Mostrando entradas con la etiqueta Economia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de octubre de 2025

Machine learning y la fantasía de una política científica

En este post, más de opinión que de exposición, voy a desarrollar lo que es  a la vez un convencimiento y creo que, por desgracia, una fantasía: el uso inteligente y científico de modelos de machine learning en la administración pública.


La naturaleza de la política: la administración


Hace un par de semanas publicaba en mi podcast 'Divergencias' un episodio que titulaba "Management y política" y que tiene mucho que ver con lo que ahora desarrollo de manera más enfocada en este post.



Una de las cosas que allí apunto es la que creo las dos dinámicas dominantes de la política.

La primera dinámica, la que resulta mucho más visible y que en realidad es mucho más superficial y menos valiosa, es la que tiene que ver de alguna forma con la comunicación política. Se trata de todas las acciones que realizan líderes y partidos para exponer sus posiciones, para criticar las del contrario y, en definitiva, para intentar ser relevantes y ganarse la voluntad y en último término el voto de los ciudadanos. Declaraciones, apariciones en medios, mítines, manifestaciones, etc forman parte de esta faceta de la política.

La segunda dinámica, la realmente importante, y mucho menos visible por desgracia, es la administración y la gestión, es la que tiene lugar cuando se ejerce el gobierno, cuando se está al frente de un gobierno central, de un ministerio, de una comunidad autónoma, de una consejería, de un ayuntamiento, etc.

Podría decirse que hay una tercera dinámica, que es la legislativa, pero en esa no voy a profundizar y la asimilaré, aunque de forma bastante simplificada y quizá burda, a la segunda.

En cualquier caso, y aunque la administración pública tiene algunas particularidades, cuando entramos en gestión (en 'management' como decía en mi podcast) entran en juego cuestiones como presupuestos, equipos, plazos, resultados, retornos, etc. Y pasan a ser importantes, o deberían pasar a  ser importantes, la eficacia (conseguir objetivos) y la eficiencia (optimizando el uso de recursos que para ello se emplean).

En mi podcast apostaba por que, en esa labor de gestión, se adoptasen los enfoques que son comunes en las empresas. Reconociendo, como decía antes, que la administración pública tiene elementos diferenciales y que, por ejemplo, los retornos que se esperan para una inversión con frecuencia no son económicos, creo que la mayor parte de las herramientas y técnicas de gestión empresarial pueden y deberían aplicarse en el ámbito público.


Gestión científica


Y esta gestión empresarial me lleva a lo que, quizá de una forma algo grandilocuente y no del todo exacta, estoy denominando una gestión científica.

Lo que quiero decir con ello es la aplicación de metodologías, técnicas e incluso tecnologías que hacen que la gestión se base en hechos y datos, que mida resultados, que monitorice progresos y que apoye las decisiones en esos datos, en estudios o modelos contrastados, y no en la mera intuición o la voluntad 'política'.

Que sea, en definitiva, una gestión objetiva, fundamentada, eficaz y eficiente... y mucho menos (cuanto menos mejor) 'ideológica'.


Técnicas, metodologías y tecnologías


En esa gestión científica, existen muchas técnicas. Así, por ejemplo, está ampliamente definido, usado y documentado el uso de técnicas para valoración de proyectos de inversión y para el filtrado, selección y priorización de proyectos.

Existe también, por ejemplo, una disciplina bien desarrollada para la dirección de proyectos de cualquier naturaleza y que incluye, aparte del control de plazos y presupuestos, aspectos relevantes como la gestión de riesgos.

Y existe una disciplina bien desarrollada de análisis y optimización de procesos de negocio y una amplísima oferta de tecnologías de digitalización y automatización para disponer de una administración muchísimo más moderna y, de nuevo, más eficaz y eficiente.


Modelos


Entre las herramientas para una gestión científica se encuentran los modelos, de los que próximamente también hablaré en mi podcast 'Divergencias'

Los modelos son abstracciones de la realidad, unas abstracciones que, por fuerza, acaban siendo simplificaciones, pero que ayudan a explicar esa realidad y, sobre todo, a hacer predicciones razonables sobre la misma.

A algunos de estos modelos, sobre todo físicos o químicos, se ha llegado por experimentación, reflexión y, en ocasiones, deducción matemática. Un ejemplo que muchos habremos estudiado en la época escolar son los sucesivos modelos del átomo que se generaron desde la época de los griegos hasta todavía la época actual en que se siguen descubriendo o deduciendo nuevas partículas subatómicas. O los modelos que explican y dan forma matemática a la gravedad y que comienza por Newton y se revisan por parte de la teoría relativista. O, en la misma línea de la física, los modelos del universo.

En muchos campos, un modelo acaba teniendo unas variables de entrada y unas variables de salida y lo que, de alguna forma ofrece el modelo, es la relación entre esas variables de entrada y las de salida. Y una vez el modelo se encuentra bien desarrollado y probado, es capaz de hacer predicciones y decir, con razonable seguridad y exactitud qué valores de salida tendremos antes unas entradas concretas.


Econometría


En el campo de la economía, uno de los ámbitos fundamentales de trabajo de la política en su vertiente de gestión existe, de hecho, y desde hace muchos años, la disciplina de la econometría que crea modelos matemáticos y estadísticos para fenómenos económicos.

Y una disciplina que, lógicamente, en los últimos años ha incorporado los modelos de 'machine learning'.

Y con base en esos modelos econométricos, se analizan fenómenos que tiene que ver con precios, inflación y cosas así.


El uso de machine learning: modelos y gestión


Y es que, en efecto, los modelos dominantes hoy en día en muchísimas disciplinas son los modelos procedentes del campo del machine learning.

Estos modelos aportan algunas grandes ventajas.

Así, por ejemplo, son modelos que permiten tratar fenómenos y obtener capacidad predictiva para fenómenos que no comprendemos completamente. A diferencia de los modelos físicos o químicos tradicionales, que suponían un razonable entendimiento del fenómeno y unas hipótesis sobre el 'funcionamiento del mundo', los modelos de machine learning no ponen como condición entender el fenómeno, sólo conocer las variables de entrada y salida relevantes... y el convencimiento de que existe correlación (y quizá causalidad) entre ellas.

Otra ventaja es que se apoyan en datos (muchos datos en realidad) y eso, aunque con la dificultad de obtener y limpiar los datos, y con los riesgos de sesgos, aporta objetividad.

Finalmente, añadiría que, dado el gran progreso tecnológico, dada la gran capacidad de computación disponible, y dado el potente ecosistema de herramientas, cada vez son más sencillos de crear y utilizar, y se encuentran al alcance de cualquier organización, y no digo ya modelos generalistas (como el modelo del átomo) sino modelos específicos, para temas específicos y en organizaciones específicas.


El debate frente a la ciencia


Y si ahora retornamos de nuevo a la política en su faceta de gestión, veo un campo tan potente y tan fructífero si se aplicasen estos modelos a la gestión...

¿Por qué no generamos modelos para los fenómenos más importantes y decidimos con base en datos en lugar de elegir opciones con base en posicionamiento ideológicos, en 'relatos', en conveniencias, en prejuicios o en intuiciones?

Por ejemplo, hace poco se ha subido el salario mínimo en España. Y surgió el debate de si eso impacta o no en el empleo. ¿Qué tal, si en lugar de 'discutirlo', intentamos hacer un modelo que lo muestre, casi que lo demuestre en el sentido que sea?

Respecto al tema de impuestos, otro tema 'calentito': ¿Subirlos o bajarlos? ¿Qué tal si, en lugar de 'tirarnos los trastos' y encendernos en debates, modelamos el efecto de los impuestos en temas como la recaudación del estado, el impacto en el consumo o incluso el PIB?

Y no todo tiene que ser económico. ¿Por qué no modelamos, por ejemplo, si el endurecimiento de las penas para un delito, influye o no en que se cometa menos ese delito? O ¿por qué no estudiamos si, por ejemplo, los impactos publicitarios advirtiendo de los peligros del tabaco contribuyen o no a que disminuya su consumo (aviso que sobre este último punto hace poco leí un libro que venía a decir que era contraproducente avisar mucho de los peligros del tabaco)? 

También se trabaja y es un gran campo en temas como salud pública y epidemiología, o en la predicción de terremotos.

Y así podríamos seguir con todos los fenómenos más o menos complejos que normalmente se discuten y gestionan desde la mera ideología, no desde los datos y la ciencia.

Para ser rigurosos, hay que avisar que no todo es modelable. Puede haber fenómenos para los que no tengamos, por ejemplo, datos suficientes, o con la calidad suficiente,  o acceso a los mismos. A lo mejor, para algunos de los casos que he puesto como ejemplo no somos capaces de hacer un modelo. Y a lo mejor hay fenómenos en que todavía 'estamos tan verdes' en su comprensión, que primero hay que estudiar cuáles son las variables relevantes.

