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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Tres opciones para la humanidad tras la singularidad

Ha querido la suerte, bueno no exactamente la suerte, que haya coincidido aproximadamente mi lectura del libro de Ray Kurzweil 'The singularity is nearer' con la del libro de Mark Coeckelberg 'La ética de los robots', y esa coincidencia me lleva a una fusión un poquito libre de dos planteamientos: el de la singularidad planteado por Kurzweil y el de una antropología más allá de lo humano que plantea Coeckelberg al final de su libro.

Veamos.

 

Recordando la idea de singularidad


Ya comenté dos visiones de singularidad en el reciente post 'Seis pasos hacia la singularidad'. 

La primera tiene que ver con que las máquinas, básicamente la inteligencia artificial, por un lado supere en inteligencia al ser humano y, por otro, que sea capaz de auto-mantenerse, por lo que ya no necesita al ser humano.

La otra visión, la que realmente plantea más bien una fusión del humano y la máquina. Y esta visión de Kurzweil, muy transhumanista, es la que realmente enlaza con las reflexiones de Coeckelberg.


Un futuro de convivencia con la máquina


El libro de Coekcelberg, para ser sinceros, no reflexiona exactamente sobre la singularidad. De hecho, no estoy cien por cien seguro, pero creo que no la menciona en ningún momento, y si lo hace es un poco de pasada o como contexto.

Lo que apunta Coeckelberg al final de su libro es la posibilidad de una ética y una antropología que vayan más allá de lo estrictamente humano y que incluyan a las máquinas, típicamente a los robots.

Aunque, como digo, no lo plantea exactamente en relación con la singularidad, no puedo evitar verlo como muy cercano.


Las tres opciones


En cualquier caso, lo que quería traer a colación en este post son las tres visiones que Coeckelberg plantea para esa ética y, de una forma terminológicamente paradójica, una antropología que vaya más allá del ser humano y que pueda incluir a las máquinas.

Las tres opciones que expone Coeckelberg son:


  • Visión transhumanista: Se plantea aceptar que el ser humano es una forma de máquina, aunque biológica, y en ese sentido una forma de robot. Y, diría que más importante, acepta el llamado 'mejoramiento humano', es decir, la mejora de capacidades físicas y sobre todo cognitivas obtenidas de la tecnología. En la visión más extrema, la que plantea por cierto Kurzweil, lleva a una fusión del ser humano con la tecnología hasta casi dar lugar a una nueva especie o una nueva forma de humanidad.

  • Visión poshumanista: plantea la convivencia de seres humanos, animales y robots de forma, digamos, natural, incluyendo formas de hibridación. Las máquinas se convierten en compañeras y la fronteras de lo humano se diluyen hasta cierto punto.

  • Visión ecológica: Que pone el foco en el planeta y donde los robots deberían contribuir a un futuro sostenible o no existir.


Por supuesto, en las tres visiones hay mucho más que plantear, debatir y razonar pero, al menos de momento, sólo quería enunciar las tres opciones.


Conclusiones


El avance de las máquinas, particularmente inteligencia artificial y robots, y más cuanto más nos acerquemos o eventualmente lleguemos a la singularidad (si es que eso sucede), nos hace plantearnos cuál debe ser el enfoque de relación con ellas con una perspectiva práctica, claro, pero también ética y antropológica.

En este post he identificado muy brevemente las tres opciones que propone Coeckelberg y que no puedo evitar, aunque estrictamente no esté implicado, ponerlas muy en conexión con el momento de la singularidad o posterior.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Seis pasos hacia la singularidad

Uno de los temas que más aterrorizan, o que más inspiran y motivan, según el caso, las reflexiones sobre el impacto ético y social de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, es el de la así llamada singularidad a la que, para hablar con más propiedad, deberíamos dar apellido para hablar con más propiedad de singularidad tecnológica. 

Un horizonte, para algunos autores no tan lejano, y para otros imposible, y que nos refiere a una inteligencia artificial general (AGI, 'Artificial General Intelligence'), superior a la humana (superinteligencia) y con capacidad para asumir el control.

