miércoles, 15 de febrero de 2017

La versión tecnológica del 'sólo sé que no sé nada'

¿Somos más sabios hoy en día que hace unos siglos o, incluso, unas décadas?

Tenemos motivos para pensar que si. Si algo caracteriza la revolución digital es la superabundancia de información y de conocimiento, una información y un conocimiento, además, baratos y fácilmente accesibles. No en vano hablamos de la sociedad de la información y de la sociedad del conocimiento.

Sin embargo, quizá nuestra percepción de esa sabiduría pueda ser confusa. ¿Por qué? Pues porque, como nos dice Kevin Kelly, en 'The inevitable':

the paradox of science is that every answer breeds at least two new questions

En cierto modo, ya lo sabíamos. El conocimiento y la inteligencia nos hace hacernos más preguntas, preguntas, además, seguramente mucho más profundas y complejas. Nuestro propio conocimiento, como reflexionaba Sócrates, nos hace más conscientes de nuestra propia ignorancia, de nuestro desconocimiento, una ignorancia y un desconocimiento que, si viene acompañado de un deseo de saber, se traduce en preguntas, muchas preguntas.

Por ello, nos dice Kelly:

even though our knowledge is expanding exponentially, our questions are expanding exponentially faster. And as mathematicians will tell you, the widening gap between two exponential curves is itself an exponential curve. That gap between questions and answers is our ignorance, and its growing exponentially. In other words, science is a method that chiefly expands our ignorance rather than our knowledge.


Es decir, nuestro conocimiento crece muy rápidamente pero, igual de rápido crece la consciencia de nuestra ignorancia y las consiguientes preguntas y, eso, paradójicamente, hace crecer exponencialmente las preguntas sin contestar.

Si, el mundo digital nos hace más informados y más sabios, quizá muchos más sabios, pero, por lo mismo, somos mucho más conscientes de que saber, lo que se dice saber, en el fondo no sabemos nada...