miércoles, 15 de septiembre de 2010

El patrón neuronal (I): la sociedad como cerebro

Los patrones, en el sentido en que en este artículo los utilizo, son comportamientos, soluciones o esquemas de funcionamiento que, ante distintas situaciones o problemáticas, ofrecen una solución similar. Esta idea ya fue utilizada hace bastantes años para describir los denominados patrones de diseño en la disciplina de la ingeniería de software. En el mundo de la empresa y los negocios, el equivalente podrían ser las denominadas best practices (mejores prácticas).

Una de las bondades de los patrones es que pueden aplicarse en problemáticas en apariencia bastante diferentes y exportar lo ya conocido para un caso de aplicación exitosa a la siguiente problemática. Permiten, por tanto, un aprendizaje y progreso acelerados.

Quizá, y de nuevo en el mundo de la empresa, ése sea el fundamento del benchmarking. Un patron que haya funcionado en un entorno y empresa, quizá pueda proporcionarnos la solución en otro entorno y/o empresa diferente. Y las conclusiones que para un patrón conocido hayamos obtenido, podrían ser exportables al nuevo contexto de aplicación.

En este artículo, y al menos uno más que seguirá, quisiera comentar un patrón emergente, un patrón que nunca he visto descrito como tal (aunque no excluyo, por supuesto, que alguien lo haya identificado con anterioridad) y que, proveniente de la naturaleza, parece tener su aplicabilidad en ciencia, tecnología e, incluso, y eso es lo que quisiera destacar, en las redes sociales.

Es bien conocido desde hace ya bastantes años cómo el cerebro está compuesto por unas células denominadas neuronas. Las neuronas, compuestas fundamentalmente de un cuerpo central o núcleo, un eje o axón y unas terminaciones denominadas dendritas, establecen conexiones entre sí mediante las denominadas sinapsis. Aparentemente, las neuronas actúan a modo de procesador muy sencillito así como un transmisor de impulsos. Aparentemente también, el pensamiento y el conocimiento natural reside en esa capacidad de procesamiento y, fundamentalmente, en esa interconexión de millones y millones de neuronas y la interacción y transmisión de impulsos entre ellas.

Esta idea, este patrón en realidad, fue ya imitado hace muchos años dentro del campo de la inteligencia artificial. La idea básica era encontrar un esquema diferente al de los computadores basados en arquitectura de Von Neumann. En lugar de eso, se intentaba emular la forma de funcionamiento del cerebro en busca de capacidades superiores de razonamiento y proceso. Así, se definieron y desarrollaron las denominadas redes neuronales artificiales, exponente típico de las cuales eran los denominados perceptrones. El patrón se aplicaba, al menos en sus líneas básicas, casi a rajatabla. Se definían procesadores muy simples que se interconectaban ente sí. Aunque quizá la inteligencia artificial no haya alcanzado la promesa que supuso hará dos o tres décadas, lo cierto es que se han conseguido crear soluciones practicas basadas en redes neuronales artificiales. Estas redes exhiben un comportamiento que, en efecto, en algunos aspectos recuerda al pensamiento humano y así son capaces de, tras una fase de entrenamiemto o aprendizaje, proporcionar soluciones a problemas complejos mediante algoritmos que, de una forma casi mágica, casi inexplicable, por la aparentemente simple vía del ajuste de sus conexiones, dar con la solución correcta.

Este patrón en que, a partir de interconexiones más o menos complejas y ajustables de procesadores simples, se genera un esquema de pensamiento o conocimiento superior, es a lo que denomino el patrón neuronal.

Hasta aquí no es más que un resumen, muy simplificado, del funcionamiento del cerebro y el significado de las redes neuronales artificiales.

Pero el pensamiento que hace unas semanas se me vino a la mente y que me resultó muy sugerente, fue el paralelismo que existe entre el pensamiento natural o el de las redes neuronales artificiales y el que emerge de las redes sociales.

En las redes sociales, los humanos se interconectan entre sí mediante vínculos fuertes o débiles de carácter social. Usando esos vínculos, las personas interactúan, comparten noticias, conocimientos y experiencias. Y entendemos que, de esta interacción, de esta profunda interconexión, surge una forma de conocimiento social superior, una mayor capacidad de innovación, un más acelerado progreso de la sociedad. ¿Se ve el patrón? En las redes sociales, los nodos, los procesadores simples, somos cada una de las personas que en la red intervienen. Los vínculos serían las interconexiones que, a modo de sinapsis sociales, nos relacionan.

