domingo, 23 de mayo de 2010

Acerca del valor explicativo de las historias

Los autores del manifiesto cluetrain, que apuestan por unas empresas más humanas, por la interacción honesta y personalizada entre personas, aquellos que nos dicen que "los mercados son conversaciones", no podían por menos que dar una versión humanística de la causalidad y su comprensión.

Por ello, apuestan por las historias, por contar historias, por transmitir historias. Así lo explica David Weinberger:

"Si uno quiere comprender debe adentrarse de nuevo en el mundo humano de las historias... No me refiero a ficción o a historias con un gran argumento; me refiero a relatos que establecen un hilo temporal y muestran cómo se desarrollan los acontecimientos."

Y está claro que las historias tienen un valor innegable. Está claro que nos ayudan a entender los acontecimientos y las relaciones entre ellos y, no sólo nos ayudan a comprender, tambien nos ayudan a transmitirlos, a explicarlos a terceros...son parte esencial de la conversación humana.

La duda es acerca del rigor de las historias como explicación.

Si los autores del manifiesto cluetrain apuestan decididamente por las historias, Nassim Nicholas Taleb, en su afamado libro 'El cisne negro', nos advertía sobre el peligro de las falacias narrativas, es decir, el afán de inventar historias presuntamente explicativas pero que resumen y simplifican los problemas, y particularizando el caso de la narratividad como explicación en los mercados de valores, nos decía

"La falacia narrativa se dirige a nuestra escasa capacidad de fijarnos en secuencias de hechos sin tejer una explicación, o, lo que es igual, sin forzar un vínculo lógico, una flecha de relación sobre ellos. Las explicaciones atan los hechos. Hacen que se puedan recordar mucho mejor; ayudan a que tengan más sentido. Donde esta propensión puede errar es cuando aumenta nuestra sensación de comprender."

Parece que donde se encuentra el peligro de las historias, de la narratividad como explicación y causalidad, es en la falsa sensación de seguridad en nuestra comprensión que la historia nos proporciona, en dar por buena la simplificación que la historia supone y olvidar matices o abandonar el rigor.

Probablemente, las historias sirvan mejor para un primer acercamiento a la comprensión y para la comunicación y la conversación, que para las explicaciones profundas, científicas y rigurosas.