lunes, 4 de abril de 2022

El precio del antropomorfismo en los robots

Cuando hablamos de robots en la vida corriente, fuera de los ámbitos industriales, es difícil no traer a nuestra mente la imagen de robots humanoides.


Robots humanoides


Unos robots hechos normalmente de metal, sí, pero de aspecto claramente humano: unas máquinas bípedas con dos brazos acabados en manos, con frecuencia de cinco dedos, con una cabeza en la que se observan ojos y boca y a veces nariz y una especie de orejas, robots con proporciones aproximadamente humanas, dotados de cara y de una cierta expresión.  

Es la imagen que nos ha trasladado la ciencia-ficción, y quizá, sólo quizá, sea la imagen que mejor refleje nuestra aspiración y deseo: unas máquinas hechas, si se me permite decirlo, a 'nuestra imagen y semejanza'.

Parece que nos gusta trasladar a las máquinas características humanas, nos gusta 'antropomorfizarlas'.

Pero ¿Tiene eso sentido?


La consideración económica y de mercado


Bueno, adoptando una visión desapasionada, al margen de eventuales consideraciones filosóficas y éticas, absolutamente práctica, una visión de mercado y razón económica, construir robots humanoides tendrá sentido si hay suficiente demanda de los mismos y los clientes están dispuestos a pagar su coste más un margen razonable que justifique los esfuerzos y riesgos del fabricante y de sus accionistas.

¿Es así?

Bueno, adivinar lo que quiere el mercado es algo que roza la magia, por más que haya técnicas de medida, de estimación y de influencia en el mismo. No es tan fácil adivinar, ante un producto novedoso, la acogida que puede tener en el mercado.

Sin muchos datos para ello, me arriesgaría a decir que, ahora mismo, los robots humanoides resultan atractivos, que llaman la atención, pero que ese atractivo no resulta suficiente para traducirse en unas ventas elevadas en el estadio de desarrollo técnico actual y en un momento en que los caso de uso específicos, aún existiendo, no son tan abundantes, o tan claramente abundantes.


El antropomorfismo caro


Hay otra cara a considerar, la cara de ingeniería, que une lo técnico con lo económico. Pues bien, en ese sentido, hay que decir que los robots humanoides son técnicamente complejos, muy complejos y que, por tanto, sus costes cabe esperar no sean muy bajos y que puedan surgir dificultades en cuanto a su control (me refiero en este caso al control en el sentido de ingeniería y de regulación automática, de cinemática y dinámica, no de fantasías futuristas sobre robots con libre albedrío).

Así nos lo hace ver el libro 'Elements of robotics' de Mordechai Ben-Ari y Francesco Mondada cuando nos dice:


Humanoid robots can be very difficult to design and control. They are expensive to build with multiple joints that can move in many different ways. Robots that use wheeels or tracks are preferred for most applications because they are simpler, less expensive and robust.


Los autores mencionan el coste y hacen mención también a la dificultad de control y a que, adoptando la visión ingenieril a que antes aludíamos, tiene sentido en la mayoría de los casos, adoptar ciertas morfologías, no tan humanoides, pero más prácticas como el uso de ruedas en lugar de piernas.

En cierto sentido, el empeño en conseguir unas características antropomórficas nos sale injustificadamente complicado y caro, así que la racionalidad técnica y económica parece dictar la otras opciones menos humanoides, al menos para muchos tipos de usos.


El antropomorfismo barato


Sin embargo, el verdadero antropomorfismo, aquel de que se habla normalmente cuando nos referimos a robots, no es tanto el que deseemos construir robots con características humanas sino que atribuimos características  humanas a cosas que no lo son y, añado, que ni siquiera tiene que ser 'demasiado humanas'. Lo hacemos con muñecos, con animales y, claro, también con robots simples.

Y, en ese sentido, es en el que hablo de un antropomorfismo barato, casi diría gratuito, puesto que no necesitamos invertir en robots tan complejos para que estos desencadenen una percepción 'humanoide' por parte de sus interlocutores humanos.


Conclusión


Eso, creo, permite una visión pragmática de la construcción de robots sociales 'un poquito humanoides'.

Robots que sólo tienen algún aspecto lejanamente humano e incorporan algunas característica sociales básicas suficientes para provocar y explotar (no se entienda esta palabra en mal sentido) ese antropomorfismo. Unos robots que incorporen capacidades conversacionales por voz, cierta capacidad de detección de emociones y cierta capacidad, aunque simple, de expresar emociones mediante gestos simples o rostros robóticos muy simples o sobre displays.

Como ya he dicho en otros posts, personalmente apuesto por una explosión robótica, una explosión que seguramente ya ha empezado. Pero cuando pienso en esa masificación de los robots pienso en ese tipo de robots muchos más simples, no tan humanos, pero, eso sí, con capacidades sociales que favorezcan y mucho la antropomorfización que corre de la cuenta de los humanos...y de forma gratuita.

Quizá, ese precio del antropomorfismo, estemos dispuestos a pagarlo.


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