lunes, 19 de marzo de 2012

Dirigir con cabeza y corazón: observando la experiencia de los Lakers

Desde hace unos años se encuentra de moda utilizar ejemplos y metáforas deportivas como ilustración y enseñanza de habilidades y técnicas de management, liderazgo, motivación y trabajo en equipo. En especial, parece que el deporte es un campo excelente para estudiar y ejemplificar todo lo que tiene que ver con gestión de personas.

Probablemente haya algo de oportunismo y de moda en esa tendencia, pero también es cierto que el deporte, en especial el deporte en equipo, precisa y desarrolla muchas de las habilidades y capacidades de tipo social que encontramos presentes en el ámbito profesional, en empresas y organizaciones.

Aunque me interesan ambos campos, management y deporte, no suelo mezclarlos y creo que hasta ahora no lo había hecho en este blog...pero voy a hacer una excepción...o quién sabe si iniciar la exploración de un nuevo enfoque narrativo que pueda explotar en el futuro.

L.A. Lakers 2009
En las últimas semanas, toda la polémica y tensión alrededor del mercado de fichajes de la NBA (la liga profesional de baloncesto norteamericana) han estado centrando mi interés, especialmente pendiente de lo que ocurriese con nuestro Pau Gasol, jugador de Los Angeles Lakers y al que admiro como deportista y como persona.

Para el que no se encuentre al tanto, intento resumir la situación. El 15 de Marzo se cerraba por esta temporada el mercado de fichajes de la NBA. Se trata de un mercado muy complejo porque, debido a caracerísticas específicas de la NBA como el tope salarial, este mercado no se limita a una mera compra-venta de jugadores como puede suceder, por ejemplo, en el fútbol europeo, sino a un intercambio, muy cercano a veces al trueque, de jugadores, opciones de draft, etc a veces a varias bandas e involucrando a varios equipos en operaciones múltiples. Las negociaciones son complejas y los resultados en ocasiones sorprendentes.

Desde el inicio de temporada dos nombre sonaban con especial fuerza como grandes operaciones de traspaso: Dwight Howard el poderoso pivot de Orlando Magic (que había expresado su deseo de abandonar la franquicia) y nuestro Pau Gasol quien, por el contrario, deseaba mantenerse en los Lakers...pero al cual, el dueño de estos, Jerry Buss y su General Manager, Mitch Kupchak, se morían por traspasar, liberando así una gran masa salarial y buscando a cambio alguna estrella más joven.

La historia ha sido muy dura para ambos. Para Howard porque, tras probablemente perder una gran parte del aprecio de sus fans de Orlando, al final ha tenido que permanecer en dicho equipo, y para Pau Gasol, quien finalmente tampoco ha abandonado los Lakers, pero que ha sufrido (y sufrido parece en este caso la palabra más adecuada) la presión y decepción de verse permanentemente en venta, permanentemente ofrecido durante meses a toda franquicia que pudiera estar interesada.

Odom vs. Gasol (Odom ya en Dallas)
Por el camino, otros dos jugadores relevantes de la plantilla de los Lakers han salido damnificados. Por un lado, Lamar Odom, el polifacético ala-pivot que, a principio de temporada, e indignado por el trato que había recibido en la fallida transacción de principios de la misma, solicitó su inmediato traspaso y acabó en Dallas Mavericks. Por otro lado, y de forma absolutamente inesperada, Derek Fisher, el carismático base, líder del vestuario angelino y del sindicato de jugadores que, de manera sorpresiva, y casi seguro para su disgusto, ha sido transferido a Houston Rockets a última hora cuando su nombre no había sonado en ningún momento como posible objeto de traspaso.

La NBA es una gran competición deportiva...pero también es claramente un negocio. Los equipos de la NBA se rigen tanto por criterios deportivos como empresariales. Y esto aplica a la gestión económica de los mismos y a la búsqueda implacable de sus objetivos, tratando en ocasiones como auténtica mercancia a sus mayores héroes...como sucede en algunos de los casos descritos.

Y todo esto que describo, más allá del interés deportivo, me sirve para justificar mi atención a un artículo publicado hace unos días en la edición digital de Marca y firmado por el periodista Eduardo Schell pero realizado en colaboración con Eugenio de Andrés, un profesional del ámbito de la gestión de personas, el desarrollo directivo y el liderazgo.

Derek Fisher
Bajo esa óptica de gestión de personas analizaba Eugenio de Andrés, específicamente, las consecuencias que para el vestuario Laker podrían tener los acontecimientos descritos. Y era este profesional bastante crítico con la gestión de recursos humanos realizada por el equipo gestor de los Lakers. Por una parte, observaba, han dilatado durante meses una situación inestable y necesariamente desagradable para Pau Gasol, afectando a su rendimiento en el campo y poniendo en una situación pública muy incómoda a una de sus grandes estrellas. Por otro han visto la salida, con evidente disgusto, de otros dos grandes pilares de los últimos y exitosos años: Lamar Odom y Derek Fisher. Más importante desde el punto de vista meramente deportivo, seguramente, la primera, pero probablemente mucho más impactante bajo el prisma de la cohesión del equipo y su motivación la de Fisher, capitan del equipo y líder del vestuario. A esto cabe añadir la sensación de precariedad de todos los jugadores sobre los que sobrevuela la posibilidad cierta de ser transferidos en cualquier momento (aunque exista una corta estabilidad transitoria desde el cierre del mercado de fichajes hasta el final de la temporada).

Lo que ejemplifica el caso de los Lakers es una gestión implacable buscando unos objetivos deportivos y económicos quizá comprensibles, pero prescindiendo completamente de los sentimientos y motivaciones de las personas, de los jugadores, y del espíritu que pueda impregnar al equipo.Y eso puede afectar, finalmente al rendimiento deportivo e, indirectamente, por tanto, al propio negocio.

Mis conclusiones de todo esto coinciden aproximadamente con las de los autores del artículo de Marca y que resumen en el título de su artículo: "No hay que tener miedo a las decisiones difíciles pero la magia de los equipos se construye con las personas"

O, también, me quedo con una frase algo más compacta y que publiqué hace unos días en Twitter:

"quien dirige un equipo sin cabeza se estrellará y quien lo hace sin corazón se quedará solo"

Y estas conclusiones, que surgen en el ámbito deportivo, son trasladables también al ámbito de las empresas y nos enseñan la necesidad de equilibrar los objetivos económicos y comerciales con una adecuada gestión de las personas, de sus sentimientos y sus motivaciones, no sólo por el respeto que las personas se merecen, sino porque, incluso pensando únicamente en resultados, éstos pueden verse afectados por una inadecuada gestión de los sentimientos y motivaciones de las personas que integran los equipos.

Cuando hablamos de organizaciones, deportivas o de cualquier otro tipo, es preciso, pues, una gestión equilibrada  y sensible, tanto financiera como humana. Es preciso poner en la balanza tanto los números y los resultados económicos, como las expectativas y motivaciones de las personas. Es preciso, en fin, dirigir a un tiempo con cabeza y corazón.