¿Es eso posible? ¿Está cerca? ¿Está lejos? Y, en lo que se refiere a este post ¿Cómo se llega hasta esa situación (si es que se llega)?

En este post, voy a revisar sobre todo la última pregunta, con base en el libro 'The singularity is nearer' de uno de los más conocidos divulgadores y apóstoles de esa singularidad: Ray Kurzweil.


Alguna idea previa sobre la singularidad


La verdad es que, hasta ahora, no recuerdo haber leído una definición estricta de lo que es la singularidad (aunque seguramente haya multitud de definiciones) pero para mí, la idea de la singularidad con la que me he quedado, incluye estos tres puntos:


  • Existencia de una inteligencia artificial general, es decir, no orientada a temáticas concretas sino de propósito general, capaz de tratar todo tipo de temas y situaciones.
  • Esa inteligencia artificial es superior a la humana.
  • Se trata de una inteligencia artificial autónoma. en el sentido de que es capaz de cuidar de sí misma y evolucionarse, sin necesidad de los humanos.


Si los dos primeros puntos impresionan, e incluso asustan, el que es realmente peligroso es el tercero e inspira propuestas como la del alineamiento o la necesidad del control.


La explicación de Kurzweil


Leyendo, como digo, a Kurweil, esperaba, al principio del libro, su definición de singularidad, a ver si coincide con lo que hasta ahora he entendido y que he reflejado en los tres puntos anteriores.

Sin embargo, aunque lo explica, no aporta una definición como tal, sino eso: una explicación.

Primero, nos habla de unas áreas de cambio clave y que se están acelerando: una capacidad de computación cada vez más barata, un mejor entendimiento de la biología humana y la capacidad de realizar ingeniería a escalas muy reducidas.


There are several key areas of change that are continuing to accelerate simultaneously: computing power is becoming cheaper, human biology is becoming better understood, and engineering is becoming possible at far smaller scales.


Luego salta a la inteligencia artificial, su mejora, su mayor capacidad y su cada vez más cercana integración con la inteligencia biológica humana.


As artificial intelligence grows in ability and information becomes more accessible, we are integrating these capabilities ever more closely with our natural biological intelligence.


Y, finalmente, la posibilidad de, usando nanotecnología, expandir nuestros cerebros mediante la integración con la inteligencia artificial, expandiendo la inteligencia y consciencia humana.


Eventually nanotechnology will enable these trends to culminate in directly expanding our brains with layers of virtual neurons in the cloud. In this way we will merge with AI and augment ourselves with millions of times the computational power that our biology gave us. This will expand our intelligence and consciousness so profoundly that it’s difficult to comprehend.


Y el punto en que se alcanza esa integración, es la singularidad para Kurzweil.


This event is what I mean by the Singularity.



Una visión transhumanista


Así, expresado, realmente la singularidad parece algo diferente, bastante diferente, en realidad, a la concepción que yo tenía antes de la lectura de este libro (y, que, en el fondo, creo que es el entendimiento generalizado) acerca de la singularidad.

Si en el entendimiento que como digo creo generalizado y que he resumido más arriba, se ve a la singularidad muy centrada en la inteligencia artificial, y entendiendo a la inteligencia artificial como 'un otro' que nos puede superar y quien sabe si exterminar, en la propuesta de Kurzweil me encuentro una visión que calificaría de transhumanista y que, por supuesto, incluye un desarrollo enorme de la inteligencia artificial, pero que busca sobre todo la fusión de la inteligencia humana con esa artificial potenciando las capacidades humanas.

Y lo que determina la singularidad no es que nos supere una inteligencia artificial, sino, como digo, que nos fusionemos de alguna manera con ella.  


Expectativas y el crecimiento exponencial


En lo que he leído o escuchado hasta ahora relativo a la singularidad, sea en el sentido transhumanista que acabo de exponer, o sea en el entendimiento más como algo externo que se desarrolla por encima del ser humano, no me he encontrado, probablemente sea imposible encontrarlo, ningún tipo de demostración de su posibilidad, ni tampoco una ruta, un 'roadmap' de cómo llegar hasta allí.

Más bien se trata de unas expectativas, más o menos fundamentadas o razonadas.

