miércoles, 13 de junio de 2012

Fallos, cisnes e innovación evolutiva

Es imposible no cometer fallos cuando se busca la innovación.

Es imposible no emprender caminos que finalmente no conducen a ninguna parte. Es inevitable experimentar decepciones.

El ser humano es imperfecto...y la innovación lo es aún más. No se puede planificar la innovación y no se puede prever la aparición de cisnes negros.

La innovación tiene un punto de atrevimiento y exploración, de riesgo y locura. Se ensayan nuevas ideas, nuevos procedimientos, nuevas vías. Y normalmente, esas ideas experimentan fallos, y más fallos...hasta que se acierta.

Por eso, la innovación precisa de riesgo y tolerancia al error.

Sin embargo, no debemos olvidar del todo una cierta racionalidad económica. Una organización no puede permitirse cometer constantemente grandes fallos. No lo soportarían sus cuentas.

Así que el enfoque adecuado parece ser correr constantemente riesgos y tolerar los fallos...pero esos riesgos deben ser moderados, monitorizados y gestionados. Y los fallos, aunque quizá frecuentes, no pueden ser muy grandes (al menos en lo que a repercusiones económicas se refiere).

Aunque en un ámbito algo diferente, Avinash Kaushik parece compartir esta idea cuando, a propósito de la web y su analítica, nos dice:

"El regalo más grande que le puede hacer la web es la capacidad de fallar más rápido y a un bajo coste."

Y en otro punto opina:

"En la web, las revoluciones casi siempre fallan; sin embargo la evolución funciona."

Kaushik nos habla de fallas, si...pero a bajo coste. Y nos habla de evolución refiriéndose a la web, precisamente a la web, un medio en que se innova a toda velocidad y que está constribuyendo a transformar nuestra sociedad.

Si eso ocurre en la web ¿por qué no en el resto de ámbitos de innovación?

Desterremos, pues, la aversión al riesgo y fomentemos la tolerancia al fallo. Pero no perdamos ni el rigor ni la lógica económica. Las innovaciones se sucederán, y su culminación, la disrupción, se podrá alcanzar como efecto aditivo de la innovación evolutiva o bien por imprevisibles toques de genialidad o intuición, por esos cisnes negros que de vez en cuando, inesperadamente, extienden sus alas majestuosas.