domingo, 27 de junio de 2010

Tecnología y futuro (II). La ilusión del progreso continuo

Para finalizar su libro 'El gran interruptor', Nicholas Carr nos regala una reflexión aguda, casi sabia, al respecto del progreso, la evolución de la sociedad y la conciencia que de ello tenemos:

"Todos los cambios tecnológicos son generacionales. El poder absoluto y las consecuencias de la nueva tecnología se revelan sólo cuando aquellos que han crecido con ella se han convertido en adultos y han comenzado a apartar a sus caducos padres hacia un lado. A medida que vayan desapareciendo las generaciones más viejas, con ellas irá desapareciendo tambien el conocimiento de lo que perdimos cuando surgió la nueva tecnología, y sólo permanecerá el sentido de lo que se ha ganado. En esta senda, el progreso oculta sus huellas para recuperar continuamente la ilusión de que estamos allí donde realmente queremos estar."

Si todo el libro 'El gran interruptor' es interesante, los últimos capítulos son simplemente fascinantes, y este párrafo final demuestra unas grandes dotes de agudeza y comprensión, más allá de la tecnología y la moda.

Creo en el progreso continuo y creo que, con desviaciones y regresiones, caminamos hacia adelante, hacia un mundo mejor. Pero no podemos ignorar que por el camino también perdemos. Perdemos costumbres, perdemos ideas, perdemos filosofías, perdemos pequeños placeres. Pero todo eso que vamos perdiendo acaba cayendo en el olvido. Nos acomodamos al mundo que vamos creando y, una vez que ya no recordamos el mundo anterior, una vez que ese mundo se fue con la generación que lo creó, tendemos a pensar que estamos en un mundo perfecto, justo en aquel en que queríamos estar.

No es del todo cierto. Ni el mundo actual es perfecto, ni todo lo del mundo anterior era peor. Lo curioso en esta flecha del tiempo y del progreso es que el mundo perfecto al que creíamos haber llegado, será igualmente superado y olvidado por una generación que creerá que el mundo perfecto es el que ella ha creado. Y así sucesivamente...