Unas expectativas que, por un lado, miran al patrón del desarrollo de la tecnología en el pasado, y especulan con un desarrollo futuro que se apoya en esos patrones y en una concepción de crecimiento exponencial. 

Recuerdo, que, a despecho del frecuente mal uso que se hace del término exponencial, un crecimiento exponencial no es exactamente un gran crecimiento, sino un patrón (formulable matemáticamente) que inicialmente supone un crecimiento muy lento, casi imperceptible, pero que luego se va acelerando y acelerando y acaba siendo realmente explosivo.

Pues bien, gran parte de las expectativas relativas a la singularidad, especialmente a la fijación de su fecha que, por ejemplo, Kurzweil sitúa en 2045, se basan en un crecimiento exponencial de las capacidades tecnológicas, desde la situación actual, hasta proyectarse a ese futuro extraordinario pero no tan lejano. 

Un caso muy conocido, y muy referenciado también por los apóstoles de la singularidad, es la famosa Ley de Moore, relativa a la integración de transistores en un microprocesador y, como derivada, crecimiento de capacidad de computación.

Con base en esa expectativa de mejora exponencial de las capacidades tecnológicas, se espera, no sólo que la singularidad sea posible, sino incluso, relativamente cercana.


Los seis pasos


Como decía más arriba, hasta ahora no soy consciente, aunque seguro que hay propuestas, de haber visto realmente una ruta, un 'roadmap' con sus pasos y sus hitos, que nos conduzca desde nuestra situación actual hasta la singularidad.

Sin embargo, en el libro 'The singularity is nearer' me encuentro, y ya en el primer capítulo, quizá no un roadmap como tal, pero sí al menos seis grandes pasos, épocas o fases como las llama Kurzweil, que nos deben llevar hacia la singularidad. Son las siguientes:


  • 1. Nacimiento de las leyes de la física y la química: Algo que se sitúa miles de millones de años atrás, poco después del 'big bang'.

  • 2. Organismos con ADN: Todavía varios miles de millones atrás, las moléculas se unieron en organismos suficientemente complejos como para estar dotados de ADN, constituyéndose en criaturas capaces de expandirse y evolucionar.

  • 3. Formación de cerebros: hace unos millones de años, aparecieron animales con cerebros, siendo esos cerebros capaces de procesar por sí mismos información.

  • 4. Aparición de los seres humanos: Más allá del interés evidente que para nosotros tiene este hecho, lo relevante es la unión de unos seres con capacidades cognitivas superiores con la existencia de pulgares en sus manos, lo que permite transformar los pensamiento en acciones complejas.

  • 5. Unión de las capacidades biológicas con las tecnológicas: A través fundamentalmente de la neurotecnología o BCI ('Brain Computer Interface') se posibilita la interacción de nuestro cerebro y sistema nervioso con equipos digitales, es decir, la mezcla de las capacidades cognitivas biológicas de los humanos con la tecnología digital.

  • Computronium: Con ese curioso nombre, designa el autor la expansión de nuestra inteligencia por todo el universo, transformando la materia ordinaria en ese 'computronium' que es una materia organizada según la densidad de la computación (reconozco que lo que quiere decir exactamente esta frase sobre la densidad, no lo tengo del todo claro). Este el el punto clave, el hito de la singularidad.

Kurzweil entiende que estamos en la cuarta época o fase aunque, apunto yo, bien es verdad que todavía de forma bastante primitiva, ya se han dado los primeros pasos en neurotecnología, así que quizá podría decirse que estamos iniciando tímidamente la quinta. Para Kurzweil, esa quinta fase se completaría tan cerca como 2029 (dentro de cuatro años cuando escribo esto).

Y la sexta y última, la singularidad, como ya hemos dicho, Kurzweil la sitúa en 2045, dentro de veinte años


Conclusiones


Realmente, la hipótesis de la singularidad (parece que incluso su naturaleza exacta) es eso, una hipótesis, un planteamiento, en que hay autores que creen firmemente, como Kurzweil, mientras que otros sin escépticos o, directamente, niegan su posibilidad.

