En este post quiero hacer una breve reflexión sobre el caso concreto del proceso creativo. Una reflexión que no es teórica, y que no busca realmente un posicionamiento, sino que es una visión muy individual mía, muy experiencial, aunque presumo que sensaciones parecidas las deben experimentar muchas otras personas, y por eso me parece valioso compartirlo.
El salto de la inteligencia artificial generativa
Quizá unos de los ámbitos en que más ha mejorado la inteligencia artificial en los últimos tres años, sea en todo lo que tiene que ver con la 'creación' o, si se prefiere, la generación de contenidos. Unos contenidos que inicialmente, fueron esencialmente textuales, pero en seguida saltaron a la imagen, al vídeo y a la música.
Un proceso, ese de la generación que, sobre todo en el campo del texto, va más allá de una creación mecánica de ese texto, sino que aporta 'conocimiento', datos y estructura. Y que, además, puede incluso hacer uso de resortes emocionales, quizá especialmente destacados en el caso de la generación musical.
Sobre el discutido concepto de creatividad
Se discute mucho sobre lo que es creatividad y lo que no y, sobre todo, si lo que hace la inteligencia artificial generativa es verdadera creatividad o no y, yendo más lejos, si se puede llegar a considerar arte algo creado con inteligencia artificial generativa.
No creo que sea un tema claro, realmente. Me parece, aunque me confieso un poco lego en la materia, que el propio concepto de lo que es el arte es, como diría 'el otro', algo discutido y discutible.
Pero sin llegar a la de idea de arte, y quedándonos sólo en creatividad, se alega a veces que la inteligencia artificial no es creativa porque, en el fondo, reutiliza unos patrones de base estadística que se le han enseñado y los utiliza para sus nuevas creaciones o, si se prefiere, generaciones. No sé si eso es suficiente para decir que la inteligencia artificial no es creativa, y menos teniendo en cuenta que parece que, en el fondo, la creatividad humana funciona, al menos parcialmente, de la misma forma: aplicando a ámbitos nuevos o de formas nuevas patrones que ya ha visto en el pasado.
En cualquier caso, el debate sobre la presunta o no creatividad de la inteligencia artificial, aunque atractivo, no es lo que me ocupa ahora. Para lo que sigue, el que llamemos creatividad o no a producción de contenidos de la inteligencia artificial generativa, me es irrelevante.
Lo cierto es que puede crear textos, imágenes, videos, sonidos y música nuevos y de una alta calidad factual y estética.
¿Dónde quedamos los humanos y nuestra creatividad y nuestro arte, ante todo esto?
Tomándomelo de modo personal
Todo lo que antecede es una exposición de contexto, pero a partir de aquí comienzo con mi experiencia personal. Y para esa experiencia hablaré de mi particular producción de contenidos.
Mi producción de contenidos se centra especialmente en lo textual, en la escritura. Creo textos, por ejemplo, para este mismo blog. He creado, y espero seguir creando, texto para los libros que he publicado o en los que he colaborado. He creado texto como material docente. He creado, incluso, aunque al menos de momento muy poco publicado, texto de naturaleza más artística, del ámbito literario (ensayo, narrativa e incluso alguna especie de poesía).
Para mi labor como 'speaker' y como docente, utilizo también mucho las hoy en día un poco denostadas presentaciones PowerPoint.
En bastante menor medida también creo en otros medios. Creo imágenes como complemento de artículos o presentaciones. Creo algunos vídeos como promoción, como realce de alguna charla o clase... o por el placer de hacerlo. Creo con mi voz participando en podcasts. Y he creado algo de música fundamentalmente como fondo de vídeos.
Para esta creación multimedia, imágenes, video y música hoy en día me apoyo mucho, cada vez más, en el uso de la inteligencia artificial.
Sin embargo, para la voz y, sobre todo, para la creación textual y las presentaciones, pese a que sabría perfectamente cómo hacerlo con inteligencia artificial (es más, de vez en cuando enseño cómo hacerlo) mi mecánica sigue siendo clásica, es decir, genero el texto o las presentaciones por mí mismo, más o menos manualmente, aunque, evidentemente, usando un ordenador, y esporádicamente alguna ayuda de la inteligencia artificial.
¿Por qué ese diferente planteamiento según el contenido que genero?
Pues tiene mucho que ver con lo principal que quiero transmitir en este post: con el proceso interior de creación. Pero antes, un apunte sobre la calidad del resultado generado con inteligencia artificial.
