sábado, 7 de marzo de 2009

La usabilidad en terminales móviles

Recientemente, he comenzado a utilizar como terminal móvil una flamante Blackberry Pearl 8110, un aparatito que, sin ser lo último ni lo más espectacular en terminales móviles del mercado, no está nada mal. Es bastante atractivo y aparente.

Sin embargo, los primeros días están siendo complicados, casi traumáticos. No es culpa del aparatito en sí, pero no le he podido dedicar tiempo para entender bien cómo funciona. Y las acciones más simples, como buscar un contacto, reconocer un número llamante o devolver un SMS, se me han convertido en pequeñas dificultades, en minúsculas barreras en mi trabajo, en cotidianos incordios. Por no hablar del choque que supone el uso del modo predictivo del teclado cuando quieres escribir un nombre propio, una cuenta de correo o una URL.

Curiosamente, me encontraba mucho más cómodo y trabajaba de una forma mucho más ágil con mi antiguo y modesto Nokia 6021.

Presumiblemente, esos problemas son transitorios y más debidos a mi torpeza y falta de tiempo para entender el terminal, que a un defecto del equipo en sí.

Sin embargo, creo que ponen de manifiesto la importancia que tiene en los terminales móviles, como en su momento lo tuvo para las aplicaciones informáticas de escritorio, el conseguir una interfaz de usuario sencilla, ágil y autoexplicativa. Las excelencias tecnológicas de un terminal pueden verse ensombrecidas y ocultadas si el uso del mismo es incómodo o incomprensible para el usuario.

Y no es un problema trivial conseguir esa usabilidad en terminales tan pequeños y que acumulan cada vez mayores capacidades. Es un esfuerzo arduo de diseño. Pero todo el cuidado que pongan los fabricantes en este aspecto es poco si quieren tener éxito en este complejo y competitivo sector tecnológico.