lunes, 26 de enero de 2026

Inteligencia artificial: la burbuja y la implantación

Confieso que, para estas reflexiones sobre la eventual burbuja de la inteligencia artificial,  pensé en utilizar el título "¡Es la implantación estúpido!", una frase inicialmente articulada como "¡Es la economía, estúpido!" ('is the economy, stupid!') acuñada por el equipo de campaña de Bill Clinton allá por 1992, y que se ha utilizado con mucha frecuencia, realizando variaciones en que, en lugar de 'economía', se utiliza cualquier otro término que se quiera destacar.

Al final lo he desechado, primero, porque no me gusta el tono insultante que respira, segundo, porque tiendo a rechazar, cada vez más, las frases hechas y, finalmente, y en el fondo más importante, porque no refleja del todo lo que este post quiere transmitir, aunque si en parte: la importancia de la adopción de la inteligencia artificial, de la implantación real de soluciones, por parte fundamentalmente de empresas como factor fundamental para hablar o no de burbuja de la inteligencia artificial.

Pero, 'vayamos al lío'.


El significado de la burbuja


En esencia, hablar de 'burbuja' implica hablar de unas expectativas infladas, excesivas, bajo un punto de vista esencialmente económico aunque quizá con algún reflejo técnico.

El reflejo técnico, que creo no es el más relevante en este caso, implicaría que la inteligencia artificial no es (y no va a ser en breve) capaz de hacer todas las cosas que se le atribuyen. Y ese exceso de expectativas técnicas, podría desenfocar las expectativas económicas y de negocio, que son las que realmente importan cuando hablamos de burbuja.

Y en esa visión económica, una 'burbuja' nos habla de que las inversiones que se están realizando en inteligencia artificial no están respaldadas por el retorno que de ellas se puede esperar de forma realista en un plazo razonable. Y eso incluye, por ejemplo, empresas como la propia OpenAI que, de momento, lo que dan son unas pérdidas millonarias.

Si eso fuese cierto, si existiese realmente una burbuja, cuando empresas y gobiernos adquieran conciencia de que esas inversiones son irracionales y no recuperables, se puede parar la inversión, provocando con ello desaparición de empresas, deudas sin pagar, paro, etc, Y si esas consecuencias son de gran volumen, pueden conducir a una crisis económica global, en el sentido de no afectar sólo a alguna empresa, sino a estados completos e incluso a nivel mundial.


Dos declaraciones preliminares


Antes de seguir con lo que es el núcleo de este artículo, quisiera hacer dos declaraciones.

La primera es un humilde reconocimiento que no tengo información suficiente, ni una opinión formada, sobre si, desde el punto de vista económico, realmente estamos en riesgo de una burbuja en el caso de la inteligencia artificial. Sí creo que estamos en un mercado en ebullición y casi diría que en formación, que estamos en una frenética cascada de acontecimientos y que eso lleva a incertidumbre en las decisiones, unas decisiones que, ante la falta de un panorama claro, pero con la expectativa de un negocio billonario en el que no se puede dejar de estar, probablemente conduzca a decisiones financieras y de inversión más arriesgadas de lo que nos gustaría. Y también creo que, precisamente por tratarse de un mercado en formación, es normal la aparición de muchas propuestas y muchas empresas y que una dinámica normal conducirá, en los próximos años, a una estabilización y consolidación, en la que habrá ganadores y perdedores, quizá algunos muy sonados. Sí me parecen previsibles por ello movimientos y acontecimientos empresariales y económicos, algunos de los cuales, podrían ser 'catastróficos' para alguna entidad. Pero no necesariamente tiene que existir una burbuja 'en toda regla', una burbuja mundial, por decirlo de alguna manera.

