Las armas letales autónomas
Ética de las armas letales autónomas
| Gregory Reichberg (izq) y Henrik Syse (der) |
Reflexiones y lecturas sobre tecnología, economía, empresa y sociedad en un mundo digital
| Gregory Reichberg (izq) y Henrik Syse (der) |
Los robots sociales son un tipo de robots, con frecuencia de aspecto humanoide, y con capacidades de relación social no sólo por la voz sino también mediante gestos, movimiento, detección de emociones, etc. Y han sido, en efecto, utilizados con éxito en educación. Y no sólo educación en condiciones normales, sino también educación especial como en el caso de niños con trastornos del espectro autista.
Sin embargo, este uso, a pesar de los positivos resultados obtenidos en las experiencias hasta ahora realizadas, también está sometido a cierto escrutinio desde un punto de vista ético.
En el libro 'Robotics, AI and Humanity' hay un capítulo, firmado por Pierre Léna y dedicado al empleo de robots sociales en el aula.
En él cita el estudio llevado a cabo por Amanda J. C. Sharkey en 2016 y titulado 'Should we welcome robot teachers?'. En ese artículo, la autora identifica, sin pretender la exhaustividad, cuatro roles que un robot social puede jugar en las labores educativas, cuatro roles basados en experimentos reales y que suponen diferentes niveles de sustitución del profesor humano:
Sin pretender tampoco agotar todas las consideraciones, se identifican al menos tres grupos de consideraciones éticas relativas al uso de robots en las aulas.
La primera tendría que ver con la privacidad. Los robots están equipados con sensores que les permiten recoger información de muchos tipos. Los robots pueden recoger aspectos del comportamiento de los alumnos (si hablan, si se ponen de pie, etc), pueden también incluir elementos de reconocimiento de personas (típicamente, por reconocimiento facial) e, incluso, pueden captar emociones o deducir condiciones psicológicas. Todo ello eleva la necesidad de una reglas claras, y respetuosas, de la información a que pueden acceder y el uso que hacen de ella.
Otro segundo bloque, el que personalmente más me interesa, tiene que ver más con los aspectos de relación. Así nos encontramos la creación de vínculos emocionales entre los niños y el robot que, aunque tiene su valor positivo, también es controvertida e implica ciertos riesgos. Otros aspecto sería una forma de engaño ('deception') pero que no debe entenderse como un engaño intencionado sino el hecho de que el robot aparenta emociones, sentimientos, empatía comprensión y eso de alguna forma puede engañar a los niños y que éstos pongan en el robot unas expectativas no realistas. Otros tema en este bloque de las relaciones sería el riesgo del aislamiento del contacto humano, de que los niños se acostumbrasen, e incluso prefiriesen, la relación con robots mejor que con seres humanos.
A este respecto de las relaciones creo que viene al caso citar lo que dice el propio Léna al inicio de su capítulo:
Education is a special case, bacause it is fundamentally based on the relationship, involving love and emotions as well as knowledge between a fragile child an an adult.
La relación que se establece entre profesor y alumno, cuando hablamos de que los alumnos son niños, implica amor, emociones y además una parte más frágil en la relación, el niño. Si el robot asume el rol del profesor, de alguna forma pone en marcha o sustituye esa relación de amor y emociones con ese ser frágil que es el niño.
El tercer bloque de consideraciones éticas nos hablan de control y responsabilidad ('accountability') control y la responsabilidad. Cuando el robot ejerce como profesor, asume la autoridad correspondiente y, por tanto, una cierta capacidad de control sobre los alumnos. No vamos a extendernos más sobre ello, pero ya se entiende que conceder autoridad a una máquina, el robot, sobre unos humanos, los niños es algo que puede levantar reservas, incomodidades u oposición y que, incluso si se admite como positiva, parece implicar la necesidad de ciertas limitaciones y controles.
La verdad es que el tema, y el propio artículo mencionado, dan para muchos más comentarios, más detalles y más análisis pero, al menos en lo que respecta a este post, lo dejamos aquí.
Creo que queda claro que las diferentes experiencias realizadas hasta la fecha, indican que hay hueco para el uso de robots en educación, que en algunos casos puede ser necesario (por ejemplo, por falta de profesores) o muy positivo (como en el caso de niños autistas) pero que debe ser realizado con conciencia, con precaución y estando atentos a las consideraciones éticas.
¿A qué me refiero?