Aunque no existe, a menos que yo sepa, ningún verdadero 'roadmap' que nos conduzca a esa singularidad, al menos Kurzweil se propone seis grandes épocas, seis grandes fases, y se atreve a dar fechas para todas ellas.

El tiempo le dará o quitará la razón y, dado lo agresivo de esas fechas que propone, eso no tardará en suceder.

Primer hito: 2029.

El hito clave: 2045.


viernes, 27 de diciembre de 2024

Pensar la tecnología desde la filosofía con Antonio Diéguez

En 'Pensar en la tecnología' su autor, el catedrático de la Universidad de Málaga Antonio Diéguez, nos trae un análisis filosófico pero muy moderno y actual, del papel de la tecnología en la sociedad y las consideraciones que desde un punto de vista humano, y especialmente ético, debemos de tener en cuenta, trayendo a colación, durante el recorrido, muchas de las ideas de otros autores, desde los más clásicos a los más modernos y muchos debates, gran parte de los cuales no están realmente resueltos, sin dejar, por supuesto, de aportar sus propios planteamientos y opciones

El libro, que no es muy extenso, se divide en cinco capítulos como sigue:
  • '¿Cómo entender la tecnología? Una aproximación filosófica': Comienza haciendo algunas aclaraciones de orden terminológico indicando lo que significa técnica, lo que significa tecnología y cuál es la relación de la ciencia con la tecnología. Continúa justificando el interés de una filosofía de la tecnología comenzando por una diferenciación de los problemas abordados y una reseña histórica. Y remata con lo que el autor considera tres tópicos falsos sobre la tecnología, que serían: la consideración de que la tecnología no es ni buena ni mala sino que depende del uso que hagamos de ella, la afirmación de que la tecnología nos deshumaniza y, finalmente, la afirmación de que la tecnología tiene su propia dinámica ajena al control humano.

  • 'No deberíamos aceptar el determinismo tecnológico': En este capítulo el autor afronta lo que parece ser casi una batalla personal contra el determinismo tecnológico, un determinismo que, aunque presenta diversas variantes que el autor explica, en el fondo viene a decir que la tecnología sigue su propio camino sin posibilidad de un control humano y sin posibilidad tampoco de un debate ético, en línea con el tercer tópico tratado en el debate anterior. El autor explica las variantes de ese determinismo que se concretan en una que afirma que los procesos sociales y el devenir histórico vienen determinados por la tecnología, otra que sostiene que la tecnología está determinada por las leyes naturales, y una tercera que dice que la tecnología se auto-determina a sí misma. Tras estas explicaciones el autor identifica los problemas tras ese determinismo tecnológico.

  • 'Tecnología, responsabilidad y democracia': Comienza concentrándose en la idea de la responsabilidad y, tras proporcionar 'background' sobre el concepto, analiza la posibilidad de que las máquinas sean responsables, entrando así en la problemática de la agencia moral de las máquinas y recorriendo algunas de las argumentaciones de diversos autores y autoras en ese campo. Tras esto, se sitúa en la hipótesis de unas máquinas realmente inteligentes, una AGI ('Artificial General Intelligence') y analiza cómo deberíamos relacionarnos con esas máquinas lo que abre el debate, ahora, de la paciencia moral de esas máquinas. Finaliza con una última sección que analiza largamente la relación entre tecnología y democracia

  • 'Transhumanismo y gobernanza de la inteligencia artificial': Recoge aquí el autor un tema del que es especialista y del que ya ha publicado al menos otro libro: el transhumanismo. Primero explica de qué estamos hablando y luego analiza cómo el transhumanismo trasciende el ámbito tecnológico para convertirse en una forma de ideología. Luego se pregunta si el dominio de las máquinas es realmente algo cercano, y toca, entre otros, aspectos como la singularidad o la posibilidad de la inmortalidad. Aborda luego la super-inteligencia y las posibilidades de mejoramiento humano. Y finaliza el capítulo analizando la temática de la regulación de la inteligencia artificial.

