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viernes, 13 de agosto de 2010

Internet y simetría de la información: implicaciones éticas y económicas

En economía se maneja el concepto de asimetría informativa para denominar los casos en que, en una transacción o en la toma de una decisión, una de las partes posee más o mejor información que la otra.

No es necesario decir que quien posee la mejor información se encuentra en ventaja y puede sacar provecho de ello.

Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, en su libro 'Freakonomics', reflexionan sobre ello y sobre el impacto que Internet supone en este aspecto como mecanismo equilibrador y democratizador.

En primer lugar, plantean de forma simple el problema:

"En una transacción, resulta habitual que una de las partes disponga de mejor información. En el lenguaje económico eso se denomina asimetría informativa. Aceptamos como una de las verdades del capitalismo el que alguien (normalmente un experto) sepa más que otra persona (normalmente un consumidor)."

Antes de continuar, un pequeño excurso, una matización: en la teoría capitalista más pura en realidad no se aboga, entiendo yo, por la asimetría informativa. De hecho, lo que en los estudios microeconómicos se denomina competencia perfecta supone la transparencia del mercado, esto es, que las empresas y los consumidores tengan información completa y gratuita o, si se prefiere, que exista una completa simetría informativa. Otra cosa es que esta competencia perfecta sea algo así como una utopía y la asimetría informativa se encuentre entre nosotros 'de facto'.

Sin embargo, y como destacan estos mismos autores, esa dinámica de la asimetría informativa se ve seriamente afectada por la aparición de Internet.

"Como medio, Internet demuestra una enorme eficacia a la hora de trasladar la información de quienes la poseen a quienes la desconocen
...
Internet ha demostrado ser especialmente provechosa en las situaciones en las que un encuentro cara a cara con un experto podría haber exacerbado el problema de la asimetría informativa, esto es, cuando un experto utiliza su información privilegiada para hacernos sentir estúpidos, estresados o infames.
"

Internet actúa como un eficacísimo mecanismo difusor de información, borrando parcialmente las fronteras entre el experto y el que no lo es, haciendo más simétrico el uso de la información, convirtiendo el mundo, si se quiere, y usando la expresión de Thomas L. Friedman, en un mundo más plano, al menos desde ese punto de vista de la información y el conocimiento.

Esto parecen ser buenas noticias, al menos si nos consideramos como consumidores. Al eliminar asimetrías informativas, Internet quita una parte del poder a expertos y empresas para entregárselo a los consumidores, haciendo comparativamente más ventajosas las transacciones de éstos con las empresas. El consumidor gana poder y protagonismo.

Existe otra consecuencia. Si volvemos al concepto microeconómico, al igualarse el acceso a la información, al ser ésta cada vez más completa y, además, gratuita, nos acercamos al estado de competencia perfecta. En ese estado, los precios tienden a bajar. Esto parecen ser, de nuevo, buenas noticias para nosotros como consumidores.

¿Dónde reside el peligro?

En la medida que la competencia aumenta, a medida que los precios bajan, las empresas pueden verse obligadas a severas medidas de reducción de costes, de recorte de gastos. Y esto pudiera afectar a empleo y a sueldos.

¿Y desde el punto de vista de la ética?

Parece lógico pensar que cuando la información de la que estamos hablando va más allá del mundo de los negocios y abarca, por ejemplo, la política, los partidos, etc, la eventual desaparición de la asimetría de la información contribuiría a una democracia muchísimo más madura, me atrevería a decir que más justa.

La mitigación también de la asimetría de información en campos como la ciencia, la tecnología, el derecho, la sanidad, etc tambien pueden aumentar e igualar las oportunidades vitales y profesionales, acercándonos al concepto de meritocracia que la Web 2.0 abandera

¿Qué reversos tenebrosos nos podemos encontrar en este caso?

Por una parte, aunque exista igualdad de oportunidades teóricas, aunque se eliminen desigualdades por raza, sexo o clase social, pueden generarse desigualdades por capacidades intelectuales en un mundo mucho más competitivo en información y conocimiento.

¿Y qué decir de la amenaza que sufre la privacidad?

Es evidente que Internet contribuye de una forma decisiva a eliminar o, más bien, suavizar, las asimetrías informativas. Y está claro que eso conlleva multitud de consecuencias positivas de las cuales en este artículo sólo se esbozan algunas. Pero también es preciso tener en cuenta que existen peligros y contrapartidas de las que, también, únicamente, hemos dado alguna pincelada.

Creo que, en cualquier caso, el balance es netamente positivo.

domingo, 13 de junio de 2010

El reverso tenebroso de Internet (II). La desigualdad basada en el talento

Otro nuevo jarro de agua fría a cargo de Nicholas Carr en su libro 'El gran interruptor'. Ahora, la víctima es la pretendida igualdad y efecto democratizador de Internet y la Web 2.0.

Al principio, la cosa empieza bien:

"La informática y la comunicación de datos omnipresentes, y gratuitos, junto con programas cada vez más avanzados, permiten que los individuos puedan realizar y compartir trabajos creativos y otros productos de la información de maneras que antes no eran posibles, y también permiten que miles e incluso millones de contribuciones diferencidas se unan para producir bienes comerciales con una eficiencia extraordinaria."

Eso es justo lo que pensábamos, o lo que quisiéramos pensar. El propio Nicholas Carr se adentra más en las creencias dominantes en el mundillo de la Red y la literatura sobre Internet:

"Existe una tendencia natural (y un deseo) de contemplar Internet como una fuerza igualitaria capaz de crear una sociedad más democrática y justa en la que las oportunidades y las compensaciones económicas se extienden rápidamente a muchos en lugar de quedar reducidas a unos pocos."

Eso es justo lo que pensábamos, de nuevo. Y nuestra mente nos lleva a Chris Anderson y su economía de la larga cola.

Pero ahí nos está esperando el hábil Nicholas Carr y, citando expresamente a Anderson y su economía de la larga cola, nos dice:

"Chris Anderson sostiene que '[ahora] millones de personas corrientes disponen de las herramientas y los modelos para convertirse en productores aficionados. Algunas de ellas también tienen talento y perspicacia. Como consecuencia de la gran difusión de los medios de producción, la gente con talento y perspicacia, aunque sea una pequeña parte del total, se esta convirtiendo en la fuerza que hay que tener en cuenta'.

Aunque a simple vista quiza lo parezca , esta visión no corresponde a un mundo de igualdad económica, sino que se trata de la visión de un mundo en el que cada vez más la riqueza producida por los mercados terminará probablemente en manos de 'una parte reducida' de individuos con un talento especial.
"

El jarro de agua fría está consumado. Según Carr, la presunta capacidad democratizadora e igualitaria de Internet es, o puede ser, al menos parcialmente, una falacia.

Cierto que las nuevas desigualdades no se basan en el nacimiento, en la clase social o en privilegios heredados. Cierto que las oportunidades están más distribuidas entre toda la población y las geografías, con independencia de razas, sexos o clases sociales.

Pero aunque sea una desigualdad basada en diferencias de talento y perspicacia, aunque tenga unas dosis de innegable meritocracia, no deja de ser una desigualdad, y esta desigualdad se aleja del ideal de una Internet que genera un mundo plano, globalizado, democrático, equitativo y justo.