domingo, 13 de junio de 2010

El reverso tenebroso de Internet (II). La desigualdad basada en el talento

Otro nuevo jarro de agua fría a cargo de Nicholas Carr en su libro 'El gran interruptor'. Ahora, la víctima es la pretendida igualdad y efecto democratizador de Internet y la Web 2.0.

Al principio, la cosa empieza bien:

"La informática y la comunicación de datos omnipresentes, y gratuitos, junto con programas cada vez más avanzados, permiten que los individuos puedan realizar y compartir trabajos creativos y otros productos de la información de maneras que antes no eran posibles, y también permiten que miles e incluso millones de contribuciones diferencidas se unan para producir bienes comerciales con una eficiencia extraordinaria."

Eso es justo lo que pensábamos, o lo que quisiéramos pensar. El propio Nicholas Carr se adentra más en las creencias dominantes en el mundillo de la Red y la literatura sobre Internet:

"Existe una tendencia natural (y un deseo) de contemplar Internet como una fuerza igualitaria capaz de crear una sociedad más democrática y justa en la que las oportunidades y las compensaciones económicas se extienden rápidamente a muchos en lugar de quedar reducidas a unos pocos."

Eso es justo lo que pensábamos, de nuevo. Y nuestra mente nos lleva a Chris Anderson y su economía de la larga cola.

Pero ahí nos está esperando el hábil Nicholas Carr y, citando expresamente a Anderson y su economía de la larga cola, nos dice:

"Chris Anderson sostiene que '[ahora] millones de personas corrientes disponen de las herramientas y los modelos para convertirse en productores aficionados. Algunas de ellas también tienen talento y perspicacia. Como consecuencia de la gran difusión de los medios de producción, la gente con talento y perspicacia, aunque sea una pequeña parte del total, se esta convirtiendo en la fuerza que hay que tener en cuenta'.

Aunque a simple vista quiza lo parezca , esta visión no corresponde a un mundo de igualdad económica, sino que se trata de la visión de un mundo en el que cada vez más la riqueza producida por los mercados terminará probablemente en manos de 'una parte reducida' de individuos con un talento especial.
"

El jarro de agua fría está consumado. Según Carr, la presunta capacidad democratizadora e igualitaria de Internet es, o puede ser, al menos parcialmente, una falacia.

Cierto que las nuevas desigualdades no se basan en el nacimiento, en la clase social o en privilegios heredados. Cierto que las oportunidades están más distribuidas entre toda la población y las geografías, con independencia de razas, sexos o clases sociales.

Pero aunque sea una desigualdad basada en diferencias de talento y perspicacia, aunque tenga unas dosis de innegable meritocracia, no deja de ser una desigualdad, y esta desigualdad se aleja del ideal de una Internet que genera un mundo plano, globalizado, democrático, equitativo y justo.