Pero creo que se entiende la idea y, sobre todo, más allá de casos concretos, como práctica generalizada, creo que el uso de modelos, especialmente de modelos de machine learning (sin excluir otras técnicas y disciplinas que citaba al principio) daría un enorme giro en la gestión de lo público, un giro hacia la objetividad, la eficacia y la eficiencia... y de paso, mucha menos polarización.

Y eso nos llevaría a una política, con mucha menos ideología, mucho menos debate estéril y sin fundamento, y a cambio a una gestión de los asuntos públicos mucho más rigurosa y voy a decir que más científica.


El deseo y la fantasía


Y esa es mi propuesta y mi deseo, casi mi carta a los Reyes Magos.

No tengo ninguna queja respecto a cómo se han comportado los Reyes Magos conmigo a lo largo de los años...pero en esta ocasión, creo que este deseo  me lo van a traer ni este año, ni el que viene, ni el siguiente...y puede que nunca.

No tengo datos, pero estoy convencido de que están desarrollados o en análisis muchos modelos del tipo de los que he propuesto. No tengo dudas de que en el ámbito científico y universitario se ha trabajado, se trabaja y se trabajará en este tipo de modelos. Seguro que hay muchos publicados.

Y seguro que en el ámbito privado se están implantando e implantarán muchos modelos, aunque seguramente dedicados a temas más de negocio como predicciones de ventas, de necesidades de materiales, de análisis de acciones de marketing y atribución de ventas o mantenimiento predictivo.

Lo que no veo es su uso generalizado en la administración, aunque no excluyo 'pilotitos', demostradores o pequeñas experiencias.

Lo que, por desgracia, no confío en ver, es su uso generalizado y, sobre todo, el paso de una gestión como la actual, que creo más basada en ideología, discursos, conveniencias, intuiciones y prejuicios, a una gestión objetiva,  basada en datos (y modelos), rigurosa y 'científica'.

Para conseguirlo, se precisaría un profundo cambio cultural y, además, una voluntad, unos conocimientos y unas competencias de las que creo que carecen, de forma muy generalizada, los líderes políticos y gestores públicos actuales.

Así que, ojalá me equivoque, pero esa política científica es, creo, sólo un deseo y una fantasía.


Conclusiones


En el acervo de metodologías, técnicas y tecnologías actuales, existen muchas que serían aplicables en la gestión de los asuntos públicos, en lo que considero la faceta más importante del ejercicio político.

Dentro de las tecnologías, es particularmente prometedor el uso de modelos de machine learning para modelar fenómenos complejos sobre los que luego hay que tomar decisiones de gestión.

Sin embargo, personalmente, veo esa gestión rigurosa, científica y apoyada en datos y modelos, tremendamente deseable, pero siendo prácticos, sólo como un deseo y una fantasía.


jueves, 6 de abril de 2023

Esbozo de un programa de pais, entre la decepción y la esperanza


Se trata este de un post que se aparta bastante de mi línea editorial habitual. Un post que no trata de tecnología, aunque alguna se roce levemente. Que no habla especialmente del mundo de la empresa, aunque lo roce también y añore su disciplina y métodos.

Se trata de un post que, hasta cierto punto, habla de política. Sólo hasta cierto punto, porque no voy a, ni de lejos, mencionar ni decantarme por una opción, partido o ideología concreta, tanto por las directrices que en ese sentido a mi mismo me he impuesto, y que comento unas líneas más abajo, como porque realmente no es el objetivo que persigo

En realidad, lo que quiero es hablar de lo que considero la 'verdadera política', la que echo de menos, la que tiene mucho más que ver con gestión y con administración, que con discursos o elecciones. La que huye de posicionamientos estáticos, excluyentes y descalificantes para centrarse en lo que, de verdad, hay que hacer.


La política y yo


Desde hace muchos años, cuando empecé a participar en redes sociales, e incluso creo que antes, me impuse la norma de no tocar dos temas: política y religión. El motivo es que no espero nada positivo de un pronunciamiento en abierto sobre esos temas. Se trata de dos aspectos de la vida que deberíamos estar dispuestos a debatir pero, sin embargo, por algún motivo, especialmente paradójico en el caso de la política, parecen más ligados a lo emocional que a lo racional.

Considero prácticamente imposible convencer a una persona de unas ideas políticas diferentes a las que pueda tener de partida. Casi imposible. Y, a cambio, fácil hacer que se sienta ofendida, atacada o que te etiquete (una etiqueta bastante teñida de descalificación, por cierto) como de 'los otros', por decirlo de alguna forma, y rompa o perjudique una relación hasta ese momento, sencilla, fluida y cortés.

Con tan poco que ganar (nada, normalmente) y tanto riesgo que correr, simplemente creo que no vale la pena ni intentarlo, salvo en círculos muy reducidos y de confianza.

Y, sin embargo, crece en mí un paradójico interés por la política. Cada vez me interesa más estar al tanto de lo que ocurre a nivel tanto nacional como internacional en materia política. Oigo las noticias, me atraen las tertulias bien fundamentadas y, en círculos reducidos como digo, comento más que antes esa actualidad política.

Pero se trata, como también digo, de un interés paradójico, no tanto por esa prudencia que me he impuesto en cuanto a expresión pública de mis opiniones, sino porque es un interés al mismo tiempo fuertemente teñido de decepción y desesperanza.


La decepción y la desesperanza


¿Por qué esa decepción? ¿Por qué esa desesperanza?

Pues, simplemente, observo las acciones de nuestros políticos y dirigentes, muy en especial los españoles, claro, pero también los europeos o norteamericanos, y en última instancia a los mundiales, en general. Y no puedo evitar observar dos carencias muy generalizadas y terribles: falta de capacidad y falta de ética. Así de simple y así de duro.

Falta de capacidad porque les veo, de forma muy generalizada, sin los conocimientos de gestión necesarios. Conocimientos de derecho y de economía, de técnicas de gestión, de planificación, de gestión de programas, de control de costes etc y, según el área de trabajo, conocimientos específicos adicionales, quizá conocimientos técnicos en industria o energía, o de gestión de la salud para sanidad,  o cualquier otro específico, por ejemplo, de un ministerio o concejalía. 

Creo que los políticos, sin una gran formación en general, se ven más como máquinas de ganar elecciones, de construir discursos, de debatir con rivales y ganar voluntades, que como lo que realmente deberían aspirar a ser: gestores, o al menos gestores en potencia. Las elecciones, en los países en que existen, debería ser sólo, creo, el medio transitorio para elegir a los mejores gestores. Pero insisto que deberían ser mecanismos transitorios (y breves) de corta duración y foco, y no centrar gran parte de la preocupación y acción política. 

Y detecto también falta de ética porque, aunque creo que aquí puede existir más variedad, no percibo motivos limpios en muchas de las acciones que llevan a cabo y discursos que pronuncian, por más que se nos venda la idea de la vocación de servicio. Creo que se guían y deciden en demasía guiados por su afán de crear un 'relato', de hacer daño a los rivales, por descalificar las ideas diferentes, por lucirse o por conseguir sus objetivos, generalmente de corto plazo, a costa de cualquier otra cosa. 

Demasiado discurso engañoso cuando no directamente mentiroso, demasiadas trampas, demasiado juego sucio, demasiado objetivo indigno, demasiada descalificación, demasiada unilateralidad y eso sin entrar siquiera en el terreno de la corrupción, claro. 

No hablo de un partido o líder concreto, que quede claro, hablo de todos, de la generalidad.


Imaginando otra forma de gestionar


Y me gusta imaginar, casi diría soñar, otra forma de hacer política.

Digo soñar, aunque parece que la palabra sueño se comparece mal con política, porque esa forma que deseo la percibo como un algo muy lejano, desgraciadamente inalcanzable, al menos a corto y medio plazo, el plazo que probablemente me sea dado contemplar con mis ojos.

Y eso que el sueño, en el fondo, es muy sencillo. Debería ser realmente moneda común.

Sueño, simplemente, con políticos éticos (no debería ser mucho pedir ¿no?) y que gestionasen los asuntos públicos con el rigor y las técnicas que se usan, por ejemplo, en el mundo de la empresa. Que trabajasen con objetividad y en base a datos y evidencias. Que decidieran con base no en ideologías apriorísticas, sino con base en hechos, cálculos y proyecciones. Sólo eso. No debería ser mucho pedir tampoco ¿no?

Quisiera menos palabras y más números. Quisiera menos discursos escritos y más powerpoint explicado y explicativo. Menos papel y más Excel. Quisiera menos afirmaciones grandilocuentes y más histogramas. Quisiera menos 'meetings' y más 'workshops'. Quisiera menos sesiones de seguimiento al gobierno, y más informes de evolución con datos y curvas, menos  comisiones de investigación y más investigaciones de campo. Más modelos econométricos o sociales, más analítica descriptiva y si puede ser, predictiva. Más gestión. Mucha más gestión. Menos ruido y más nueces.