  • 'Biotecnología: un camino abierto': En este quinto y último capítulo se adentra en una forma de tecnología algo diferente pero igualmente desafiante como es la biotecnología y aborda algunos aspectos muy relacionados con la temática del transhumanismo como, de nuevo, el mejoramiento humano o el alargamiento de la vida. Finaliza con algo que parece de película pero sobre lo que ya hay trabajos: la posibilidad de 'devolver a la vida' especies de seres vivos ya extintas.
Remata la obra con un extenso epílogo en que, entre otras muchas cosas, anima a considerar la tecnología, no sólo desde el punto de vista ético, sino también bajo el prisma de sus implicaciones políticas y sociales.

'Pensar la tecnología' es un libro más divulgativo que erudito, aunque situándose un poco a medio camino, que aborda la tecnología y sobre todo su impacto, desde un prisma filosófico y especialmente aunque no únicamente, ético, tocando por el camino, no todos, pero sí muchos de los debates filosóficos más relevantes respecto de la tecnología, con dos focos fundamentales, aunque no únicos, desde el punto de vista tecnológico: la inteligencia artificial y la biotecnología. Una lectura interesante, que hace reflexionar, y que para lectores poco acostumbrados a estas temáticas de éticos tecnológica o filosofía de la tecnología, (la verdad es que no es mi caso) puede resultar muy sorprendente y estimulante.

Antonio Diéguez Lucena

(Fuente: Entrada en Wikipedia)

Antonio Diéguez Lucena
Antonio Javier Diéguez Lucena (Málaga, España, 1961) es un filósofo y Epistemólogo español. Doctor en filosofía por la Universidad de Málaga y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en esa misma universidad. Sus investigaciones giran alrededor de la filosofía de la ciencia, el realismo científico y el transhumanismo.​ Se le considera un referente del transhumanismo en el mundo hispanohablante gracias a dos de sus libros: 'Transhumanismo' (2017) y 'Cuerpos inadecuados' (2021).

En 1984 se graduó de sus estudios de filosofía en la universidad de Málaga, universidad a la que ha estado ligado toda su vida académica. En 1987 consiguió su doctorado con Pascual Martínez Freire como director. También ha cursado varios créditos de la licenciatura de biología.

Desde 1984 ha trabajado como profesor en la universidad de Málaga, consiguiendo la titularidad del puesto en 1989. Ha dado clase en diferentes asignaturas en las licenciaturas y grados de filosofía e Historia y en másters relacionados con la filosofía o la ciencia en la universidad de Málaga. También ha realizado diversas estancias en el extranjero: en la Universidad de Helsinki en 1996, 1998 y 2003; en la Universidad de Harvard en 2007; y en el The Oxford Uehiro Centre for Practical Ethics de la Universidad de Oxford en 2014 y en 2023.

Entre 2012 hasta 2015 fue presidente electo de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de la Biología y desde 2013 es director de la revista Contrastes.

En abril de 2023 fue nombrado por el Ministerio de Ciencia e Innovación como miembro del Comité Español de Ética de la Investigación.

Puedes conocer más del autor visitando su página personal en la Universidad de Málaga o siguiéndole en X donde se presenta como @AJDieguez.

Ficha técnica:


EDITORIAL: Schackleton books
AÑO: 2024 
ISBN: 978-8413613291
PAGINAS: 256

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Sobre la idea de cyborg

Un concepto, quizá en nuestra mente más asociado al mundo de la ciencia ficción que a la realidad, es el de cyborg, una especie de fusión entre el ser humano y la máquina.

Y, sin embargo, no se trata completamente de un concepto fantasioso (al menos no cuando no se lleva hasta sus últimas consecuencias), sino que existen ya realidades.


Puede que todos seamos un poco cyborg


En realidad, si lo pensamos bien, vivimos, y ya desde la antigüedad, en una creciente 'cyborgización', en una mayor participación de la tecnología en nuestro bienestar y en nuestro propio ser.

Aunque sea un nivel de tecnología muy básico y como ejemplo, cuando para arreglar una fractura grave, se unen las partes del hueso con una placa que queda en el interior, hemos incorporado a nuestro cuerpo un elemento tecnológico, muy básico si se quiere, pero real.

