lunes, 20 de septiembre de 2010

Las ilusiones 2.0 frente al test de la viabilidad

Es conveniente, al menos cuando de negocios hablamos, mantener un equilibrio adecuado entre la pasión y el sentido común, entre el entusiasmo y la realidad.

Con frecuencia, cuando leo libros, artículos o blogs sobre asuntos relacionados con Internet, con Web 2.0, con Social Media y, en general, con la economía digital, no dejo de pensar que me encanta lo que leo, que me encanta el entusiasmo y la pasión debordadas, a veces cercanas al fanatismo pero que, si queremos ser sensatos, si pretendemos que este nuevo mundo digital sea sostenible, si deseamos pasar de fantasías a realidades, debemos estar atentos a los hechos, a la viabilidad de los negocios, a la sostenibilidad de todo el modelo.

En su libro 'Wikinomics', y hablando en este caso de lo que llaman los neoalejandrinos (la colaboración y producción entre iguales en el campo de la ciencia y la investigación), Tapscott y Williams proporcionan un ejemplo adecuado, siquiera en grado de tentativa o de declaración de intenciones, de lo que quiero decir.

Encuentro primero una frase que parece inspiradora, entusiasta, puede que idealista:

"cada vez son más abundantes las pruebas de que compartiendo y colaborando -cuando se hace del modo correcto- se crean oportunidades para aprovechar una serie de bienes públicos y para elevar el nivel de todos los partícipes de un sector o una industria concretos."

Sin embargo, en la frase siguiente, en el mismo párrafo, se establece el contrapeso:

"Pero antes, debemos reconocer que los modos de interacción ... tienen viabilidad comercial, capacidad productiva y posibilidades de servir de impulso para las compañías privadas."

Se trata de algo así como un análisis de viabilidad de la inspiradora idea de una ciencia e investigación colaborativas.

Y así debe de ser.

El entusiasmo, la ilusión, el compromiso, son encomiables y, sin duda, necesarios para generar innovación, nuevas ideas, nuevos productos, nuevos modelos. Pero algunas ideas, puede que muchas, a pesar de lo atractivas que puedan resultar, no llegarán a convertirse en negocios o progresos sostenibles. Es por ello que el entusiasmo debe ser contrapesado por los hechos, la ilusión por el test de la viabilidad.