lunes, 29 de junio de 2026

La imaginación como virtud ética

Que la imaginación es una virtud, dicho así, probablemente a nadie le parezca demasiado extraño. 

Tendemos, lógicamente, a valorar positivamente la imaginación, que aparte de su interés casi diría intrínseco, puede ser fuente de ideas, algunas en el ámbito de la creación pura, como como en el caso de la creación artística, literaria, musical... y otras en otro tipo de creación como la que se produce en la innovación empresarial o, en un ámbito más general, como una capacidad útil en la resolución de problemas.

Sin embargo, con todo y lo valiosa que nos tiende a parecer la imaginación, no solemos concederle un valor ético.

Sin embargo, esa perspectiva ética de la imaginación me la he encontrado en el libro 'The AI Mirror: How to Reclaim Our Humanity in an Age of Machine Thinking' de Shanon Vallor y quisiera comentarla brevemente.


Grandes escuelas éticas


Antes de seguir, y en beneficio de quien pueda no conocerlas, una rapidísima y muy básica revisión de las tres grandes escuelas éticas en el mundo occidental. Hablaríamos de las siguientes:


  • Ética deontológica: Abanderada por Kant y que, en esencia dice que debemos seguir unos ciertos principios (ahí es donde encaja el famosísimo, aunque seguramente no bien conocido en el fondo, imperativo categórico). Aunque al hablar de principios, en cierto sentido estamos poniendo la ética fuera de las personas, el propio Kant es quien, en otro famoso aserto, establece que una persona es un fin en sí misma y nunca puede ser usada como un medio.

  • Ética consecuencialista / utilitarista Nacida de la mano de Jeremy Bentham e impulsada, y matizada, por su discípulo John Stuart Mill, pone el foco en la consecuencias de lo que hacemos con un enfoque muy económico-matemático que busca maximizar una especie de función de utilidad que de alguna forma expresa el placer o bienestar conjunto (no el de una persona específica).

  • Ética de las virtudes: Asociada a Aristóteles (aunque, curiosamente, muy similar a los presupuestos de Confucio). Se trata de una ética muy centrada en la persona, que debe buscar su florecimiento, su excelencia, su máxima realización, lo cual consigue en cierto sentido a través de las virtudes que se entienden como un sano equilibro entre extremos (así entre dos extremos viciosos como la cobardía y la temeridad, nos encontramos con la virtud de la valentía).


Que me perdonan filósofos y eticistas por la simplificación, pero creo que era pertinente. 


Aristóteles, las virtudes y la persona


Como se ha dicho, el foco de Aristóteles es la persona y su realización. Esa realización, quizá más ese desarrollo personal, recibe un nombre difícil como es, 'eudaimonia'. 

Como digo a veces en algunas clases y charlas, aunque el nombre es difícil, hoy en día podríamos decir que incluso desafortunado, el concepto es precioso y, en mi opinión, la mejor forma que he visto de enfocar la ética.


La imaginación


Y vamos ya a la imaginación. 

Aristóteles parece que no consideraba a la imaginación ('phantasia') un virtud, sino, más bien, una facultad psicológica.

Sin embargo, Shanon Vallor, que se reconoce fundamentalmente como seguidora de Aristóteles y representante actual de la ética de las virtudes, en la obra citada afirma que, en su opinión, la imaginación sí es una virtud. Nos dice:


It was not named as a virtue by ancient philosophers such as Aristotle or Kongzi. But contemporary philosophers, including me, have often recognized it as one, or at least as an essential component of virtue.


Su razonamiento, tiene mucho que ver, creo, con esa idea de la eudaimonia que, ahora, voy a traducir como 'excelencia' (en seguida se verá por qué). Así, Vallor nos dice:


It is hard to envision someone entirely lacking in imagination who can still develop and express their full moral, intellectual, and creative potential. Imagination is how we envision yet unmade possibilities for ourselves and others; it is what makes autofabrication possible. Lacking any imagination might be technically survivable for an individual, as long as they can reap the benefits of the imagination of others, but it places a fundamental limit on a person’s excellence.


En esencia, la imaginación es una capacidad fundamental para que una persona pueda desarrollar su potencial de todo tipo y alcanzar la excelencia (de ahí la traducción libre de eudaimonia).

Y por esta vía, quizá un poco indirecta, la imaginación alcanza un valor ético.

Desde un punto de vista estrictamente intelectual no sé si estoy de acuerdo o no con esta consideración...pero lo cierto es que me gusta mucho la idea.


Conclusiones


Las virtudes son, para Aristóteles, elementos fundamentales de su ética y se conciben como equilibrios entre extremos digamos viciosos. Pero, además, Aristóteles propugnaba el desarrollo de la persona, su florecimiento, hasta alcanzar la famosa 'eudaimonia'

Un poco por esa necesidad de la imaginación para alcanzar el desarrollo máximo y la excelencia, es por lo que, una filósofa actual, Shanon Vallor, considera a la imaginación como una virtud y le concede valor ético. 


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