Cuando para arreglar una miopía o unas cataratas nos implantamos lentes intraoculares, estamos incorporando tecnología y elementos artificiales a nuestro propio cuerpo que arreglan desperfectos pero que a veces también potencian nuestras capacidades. Aunque mucho más primitivo y 'de quita y pon' las propias gafas son una forma de incorporación de tecnología al cuerpo.

Algo parecido podemos decir de un marcapasos, de una bomba de insulina, de un implante coclear o de extremidades robóticas para amputados, por mencionar algunas.

Así que, aunque la idea de cyborg nos pueda resultar ajena, extraña e incluso repulsiva, parece que de forma creciente nos introducimos en ella, nos convertimos todos un poco en cyborg y dado que nos ayuda a resolver problemas, no la percibimos como nada malo, como nada cuestionable.


El cyborg extremo


Claro, lo que pasa es que al hablar de cyborg, en el fondo, estamos pensando en formas digamos extremas de cyborg. Un cyborg en que las capacidades artificiales que se incorporan tienden no tanto al arreglo de deficiencias como al aumento de capacidades físicas, perceptuales o cognitivas, un cyborg en que la fusión es mucho más profunda y no meramente anecdótica.

Especialmente en las formas aún fantásticas (sin realización real, al menos actual) de cyborg, en que se puedan aumentar las capacidades intelectuales (mediante alguna forma de fusión con la inteligencia artificial) o de memoria (mediante alguna forma de fusión con la computación en la nube), de telekinesis o telepatía (probablemente mediante algún tipo de fusión con neurotecnología), la multiplicación de nuestra fuerza física (mediante alguna forma de fusión con exoesqueletos o extensiones robóticas) nos sorprenden, nos desafían, nos asustan...y puede que con razón. 


El concepto de cyborg de Donna Haraway


¿Qué es un cyborg en realidad?

Donna Haraway
Bueno, cada uno puede tener su opinión y la evolución tanto tecnológica como social nos conducirá a un sitio u otro, pero quería revisar muy brevemente un concepto primigenio de cyborg, el expuesto por Donna Haraway en su famoso 'A Cyborg manifesto' y que atrae mi atención al encontrarlo mencionado en el libro 'Person, Thing, Robot: A Moral and Legal Ontology for the 21st Century and Beyond' de David Gunkel, un manifiesto que descubro tiene más que ver, quizá, con una visión del feminismo e incluso con una revisión filosófica de corrientes como el marxismo o el existencialismo, temas en los que no voy a entrar.

Pero con lo que me quedo es sólo con la idea que resume Gunkel acerca de que la visión de Haraway de un cyborg, no se queda sólo en esa idea de la fusión de humano máquina sino que, de alguna forma  lo extiende para reforzar la idea es que lo importante es romper distinciones binarias, en este caso entre orgánico e inorgánico o lo natural de lo tecnológico.


Implicaciones y transhumanismo


No voy a analizarlo, pero sí quisiera mencionar cómo una visión extrema, o al menos avanzada de cyborg, que tiende a conducirnos a visiones transhumanistas de 'superación' de lo meramente humano, tiene implicaciones muy serias, de tipo ético y social (por ejemplo, un forma nueva de brecha entre humanos aumentados y no aumentados y entre clases pudientes y no pudientes) o incluso filosófico profundo (la verdadera naturaleza humana).


Conclusiones


Probablemente, la ídea de cyborg, aparte de retos tecnológicos muy interesantes, plantea, y en realidad esto es mucho más importante, profundos desafíos éticos y morales, muchas preguntas a las que es muy difícil contestar ahora mismo y que creo que lo iremos haciendo poco a poco a medida que los avances tecnológicos vayan haciendo más y más factible formas más complejas (prefiero no utilizar el término 'avanzadas') de cyborg y por tanto las posibilidades cyborg sean más tangibles, más reales. La reflexión sobre todo ello, desde luego, daría para muchísimo más que un post.

