miércoles, 18 de agosto de 2010

La emoción en entredicho

Cada vez más, las últimas tendencias en marketing nos insisten en las emociones, en crear relaciones emocionales entre empresa y cliente, en conseguir experiencias memorables para estos últimos, en fidelizar a través de la emoción.

Parece no sólo interesante y probablemente correcto sino, incluso, más humano. El marketing emocional parece transmitir valores positivos, que nos cautivan no ya desde un punto de vista profesional o corporativo, sino también desde la perspectiva personal.

Sin embargo, una frase del libro 'Freakonomics' de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, nos pone en guardia. Hablando de los expertos y de la audacia con que deben exponer sus teorías, nos dicen:

"Su mejor baza ... es captar las emociones del público, porque la emoción es el enemigo del pensamiento racional."

Con independencia de su valor objetivo, esta frase desenmascara una cierta forma de hacer marketing, incluido o especialmente, el marketing que trabaja con las emociones.

Si no se trata de crear experiencias memorables sino de evitar el pensamiento racional, si no se trata de ver a la persona como un todo sino sólo llegar a lo emocional, si no se trata de seducir sino de engañar, este marketing emocional puede ser efectivo, seguramente lo es, pero tal vez no sea tan honesto ni tan humano como pensábamos o queríamos pensar.