lunes, 31 de enero de 2011

Excedentes de talento: el fallo y la oportunidad

Comentan Don Tapscott y Anthony Williams, en su último libro 'Macrowikinomics', y a propósito de la innovación y creación de valor, el caso de Local Motors, una empresa que ha puesto en marcha un método radicalmente nuevo de diseñar y fabricar automóviles. En esta empresa, el trabajo se realiza de forma colaborativa, contando con la participación de diseñadores voluntarios que compiten por que su diseño resulte vencedor.

La forma de funcionar de esta empresa es interesante por sí misma, pero no es ese el foco de este artículo. Cuentan los autores que Jay Rogers, CEO y fundador de esta firma, tuvo su momento de inspiración cuando se entrevistó con el director de la escuela de diseño para el transporte del Art Center College of Design de Pasadena.

El director le contó que de los aproximadamente 60 estudiantes que allí se hallaban, sólo diecisiete tenían posibilidades de encontrar trabajo como diseñadores. Y esa no era una situación excepcional, sino la tasa habitual.

Existía, pues, mucho conocimiento, mucho talento sobre el diseño de automóviles que no sería aprovechado, que se perdería irremisiblemente. El hacer uso de ese talento latente, es la base del funcionamiento de Local Motors y el hablar de esos excedentes de talento, de esos conocimientos, esas ganas en riesgo de ser desperdiciadas, es lo que constituye el objeto de este artículo.

Si se piensa desde el punto de vista de la wikinomía, el arte y la ciencia de aplicar la colaboración de las masas en los negocios, como la definen sus autores, ese excedente de talento es una oportunidad y un habilitador. La existencia de ese talento excedente es lo que posibilita un modelo de negocio como el de Local Motors puesto que toda esa serie de cualificados diseñadores que no pueden ejercer su profesión Y aplicar su talento, aprovechan la oportunIdad de colaboración que esta empresa les brinda para invertir todo ese talento y todo ese conocimiento.

Esos excedentes de talento explican también probablemente, siquiera parcialmente, la existencia del software libre, de la wikipedia y, en general, de todas esas aportaciones colaborativas y desinteresadas que constituyen el nuevo mundo 2.0.

Un habilitador y una oportunidad, si. Pero si miramos estos excedentes de talento desde el punto de vista de la empresa a la que pertenecen (o no pertenecen por incapacidad de contratación) todos esos activistas del conocimiento y el talento, todos aquellos que en su tiempo libre vuelcan su vocación y habilidad para construir algo nuevo, quizá el asunto comience a revestir tintes menos opimistas.

¿No debemos reconocer como un fallo, como un gran fallo, que una empresa no sepa canalizar los conocimientos, aspiraciones y talento de sus empleados, que no sepa motivar y aprovechar su creatividad y compromiso?

Hace ya bastantes meses, y en el artículo que titulaba la gestión cluetrain de la creatividad citaba la siguiente frase de los autores del manifientos cluetrain:

"Si la empresa no les motiva, no les proporciona formación, perspectivas laborales ni les cultiva el placer de crear entre ellos, seguramente lo harán en otra parte. Quizá en un garage."

así como esta otra

"Está surgiendo una nueva lógica, totalmente necesaria. Las personas pueden seguir con sus trabajos de siempre durante el día pero, a la vez, se reservan tiempo para sus aficiones."

Parece que ya los autores del manifiesto identificaban, sin denominarlos así, estos excedentes de talento y parecían apuntar, por un lado, a la necesidad de que las empresas diesen libertad a sus empleados para la realización de tareas creativas, así como la advertencia de la fuga de talento que el no hacerlo así podría conllevar.

Más duro es, aún, pensarlo desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto.

Local Motors, las comunidades de software libre o la wikipedia, ilustran casos en que esos excedentes de talento han sido capturados y utilizados. El saldo neto para la sociedad parece positivo. Pero ¿qué ocurre con todos aquellos diseñadores de automóviles que no pueden ejercer su profesión y que no entran dentro del ecosistema de Local Motors? ¿Qué ocurre con todos los programadores en el paro o en trabajos rutinarios que, quizá asfixiados por sobrecarga de trabajo, quizá desanimados, o quizá abúlicos, no participan en las comunidades de software libre? ¿Qué ocurre, en fin, con tanto y tanto parado, con tanto y tanto trabajador sofocado por la burocracia y los procedimientos, por tanto excedente de talento que ni se aprovecha en la empresa ni en ningún otro proyecto personal o colectivo?

¿No es eso, aparte de duro para las personas que lo sufren una enorme ineficiencia de la sociedad, un enorme desperdicio?

Los excedentes de talento permiten, sí, obras maravillosas y de las que sentirse orgullosos, habilitan gran parte de lo que es el mundo 2.0 y la wikinomía, el arte y la creatividad, pero constituyen también un gran fallo de la sociedad en su conjunto, una gran ineficiencia, un gran desperdicio.