Si eso es así, y si el patrón neuronal tiene alguna validez, la sociedad conectada sería algo así como un gran cerebro, un cerebro con unas capacidades infinitamente superiores a la de cada uno de sus procesadores, cada una de sus neuronas, cada uno de nosotros.

¿A dónde nos puede llevar este patrón neuronal aplicado a las redes sociales? En el punto en que lo expongo es poco más que una metáfora y una sugerencia. Sin embargo, parece viable y hasta creíble pensar que algunas de las leyes, algunos de los algoritmos matemáticos que creemos gobiernan el funcionamiento del cerebro, y desde luego, el de las redes neuronales artificiales, pudieran ser aplicables al conocimiento social. Si lográramos demostrar algo en ese sentido, la aplicabilidad del patrón nos podría conducir de forma acelerada a conlusiones interesantes, útiles, quizá asombrosas.

En un próximo artículo, exploraremos algún otro aspecto del patrón neuronal. En este caso, asociado al concepto, tan de moda, de la serendipia.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Paradojas y desigualdades de la eficiencia en la empresa

En su libro, 'Wikinomics', y a propósito de los mercados de ideas o ideágoras, Tapscott y Williams estudian la política de I+D de Procter & Gamble en los años 90 y, entre otras muchas cosas, nos cuentan lo siguiente:

"A finales de la década de 1990, P&G puso en marcha un estudio interno y descubrió que estaba gastándose 1.500 millones de dólares en I+D, una inversión que generaba montones de patentes, pero sólo utilizaba menos de un 10% de ellas en sus propios productos."

Al leerlo se me vino a la mente la famosa frase de John Wanamaker acerca de la publicidad y que ya mencionamos hace un tiempo en el artículo 'Una gran verdad sobre la publicidad':

"La mitad del dinero que gasto en publicidad se desperdicia, pero no sé de qué mitad se trata."

Cuando luego vuelvo la mirada al mundo de las operaciones, la fabricación de productos y la prestación de servicios, área de la empresa a la que cada vez se exige una mayor eficiencia, una mayor reducción de costes y una mayor productividad, no dejo de pensar en la asimetría del trato, en lo aparentemente paradójico de las diferentes varas de medir entre las diversas áreas funcionales de la empresa.

¿Por qué se trata de una forma tan diferente a la I+D, al Marketing y a las Operaciones? ¿Por qué se permite una eficacia tan baja, un retorno tan incierto de la I+D (un uso del 10% de los resultados según el estudio de P&G) o del marketing (un 50% de la inversión en publicidad según la jocosa y poco científica observación de Wanamaker), mientras se exprime tanto a las Operaciones?

No puedo creer, y no creo, en un defecto directivo generalizado. Creo, más bien, que por sus propias características, por su apoyatura en la ingeniería, la ciencia y la tecnología, las Operaciones son más cuantificables, más medibles, más repetitivas, más predecibles en definitiva. Y eso, que en el fondo es una ventaja a la hora de gestionar adecuadamente, se vuelve en su contra cuando se trata de la exigencia de productividad.

Por su parte, la quizá inherente impredecibilidad de la I+D o del marketing en general, y de la publicidad en particular, hacen más complicado evaluar, no tanto los costes, como el retorno de esos costes o el rendimiento que de ellos se obtiene.

Si fuésemos capaces de medir con tanta precisión el retorno de la I+D o de la publicidad, estoy seguro que se verían sometidos, al menos en épocas de vacas flacas, al mismo riguroso examen y exigencia de productividad que se produce en el área de operaciones. Mientras eso no suceda, la gestión de la productividad en I+D y marketing seguirá siendo más laxa, más intuitiva y más del tipo invierto/no invierto que una auténtica gestión de eficiencia como se produce en Operaciones.

