viernes, 4 de abril de 2025

La sorprendente paradoja del sesgo cognitivo

Con cierta frecuencia, cuando se habla de conocimiento, de pensamiento crítico o simplemente de comportamiento, renegamos un poco de los denominados sesgos cognitivos. Hablamos de ellos como formas de engañarnos sin darnos cuenta, de entender mal las cosas y, quizá, de tomar malas decisiones por ello.

Sin embargo, los sesgos cognitivos tienen una utilidad innegable y, muy paradójicamente, pudieran ser hoy en día más necesarios que nunca.

Suena raro ¿verdad?

Bueno, vamos a razonarlo poco a poco.


Los sesgos cognitivos


Sin entrar en definiciones muy académicas, un sesgo cognitivo es una forma que tenemos los humanos de procesar y entender la información. Una forma de entender, valorar o evaluar la realidad y, sobre todo, la información que de ella recibimos. Pero una forma que simplifica de alguna manera el proceso y, al simplificarlo, comete alguna forma de error o inexactitud, de desvío que es lo que, en el fondo, significa sesgo. 

Existe un amplísimo catálogo de sesgos cognitivos pero, por citar algunos de los más conocidos, de los que se me vienen a la cabeza en este momento, podría mencionar el sesgo de confirmación que hace que prestemos más atención a las informaciones que confirman nuestras creencias que a las que las desmienten, el sesgo de consenso que nos hace percibir que nuestras propias opiniones son mucho más aceptadas y generalizadas en nuestro entorno de lo que realmente son, el sesgo que no recuerdo como se llama pero que voy a denominar anclaje que hace que cuando no tenemos ni idea de un tema o de un valor, tomemos como referencia la primera propuesta que recibimos y ya sólo nos movemos con ligeras variaciones respecto a esa referencia (aviso para navegantes para aquellos que les guste regatear en una compra).


La utilidad de los sesgos cognitivos


Aunque son con frecuencia denostados, los sesgos cognitivos son muy útiles en la mayoría de las situaciones de la vida. En otras etapas de la historia de la humanidad, cuando esa humanidad vivía en condiciones más precarias y peligrosas, más integrado en la naturaleza, han sido un factor determinante de supervivencia. Al fin y al cabo, ante un tigre de bengala o un oso furioso no te puedes pensar muchos las cosas, y tienes que reaccionar.

Como decía, los sesgos cognitivos son simplificaciones en el procesamiento y entendimiento de una situación. Al tratarse de simplificaciones, permiten que el proceso sea muy rápido y que culmine con muy pocos datos. Es decir, es una forma tremendamente eficiente de procesar la información y apoyar una decisión.

Dicho de una forma coloquial, los sesgos cognitivos ayudan a evitar en las situaciones del día a día, la parálisis por el análisis. Ayudan a entender y decidir de manera inmediata y con poco datos.


El problema de los sesgos cognitivos


El problema de los sesgos cognitivos es que, aunque en la mayoría de las situaciones funcionan muy bien, existen otras en que 'nos engañan', nos hacen percibir de manera deformada la realidad y, por tanto, tomar decisiones equivocadas, como aceptar un precio muy por encima del valor real de un producto sólo porque tomamos como referencia lo que nos ofreció el hábil vendedor o, a lo mejor, reafirmarnos en ideas equivocadas porque llevamos al extremo el sesgo de confirmación.


La sobrecarga cognitiva


Aunque el nombre ya empiece a sonar 'viejuno', vivimos cada vez más inmersos en la sociedad de la información

Vivimos en un mundo que genera cada vez más y más datos, más y más información, una información que, además, está ahora perfecta y permanentemente accesible a través de los medios digitales. Vivimos en un mundo interconectado en que recibimos más y más estímulos, más informaciones, más noticias, más chistes, más propuestas de venta, más noticias, en una lucha por captar una atención, la nuestra, que es cada vez un bien más escaso y objeto de las apetencias comerciales y competitivas.

Más y más información, pues, y eventos que nos llegan en el fragor de un mundo interconectado, en tiempo real y 'always on'.

Nosotros, y nuestros cerebros, estamos por tanto más y más bombardeados de informaciones y estímulos, estamos sometidos, por tanto, a una alta sobrecarga cognitiva.

Este hecho e lo encontraba reflejado de alguna manera, y esa ha sido la inspiración para este post, en el final del libro 'Influencia. La psicología de la persuasión' de Robert B. Cialdini donde el autor decía:


Todo ello nos conduce a un panorama perturbador: con el sofisticado aparato mental que hemos usado para llegar a ser la especie superior en el mundo, hemos creado un entorno tan complejo, acelerado y cargado de información, que cada vez más tenemos que enfrentarnos a él del mismo modo que los animales a los que superamos hace mucho tiempo.


La paradoja


Y ahí es donde surge la paradoja.

Como estamos sometidos a una altísima carga cognitiva, como tenemos que procesar tanta información y estímulos, necesitamos mecanismos que nos lo hagan fácil, que filtren y simplifiquen. 

Y ¿Qué tenemos para simplificar ese procesamiento?

Pues, los sesgos cognitivos.

Los sesgos cognitivos con toda su eficiencia cognitiva, pero también con sus riesgo de conducirnos al error.

Y ahí tenemos la sorprendente paradoja: hoy en día que tenemos tanta información, hoy en día que somos tan conscientes de la existencia de los sesgos cognitivos, es posible que los necesitemos más que nunca. 


El pensamiento crítico


Necesitamos entonces pensamiento crítico. 

Ya que no tenemos más remedio que procesar rápidamente muchísima información, ya que en el fondo necesitamos aplicar sesgos casi como una forma de supervivencia cognitiva, debemos al menos ser conscientes de ello y gestionarlo. 

Y esa es una parte de las labores del denominado pensamiento crítico.

Eso sí, y adoptando un poco la visión de procesos de negocio, ese pensamiento crítico no puede funcionar 'en serie' con el procesamiento cognitivo normal, no puede ser una barrera, un paso previo o posterior al proceso cognitivo, porque eso sería ineficiente y anularía el valor del sesgo cognitivo.

El pensamiento crítico debe funcionar en paralelo con el proceso cognitivo normal, a modo de sonda, de monitorización de lo que hacemos, para levantar alarmas cuando sea realmente oportuno pero no interferir cuando no es necesario.  


Copilotos cognitivos


Y es posible, aunque aquí ya estoy especulando un poco, que tengamos a nuestro alcance una gran herramienta tecnológica para ayudarnos: los copilotos de la inteligencia artificial generativa, los ChatGPT o Copilot de turno.

Porque estas herramientas son muy fáciles de utilizar y procesan y simplifican cantidades ingentes de conocimiento e información y nos la ponen a disposición de una manera inmediata y muy sencilla y accesible. Constantemente están ahí para ayudarnos a entender, a conocer, a recabar información y obtener ideas.

Sabiendo, eso sí, que éstas herramientas están sujetas a sus propios sesgos, a sus propias desviaciones y errores.

Y el pensamiento crítico, pues, sigue siendo necesario.


Conclusiones


Estamos inmersos en un mucho con sobreabundancia de información y estímulos. Esa sobreabundancia conlleva una enorme sobrecarga cognitiva y, para aliviarla, necesitamos en el fondo utilizar, pese a su ala prensa, los sesgos cognitivos y, quizá, el apoyo de copilotos de inteligencia artificial. 

Y, por encima de todo, a manera de supervisor, el pensamiento crítico.