Pues me refiero a temas tan interesantes, pero probablemente tan lejanos, como la posibilidad o no, de que se llegue a conseguir una super-inteligencia o que se alcance la famosa singularidad, y qué podríamos hacer los humanos al respecto, bien para que ese fenómeno no ocurra o, bien para que si al final se alcanza, podamos mantener alguna forma de control.
Nos preocupamos sobre temas tan interesantes como si los robots y las máquinas pueden llegar o no a tener consciencia o libre albedrío y si, siendo así pueden ser considerados agentes morales y también sujetos de derechos.
El lector habitual de este blog reconocerá, de hecho, que son temas que abordo con frecuencia desde hace unos meses porque, realmente, me parecen muy interesantes, diría que apasionantes.
Sin embargo, si nos ocupamos de esos temas puede que estemos mirando demasiado lejos. Puede que nos estemos concentrando en posibilidades que, además de inciertas, sean muy probablemente lejanas o muy lejanas.
¿No deberíamos ser más realistas? ¿No deberíamos concentrarnos en los problemas de hoy, del aquí y el ahora?
Dentro del libro 'Robotics, AI and Humanity' que me encuentro leyendo estos días, hay un capítulo, firmado por Joachim von Braun y Heike Baumüller del ZEF (Center for Development Research) de la Universidad de Bönn. en que habla de la inteligencia artificial y los robots en relación con la pobreza y, al principio del mismo, nos hacen esta advertencia:
it actually seems that attention to robots' rights is overrated whereas attention to implications of robotics and AI for the poorer segments of societies are underrated.
Quizá sea comprensible la posición de los autores. Para ellos, empeñados en estudiar el desarrollo de los países o problemas como la pobreza, puede resultar casi tristemente cómico ver cómo otros dedicamos nuestro tiempo, y en teoría con intención ética y social, a cuestiones tan alejadas de problemas, algunos tan duros como la pobreza, que afectan ya a millones de personas.
Creo que la llamada de atención es pertinente. Muy pertinente.
Debemos esforzarnos en dar respuestas ya, hoy mismo, a problemas que afectan a las personas. Debemos afrontar temas como la pobreza, el envejecimiento, el deterioro medioambiental, la enfermedad, la marginación...
Es una obligación moral y práctica.
Sin duda.
Y sin embargo...
Y sin embargo, no creo que debamos abandonar tampoco los análisis algo más futuristas y especulativos. Creo que no debemos abandonarlos por varias razones.
En primer lugar, porque tenemos que anticiparnos. Porque, aunque no sabemos si es posible o no la superinteligencia, aunque no sabemos si es posible o no la consciencia de los robots, caso de que llegase una u otra, el impacto sería gigantesco y debemos estar preparados. Sería desastroso, por tardío, intentar reaccionar cuando ya fuesen una realidad. Y tenemos que anticiparnos porque, si concluyésemos como humanidad que no deseamos esas posibilidades, probablemente habría que empezar a tomar medidas desde ya.
En segundo lugar porque, aunque parece lejano, algunas consecuencias tiene ya. Puede parecer vano, puro divertimento metafísico (en realidad ético), el debatir hoy día sobre la agencia moral o no de los algoritmos y los robots. Y sin embargo, la agencia es un concepto importante para intentar definir con cierta lógica, no sólo filosófica sino incluso jurídica, las responsabilidades (en el sentido de 'liability', rendición de cuentas) por las actuaciones de máquinas inteligentes. Y esa definición de responsabilidad, entendido en un sentido legal y normativo se está tratando ya en ámbitos como el de la Unión Europea y dará lugar en un plazo que creo no superará los dos años, a directrices que se traspondrán en leyes de los países comunitarios.
Y en tercer lugar, porque esos análisis, en cierto modo futuristas, son una forma de innovación. En los cursos que imparto sobre innovación, les hablo a mis alumnos del concepto de organización ambidiestra (una organización que gestiona de manera diferente los negocios maduros que constituyen su 'core business' y los negocios emergentes) o, últimamente, la empresa invencible con su porfolio de explotación y exploración que viene a ser otra forma de decir más o menos lo mismo: diferenciar la gestión de los negocios actuales, de corto plazo, de los de futuro.
Probablemente, debemos hacer de nuestra sociedad, una sociedad ambidiestra, invencible. La idea sería ser también ambidiestros en los temas éticos y sociales.