No debería ser tan difícil, me parece a mí... 

Y no, no debería, pero creo que lo es. Por herencia y por cultura, más bien incultura, una incultura política demasiado asentada entre nuestra clase política y por desgracia también en nosotros, los ciudadanos, me temo. 


*****


Y, a veces, fantaseando, me he preguntado, si yo tuviera la responsabilidad ejecutiva, si yo tuviera en mi mano marcar las prioridades y los esfuerzos del país durante, digamos, una legislatura (aunque creo que ese tiempo se queda bastante corto), ¿en qué me centraría? ¿Qué haría?

Sé que la acción política debe responder al día a día y a imprevistos y 'cisnes negros' como pueden haber sido recientemente la pandemia del COVID, el volcán de la La Palma,  la guerra de Ucrania, o como pueden ser los incendios, pero prescindiendo de esas inevitables reacciones a lo actual e inmediato, creo que me centraría en cambios estructurales profundos, cambios que miran no ya a un par de años vista sino, probablemente, a décadas, aunque sus primeros resultados deberían ser mucho más cercanos. Cambios que deberían garantizar por un lado la sostenibilidad de logros de que disponemos en día pero que se encuentran en claro peligro y, por otro, poner las bases para la creación de un futuro bastante mejor y más próspero.


El programa de país


La verdad es que tampoco lo he pensado mucho, y es más que posible que me deje en el tintero algún tema relevante. Y también es cierto que temas hay muchísimos temas que abordar, y reducirlo, como he hecho, a una docena de acciones, es acotar bastante. Pero bueno, se trataba de priorizar ¿no?

Estas serían, en ese bote pronto, las doce líneas de acción prioritarias;


  • Sostenibilidad a largo plazo del sistema de sanitario y social
  • Sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones
  • Reestructuración energética
  • Desarrollo de infraestructuras
  • Normalización del empleo
  • Ordenación de la inmigración
  • Revolución del sistema de investigación
  • Cultura y ayudas al emprendimiento
  • Reforzamiento de instituciones y sistema legal
  • Redemocratizaciòn
  • Orgullo de país


Y, por cierto, al principio pensaba hablar de un 'plan de país'. Pero no es casual el que al final hable de un 'programa de país'. Por un lado, prefiero evitar un término, 'plan de país', que ya ha sido utilizado por nuestros políticos.  Por otro, para aquellos familiarizados con la disciplina de dirección de proyectos, el término programa tienen significado, aunque quizá los más rigurosos me sugerirían que hablase de porfolio. Me gusta, en cualquier caso, la connotación de dirección de proyectos que la palabra programa conlleva, porque engarza muy bien con esa política como gestión que me gustaría encontrar y que echo muy en falta.

Sea como fuere, a continuación dibujo someramente la idea de cada línea de actuación, aunque en general son bastante evidentes.


1- Sostenibilidad a largo plazo del sistema sanitario y social


Creo que no somos suficientemente conscientes del tesoro que supone un sistema sanitario como el que disfrutamos en Europa Occidental en general y España en particular. Creo que no somos suficientemente conscientes de lo singular que es. 

Pero tampoco somos conscientes, en absoluto, de lo caro que resulta, de lo ineficiente que es actualmente y del grave riesgo de quiebra que sufre tanto por su amplio alcance como por su ineficiencia, agravado por evoluciones demográficas que nos hablan de gran envejecimiento de la población.

Creo que algo tan serio y a la vez tan caro, se gestiona sin el rigor debido. 

Los ciudadanos pedimos, no siempre con mucho criterio, más y más prestaciones sin pensar en lo que eso cuesta y los políticos tienden a concederlas, porque hacerlo es ganar votos y denegarlas es perderlos. Los propios profesionales de la salud prescriben pruebas, consultas y revisiones innecesarias que atascan el sistema y lo encarecen enormemente. El consumo farmacéutico, carísimo, se dispara, y no siempre justificadamente. No se conocen con claridad el coste de procesos y no se analizan suficientemente los datos disponibles. 

Creo que urge un análisis serio y en profundidad con una perspectiva que, sin excluir, claro, lo clínico y lo humano, conceda mucha mayor relevancia a lo económico y lo operativo en busca de eficiencia y sostenibilidad en el sentido económico del término. Es, quizá, el punto del programa más crítico...y para el que veo menos voluntad política de afrontarlo. Porque es muy complejo, probablemente la operación de un sistema sanitario sea una de las operaciones más complejas que existen pero, además, porque probablemente, sea el electoralmente más arriesgado.

Lo malo, es que si no hacemos algo, en algún momento, no tan lejano, explotará, y por inconsciencia y falta de rigor, nos arriesgamos seriamente a perder el tesoro de que disfrutamos.


2 - Sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones


Bueno, de este hemos oído hablar mucho últimamente y, sin duda, seguiremos oyendo hablar. 

No estoy seguro si lo entendí bien, pero recientemente y a tenor de la ley presentada por el ministro Escrivá, escuché en un programa de radio que las pensiones se llevaban la mitad del presupuesto (tengo la duda, que no es menor, de si se trata de la mitad del presupuesto nacional o de la mitad del presupuesto en acción social, es algo que tengo que averiguar). Sea como fuere, se trata de un gasto enorme al que, por un lado, no nos gustaría renunciar, pero que por otro nos consume y que no es productivo. En términos financieros es mero gasto, no inversión.

No voy a juzgar la ley recién propuesta. Por un lado no la conozco en suficiente profundidad y, por otro, he dicho que no me voy a pronunciar de manera concreta sobre una opción política específica. Pero sí puedo decir que me desazona que, mientras un gobierno lanza una ley clave y la defiende a capa y espada, la oposición no esté de acuerdo en absoluto y diga que no es sostenible y la AIREF se muestre también claramente en contra. No es buena señal: o la ley no es rigurosa o no lo son quienes la critican. En cualquier caso es muy preocupante que no seamos capaces de consensuar, al menos aproximadamente, una opinión sobre un tema tan crítico y que tantos recursos nos consume. Otro tema que puede 'explotar' si no se actúa con rigor. Rigor económico, rigor de gestor. 

Tornaría de nuevo a la petición de menos propaganda y más números, exceles e histogramas para intentar juzgar con criterio. Y objetividad, por favor, más objetividad, más números, más modelos, más histogramas y menos relato.


3 - Reestructuración energética


El tema energético creo que es clave. La energía mueve toda la economía, toda la industria, toda nuestra vida. Creo que esa reestructuración es clave en un doble sentido, un doble objetivo, una doble sostenibilidad. 

Por una parte, por sostenibilidad del suministro. Sostenibilidad del suministro quiere decir que debemos garantizar ese suministro de la manera más eficiente y barata posible. Quizá es algo que dábamos por hecho, pero las problemáticas de suministro surgidas a raíz sobre todo de la guerra de Ucrania, nos han hecho ver que somos mucho más frágiles de lo que pensábamos en este tema. Es necesario garantizar el suministro con capacidades propias o con suministros de países cercanos y 'fiables'. Es lamentable no poder pensar a escala mundial en este tema del suministro, que sería lo suyo, pero razones geoestratégicas nos han demostrado que hay que mirar de forma más acotada. 

El segundo objetivo, es el de la sostenibilidad medioambiental. Está claro que tenemos que abandonar, lo más rápidamente posible, las fuentes energéticas altamente contaminantes y desarrollar y optimizar las sostenibles: la solar, la eólica, el hidrógeno, etc. Pero debemos hacerlo con rigor económico y técnico. Puedo entender que el objetivo medioambiental nos pueda hacer optar por soluciones que no sean las más baratas ahora mismo, pero de todas formas, es ineludible no olvidar la lógica económica y, dentro de un margen, luchar por abaratar costes. Y debemos ser serios para valorar, con objetividad, tanto económica como medioambientalmente, opciones como la nuclear despojándolas de su 'sentimiento político' y siendo fríos y rigurosos.

Y, por cierto, como un subconjunto de este tema energético sería el impulso al coche eléctrico, algo para lo que existe ya un PERTE, pero que no parece que acabe de despegar. Estoy convencido que el coche eléctrico es difícil que tenga un rápido desarrollo si no hay apoyo público, especialmente para las redes de recarga así que, salvo que apostemos por el hidrógeno u otra energía limpia, que no parece viable a corto plazo, si queremos un transporte por carretera no contaminante, hay que apostar, pero en serio, por el coche eléctrico.


4 - Desarrollo de infraestructuras de transporte y comunicaciones


Me refiero a todo tipo de infraestructuras. 