Paradójico, si, pero es que aún no hemos averiguado cómo eliminar la paradoja.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Twitter: asincronía y diálogo

El término sincronía, hace referencia a la coincidencia en el tiempo o simultaneidad de hechos o fenómenos. Cuando nos refererimos a comunicación quizá deberíamos matizar un poco la definición y, de forma simple y no del todo académica, decir que una comunicación es síncrona cuando existe una estrecha correspondencia temporal entre un mensaje y otro, entre pregunta y respuesta. La asincronía, por el contrario, se produce cuando existe un desacoplamiento temporal entre un mensaje y otro. Así, una conversación cara a cara, o una conversación telefónica serían síncronas mientra que, por ejemplo, el correo electrónico es, típicamente, asíncrono.

¿Y Twitter? Desde un punto de vista teórico, Twitter es un mecanismo asíncrono. Una persona publica un tweet...y la eventual respuesta se puede producir, caso de producirse, en cualquier momento del tiempo.

Sin embargo, en el caso de Twitter, y en el fondo también en el del correo electrónico y otros medios similares como el SMS, los foros o las redes sociales, la verdadera naturaleza sincrónica o asincrónica la acaba marcando el usuario: su presencia y su voluntad de establecer diálogo.

He podido presenciar en Twitter una rápida sucesión de preguntas y respuestas, una verdadera conversación, un diálogo compuesto de textos de 140 caracteres. Aunque el medio es, en sí mismo, asincrónico, el uso lo ha convertido en síncrono, puesto que las personas involucradas estaban presentas, activas y con voluntad de establecer esa conversación.

Por el contrario, hay otras situaciones, como la que he vivido hoy y que me hizo pensar en este artículo, en que la comunicación es asíncrona. Ayer, a última hora de la noche, publiqué un tweet. Hoy por la mañana tenía una respuesta. Como no suelo tuitear en el trabajo, no he vuelto a contestar, de nuevo, hasta la noche.

En este caso se ha puesto de manifiesto la asincronía de Twitter.

Lo que me preguntaba es la adecuación de Twitter para establecer un verdadero diálogo de esa forma. En un medio en principio muy ágil como es Twitter, cuyos usuarios suelen estar muy pendientes de la red y sus contactos, esas horas transcurridas pueden constituir la muerte de la conversación al contrario de lo que, probablemente, suceda en el correo electrónico. Tengo la sensación de que contestando tantas horas más tarde, la persona que me ha enviado su comentario debe pensar que ya, simplemente, no le voy a responder.

Quizá sea así, quizá no, pero esa reflexión me lleva a pensar que aunque Twitter, desde un punto de vista meramente teórico sea un medio asíncrono, el uso que se hace del mismo le lleva a ser de una naturaleza, digamos, 'cuasi-síncrona' en la que, en la mayoría de los casos, la conversación o es síncrona o, simplemente, no es.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Autoselección y el éxito de la producción entre iguales

¿No es como para preguntarse cómo es posible que funcionen tan bien, que sean exponentes difícilmente superables de productividad y calidad, los ejemplos típicos de producción entre iguales como son las comunidades de software libre o la Wikipedia? ¿No produce asombro que estas comunidades, aparentemente anárquicas y con escasos recursos económicos, puedan superar a las grandes empresas y administraciones?

Sin duda inciden efectos como la motivación, el afán de logro y la notoriedad. Ya hemos visto en este mismo blog, en relación con esta temática, la razón del fracaso de las burocracias según Gary Hamel, la importancia de creer en lo que se hace según Seth Godin, la recompensa psicológica de la reputación que arguía Chris Anderson o las razones para la colaboración y la motivación 2.0 según Nicholas Carr.

Casi todas estas ideas giraban, sin embargo, más alrededor del concepto de motivación que de los de eficacia y eficiencia.

Y sin embargo, esos casos paradigmáticos de la wikinomía son claros exponentes de éxito, de eficacia, de consecución de objetivos.

Don Tapscott y Anthony D. Williams en su libro 'Wikinomics' nos aportan una razón para esa eficacia:

"la producción entre iguales aprovecha motivaciones voluntarias de una manera que propicia la asignación de la persona adecuada a la tarea adecuada con mayor eficacia que las empresas tradicionales. La razón es la autoselección. Cuando las personas se autoseleccionan para llevar a cabo tareas creativas basadas en conocimientos, es más probable que escojan tareas para las que poseen una cualificación excelente que si la elección depende de gerentes."

Se trataría, pues, de una eficacia conseguida a base de un proceso de selección de recursos superior y, sobre todo, de una excelente asignación de recursos a tareas.