La segunda declaración, de la que sí que estoy muy convencido, y que he expresado en más de un medio, es que 'no existe burbuja técnica'. Lo que con ello quiero decir es que las capacidades técnicas y operativas de la inteligencia artificial son reales y ya están aquí, que sólo con aquello de que disponemos actualmente, empresas y administraciones, incluso particulares, pueden dar grandes saltos de productividad, eficiencia e innovación. Eso no quiere decir que no exista 'hype', que lo hay, o que no existan partes de la inteligencia artificial, como, en mi opinión, son los agentes, los robots humanoides o los vehículos autónomos, que tengan aún que demostrar su viabilidad generalizada tanto técnica como de negocio. Pero, insisto, sólo con lo que ya hay, lo que de verdad hay, y sin esperar a que mejore (cosa que sucederá seguro), las aplicaciones y el impacto económico son enormes.  


La importancia de la implantación


Y esta última consideración me lleva a la implantación, a la adopción real de soluciones de inteligencia artificial por parte de empresas y administraciones.

Una condición fundamental para que no exista burbuja es que las empresas que apuestan por la inteligencia artificial obtengan un suficiente retorno económico, tanto las empresas creadoras de tecnología, como las organizaciones que, 'simplemente', la usan.

Y, para ello, es condición imprescindible que las empresas, administraciones y, en este caso, incluso los particulares, adopten las soluciones de inteligencia artificial. Porque esas empresas, administraciones y particulares sólo obtendrán beneficios económicos de la inteligencia artificial si realmente la usan y la usan de manera exitosa, de forma que les resulte interesante o rentable hacerlo y que, además, claro, estén dispuestos a pagar por la tecnología y por los servicios asociados.

Y es imprescindible la adopción masiva y exitosa para que esas empresas, administraciones y particulares paguen a las empresas creadores de la tecnología o prestadoras de los servicios asociados, de forma que éstas obtengan un retorno que las haga rentables y que justifique su inversión.   


Algunas barreras para la implantación


Pero se me ocurre, de una forma que confieso no del todo sistemática, pensar en barreras a esa adopción tan importante para evitar la eventual burbuja.

La primera sería, casi paradójicamente, la rapidez del cambio. Surgen de manera frenética nuevas evoluciones, nuevas herramientas, nuevas posibilidades. Y esa rapidez, que desde el punto de vista de la tecnología y la innovación es maravillosa, curiosamente creo que corre en contra de la adopción. Y eso porque organizaciones y personas, se encuentran perplejas, perdidas ante tantas posibilidades que no asimilan del todo. Eso, además, dificulta la adopción de estrategias y toma de decisiones de adopción, porque es muy difícil saber qué casos de uso son viables y más importantes o qué producto o solución usar y tener una cierta seguridad de que las decisiones van a mostrarse como correctas pasadas unos meses. A eso añadir que esa velocidad también dificulta la disponibilidad de personas y talento, tanto interno como externo, preparado como para hacer una implantación.

Por otra parte, también hay que reconocer que existe 'hype', que existe multitud de promoción exagerada, promesas de capacidades aún no demostradas. Y para un decisor empresarial, si ya la abundancia de soluciones y velocidad de aparición dificulta la decisión, la conciencia de que, además, no todo lo que se publicita está realmente maduro como para una adopción, no hace sino reforzar la perplejidad, en este caso la desconfianza, y retrasar las implantaciones o hacerlas mediante pilotos limitados de bajo riesgo, pero también bajo alcance e impacto en el negocio.

Y no excluiría de la ecuación el miedo. No ya sólo el miedo a no tomar la decisión operativa o económicamente adecuada, sino miedo a los riesgos de naturaleza ética o regulatoria. En un, quiero pensar que bienintencionado, intento por evitar las consecuencias negativas desde un punto de vista ético del uso de la inteligencia artificial, y también de posibles incumplimientos legales y normativos, se pone muchas veces mucho énfasis en riesgos y problemas y por ello los decisores pueden andarse con 'pies de plomo' antes de arriesgarse a cometer un error en este terreno.