Estoy pensando, sobre todo, en transporte de personas y mercancías de manera terrestre (vehículos, trenes), marítimo (buques y puertos) y aéreo y también en transporte de 'información' y, por tanto, redes de telecomunicaciones

Tengo la sensación de que no es este el apartado en que más flojo se puede encontrar nuestro país pero, aún así, siguen existiendo 'gaps' (basta con pensar en el tristemente célebre tren de Extremadura o el desastre reciente de los trenes hacia mi Asturias) pero, aún así, y aun dando por bueno que en general estemos bien situados en cuanto a infraestructuras de transporte creo que toda inversión en este punto es poca y que aún tenemos trabajo por hacer. 

Este tipo de infraestructuras constituye un dinamizador absoluto de la economía y apoyan el desarrollo de todos los sectores. Dentro de las posibilidades, sería necesario invertir lo más posible en autopistas y autovías (nuevas o mejora y mantenimiento de las existentes), puertos e infraestructuras asociadas, trenes, normales y de alta velocidad al menos para pasajeros, etc 

Y en cuanto a redes de telecomunicación, ayudar a los operadores para su adaptación y despliegue rápido de las nuevas tecnologías, llámese 5G, 6G o lo que tenga que venir. 


5 - Plan hídrico


Quizá el plan hídrico lo podría haber hecho formar parte del desarrollo de infraestructuras, pero creo que vale la pena un apartado propio.

Es una triste realidad: España se está secando.

Y el agua es imprescindible para la vida humana, es imprescindible para la agricultura e, incluso, también para la industria. 

No podemos quedarnos pasivamente viendo cómo cada vez tenemos mayores dificultades. Creo que hay que hacer un plan a medio plazo que probablemente suponga inversiones no menores. Sinceramente, no tengo conocimientos suficientes sobre el particular y no tengo claro si la solución son más embalses, más plantas desaladoras, más trasvases o qué, pero sí que hay que hacer algo. 

Hay que, en primer lugar, y acudiendo a especialistas, determinar cuáles son esas mejores acciones y poner en marcha las inversiones y proyectos. Ya.


6 - Normalización del empleo


El tema del empleo, más bien del desempleo en España es endémico y sorprendente. No encuentro, y creo que no soy el único, una explicación razonable para que España, un país razonablemente próspero y cuarta economía de la Zona Euro, tenga ese desempleo endémico y que no depende ni de la orientación del gobierno de turno ni de encontrarnos en época de crisis o bonanza económica.

No encuentro una explicación clara y tampoco encuentro motivos que expliquen cómo, a pesar de ello, sobrevivimos razonablemente bien y no hay un estallido social. Hay muchas voces que apuntan a la existencia de economía sumergida y que el desempleo real es mucho menor que el que muestran las estadísticas. Hay quien apunta al papel de la familia como institución arraigada y que protege a las personas sin empleo.

No lo sé, pero no es admisible en cualquier caso.

Si la explicación es la economía sumergida, no lo podemos permitir. Luego hablaré del respeto a la legalidad pero, además, la economía sumergida no paga los impuestos que necesitamos para sostener las pensiones, el sistema sanitario o invertir en infraestructuras, por ejemplo.

Si la explicación es el papel de la familia, no puedo dejar de alegrarme de lo que tiene de valores humanos, pero no es admisible, en cualquier caso, poner sobre los hombros de padres, abuelos o hermanos el peso de una responsabilidad que, de alguna forma, debería cubrir el mercado.

La verdad es que, en este punto, confieso que no tengo un diagnóstico ni una propuesta clara. Sólo se me ocurre que algunas de las sugerencias anteriores como el desarrollo de las infraestructuras o algunas que vienen luego como favorecer el emprendimiento puedan crear un ambiente económico más favorable y creador de empleo.


7 - Ordenación de la inmigración


Este sea, quizá, un punto muy polémico por lo politizado. 

La inmigración tiene una vertiente humana, una vertiente social y una vertiente económica y creo que es preciso dar una respuesta equilibrada a todos esos aspectos pero, sobre todo, los dos últimos implican análisis, planificación y, eventualmente, inversión.

Desde un punto de vista humano, tendemos a ponernos a favor de los inmigrantes, porque suelen venir huyendo de la pobreza, de la guerra o de la persecución política. Y es difícil no sentir empatía y tener el reflejo, muy loable, de la ayuda. Y eso es algo que, desde luego, hay que mantener. Pero es cierto que una inmigración desordenada genera problemas en forma de efecto señuelo para mafias y explotadores, problemas de integración y formación de guetos, problemas de delincuencia, de pobreza, etc. 

Pero, aparte de por motivos humanitarios, incluso desde el punto de vista económico y demográfico, no tiene sentido para España rechazar la inmigración. La tasa de natalidad en España es alarmantemente baja, la pirámide poblacional está deformada e, incluso, aunque parezca paradójico vista nuestra situación en cuanto al empleo, existen puestos de trabajo que no se cubren. Eso hace que, desde un punto de vista exclusivamente demográfico y económico, incluso al margen de lo humanitario, necesitamos la inmigración.

Por tanto, las tres perspectivas apuntan al acogimiento al inmigrante. Sin embargo, creo que ahora mismo lo hacemos de forma reactiva, desordenada, a medida que 'van llegando' y muchas veces genera tantos o más problemas como los que resuelve.

Me parece lógico hacer una planificación que permita favorecer una inmigración ordenada, una inmigración legal, controlada y segura, que atraiga, además, a perfiles que necesitamos y que favorezca la integración social y cultural y que combata la inmigración ilegal y las mafias que la promocionan.

Es un tema complejo, y con carga emocional y, desgraciadamente, excesiva también carga ideológica y 'política'. Pero hay que tomárselo en serio y gestionarla, insisto gestionarla. Sin eludir lo sentimental y humanitario, pero gestionarla, con datos, planes y rigor.


8 - Revolución del sistema de investigación


Este es otro de los temas en que tengo más claro el problema que las vías de solución. Pero tengo bastante claro que hay que revolucionar todo el sistema de investigación español, probablemente europeo.

Es posible que implique más inversión en I+D, no digo que no y de hecho me encantaría que así fuera, pero lo que creo que hay que cambiar es cómo se estructura, cómo se gestiona y cómo se evalúa. Percibo al sistema investigador español como muy endogámico, muy cerrado sobre sí mismo, muy alejado de la empresa y del mercado. Adicionalmente, un entorno de trabajo muy inestable, donde investigadores y doctorandos sacrifican sus vidas y su talento a la espera de la última beca, la última subvención que les permita, durante unos meses más, seguir investigando, seguir trabajando, seguir haciendo su tesis, con salarios mínimos e inestables, sin una perspectiva a medio plazo ni investigadora, ni profesional, ni personal. 

No es que sea malo hacer investigación básica, como creo que fundamentalmente se hace en España. Un cierta dosis tiene que existir. Pero es muy importante que la investigación y la innovación sirvan para algo. No se trata sólo de publicar 'papers', hacer doctorados y publicar tesis u organizar congresos y todo ello sometido al albur de la concesión de becas o presupuestos. La investigación debe estar, en último término, destinada a conseguir resultados, a hacernos progresar económicamente y como sociedad. Y si se queda en las publicaciones, si no se entrelaza íntimamente con las empresas, y es lo que creo que sucede ahora mismo, no cumple su función social y económica. Igualmente, si no puede establecer planes a medio plazo, se hace inestable, no fiable y, de nuevo, sigue sin cumplir su misión.

Por eso, y aunque confieso que no sé muy bien cómo se podría hacer, creo que hay que cambiar de arriba a abajo el mecanismo de gestión, financiación, seguimiento y evaluación de la investigación. Hacerla más estable pero también, y sobre todo, más realista, más productiva y más conectada con el mercado y la realidad social y económica.


9 - Cultura y ayudas al emprendimiento


Desgraciadamente, y aunque en los últimos años se ha mitificado hasta cierto punto la figura del emprendedor, creo que en España no tenemos una verdadera cultura de emprendimiento, de creación de empresas.

Y los emprendedores son, sin embargo, los verdaderos 'magos' de una economía productiva: personas que arriesgan sus ideas, sus bienes, su tiempo, sus energías y puede que sus ahorros para crear una empresa nueva y, con ello, no sólo obtener su propia forma de sustento sino, y sobre todo, crear actividad económica, crear riqueza y, con un poco de suerte, crear empleo.

Y de los emprendedores depende la existencia de empresas en el futuro, de empleo en el futuro e incluso en el presente. Y no pensemos que un emprendedor es sólo el creador de una startup tecnológica por más que muchas veces esas sean las que ocupen titulares y las que, personalmente, lo confieso, más me atraigan. Un emprendedor también es quien pone una nueva panadería o una tienda de moda. Un emprendedor es cualquier empresario, sí, empresario, que crea un negocio nuevo, sea más o menos grande, sea más o menos moderno, sea más o menos 'glamuroso'.