En defensa de los gerentes, apuntar que las comunidades de productores entre iguales gozan de dos ventajas que están fuera del alcance de los gestores de empresas:
  • equipos humanos altísimamente motivados
  • recursos humanos cuasi-infinitos
No son, por tanto, casuales los éxitos de la producción entre iguales. Existen motivos racionales para ello.

Lo importante y lo difícil, ahora, es saber cómo aprovechar todo ese potencial.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Principios de economía Wiki

De forma muy parecida a como ocurrio hace aproximadamente un mes con 'Freakonomics', el afamado libro de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, inicio, he iniciado realmente hace unos días, la lectura de otro 'clásico' de la infonomía, de la economía de la era digital.

Me refiero, en este caso, a un libro de título parecido. Se trata de 'Wikinomics' de Don Tapscott y Anthony D. Williams, un libro ligeramente antiguo ya para lo rápido que se mueve el mundo y las ideas en esto de la economía digital (data de 2006) pero que, por lo que llevo leído hasta ahora, parece conservar casi intacta su vigencia y actualidad.

Y como hice en su momento con el libro de Levitt y Dubner, inicio la presumible serie de artículos dedicados a este libro con unos primeros apuntes, unas primeras notas, todavía con escaso comentario, más bien como un mecanismo de estructuración y recuerdo.

Y si el primer artículo de la serie dedicada a 'Freakonomics' se titulaba 'Principios de economía freaky' este se tenía que titular, por fuerza, 'Principios de economía wiki'.

Según los autores, cuatro son los principios de esa Wikinomía, de esa economía 'wiki':
  • Apertura: se trata de que las empresas hagan sus fronteras más flexibles, más porosas, en aspectos como la colaboración con personas y organizaciones externas, la adopción de estándares o la eliminación de la confidencialidad sobre la información corporativa.
  • Producción entre iguales: lo que supone, probablemente no la eliminación, pero sí la relajación de las jerarquías y unos nuevos modelos de producción más colaborativos y menos jerárquicos. El ejemplo paradigmático es el de la Wikipedia cuya semejanza de nombre con el título del libro y el tipo de economía que denomina, no es casual.
  • Compartir: referida muy especialmente a la propiedad intelectual pero que comprende también capacidad informática, ancho de banda o conocimiento científico
  • Actuación global: es decir, reconocer la existencia de un mundo globalizado, 'plano' como diría Thomas L. Friedman, y traducirlo en una gestión de activos personales e intelectuales que trascienda culturas, disciplinas y fronteras. Los autores parecen más partidarios de un 'pensar global y actuar global' que de la forma tradicional del aforismo que recomendaba 'pensar global y actuar local'.
Siete son, además, los mecanismos que los autores proponen a las empresas para enfrentarse a esta 'tormenta perfecta', como ellos mismos la denominan, a que nos arrastra esta 'wikinomía' que combina factores tecnológicos, demográficos y de economía global:
  • Producción entre iguales
  • Ideágoras
  • Comunidades de prosumidores
  • Nuevos alejandrinos
  • Plataformas abiertas
  • Plataformas productivas globales
  • Centros de trabajo wiki
A desarrollar estas siete ideas, que aquí sólo mencionamos, dedican los autores la mayor parte del libro.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Ideas sobre comunicación y cognición 2.0 (IV): Gramáticas, netiquetas y lenguaje no verbal

Debo adelantar que me gusta la literatura, que valoro las frases precisas y bien construidas, que encuentro belleza en una adecuada combinación de palabras y en un uso rico del vocabulario. Y aunque creo y reconozco la fuerza y capacidad expresiva de imágenes, sonidos, infografías o vídeos, también me parece que hay aspectos del conocimiento o del sentimiento cuya mejor vía de comunicación es a través de las palabras.

Las herramientas sociales y, probablemente, parte de la cultura moderna, parecen sin embargo rehuir las palabras o, al menos, comprimirlas, apretarlas, deformarlas, reducirlas a su mínima expresión.

