miércoles, 19 de enero de 2011

Steve Jobs y la naturaleza del liderazgo

En estos días, la nueva baja médica de Steve Jobs ha sacudido los medios escritos y digitales...y, lo que es más relevante, los mercados de valores, reflejándose en unas apreciables bajadas en las cotizaciones de la empresa de la manzanita.

Con independencia del análisis financiero o bolsístico que de esta caída se pueda realizar, con independencia de que se piense que el valor se recuperará o no, a lo que este hecho me lleva es a unas ciertas consideraciones acerca de la naturaleza del liderazgo.

Un descenso en las cotizaciones de las acciones de Apple ligada a la baja de su líder sugiere que Apple depende mucho, o al menos así lo perciben los mercados, de la presencia de Steve Jobs, del genio, carácter, visión o liderazgo de Steve Jobs.

¿Cómo valorar este hecho?

Hace unos años, no recuerdo bien en qué contexto, oí decir a alguien con cierta autoridad en la materia, que un verdadero líder tenía que construir equipos y organizaciones capaces de valerse por sí mismas, tenía que conseguir que, el día que él/ella abandonase el barco, la organización que había liderado apenas notase su marcha. Ese era el verdadero líder.

La verdad es que me quedé con esa idea. Me pareció una forma muy altruista de liderazgo. Un altruísmo que, aunque no exento de riesgos, tenía una cierta naturaleza win-win, puesto que podía entregar a la organización lo mejor del líder pero a éste, posibilitarle el asumir nuevos retos, nuevos proyectos...algo que parece una magnífica forma de realización. Con cierta frecuencia repaso mentalmente ese concepto, esa interpretación del liderazgo y me sigue pareciendo atractiva...aunque compleja.

Sin embargo, en el caso de Jobs, una personalidad ampliamente reconocida como líder, sobre la que tanto y tanto se ha escrito, que tantas veces ha sido puesto como ejemplo, no parece adaptarse a ese cánon. Sea siquiera parcialmente una mera percepción de los mercados, sea una realidad de la empresa (la historia de Jobs y Apple, la ligadura de los resultados de Apple a la presencia de Steve Jobs, nos hace pensar que algo de fondo hay), lo cierto es que el liderazgo de Jobs parece de una naturaleza mucho más personalista, mucho más egocéntrica, mucho menos generosa si se quiere, que aquella que preconizaba mi instructor.

¿Quiere ello decir que es una forma peor de liderazgo? Es difícil de juzgar.

Los evidentes éxitos de Steve Jobs al frente de Apple convierten casi en una imprudencia intelectual la crítica o la puesta en duda de su liderazgo.

Quizá, como en otro orden de cosas nos enseña la teoría del liderazgo situacional, no se trata de que exista un estilo de liderazgo mejor que otro, sino que situaciones diferentes exigen liderazgos diferentes.

Es posible que en una empresa tecnológica, que apuesta por el diseño, la imagen y las comunidades fervorosas, se precise de un líder más carismático y visionario, más mediático, más personalista.

Quizá, por contra, empresas en sectores más consolidados, con menores innovaciones y márgenes más estrechos, reclamen líderes de carácter más organizador, más capaces de poner en un movimiento constante a su organización, que dejen una herencia más perdurable.

Tal vez, al lado de Steve Jobs se encuentren otros personajes, menos conocidos, pero seguramente con grandes dotes de liderazgo, que sean los encargados de las labores más de fondo y organizativas, que sirvan de contrapunto y equilibrio al líder genial.

En cualquier caso, ligados a la verdadera naturaleza del liderazgo de Steve Jobs pueden venir los resultados en los próximos meses de Apple. Tal vez eso nos proporcione nuevas pistas acerca del tipo de liderazgo de Jobs y, sobre todo, de la bondad o adecuación del mismo a las circunstancias.