Declaro mi admiración por ese tipo de personas y denuncio que no promovemos el que existan y se arriesguen, no las ayudamos lo suficiente. Por un lado, existen las inacabables trabas administrativas. A pesar de algún intento por simplificar los trámites, estamos muy lejos de haber convertido en algo sencillo la creación de una nueva empresa.

Tampoco ayudan las cargas fiscales y de todo tipo que pesan sobre estas actividades e, incluso, sobre los autónomos, una forma aligerada de emprendimiento. Deberíamos simplificar la tramitación e introducir beneficios fiscales y de todo tipo a todo a aquel que se atreva a crear una nueva actividad económica desde cero.

Y, sobre todo, y más difícil, deberíamos cambiar los aspectos culturales que favorecen, especialmente entre los jóvenes, lo seguro, el convertirse en funcionarios, por ejemplo, y que penalizan o no incentivan  la actividad emprendedora. Deberíamos dejar de ver a emprendedores y empresarios como explotadores. ¿No nos damos cuenta que apuestan su propia riqueza, su propia vida? ¿Y que si tienen éxito nos ayudan a todos? Hagamos un plan tanto de simplificación de la actividad emprendedora, como de incentivo de la misma y de modificación de 'clichés' culturales contrarios.

Y reconozcámosles y premiémosles, aunque para un emprendedor, entiendo que el éxito de su empresa es el mejor premio que pueden recibir. 


10 - Refuerzo de instituciones y sistema legal


Lamentablemente, creo que en los últimos años se ha degradado todo el edificio institucional y legal español (probablemente no sólo el español, pero me quedaré aquí). 

Por desgracia, hemos asistido a la manipulación y el descrédito de todo el sistema institucional y legal. En gran parte, y eso es lamentable y doloroso, promovido por los que deberían estar más interesados sen salvaguardarlo: nuestras autoridades políticas y judiciales. 

Se han retorcido y llevado al extremo las leyes y el sistema judicial, buscando sus resquicios y debilidades. Se ha criticado, abiertamente, desde los poderes ejecutivos y legislativo al judicial, se ha eludido la responsabilidad de renovar el CGPJ, se han explicitado bandos ('progresistas' versus conversadores' en un poder judicial que debería estar al margen de esas batallas), se han concedido indultos sin sentido real, sólo por intereses, se han creado leyes torpes y mal elaboradas que generan efectos 'secundarios' adversos. Y así un largo etcétera.

¿Es que no nos damos de lo importante que es la fiabilidad del entramado institucional? ¿Es que no nos damos cuenta de la importancia de un sistema legal sólido y respetado con independencia de que nos gusten más o menos las leyes o instituciones en vigor? ¿Es que preferimos eludir un estado de derecho y confiarnos a dictaduras bananeras? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Nos hemos vuelto locos, o tontos, los ciudadanos, nuestros políticos y nuestros jueces? ¿No nos damos cuenta de que jugamos con fuego? ¿No entendemos que salimos de una dictadura hace menos de 50 años y que gracias a ese sistema institucional y legal disfrutamos de un estado de derecho, de garantías legales para las personas, los partidos y las empresas? ¿Preferimos volver a un estado dictatorial? ¿Preferimos la inseguridad jurídica? ¿La revolución¿ ¿Qué pretendemos? O es pura inconsciencia.

La degradación institucional es clara y lo peor es que la están promoviendo los principales encargados de velar por ella.

No sé cómo se resuelve esto, porque son culpables sobre todo nuestros políticos y nuestros jueces, incluso los medios de comunicación, pero en buena medida también nosotros, los ciudadanos, que somos inconscientes y permisivos, que aplaudimos o toleramos cosas que no deberíamos, cosas que deberíamos condenar sin paliativos, sin ambages y hacer pagar, como mínimo, en las urnas, si no antes y por otros medios.

No sé exactamente cómo resolver este tema, pero supongo que habría que promover algún tipo de pacto entre actores políticos e institucionales, una especie de acuerdo de estado que impidiese ciertas prácticas. Y acciones de mentalización y promoción en la ciudadanía. 

Y quiero pensar, además, que si los otros elementos del programa, que buscan seriedad y gestión se llevaran a cabo, indirectamente se crearía un estado de consciencia y responsabilidad que nos llevaría también, insisto que por vía indirecta, a ser más serios con nuestro sistema institucional.


11 - Redemocratización


Aunque siendo niño, viví de primera mano la transición española, algo que, cuánto más tiempo pasa, y cuánto más comparo con las dinámicas en otros países, e incluso en la España actual, más admirable e increíble me parece: pasamos de una dictadura a una democracia plena en poco más de dos años o así. 

Sin guerra, sin excesivos disturbios (aunque alguno sí hubo y muchísimos atentados), sin excesivos odios y consiguiendo hacer una sociedad unificada y cada vez más moderna aceptada y respetada por todas las entidades internacionales. En aquella época, y los años que la siguieron, en cierto sentido se mitificó la democracia. Quizá exageradamente. Pero era un ideal. Un ideal valioso. Un ideal que alcanzamos.

Miro ahora, y, como he comentado en el punto anterior, se desprestigian y mal utilizan las instituciones y el entramado legal. Se critican de forma furibunda todas las instituciones. Se ha producido la radicalización y el ataque desaforado y exagerado del que mantiene otras posiciones.

Aunque formalmente, y seguramente en la práctica, seguimos siendo una democracia, y una democracia consolidada, el talante de políticos, medios de comunicación e incluso ciudadanos, me parece cada vez menos democrático, cada vez menos respetuoso con la opinión diferente, con el partido o líder al que no votas, con las instituciones que, por lo que sea, con razón o sin ella, no te gustan.

No detecto el respeto, el respeto sincero y profundo a la opinión ajena que creo que está en la base de un sistema democrático. No se trata de que estés de acuerdo con esa opinión ajena, que te puede parecer errónea e incluso horrorosa. Se trata de que respetes que pueda existir, que tenga derecho a pensar que tiene razón y que todos, tú y quien no piensa como tú, pueda expresar esa opinión e intentar convencerte a ti o a otros, sin ser insultado, excluido o manipulado. Sin convertirse en un enemigo, sólo por ser alguien que piensa, tal vez equivocadamente, tal vez muy equivocadamente, de forma diferente a ti.

Como se trata de un tema cultural y, por desgracia, creo que de profundo arraigo, creo que el planteamiento sería similar al del punto anterior: un acuerdo de estado entre partidos y otras entidades para evitar ciertas actitudes, acciones y mensajes y, adicionalmente, una intensa actividad de comunicación y mentalización entre la ciudadanía.


12 - Orgullo de país


Finalizaría con un último aspecto de naturaleza también cultural.´

Somo un país particular, un país que en lugar de enorgullecerse de sí mismo, parece arrepentirse de ser quien es. Todas nuestra glorias históricas se desacreditan, no sólo por actores extranjeros, que también, sino por nosotros mismos. Hace no mucho vi una estadística, creo que a nivel europeo, que venia a decir que somos el país que menos se aprecia a sí mismo.

Es muy triste, es lamentable y es, en cierto sentido, inexplicable. Y, además, muy perjudicial.

Es cierto que el orgullo patrio es un elemento emocional y es cierto que en ocasiones se ha abusado de él. Es cierto que las glorias históricas, si la analizas en detalle, tienen luces y sombras. Pero no solo las nuestras, las de cualquier país. Pero mientras países como EEUU, Reino Unido o Francia, ensalzan a sus héroes y sus gestas (con las mismas o más luces y sombras que las españolas), nosotros nos encogemos, nos autocriticamos, destacamos lo malo, nos olvidamos de lo bueno y nos sentimos inferiores e incluso culpables.

Es algo emocional y se pudiera pensar que secundario, pero el orgullo, la fe en uno mismo, la motivación, estoy convencido que te hacen más feliz y, lo que quizá sea más importante, da alas al emprendimiento, a la investigación, todo aquello que sea crear algo nuevo y atreverse a pasearlo por el mundo.

Un país encogido, triste, desconfiado de si mismo, es difícil que brille en ningún terreno. 

Estar orgulloso de ser español no es ignorar que no siempre nuestro país ha tenido éxito, no es ignorar que hemos perdido guerras y colonias, no es ignorar que hemos tenido malos reyes y malos gobiernos, muchos seguramente, no es ignorar que hemos hecho barbaridades en el pasado, que nuestros tercios sembraron el terror en Flandes o que no siempre fuimos muy humanos con los indios de América. 

