov hace mención a este asunto, que me he tomado la libertad de bautizar como 'personalidad implícita', haciendo referencia a los estudios de Sherri Grasmuk o de Colding-Jorgensen y nos dice:

Facebook users shape their online identities in implicit rather than explicit ways. That is, they believe that the kinds of Facebook campaigns and groups they join reveal more about them  than whatever they put on the dull 'about me' pages.

Las formas más insidiosas e inmanejables de problemas de privacidad podrían venir de esta personalidad que implícitamente revelamos y no tanto de la información explícita que desvelamos.

Quiero pensar que su impacto real, en términos relativos, es menor del que se puede pensar y eso permite mayoritariamente un uso sano, creativo y productivo de la red.

Pero el peligro esta ahí...