lunes, 19 de septiembre de 2011

El consejero delegado por control remoto

En su libro 'La semana laboral de 4 horas', Tim Ferriss apuesta por un modo de gestionar los negocios, típicamente un negocio propio que denomina la 'musa' del emprendedor, que aúna la productividad extrema con una forma también extrema de entender lo que, en el lenguaje habitual de gestión de personas, se denomina 'conciliación de la vida laboral y personal'.

En concreto, y de forma muy gráfica, habla del consejero delegado por control remoto. Un consejero delegado apenas visible, que teletrabaja y que apenas es necesario para el funcionamiento de la empresa. Una mínima dedicación del líder es más que suficiente.

Dos son los ejes que eventualmente posibilitan esa forma de actuar:

La primera es esa productividad extrema a que aludíamos más arriba. La máxima eficacia en todo lo que el consejero delegado hace, sin pérdidas de tiempo inútiles en reuniones improductivas, sin atender a temas de escasa relevancia, exprimiendo al máximo la eficacia de cada interacción.


La segunda, relacionada con la anterior y su principal habilitadora es la automatización entendida en sentido amplio. Automatización en el sentido de utilización de herramientas informáticas, si, pero también en el sentido de externalización completa de tareas y sobre todo, en una procedimentación clara y estricta de los máximos aspectos posibles del funcionamiento de la empresa, unido a un cierto empowerment con límites prefijados, de forma que los propios empleados sepan en todo momento cómo actuar y tengan capacidad de decisión en los límites que se hayan establecido sin apenas necesitar de la intervención del consejero delegado que sólo es informado del estado de la empresa y consulltado en situaciones muy especiales y que se salen de los procedimientos y límites establecidos.

La propuesta de Tim Ferriss es provocadora y extremada. Está más orientada a la satisfacción del individuo, ese consejero delegado por control remoto más pendiente de cumplir sus sueños personales que de atender al funcionamiento de la empresa. Aún así, las ideas en que Ferriss apoya esa posibilidad, sus sugerencias sobre productividad personal y de la empresa, sobre automatización y externalización, son agudas, muy inteligentes y de aplicación en contextos laborales mucho más tradicionales.

Quizá llegar a ese consejero delegado por control remoto se nos haga muy lejano, pero al menos deberíamos dar pasos en la dirección de unos directivos menos omnipresentes y unos empleados más autónomos. Por el bien de los directivos, de los empleados y de la empresa.