La calidad del resultado
La inteligencia artificial generativa ha avanzado una barbaridad en poco tiempo y los resultados que ofrece son cada vez mejores. Los textos están bien redactados, bien estructurados, con mucho conocimiento por detrás y, en general, 'suenan bien' o incluso muy bien.
La calidad física de imágenes, vídeos y música es muy alta. Por calidad física me refiero a calidad del sonido en música o a la resolución y calidad de imagen en imágenes estáticas y vídeo. La composición suele ser buena, pero aquí, y reconociendo antes mi escasa preparación en materia de diseño o arte visual, tengo algunas 'pegas'. Las imágenes, si uno no se pelea mucho con ellas, y usando prompts cada vez más especializados, suelen ser abigarradas y un poco repetitivas. En el vídeo, se observan todavía con cierta frecuencia las famosas alucinaciones. En general, además, y aunque me imagino que esto se podría superar con práctica, insistencia y un promting avanzado y especializado, las herramientas tienden a generar imágenes, vídeo y música, de buena apariencia, pero un poco 'según le parece' y cuesta guiarla a que realicen tu idea (cuando la tienes). Con frecuencia, si no se pelea mucho, los resultados tienden además a ser repetitivos.
En general, mi sensación es que la calidad de la producción textual, es ahora mismo bastante más alta que la de la producción multimedia, pese a que ésta última nos impresiona muchísimo más.
Y, sin embargo, pese a que la inteligencia artificial genera, en mi opinión, mejores resultados en texto que en multimedia, mi uso es justo al revés, la utilizo mucho en multimedia y poco en texto.
¿No es esto contradictorio?
Pues la respuesta tiene mucho que ver con el proceso interior.
El proceso interior y la experiencia personal
Por el proceso interior, me refiero a mi forma de trabajar en la creación de contenidos, lo que experimento cuando lo hago, y lo que eso aporta al resultado y, sobre todo, a mí mismo. Y un proceso que, aunque describo como propio, me imagino que cualquier otra persona experimenta algo parecido.
En ese proceso interior de creación aportas y recibes.
Veámoslo de forma separada
Lo que aportas cuando creas
Cuando estoy creando un texto de tipo profesional, para publicar o para docencia, aporto por un lado mi conocimiento, todo lo que he aprendido estudiando, leyendo, trabajando o escuchando a otros. Y aporto la experiencia profesional, lo que he vivido en las empresas que he trabajado, los clientes o proveedores con los que he tratado, lo que he visto en jefes y colaboradores. Y, no sólo eso, aporto mi comprensión, síntesis y en ocasiones opinión sobre el tema tratado. La inteligencia artificial puede aportar mucho en cuanto a conocimiento, datos y estructura en este ámbito pero siento, y no quiero ser presuntuoso, que con frecuencia no está a mi altura. Lo que hace es muy correcto y lo cuenta muy bien... pero le falta 'un algo', un algo de discurso, de claridad, de exposición, de perspicacia, a veces incluso de 'alma' o personalidad. Salvo en casos y temas concretos, me gusta mucho más el contenido textual que yo genero que el que me aporta la inteligencia artificial. No es un prejuicio, es lo que veo.
Es importante resaltar, y de nuevo no quisiera ser presuntuoso pero sí claro, que esto es así en parte, por mi propias capacidades, circunstancias y motivaciones. Creo que puedo generar mejores textos que la inteligencia artificial porque atesoro mucho conocimiento, experiencia, lecturas y estudio en mis ámbitos de especialidad, porque además me gusta escribir y tengo mucha práctica en ello y, finalmente, porque soy perfeccionista y me gusta 'hacer las cosas bien' y dar los mensajes correctamente, en el orden correcto, de manera comprensible y, si es posible, incluyendo motivación.
Aún así, reconozco que, en cuanto a aportación, la inteligencia artificial es un gran competidor.
Y es por mi aportación, por lo que, en parte, no utilizo la inteligencia artificial en la generación de textos pero sí en multimedia. Porque si en texto yo creo aportar mucho, en multimedia no es así.
Multimedia para mí es muy diferente. No tengo formación artística ni musical, salvo la muy básica obtenida en la enseñanza obligatoria. No tengo habilidad manual ninguna para dibujar. No le dedico demasiado tiempo a contemplar arte o a escuchar música. Y, quizá, uniendo la escasa formación y la falta de dedicación a contemplar las obras de terceros, no tengo imaginación suficiente para concebir una buena escena de vídeo y muchísimo menos una buena canción. Por todo ello, tengo muy poco que aportar a la hora de creación de imagen, vídeo o música. Y, sin embargo, la inteligencia artificial me permite crear con muy poco esfuerzo, aunque con las carencias ya reseñadas, imágenes, vídeos y canciones de alta calidad física, y razonable, aunque no perfecta, composición. Eso es mucho más de lo que yo soy capaz de hacer. Y por eso no duda en utilizar la inteligencia artificial.
