domingo, 8 de febrero de 2009

La crisis de la irresponsabilidad

Mucho se está escribiendo sobre la crsisis y sus posibles causas. Muchos ríos de tinta y de bits para intentar comprender y explicar cómo hemos llegado hasta aquí. Cuando la crisis parecía apenas un mal presagio, se apuntaba a burbujas inmobiliarias y al precio del petróleo. Pero, a medida que avanzamos, las explicaciones parecen tomar otro cariz.

Ahora se apunta a una crisis más que inmobiliaria, diríamos que hipotecaria. Los bancos, se dice ahora, han concedido hipotecas sin controlar apenas el riesgo que asumían, y sin estudiar si los activos hipotecados tenían un valor de mercado que justificase el préstamo concedido.

De manera semejante, parece que empresas y estados se han endeudado hasta niveles por encima de lo aparentemente prudente. Han asumido una deuda superior a lo que su capacidad de generar ingresos pudiera hacer concebible de saldar en un plazo razonable.

Aparenta que hemos vivido, conscientemente o no, por encima de nuestras posibilidades, que hemos gastado lo que no teníamos, o que hemos apostado sin mesura y sin control, ignorando riesgos, jugando con posibilidades inciertas. Y todo ello, no por parte, o no solo, de ciudadanos y familias, sino en el nivel de empresas, del sistema financiero o, incluso, de los estados y gobiernos.

Y además, aparentemente, sin conocimiento o sin control, como en un juego de azar enloquecido que ahora se nos ha vuelto en contra.

Quiero pensar que las explicaciones a la crisis son más complejas que todo eso. Quiero pensar que hay otros motivos u otros matices, que me falta información, que hay causas más lógicas, más comprensibles.

Porque si esta crisis es consecuencia de un sistema financiero que ha jugado con riesgos injustificados, apostando en valores y activos sin sentido; si esta crisis es consecuencia de gobiernos que endeudan a sus países comprometiendo así su futuro, ya sea por negligencia o por intereses diferentes del bien común; si esto es así, deberemos concluir que esta crisis poco tiene que ver con el precio del petróleo, con la confianza de los consumidores o con los tradicionales ciclos de las economías de libre mercado. Si esto es así,la presente crisis es, ante todo, consecuencia de la dejadez de gobernantes y directivos; es consecuencia, en fin, de la irresponsabilidad, de una severa, profunda y culpable irresponsabilidad...