Recordemos, no obstante, que ya todos hoy en día somos un poco cyborg y, más bien, se trata de saber hasta dónde será posible llegar y hasta dónde estaremos dispuestos a llevar esa fusión con la tecnología.


miércoles, 15 de diciembre de 2021

Derivadas del pensamiento de Damasio (II): La dudosa consciencia del software y los límites del transhumanismo

Este post es, en cierto modo, la continuación del publicado hace dos días y que titulaba 'Derivadas del pensamiento de Damasio (I): Consciencia de los robots y la hipótesis de la sensorización masiva'.

En ambos artículos extraigo algunas derivadas, algunas conclusiones, quizá algo aventuradas, que me han venido a la mente al leer el libro  'Feeling & Knowing: Making Minds Conscious' de Antonio Damasio, el afamado neurocientífico de origen luso.


Recordando el origen de la consciencia según Damasio


En el primer post comentaba cómo Antonio Damasio entiende como imprescindible para el surgimiento de la consciencia en los seres vivos, su propia percepción. el sentirse a sí mismos, a sus propios cuerpos, para lo que utilizan sensores como son las neuronas con axones no mielinizados o la no separación entre el sistema sanguíneo y el nervioso que se da en la zona del cerebro dedicada a la propiocepción y que ponen a las neuronas en contacto con el resto del cuerpo. 

Las imágenes ('images') que se forman con base en esas percepción (esos sentimientos o 'feelings') en las mentes ('minds') de los seres vivos y su puesta en relación con las imágenes que se crean a partir de las percepciones del entorno obtenidas por medio de los sentidos, hacen que surja el concepto de 'yo', de individualidad e historia propia de la consciencia.


Sobre la posible consciencia de los robots


De ahí deducía en el anterior post de la serie, y como primera derivada, que si pretendemos que un robot llegue a tener consciencia, parece que eso nos llevaría a dotarlos de una sensorización interna a gran escala, una sensorización que lleve a que el robot perciba su propio 'cuerpo', que tenga información sobre él y, poniendo esa información en relación con la que obtiene por los sensores orientados a captar señales del exterior, posibilite la aparición de consciencia de forma similar a como, según Damasio, ocurre en los seres vivos conscientes.


¿Y la consciencia del software?


Si suponemos como hipótesis, quizá arriesgada pero que vamos a mantener, que es posible la consciencia de un robot, ahora nos preguntamos ¿es posible también la consciencia del software? ¿Es posible que los algoritmos o los robots software como los que describo en mi libro 'Robots en la sombra' lleguen a tener consciencia de forma similar a como podrían hacerlo los robots físicos?

A bote pronto parece que sí puesto que, al fin y al cabo, en un robot todas las facultades, digamos, 'mentales' y 'cognitivas', y la consciencia estaría ahí encuadrada, se encuentra en su software, no en su hardware.

Sin embargo, si seguimos 'a pie juntillas' el pensamiento de Damasio y el paralelismo entre lo que ocurre según él en los seres vivos y los seres artificiales, los algoritmos de inteligencia artificial y los robots, tenemos una gran objeción.

En el pensamiento de Damasio, como vimos, el cuerpo juega un papel fundamental. Son las imágenes creadas a partir de las percepciones sobre el propio cuerpo las que posibilitan el autoconcepto y la aparición de las consciencia. Según eso, y dado que los algoritmos y los robots software son meramente lógicos, no físicos, dado que no parecen tener cuerpo, no se podrían crear ese autoconcepto y por tanto no podrían ser capaces de crear una consciencia.

Se trata de una objeción fuerte pero que quizá se podría rebatir en dos sentidos, ambos que reclaman un cierto 'cuerpo' para el software.

En efecto, aunque el software lo vemos como algo inmaterial, no lo es realmente. Lo es a nivel macroscópico pero a niveles microscópicos o nanoscópicos, sí tiene un reflejo físico. Un reflejo físico que pueden ser las orientaciones mágnéticas de minúsculos dipolos en los discos duros, la situación de electrones y huecos en el silicio de los procesadores o memorias que lo soportan o los pequeños potenciales eléctricos o pequeñas intensidades eléctricas en patillas de circuitos integrados o buses de interconexión. Aunque sea a niveles microscópicos, el software sí tiene realidad física, una especie de cuerpo.