No es sólo que canse más leer en una pantalla que en un papel y, por ello, las buenas prácticas de diseño web aconsejen no incluir textos muy largos; no es sólo que parecemos vivir una época acelerada en que estamos bombardeados por informaciones y por necesidades de acción y nos resulta difícil dedicar mucho tiempo a una información, a un 'input' específico. Es que, además, y quizá como una consecuencia o manifestación de esos fenómenos, las herramientas sociales cada vez nos impulsan a comprimir más los mensajes.

Tenemos como antecedente ya casi lejano el caso de los mensajes cortos, los SMS de los móviles surgidos al albur del estándar GSM. La mensajería instantánea, aunque no obliga realmente a escribir textos cortos, lo cierto es que, por su naturaleza y por el diseño de las interfaces de usuario parece que empuja a ello, con un espacio visualmente reducido para los mensajes, unido a la proliferación de emoticonos.

Esa misma interfaz de usuario se presenta en el recuadro para la actualización de estados en redes sociales tan populares como Facebook, LinkedIn o Tuenti.

Hemos pasado del blogging al microblogging donde el rey es Twitter con sus mensajes de tan solo sólo 140 caracteres y donde, además, caben referencias y signos para indicar Retweets y hashtags.

Y si los estados de las redes sociales se actualizan mediante un recuadro de tamaño visualmente reducido, con cada vez mayor frecuencia esa actualización se produce mediante una integración automatizada, precisamente, con Twitter con lo que volvemos a su mundo de los 140 caracteres. Y esta misma tendencia comienza a observarse en los comentarios de blogs donde, más que con un comentario, nos encontramos con un breve tweet que menciona al artículo del blog.

Y en esa tendencia, en esa filia por lo corto e inmediato, por lo rápido y sencillo, necesariamente perdemos algo, algo de conocimiento y algo de comunicación.

En primer lugar perdemos gramática, al menos la gramática tradicional. Para poder comprimir ideas en tan poco espacio, nos vemos obligados a introducir abreviaturas, a eliminar preposiciones y artículos, a forzar frases, a saltarnos reglas... y, como alternativa, contruir algo así como unas nuevas gramáticas con reglas conocidas por los fans de los medios sociales como, por ejemplo, la gramática twitter con sus signos RT, sus referencias y sus hashtags. Elaboramos unos nuevos vocabularios, unos nuevos diccionarios de abreviaturas y símbolos (#FF, RT, pq, grax, etc)...Inventamos, en fin, un nuevo lenguaje más conciso, más rápido...pero quizá menos rico, con menor capacidad expresiva, con menos matices, más superficial.

Plenamente ingenioso resulta, eso sí, la compresión de elementos no verbales en el propio lenguaje de Internet. Así, elaboramos las normas de buen comportamiento y protocolo, la netiqueta, que nos indica cómo ser 'educados' en este mundo virtual. Ingenioso a la par que rápido es también la adopción de símbolos, los emoticonos, para expresar emociones y matices que normalmente recoge el lenguaje no verbal, los gestos.

Ambos son mecanismos muy ingeniosos, en el caso de los emoticonos diría que casi brillantes, pero tendentes de nuevo a la velocidad, a la compresión, a la inmediatez.

Tiene su valor comunicativo y cognitivo este lenguaje comprimido. El valor deriva, precisamente, de su brevedad y rapidez. Probablemente se pierdan detalles pero, a cambio, se gana en velocidad y viralidad. Los conocimientos son más básicos...pero se difunden con mayor rapidez y amplitud.

Los nuevas formas de expresión ganan en velocidad y alcance lo que pierden en precisión y profundidad. Utilizando un símil de gestión, diría que los nuevos lenguajes 2.0, en lo tocante a comunicación y cognición ganan en eficiencia pero pierden eficacia.

¿Un equilibrio afortunado?

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sostenibilidad y modelo de Internet: una cuestión de números

No pocos comentarios ha suscitado en Internet, en la blogosfera y los medios sociales, la reciente intervención de D. Julio Linares, consejero delegado de Telefónica S.A., que tuvo lugar el pasado 30 de Agosto en el ámbito del XXIV Encuentro de las Telecomunicaciones que se organiza en la Universidad Internacional Menendez Pelayo.

Para el Sr. Linares, y según nota de prensa emitida por la compañía, "el principal problema al que se enfrenta el sector en la actualidad pasa por el grave desacoplamiento existente entre el crecimiento del tráfico, el coste de la red y los ingresos que genera."