Estar orgulloso de ser español es, reconociendo eso, saber que también descubrimos y colonizamos América, que nuestro idioma que es el segundo más hablado del mundo, que la neurociencia tiene su base en las aportaciones de nuestro Ramón y Cajal, que tuvimos un espectacular un siglo de oro en las artes, que somos líderes en trasplantes, que nuestra transición política es objeto de estudio o que nuestros Pau Gasol y Rafael Nadal son, probablemente dos de los más grandes 'role model' que ha dado el deporte mundial.

Y, sin embargo, en el tiempo que he vivido, y ya es bastante, creo que sólo he visto a España sentirse orgullosa de ser España cuando ganamos el mundial de Sudáfrica en 2010.  Que conste que yo también me emocioné con el gol de Iniesta, y que me sentí muy orgulloso. Pero un mundial de fútbol me parece poco como orgullo de país, la verdad.

Si queremos un programa de país exitoso, aparte de ética y profesionalidad, creo que es imprescindible el orgullo, el orgullo de ser lo que somos y el orgullo de lo que podemos llegar a ser.


Conclusiones: la esperanza


Decía al principio de este largo post, que, en el fondo, escribo este post y describo este  programa desde la desesperanza, porque no veo ni ética, ni capacidad ni voluntad en nuestros líderes e instituciones políticas como para llevar a cabo algo parecido.

Y, sinceramente, tampoco veo en el ánimo y capacitación general de mis conciudadanos y de mi España ni la preparación ni la mentalización para hacerlo.

Pero, bueno, nunca se sabe. 

Si hemos sido capaces de descubrir América, de fundar la neurociencia, de hacer una transición desde una dictadura y ganar un mundial de fútbol, a lo mejor también somos capaces de llevar a cabo este programa.


lunes, 20 de marzo de 2023

Tres democracias: el ciudadano frente a la ética de la tecnología

La ética de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, es un campo de mucho foco actualmente, un área que me interesa, que estudio y que, hasta cierto punto, trabajo.

Ya desde que hace unos pocos años, no muchos, en que comencé a interesarme por el tema y ver cada vez más publicaciones al respecto, me pregunté hasta qué punto se trataba sólo de discurso, atractivo pero discurso, o hasta qué punto se trataba realmente de actuar, de alcanzar conclusiones, de realizar acciones.


Ética de la tecnología y acción


En la ética de la tecnología se identifican problemáticas de impacto moral del uso de la tecnología, un uso tanto malintencionado como no, se analizan escenarios, se advierte de riesgos y se vuelcan opiniones y sugerencias de cómo actuar.

El tema es ahora, cómo conseguir ser concretos y, sobre todo, ejecutivos, que no se trate de meras especulaciones o sesudos debates sin resultados tangibles.

Existen, por suerte, mecanismos para la actuación, para conseguir que las conclusiones de naturaleza moral, lleguen a plasmarse en realidades, y el reglamento europeo sobre la inteligencia artificial lo demuestra.

Pero en este post lo que me pregunto es la forma en que un ciudadano, en tanto que tal ciudadano, puede intentar influir ante administraciones y empresas, para que estas apliquen principios éticos, para que realmente se produzcan esas actuaciones.

Y se me ha ocurrido que tres son las vías principales en que un ciudadano puede, de alguna manera, manifestar sus aspiraciones y deseos y, aunque sea de forma indirecta, y hacer que se actúe en materia ética. Aunque seguro que hay más, he identificado tres mecanismos, tres formas de influir que me ha gustado denominarlos 'democracias' aunque, en el fondo, son más bien tres formas de influencia y las tres son viables sólo en el marco de una democracia representativa y una economía de mercado.


Primera democracia: el voto


La primera forma de influencia es la más evidente, y en teoría la más importante aunque, en el caso concreto de esta ética de la tecnología tengo la sensación que es la de menor impacto. Esa primera forma en que los ciudadanos expresamos nuestras opiniones es el voto. Mediante el voto designamos, de entre las opciones posibles, qué representantes queremos en materia fundamentalmente legislativa e, indirectamente pero muy relacionado, ejecutiva.

Dado que los valores, la ética pues en buena medida, están o deben estar en la inspiración de la ley, tal y como describía en el artículo 'El triángulo ética, tecnología y ley', la elección de nuestros representantes, implica, al menos en teoría, la elección de unos valores éticos que, antes o después deben plasmarse en las leyes que se generen. Y esto podría incluir, claro, leyes que tiendan a garantizar el uso ético de la tecnología.

Es un mecanismo muy serio pero, creo que con una influencia muy lejana e indirecta en la aplicación de esos principios éticos. Dejando al margen otras eventuales críticas, se trata de un mecanismo discontinuo e inespecífico. Discontinuo porque lo que ejercemos solo, en teoría, cada cuatro años. E inespecífico porque mediante un único voto, que compite con otros millones de votos, intentamos elegir a unos representantes, que aspiramos a que, eso, nos representen, trasladen nuestras opiniones y valores a todo tipo de temáticas, no a ninguna concreta.  

Es cierto que la democracia representativa permite otras vías de influencia como la iniciativa popular, la acción del defensor del pueblo o, simplemente, la manifestación en las calles, pero aún así, y a pesar de que si llega a concretarse una ley, estamos ante quizá, la forma más ejecutiva de llevar a cabo prácticas éticas, la sigo viendo como algo alejada de una problemática específica como es la ética de la tecnología.


Segunda democracia: la compra

 

La segunda forma de democracia, o, más bien, la segunda forma en que el ciudadano puede influir en decisiones en este caso fundamentalmente de empresas, es mediante la compra, mediante el uso que hacemos del dinero.

En una economía de mercado, la demanda, que no deja de ser un reflejo económico de los deseos y necesidades de la población,  marca en buena medida lo que las empresas producen.

Mucho de aquello que compramos no tiene connotaciones éticas, lo compramos por pura necesidad (comida, transporte, salud) o por capricho sin mayor reflexión.

Pero es cierto que la compra es un mecanismo muy poderoso de influencia. Si la población deja de comprar, por ejemplo, productos no ecológicos, no sostenibles o producidos en países ausentes de regulación, por ejemplo, del trabajo infantil, o si deja de utilizar redes sociales o productos de los que se sospecha un uso inadecuado de los datos personales o prácticas poco éticas como la influencia política encubierta, la señal ética de cambio que emite es muy poderosa e influyente.

Se trata de un mecanismo continuo y bastante más específico que el voto, aunque es cierto que para que tenga verdadero efecto, necesita de cierto consenso de forma que sea masivo y se note realmente en el mercado. Y precisa, y como se habla muchas veces en economía, de información, de que el ciudadano tenga una información razonablemente veraz de las prácticas de las empresas y de las características, por ejemplo de sostenibilidad, de los diferentes productos para hacer sus decisiones de compra de manera fundamentada. Y esa información, aunque existente, no siempre es veraz.


Tercera democracia: la atención


La tercera democracia, quizá la menos evidente, es la de la atención. Las opiniones y los valores, en este caso éticos, se transmiten mediante la comunicación. Esa comunicación puede ser persona a persona, claro, pero hoy en día, con la enorme presencia de medios de comunicación de todo tipo, pero especialmente los digitales, con la hiper-abundancia de impactos comunicativos y publicitarios, la lucha por la comunicación se produce sobre todo intentando captar la atención de nosotros, de la población, mediante esos canales.

A qué dediquemos tiempo de visualización y lectura, a qué le demos un 'me gusta' o 'una recomendación', lanza mensajes sobre lo que nos interesa, lo que valoramos consciente o inconscientemente, y también sobre nuestra ética y nuestros valores. 

Se trata de un mecanismo continuo, algo inconsciente por parte de los ciudadanos, pero que aporta información muy valiosa desde un punto de vista comercial y político, sobre las preferencias 'reales' de la ciudadanía.

No es fácil, pero si queremos transmitir unos ciertos valores deberíamos abstenernos de prestar atención a ciertos contenidos poco constructivos, no deberíamos retransmitirlos ni amplificarlos y a cambio deberíamos prestar mayor atención a contenidos más constructivos, más reflexivos y con mayor dosis de valores. 

Sin duda, empresas y autoridades públicas tomarán buena nota de ello.


El lado de la demanda


Los mecanismos que he expuesto, actúan, como se diría en teoría económica, por el lado de la demanda, por lo que expresamos y deseamos los ciudadanos que, a estos efectos, somos el mercado. 

Faltaría por contemplar los mecanismos del 'lado de la oferta', del lado de administraciones, empresas, e incluso líderes de opinión que, en el fondo, son los que tienen que implementar la mayoría de las medidas de aplicación de principios éticos en el uso de la tecnología. No estoy seguro, pero a lo mejor hago un post complementario de este en que comente esos mecanismos


Alguna consideración adicional


Antes de cerrar, sólo hacer alguna consideración adicional.