Más aún, decimos que los robots software no tienen cuerpo  pero los robots industriales o humanoides sí y en realidad no es exactamente así. Lo que ocurre es que los robots 'fisicos' tiene un' cuerpo' especializado para su labor, mientras que el software se ejecuta en ordenadores, tablets o smartphones de propósito general. Pero el que sea de propósito general, el que no tenga brazos, ojos, garras terminales, etc  no quiere decir que no sea una especie de cuerpo.  

 Si consideramos ambas cosas, hemos dotado de 'fisicidad', de 'cuerpo' a los algoritmos y los robots software y, por tanto, podríamos estar en disposición de asistir al nacimiento de consciencia siempre que esos algoritmos o esos robots software estuviesen dotados, de nuevo, de abundante sensorización que, no sólo les permitiese percibir su entorno, sino que también posibilitarse el sentirse a sí mismos.


Una posible barrera para el transhumanismo


Doy ahora un pequeño salto para tratar otra derivada que conecta con la consciencia en el software pero que ahora afecta al transhumanismo en su versión más extrema.

El transhumanismo es una corriente no sé si llamarla de pensamiento, filosófica o de opinión pero que, en cualquier caso, propone la fusión de los humanos con la tecnología. 

En sus versiones menos radicales pueden suponer, por ejemplo, la implantación de dispositivos en nuestros cuerpos que aumenten nuestras capacidades físicas o sensoriales. En visiones más ambiciosas podrían extender nuestras capacidades mentales dotándonos de más memoria, de acceso a datos o mayores capacidades intelectuales. 

Y, en lo que seguramente es su visión más extrema, podría intentar conseguir incluso la eternidad mediante la descarga de nuestras capacidades mentales y cognitivas, nuestros recuerdos, nuestra personalidad etc desde nuestro cerebro y sistema nervioso, donde parecen residir, a alguna forma avanzada de sistema computacional, quizá incluso en la nube (cloud). 

De alguna forma, se trataría de reducir nuestras capacidades mentales a alguna forma de 'software' que cargaríamos en otro sistema 'computacional' diferente del cerebro. Está claro que eso, hoy en día, no es ni lejanamente posible. Y está claro que esa idea tiene fuertes connotaciones filosóficas y éticas. Pero en este post vamos a prescindir de eso por unos momentos y sólo nos preguntamos si, con base en el pensamiento de Damasio, esa 'imagen software' de nosotros mismos podría realmente mantener la consciencia de sí misma una vez trasladada a ese sistema computacional.

Se trataría, en principio, del mismo problema que el visto más arriba con el software. Si suponemos que el software no tiene cuerpo, eso podría imposibilitar que ese 'software' en la nube pudiese mantener una consciencia al no tener cuerpo al que referirse.

Pero si suponemos que, en realidad, ese software sí que tiene un cuerpo, aunque microscópico o de propósito general, podríamos apostar por la posibilidad de consciencia.

Sin embargo, aún aceptando esa posibilidad, surge otro problema ¿Cómo afectaría a esa consciencia un cambio tan radical (y abrupto) de 'cuerpo', un cambio tan radical de su autopercepción. Siendo muy tecno-optimistas a lo mejor podemos suponer que sí tendría consciencia pero ¿sería la misma que la original, que la que tenía cuando estaba en un cuerpo humano? 

A esto, sinceramente, ya no sé qué contestar.


Conclusión


Según lo visto, y basándonos siempre en un posible paralelismo para seres artificiales de las teorías que Damasio aplica a seres vivos, parece que no es imposible que un puro software pudiese llegar a tener consciencia. Sin embargo, tanto la conclusión como la vía para conseguirlo, en el caso del software parecen menos claras que en los robots físicos.

Y lo que sí parece seriamente comprometido, aunque no del todo eliminado como posibilidad hipotética, es la visión transhumanista extrema, la fusión del hombre  y la máquina o, quizá mejor dicho, la migración de la mente humana a una máquina.

En todo caso, y para evitar confusiones, recordar que todo esto son meras hipótesis, no claramente factibles y, en cualquier caso, muy lejos, mucho, muchísimo, de lo que se puede hacer realmente hoy día.