domingo, 16 de mayo de 2010

Publicidad y anticonversación

Doc Searls y David Weinberger, a propósito del marketing de la era industrial:

"Es la horrible verdad sobre el marketing: difunde mensajes para gente que no quiere escucharlos".

Cuánto hay de verdad en esta afirmación. Cuánto mensaje recibimos que no deseamos, que no nos importa o que, directamente, nos importuna. Los mensajes publicitarios nos asaltan en medios de comunicación, en nuestro camino al trabajo o a al hogar o, lo peor de todo, en nuestra intimidad mediante el odioso mecanismo del telemarketing y la televenta.

Los autores lo detallan un poco más:

"El problema es que no había demanda de mensajes. El cliente no quería saber nada de las empresas. Pensaba: 'el mensaje que te transmiten a ti, a mi y al resto de la población mundial, nada tiene que ver conmigo. Es peor que un ruido, es una interrupción'. Era la anticonversación."

¿Cómo encaja esto con el hecho de que los mercados sean conversaciones? ¿Y con la demanda de honestidad en la comunicación de las corporaciones?

Simplemente, no encaja. Según los autores, corresponsables del Manifiesto cluetrain, este no es el marketing, ésta no es la publicidad, que los nuevos tiempos demandan.

Doc Searls y David Weinberger apuestan, como no podía ser de otra manera, por la conversación honesta y transparente, directa y personalizada, por una comunicación más humana, entre personas, las que componen los mercados y las que componen las empresas.

Retomar la conversación y abandonar la anticonversación.