lunes, 14 de noviembre de 2016

Calma para afrontar el cambio acelerado

El mundo en constante transformación en que vivimos, los cambios perpetuos y una cierta sensación de aceleración nos llevan a intentar actuar rápidamente, a dar una respuesta, a ser ejecutivos...

Esa forma rápida de responder nos produce la sensación de estar, de alguna forma, 'a la altura' de los tiempos, de ser profesionales o personas modernas, activas, resolutivas...

Y es cierto que se suelen necesitar respuestas rápidas, pero sólo en lo superficial y en lo inmediato. Si queremos desarrollar una nueva estrategia, una nueva cultura, una nueva forma de actuar, si queremos realmente hacer cambios profundos y duraderos, esa actuación rápida deja de ser una opción ajustada, proporcional, para convertirse en mera precipitación, en reacción superficial y puede que incluso errónea.

Los cambios profundos precisan de dirección, análisis, reflexión... y, paradójicamente, de una cierta calma. Una calma que favorece esa reflexión profunda, ese análisis, esa perspectiva y racionalidad.   

En el primer capítulo de su libro 'The seventh sense' Joshua Cooper Ramo nos habla de Nan Huai-Chin, renombrado profesor espiritual budista, quien decía: 

The trainning of an instinct, of a truly fresh way of looking at the world, demands a kind of calm.

El maestro Nan Huai-Chin
Parece contradictorio, pero no creo que lo sea. 

Una respuesta rápida sin reflexión se convierte en precipitación. Es preciso el pensamiento y análisis equilibrado, o la conversación e intercambio, para solidificar una nueva estrategia, un nuevo enfoque, un nuevo instinto. Y ese pensamiento impone como condición 'sine qua non' la calma.

Esa calma, esa reflexión, no implican lentitud. La respuesta no será inmediata, claro, pero tampoco tiene por qué extenderse mucho en el tiempo. No es parálisis, sino pensamiento en acción.

Y, a cambio, los resultados serán mucho más seguros, menos sujetos a errores y cambios. Nos harán, en el fondo, avanzar más rápidamente.

Nos lo ha dicho un maestro budista, pero no hace falta irse tan lejos. También lo encontramos en nuestro refranero: 

'Vísteme despacio, que tengo prisa'

Amén.