La motivación de este post es el pensamiento en materia de ética de la tecnología en genera y de ética de la inteligencia artificial en particular y el cuestionamiento de qué podemos hacer como ciudadanos para que avance en la dirección correcta. Sin embargo, creo que a ningún lector se le escapa que los mecanismos que he propuesto son mucho más generales y de mayor alcance que la ética de la tecnología.

En el fondo, son mecanismos mediante los cuales los ciudadanos podemos expresar nuestra manera de pensar e influir, de alguna forma, en que la administración y la política, el tejido productivo y empresarial, actúen en la dirección que consideramos más adecuada como ciudadanos.

No reclamo especial originalidad en la identificación de estos mecanismos, todos ellos descritos de una forma u otra en diferentes medios. Y tampoco reclamo la exhaustividad, porque son fruto de una reflexión rápida. Es posible que el lector identifique otros mecanismos, aunque creo que realmente estos son los más claros y poderosos.


Conclusión


El mensaje final para el lector, en tanto que ciudadano, ciudadano de a pie que se suele decir, es que tienes algo que decir en materia de ética de la tecnología, y en materia de casi de cualquier aspecto que consideres valioso. 

Tienes algo que decir.

Aunque sea por vía indirecta, tienes formas de influir en un uso más ético de la tecnología y, entre esa formas de influir se incluye el uso motivado, reflexivo y responsable de tu voto, tu dinero y tu atención.

 

viernes, 10 de febrero de 2017

Una paradoja sobre el valor económico



Creo que ya se lo 'oí' decir (en realidad se lo leí) al casi venerable Paul A. Samuelson, maestro de Macroeconomía, que lo que convierte a un bien en bien económico es su escasez, que se trate de un bien escaso. Como es escaso, estamos dispuestos a dar algo a cambio de poseerlo. Ese algo es el precio. Si el bien fuese super-abundante, no tendríamos por qué aportar nada valioso (pago) para conseguirlo, sería gratuito.

Eso es fácil de entender. Sin embargo, se producen fenómenos curiosos. Una tecnología, cuando surge, suele ser escasa y, por tanto, cara. Pero luego, si logra su masificación, se optimiza, se generaliza y, como consecuencia, se abarata.

La paradoja ocurre cuando la tecnología a que sustituye, la tecnología obsoleta, pasa a ser escasa pero todavía deseable y, entonces, se invierte la ecuación de valor y la tecnología nueva pasa a ser la barata y la antigua la cara.

En su libro, 'The inevitable', Kevin Kelly lo ilustra con la luz eléctrica y las velas. Nos dice.

A universal law of economics says that the moment something becomes free and ubiquitous, its position in the economic eqution suddenly inverts. When nightime electrical lightning was new and scarce, it was the poor who burned common candles. Later, when electricity became easily accessible and practically free, our preference flipped and candles at diner became a sign of luxury.

Es un comportamiento reconocible ¿verdad?

Pareciera como siel valor de las cosas no estuviese en su propio naturaleza, en lo que de valor aportan, sino en su escasez. Visto así, el comportamiento es algo menos racional.


Comportamiento reconocible, pero paradójico. Puede parecer que no acaba de tener sentido, seguramente, no lo tiene del todo, pero es que, detrás de la economía, hay personas, y sus comportamientos, nuestros comportamientos, que se convierten en comportamientos económicos. a veces, son contradictorios, paradójicos...

viernes, 1 de noviembre de 2013

Siete ejercicios para tu salud financiera con Javier Rivero

'Gimnasia financiera' es un librito breve, pensado para ser complementado con material en vídeo y con ejercicios prácticos. Presenta, como indica el subtítulo, 7 hábitos que el autor considera constituyen la garantía para gozar de salud financiera en un entorno personal o familiar. A pesar de ello, no es un libro con una especial orientación económica, contable o financiera, sino que mezcla algunos aspectos económicos con otros que tienen más que ver con el autocontrol e incluso la ética.

Con esta idea, los siete principios, que ocupan otros tantos capítulos, son los siguientes:
  • Hábito 1: Devolver lo que no es tuyo, dar la cara. Se trata de un hábito de doble dirección: lo primero, preocuparse de devolver lo que uno debe pero, lo segundo, también pedir aquello que le adeudan a uno.

  • Hábito 2: Soltar, dejar espacio, compartir, agradecer. Soltar y dejar espacio tienen que ver con desprenderse de lo que no se necesita obteniendo, de paso, rédito económico si es posible. Compartir o donar es otra forma de deshacerse de cosas no necesarias.

  • Hábito 3: Vigila atentamente, optimiza tus sentidos. Se trata de estar atento a lo que sucede e intentar aprovechar oportunidades y también sentirse mejor, puesto que eso genera mejor estado de ánimo y, de rebote, más energía, más acción y, de rebote, mejor situación económica.

  • Hábito 4: Haz todo legal y en blanco. No sólo por honradez, sino también porque el autor entiende que antes o después lo que hacemos termina siendo conocido y acabamos siendo castigados o recompensados por ello.

  • Hábito 5: Pon claridad en lo que gastas e ingresas. Quizá el único hábito de naturaleza estrictamente económica es pura disciplina financiera: gastar igual o menos de lo que se ingresa.

  • Hábito 6: Da una orden y una clasificación. Aconseja separar lo profesional de lo personal y separar una partida específica para ahorro, inversiones y donaciones.

  • Hábito 7: Aléjate del precipicio, protégete. Adoptar estrategias de diversificación de ingresos, gestionar con prudencia las tarjetas de crédito, etc
'Gimnasia financiera' es, un libro que cae casi más en la autoayuda que en el campo financiero y quizá más un manual para un curso que un libro de estudio propiamente dicho. Una pequeña crítica: el libro parece construido de forma apresurada o al menos sin cuidar demasiado ni estilo ni en ocasiones la corrección lingüística..Para una eventual nueva edición sería aconsejable esa pausada revisión de estilo. 

Javier Rivero-Díaz

(Fuente: Ligera elaboración de la ficha de autor en su página oficial)

Javier Rivero es profesor en el Instituto de Empresa y en el Master in Business Entrepreneurship en la UPM de Madrid. Creador de estrategias y metodologías altamente eficaces.

Es conferenciante Internacional en EEUU y Europa (castellano e inglés). Trabaja en Coaching de Máximos Resultados para empresarios y celebrities y autor del libro 'Gimnasia Financiera: los 7 hábitos para mejorar tu economía en 7 días'.

Puedes saber más sobre el libro en su página oficial www.GimnasiaFinanciera.com. También puedes seguir al autor en su página personal o en Twitter donde se identifica como @JavierRivero.

Ficha técnica:

TITULO: Gimnasia financiera. Los 7 hábitos para mejorar tu economía en 7 días.
EDITORIAL: Amazon
AÑO: 2013
ISBN: ---
PAGINAS: 78

viernes, 16 de agosto de 2013

Un futuro tecno-económico imaginado por Jaron Lanier


'Who owns the future?' es un extenso y multidisciplinar análisis de la sociedad digital actual poniendo énfasis quizá en sus aspectos macroeconómicos.

Aunque el libro es bastante extenso y su autor nos conduce por un largo y algo alambicado recorrido por sus ideas sobre tecnología, economía y sociedad digitales, se podría decir que sólo dos son las grandes ideas presiden todo el libro.

En primer lugar, y en lo que a análisis se refiere, la constatación de que el desarrollo de la sociedad digital ha llevado a una gran concentración de poder en lo que el autor denomina 'Siren servers' (servidores sirena). ¿Qué es un 'Siren Server'?. La definición que el autor nos proporciona es la siguiente: "Un servidor sirena, es un computador de élite o un conjunto coordinado de computadores en una red. Se caracteriza por el narcisismo, una enorme aversión al riesgo y una extrema asimetría de información. Es el ganador de una lucha del tipo todo o nada e impone otras luchas del tipo todo o nada a aquellos que interaccionan con él.". Ejemplos típicos de 'Siren Servers' serían los gigantes de Internet como Google, Facebook o Amazon, pero el concepto se extiende algo más allá del mundo estrictamente digital para incluir tambien, por ejemplo, a aseguradoras o agencias de inteligencia.

El 'modus operandi' y el principal problema con los 'Siren Servers', siempre según el autor, es que recogen datos de la red sin pagar por ellos, los analizan pero mantienen los resultados en secreto y los utilizan en su propio provecho. La consecuencia es una concentración de poder y de valor en esos 'Siren Servers', un poder y un valor (económico), que va desapareciendo de las manos de los ciudadanos, creando una sociedad desigual y la desaparición de la clase media.

La concentración de valor merece un comentario especial. Lanier entiende que a medida que proliferan estos 'Siren Servers', su manera de obtrener información suele proceder de aportaciones gratuitas por parte de los ciudadanos. El problema es que, a medida que diferentes sectores se van digitalizando (la música podría ser un ejemplo paradigmático), aquellos que aportan realmente la información o el valor dejan de ser pagados por ello, concentrándose no sólo la información sino también el beneficio económico en esos pocos 'Siren Servers'. A cambio, la población general se va empobreciendo y, paradójicamente, la sociedad en su conjunto también.