Lo que recibes cuando creas
Pero luego está lo que yo recibo. Y probablemente eso sea muchísimo más importante y más decisivo a la hora de no utilizar la inteligencia artificial que la visión de lo que aporto.
He expresado más de una vez que 'pienso cuando escribo'. Cuando redacto un texto, del tipo que sea, reflexiono sobre lo que estoy escribiendo, maduro y cuestiono ideas, estructuro el mensaje. Incluso temas que domino, pasan por ese tamiz de la reflexión, el cuestionamiento y la reestructuración. Y todo ese proceso, aparte de ayudar a generar un mejor resultado, es enormemente enriquecedor para mí mismo, y diría que es también una forma de aprendizaje.
La reflexión, cuestionamiento y reestructuración del contenido es en sí mismo, como decía, un proceso de aprendizaje. Te ayuda a entender mejor, a estructurar mejor y a recordar. Es muy agradable, muy satisfactorio desde el punto de vista intelectual y muy enriquecedor. Te hace mejorar y a la vez te hace disfrutar. Al menos a mí.
Lo anterior aplica sobre todo a la escritura profesional.
En el caso de la escritura literaria, también aplica en buena medida lo anterior, sobre todo la reflexión, pero hay algo más y diferencial, que es la emoción. En el caso de algunos textos de carácter literario (alguno publicado y alguno no), la propia escritura me ha despertado emociones, porque al fin y al cabo escribes sobre cosas que, de alguna manera, te importan. Puede parecer absurdo, pero alguna vez hasta he soltado alguna lagrimita al releer algo que acaba de escribir. Me creo que la inteligencia artificial escriba un texto que te pueda llegar a conmover...pero estoy seguro de que no es lo mismo, en absoluto, que cuando es un texto tuyo, escrito por ti y sobre lo que te importa.
Como he dejado patente, no realizo verdadera creación artística en materia de imagen, vídeo o música. Pero presumo que, algo paralelo a lo que yo experimento al escribir, lo puede vivir un pintor o diseñador gráfico al crear una imagen, un cineasta al crear un corto o un compositor al crear una nueva pieza musical.
E, incluso, si supusiésemos, y puede llegar a ser cierto, que la inteligencia artificial llegue a generar textos, imágenes, vídeos y música de calidad, no solo física sino también artística, superior o similar a la humana, sólo por el hecho de experimentar en uno mismo el proceso interior de la creación, valdría la pena no utilizar la inteligencia artificial, o al menos no de vez en cuando, al menos no para aquello que realmente te importa.
Y el proceso exterior
Sólo un apunte final, que ya no hace mención al proceso interior, sino al proceso exterior.
Para el caso de creación de tipo profesional, para documentos, logotipos, presentaciones, vídeos promocionales, tiendo a pensar que al público receptor de la creación, le importe poco si lo ha hecho la inteligencia artificial, una persona o a medias. Tiendo a pensar que lo que vale es el resultado.
Pero ¿y en el caso de la creación puramente artística? ¿Y en el caso en que al autor trasmita experiencia y emociones propias?
¿Le importaría al lector de una poesía o una novela introspectiva que haya una persona detrás que vivido, sufrido y disfrutado, o quiere sólo el texto?
Y lo mismo diría de cualquier otra creación puramente artística ¿Nos importa sólo el producto o también la persona y experiencia que hay detrás?
De la contestación a esas preguntas no estoy seguro. Creo que, probablemente, a muchas personas les dará igual quién sea el autor o autora de la obra, y si es una persona o la inteligencia artificial. Pero también quiero suponer, y supongo realmente, que habrá personas que esperan que haya una persona al otro lado, un escritor para una novela, un poeta para una poesía, un compositor para una melodía.
Conclusiones
La inteligencia artificial es capaz de generar contenidos de una altísima calidad formal y una buena calidad en cuanto a composición. Y pudiera, en esa labor de creación, llegar a sustituir a los humanos.
Sin embargo, en ciertas ocasiones, los humanos bien preparados, creo que pueden generar mejores resultados.
Y, sobre todo, lo más importante y más allá del resultado, el propio proceso interior asociado a la creación, es tan agradable, tan satisfactorio y tan enriquecedor que aunque sólo sea por experimentarlo, vale la pena no delegar en la inteligencia artificial según qué cosas.








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