Algunas de las soluciones de inteligencia artificial son de naturaleza corporativa, como ocurre con muchos sistemas de información tradicionales. Pero en el caso de la inteligencia artificial generativa, muchas herramientas y posibilidades se producen a nivel individual. En este punto, lo que parece lógico y deseable es que las empresas pongan a disposición de sus empleados las herramientas que, en el fondo, esos mismos empleados usan en sus entornos domésticos, como los chatbots generativos (ChatGPT, Copilot, Gemini, Claude, etc), las integraciones de IA en herramientas ofimáticas como Office 365 o  Google Workspace, el uso de herramientas para generar contenidos o presentaciones (Canva, Gamma, etc) y así un largo etcétera. Sin embargo, creo que las empresas y administraciones tienen un poco echado el freno de mano en este apartado, por miedo, en esencia, a fugas de información (externas o internas) o, quizá, a la calidad de los resultados que produzcan sus empleados.

Es posible que exista alguna barrera más, incluida la tan traída y llevada falta de talento en estos campos, pero creo que, aunque no dejan de ser opiniones, las barreras anteriores son reales y frenan en parte el despliegue de soluciones de inteligencia artificial.

Y si se frenan los despliegues, si retardamos la obtención de retornos por parte de todos los actores, corremos el riesgo de hacer que esa burbuja sea cierta y posibilitar o acelerar su pinchazo.


Frente a la burbuja de las 'subprime'


Si quisiera dejar claro que, caso de existir, esta burbuja de la inteligencia artificial no es comparable a la burbuja y consecuente crisis de las 'subprime'. ¿Por qué? Porque aquella se produjo por la creación y gestión irresponsable, cuando no culpable, de unos activos financieros que no estaban respaldados, que no tenían, ni de lejos, el valor que se les asignaba en las transacciones. 

En el caso de la inteligencia artificial, como he dicho, sí existe un valor real, y un valor muy grande. El que sea una burbuja o no dependerá de si, aunque ese valor exista, que existe, se haya sobrevalorado o no se materialice por falta de adopción.


Enseñanzas de la burbuja de las puntocom


Si nos vamos algo más lejos, al caso del estallido de las puntocom allá por el año 2000, sí asistimos patrones más parecidos al caso de la inteligencia artificial actual. No sólo porque hablamos de una eventual burbuja de base tecnológica sino porque el valor era real.

El valor que tenía internet, las redes sociales, el comercio electrónico y todo lo que se dio en llamar 'la nueva economía' era real, y tan real era que pocos años después se comenzó a notar en despliegues reales y masivos y, de hecho, hoy vivimos plenamente inmersos, seamos conscientes o no, en esa 'nueva economía'.

La promesa de las puntocom falló no porque las posibilidades no fueran reales sino porque, seguramente, se vieron mas cercanas de lo que realmente eran y porque se tomaron muchas decisiones de inversión probablemente irracionales o con un exceso de riesgo.

Y esto es lo que hay que evitar en el caso de la eventual burbuja de la inteligencia artificial.

Y para ello, en primer lugar, y esto no es desde luego fácil en un entorno tan volátil, tan en ebullición como el de la inteligencia artificial, que empresas y administraciones inviertan de una manera racional, tanto en volumen como en soluciones con posibilidades reales.

Y por otra parte, que se produzca la adopción, la implantación generalizada de soluciones de inteligencia artificial que reporte beneficios tanto a las organizaciones clientes de esas tecnologías como a los fabricantes y prestadores de servicio.


Conclusiones


Existe un cierto 'runrún' acerca de si nos encontramos ante una burbuja de la inteligencia artificial, que supondría unas expectativas, y consiguientes inversiones, desmedidas y sin un retorno claro.

En este artículo expreso mi convencimiento de que, desde el punto de vista estrictamente técnico, no existe tal burbuja, pero que es posible que si sea real desde el punto de vista económico, que en el fondo es el que importa.

Y destaco cómo, para que esa burbuja no se produzca, es fundamental la implantación masiva de soluciones que generen los retornos esperados, para lo cual, sin embargo, existen algunas barreras. 


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