La segunda gran idea del libro la constituye la propuesta de Jaron Lanier para afrontar esta problemática y resolver la paradoja. El autor entiende que es imprescindible la existencia de una clase media. Entiende, sobre todo, que aunque parece destruirse riqueza, en realidad no es así, sino que lo que ocurre es que el valor que han aportado los ciudadanos ha dejado de ser pagado. ¿La solución? Un sistema de micropagos por el que toda persona que aporte información y valor a la red sea remunerada por ello. Estos micropagos devolverían el valor a quien realmente lo han creado, las personas, y les permitiría de esta forma ganarse la vida a partir de ese valor realmente aportado a la economía y la sociedad. A este concepto el autor lo denomina una economía humanista y proporciona detalles acerca de la forma que ese esquema de micropagos podría adoptar.

'Who owns the future?' es un libro bastante extenso, compuesto por 32 capítulos agrupados en nueve partes que se separan por ocho interludios. A lo largo de sus páginas vemos desplegarse todo el universo intelectual del autor, a veces de una forma que parece improvisada y no del todo estructurada, pero siempre profunda y original.

Una lectura diferente y estimulante de un autor que, a pesar de amar la tecnología, no abandona la crítica a los modelos económicos y sociales a que ésta puede conducirnos.

Jaron Lanier

(Fuente: Wikipedia)

Jaron Zepel Lanier (nacido el 3 de mayo de 19602 en la Ciudad de Nueva York) es un informático, compositor, artista visual y autor. Fue un pionero y popularizó el término "Realidad Virtual" (VR de la siglas en inglés: Virtual Reality) al principio de los años ochenta. En aquel entonces, fundó la VPL Research, la primera compañía para vender productos de VR. Sus citas actuales incluyen la Interdisciplinary Scholar-in-Residence, CET, Universidad de California, Berkeley.

Puedes conocer más sobre el autor en su página personal.

Ficha técnica:

TITULO: Who owns the future?
AUTOR: Jaron Lanier
EDITORIAL: Simon & Schuster
AÑO: 2013
ISBN: 978-1451654967
PAGINAS: 416

Artículos de este blog relacionados

miércoles, 14 de agosto de 2013

Una economía humanista, la respuesta de Jaron Lanier al reto de la economía digital

Cuando hace unas semanas comentábamos en este mismo blog las paradojas sobre el crecimiento económico en un mundo digital, iniciando así un serie de artículos dedicados al pensamiento de Jaron Lanier recogidos en su último libro 'Who owns the future?', anunciabamos que más adelante revisaríamos cuál era la propuesta de este autor para hacer frente a esas paradojas.

Ha llegado el momento.

Recordar primero que Lanier entiende que la presencia predominante de lo que el denomina 'Servidores sirena' ('Siren servers'), a saber, unos elementos tecnológicos o no, pero que concentran el conocimiento sobre un área determinada y median en la interaccion entre personas (Google, Facebook, intermediarios financieros, etc), supone una altísima concentración de poder y también de beneficio económico. Una altísima concentración de poder que elimina la presencia de la clase media y que extrema las desigualdades entre una élite muy rica y poderosa y un común de la población paradójicamente empobrecida por el desarrollo económico digital.

Argumenta Lanier, ademas, que gran parte del poder de esos servidores sirena procede de controlar y administrar una información procedente de las personas (no sólo sus propios datos personales, sino también fotografías, articulos, imvestigaciones, trabajos, musica, dibujos, comentarios, reseñas, etc), una información que las personas han entregado gratuita y desinteresadamente a cambio simplemente de su participación en Internet y en el nuevo mundo digital y social.

El problema es, en el fondo, que la parte inteligente y original que aportan las personas no se recompensa, no se monetiza, y, sin embargo, mediante el uso de las nuevas capacidades digitales, se automatizan otra serie de tareas...por las que tampoco se remunera a las personas. La automatización no es mala, todo lo contrario, forma parte del progreso económico y social pero si parte de los trabajos son automatizados y por tanto no se paga por ello a las personas, y el resto de trabajos intelectuales, originales, no automatizables tampoco se recompensan, entramos en una paradójica espiral en que el progreso tecnológico y el desarrollo económico conducen, sin embargo, a un empobrecimiento de la mayor parte de la población.


¿Cuál es entonces la solución?

Lanier cree que el valor procede de esa información aportada gratuitamente y que dado que el valor procede de esa información ésta debe ser remunerada. Los servidores sirena deberían compensar económicamente las aportaciones de información que reciben de las personas, mediante un sistema de micropagos que Lanier estudia y comenta aunque preciso es reconocer que tampoco define en su totalidad.

Este esquema económico es lo que Lanier bautiza como una economía humanista, una economía en que se recompensa aquella aportación de valor no automatizable:
As long as the people who actually do whatever it is that can't be automated are paid for what they do, an honest human economy will persist.

Una economía humanista que permite la existencia de una amplia clase media, que proporciona un medio de vida a grandes capas de población sin renunciar a uno de los sacrosantos principios del mundo de Internet, a saber, la libertad y gratuidad de acceso a la información.
A world in which more and more is monetized instead of less and less, could lead to a middle-class oriented information economy, in which information is free, but is affordable.

Y una economía que, incluso, esboza un mecanismo de sostenibilidad social previendo también la remuneración económica, siquiera parcial, de las personas mayores, mediante el cobro de 'royalties' por las aportaciones que hicieron en sus épocas más activas.
In a humanistic information economy, as people age, they will collect royalties on value they brought into the world when they were younger.

La propuesta de Lanier es inspiradora, puesto que equilibra lo mejor del progreso tecnológico con la libertad de información y con la dignidad de las personas y su bienestar económico y social. Puede tener incluso sentido económico en tanto en cuanto identifica la creación de valor y recompensa esa creación de valor. Tengo mis reservas, sin embargo, sobre la viabilidad real del esquema de micropagos que propone y en el que se basa todo el esquema.

No sé, por tanto, si la solución que propone Lanier es la adecuada, pero cierto es que debemos buscar ese esquema justo, sea o no el propuesto por Lanier que sea capaz de poner al servicio de las personas todo el progreso tecnológico, todos los avances del mundo digital, porque como nos recuerda el propio autor señala muy acertadamente:
We must not allow technological change to be driven by a philosophy in which people aren´t held special.

miércoles, 3 de julio de 2013

La economía de la confianza

No tiene este artículo ninguna connotación política. No se le busque, por favor. Es sólo la constatación de una sorpresa...una agradable sorpresa, podríamos decir.

Tampoco se trata de un nuevo concepto económico como  la economía de la atención, la economía del regalo o  la economía del conocimiento, que en este mismo blog hemos comentado.

Hablamos del capitalismo, del puro y simple capitalismo.

Hay un momento en el libro 'The wisdom of crowds' de James Surowiecki en que éste habla de la cooperación y la explica analizando fenómenos como el de los impuestos o las propinas, situaciones en que se produce esa cooperación en que las personas tienen comportamientos que no se explican por su propio interés individual sino por un cierto interés global. 

Y es en este capítulo en que se detiene a hablar de la confianza como fundamento de la economía.

Se remonta primero a tiempos antiguos en que los intercambios se realizaban persona a persona, cara a cara, y hace ver lo importante que resultaba la confianza para lubricar esa economía. Si uno no pudiese confiar en que el otro cumpliría sus promesas, su parte del trato, el intercambio se haría muy costoso, muy difícil. Serían necesarias investigaciones o precauciones previas que, en la práctica, anularían el comercio.

Y luego traslada esa misma idea a un intercambio mucho más masivo, aquel que tiene lugar cuando se impone la economía capitalista. Si ya en el intercambio uno a uno la confianza era importante, para el funcionamiento del capitalismo es absolutamente imprescindible, puesto que los intercambios son mucho más masivos y con personas o entidades a las que no se conoce personalmente. Imposible afrontar esa masividad y ese desconocimiento, si no existe una confianza en no ser engañado.

Así se explica el autor en un pasaje del libro:

Modern capitalism made the idea of trusting people with whom you had "no prior personal ties" seem reasonable, if only by demonstrating that strangers would not, as a matter of course, betray you.

El capitalismo extremo ha traído mucho dolor, sin duda, y la historia y los movimientos políticos y sociales han suavizado sus aristas hasta hacerlo mucho más humano.

Sin embargo, consuela y anima el comprobar que en su misma base se encuentra una virtud tan loable, tan humana y tan social como es la fe en las personas y los grupos. El capitalismo es, sorprendente y afortunadamente, una forma de economía basada en la confianza.