Según ello "el esfuerzo de los agentes del sector debe centrarse en tratar de equilibrar estas variables junto con la inversión en redes, y necesariamente desde la base de un nuevo modelo que permita generar valor, puesto que el actual no es sostenible a futuro"

D. Julio Linares apoyaba su argumentación con algunos datos interesantes. Así, y con respecto al número de hogares y equipos conectados afirmaba que "un mercado que en 2009 contaba con 1.000 millones de hogares, 4.600 millones de personas y 1.400 millones de máquinas conectadas y que en 2020 sumará 1.200, 6.000 y 40.000 millones de hogares, personas y máquinas conectadas, respectivamente, lo que asciende a más de 50.000 millones de dispositivos, todos ellos conectados."

En cuanto al crecimiento de los medios sociales aportaba los siguientes datos:

"más de 850.000 nuevas altas diarias en las redes sociales, más de 50 millones de blogs actualizados cada segundo o con 500 nuevas aplicaciones diarias"

Finalmente, insistía en el importantísimo crecimiento del mercado móvil y de las aplicaciones (este último punto, por cierto, me ha recordado algunos de los recientes razonamientos de Chris Anderson sobre la muerte de la web) para afirmar que "El acceso móvil a Internet, que será mayoritario en 2013, ha fomentado el desarrollo de aplicaciones, pasando de 50.000 a más de 300.000 en tan sólo un año, de junio de 2009 a junio de 2010, seis veces más, aunque sólo 30.000 cuentan con más de 500.000 usuarios."

A los pocos minutos, casi diría que a los pocos segundos, se producían las primeras reacciones en medios como Twitter y algo después en algunos blogs. En concreto, y a modo de ejemplo, Enrique Dans al poco rato, creo que escasas horas después, publicaba un post en su blog encabezado por el expresivo título ¿Quiebra del sistema? Nada más lejos de la realidad.

En los comentarios a las noticias y artículos que he tenido ocasión de leer predominaban las valoraciones negativas y se daban algunas descalificaciones, aunque debo reconocer que he encontrado muchos más comentarios juiciosos y mesurados, siempre en mi opinión, de lo que esperaba.

Y es un poco al hilo de estos artículos y estos comentarios a lo que viene mi reflexión en este post. De hecho, no voy a entrar en el fondo de las afirmaciones de D. Julio Linares o de las respuestas contrarias. El rigor y la prudencia aconsejan no entrar en esas procelosas aguas si no es armado con muchos datos, largo análisis y fuertes dosis de criterio.

Sí decir que me resulta llamativo, aunque esperable, la carga emotiva que domina muchos artículos y comentarios. Se avistan peligros, se intuyen abusos, se descalifican personas y empresas...

Pensémoslo bien: por suerte o por desgracia, de lo que se está hablando es de modelos de negocio y de sostenibilidad en el sentido más económico y menos ecológico del término.

Me llaman la atención y quisiera entender los nuevos modelos de negocio, en especial, los que se originan en el mundo de Internet y en torno a la economía del regalo, la economía de la atención y la gratuidad, elementos de los cuales no hace tanto hemos hablado a partir de la lectura del libro Gratis de Chris Anderson. Y es que, aunque Internet y los medios sociales parezcan algo mágico, al final hay unas infraestructuras y unos equipos humanos, unas inversiones y unos gastos, una serie de costes en definitiva y unas expectativas de beneficios y, para que la nube siga funcionando, es necesario que éstos, costes e ingresos, y por ende, beneficios, se encuentren adecuada y racionalmente acompasados.

Como clientes desearemos la máxima calidad al menor precio, como internautas adoraremos la gratuidad, como seres humanos valoraremos el valor igualitario y democratizador de la Web 2.0.

Sin duda, las preferencias y deseos de clientes y usuarios, o los movimientos de producción entre iguales como el software libre o la wikipedia ejercerán su poderosa influencia y contribuirán a nuevos modelos e ideas.

Pero, al final, los modelos supervivientes lo serán, no sólo porque satisfagan a cliente y usuarios, que también, sino porque sean sostenibles económicamente y, en ese sentido, la sostenibilidad de Internet y los modelos de negocio alrededor de la nube serán, en definitiva, no una decisión emotiva sino, fundamentalmente, nos guste o no, una cuestión de números.