miércoles, 13 de mayo de 2015

En el centro de las miradas... y de la crítica


A lo largo de una carrera profesional es un fenómeno natural el ir alcanzando mayores cotas de responsabilidad y de poder. Y en una carrera profesional normal ese movimiento 'ascendente', ese crecimiento en mando y liderazgo, se produce a una velocidad media o incluso baja...pero se va produciendo...poco a poco.

Dado que ese ascenso se produce a una velocidad moderada nos vamos adaptando a él. En cierto sentido, y salvo en los momentos puntuales en que se produce el ascenso o cambio de actividad, podemos no ser del todo conscientes de lo que ese crecimiento significa, no sólo para nosotros sino, sobre todo, para nuestro entorno, nuestros colaboradores y colaterales. 

Podemos no darnos cuenta de que nosotros hemos cambiado y, sobre todo, nuestra imagen ha cambiado.

Hace unos pocos años, compartía con un directivo de larga experiencia y al que aprecio profundamente, una cierta perplejidad ante un comportamiento de un colaborador que me resultaba algo sorprendente.

No recuerdo el comportamiento concreto de ese colaborador pero sí que yo le trataba con total naturalidad, muy 'de tú tú' y de alguna forma el colaborador se mostraba esquivo, lejano, receloso. Y ese directivo al que menciono me dijo algo así como "¡Ay Ignacio!, Es que tú no te das cuenta pero es que tú eres ... (y mencionó mi cargo) y 'fulanito' te ve como un mando, como su jefe..."

No se me había ocurrido pensarlo. Estaba tan acostumbrado ya a mi nivel de mando y procedía de una cultura empresarial tan llana que, realmente, no estaba esperando de mi colaborador un trato desigual. Sin haberlo reflexionado, estaba esperando un trato al mismo nivel, cuando él me miraba de abajo a arriba.

Desde entonces con frecuencia lo pienso y me fuerzo a ser consciente de ello.


Pero esa diferencia de nivel tiene otras derivadas. 

Nos gusta pensar que nuestros colaboradores nos respetan, casi que nos admiran...pero más vale no contar con ello. Es posible que sea así, pero es razonable, y aconsejable, esperar también que nos critiquen. Que nos critiquen por nuestra forma de ser, por nuestras decisiones, por nuestros errores o por nuestro estilo...

El líder, del nivel que sea, está siempre en el centro de las miradas de sus colaboradores o sus seguidores. Le observan, le valoran, le toman como modelo o cono objeto de rechazo.

Fred Cook, en su libro 'Improvise', lo expresa así:

When you reach de top, everything you say and do will be scrutinized by the press an the public.

No creo que haga falta llegar a lo más alto para sufrir ese escrutinio de que nos habla. Sólo hace falta tener responsabilidad sobre un pequeño grupo para que eso se produzca.

No se me ocurre una receta mágica para afrontarlo.

Sólo ser consciente de ello, mantener el equilibrio emocional y comportarse con honradez y rigor.

Esto no evitará las críticas, pero puede reducir su amplitud y, sobre todo, el efecto sobre nosotros mismos.