Debemos explotar. Debemos concentrar esfuerzos en solicitar y obligar a un uso responsable de la inteligencia artificial y la robótica. Debemos concentrar esfuerzos ya en aplicaciones de la robótica y la inteligencia artificial para resolver los grandes problemas del mundo (la pobreza, el cambio climático, los desequilibros, las enfermedades...) o para conseguir algoritmos más eficientes y con menos huella de carbono. Debemos seguir esforzándonos en conseguir algoritmos más potentes o en alcanzar, si fuese posible, la deseada explicabilidad de los mismos.
Pero también debemos explorar. Debemos poner las luces largas para analizar qué podemos conseguir con estas u otras tecnologías, para decidir si lo queremos realmente o no y, en caso afirmativo, cómo conseguirlo. Un como conseguirlo que tiene una vertiente claramente tecnológica pero que también es un cómo conseguirlo desde el punto de vista de aplicación, de valores, de regulación. Y en ese sentido, no me parece baladí, pensar a años vista, especular e imaginar.
Es la forma de crear el futuro y, además, el futuro que realmente deseamos.
| María Calvo del Brío |
Existe el debate, con informes y visiones encontradas, sobre si el efecto neto de la automatización es de destrucción de empleo o, por el contrario, si los nuevos empleos que se crean suplen con ventaja a los que se destruyen proporcionando un aumento neto del empleo.
Pero aparte de ese efecto neto, que podríamos calificar como 'global', existen otros aspectos relevantes a tener en cuenta y que en lo que vamos a comentar, puede afectar de una forma más local, a nivel de país.
Desde hace ya no pocas décadas, y se ha mantenido prácticamente hasta el presente, las empresas de los países más desarrollados han adoptado con frecuencia una estrategia de offshoring. Se trata, no sólo de externalizar trabajos o procesos que se consideran poco diferenciales sino, además, hacerlo a empresas situadas en el extranjero, con frecuencia en países emergentes o en vías de desarrollo, siendo el caso paradigmático la externalización hacia la India.
La lógica económica es clara: en esos países los costes laborales son mucho más bajos, en parte por un menor nivel de vida, y en parte, todo hay que decirlo, por una menor protección social de los trabajadores. A estos costes muy inferiores, se añade, además, una capacitación importante de sus profesionales y una volumen muy alto de masa laboral.
Aunque se puede pensar que, en cierto sentido, los países desarrollados se están aprovechando de los países emergentes, y hasta cierto punto quizá sea cierto, hay que reconocer que en muchos casos se trata de una relación win-win: la empresa del país desarrollado obtiene unos costes inferiores y la empresa del país emergente un buen negocio a precios que, para ellos, son razonables. A nivel individual, de personas, incluso está descrito que para los trabajadores del país emergente, es una opción más que deseable trabajar en este tipo de empleos ya que, comparativamente, están bien remunerados,
De hecho, y a puro nivel de empleo, realmente, en esta relación de offshoring pierden los trabajadores de los países desarrollados y ganan los de los países emergentes ya que el empleo se desplaza hacia los países emergentes.
Y ahora entra en escena la automatización, la automatización masiva, que puede hacer que cambien las tornas.
Con mucha frecuencia, las actividades que se externalizan, que son objeto del offshoring, son tareas o procesos completos de no muy alta cualificación. procesos y tareas manuales pero, en general, muy procedimentados y burocráticos. Es además bastante lógica y deseable esa procedimentación en una relación de offshoring porque facilita el acuerdo entre partes, el establecimiento de niveles de servicio y la monitorización del 'performance'.
Sin embargo, el hecho de que estemos hablando de tareas manuales pero procedimentadas, las convierten en claro objetivo de la automatización.
En muchos casos, de hecho, la automatización la han liderado los propios países emergentes. Así, es paradigmático ver cómo una buena parte de los líderes y técnicos del campo del RPA ('Robotic Process Automation') provienen precisamente de la India. Es lógico: reciben mucho trabajo consistente en tareas repetitivas de procesamiento de documentos y aplicaciones y, por su propia eficiencia, automatizan el trabajo siendo RPA la tecnología adecuada para esa labor. Con ello pueden ofrecer mejores resultados en, por ejemplo, un contrato de BPO ('Business Process Outsourcing') y, al tiempo, conseguir mayores márgenes.
Sin embargo, y paradójicamente, esto se puede volver en su contra.
Como describía en mi libro 'Robots en la sombra', hablando de nuevos modelos de negocio ligados, precisamente de los robots software y, en concreto también de RPA, la posibilidad de automatizar de manera efectiva esos procesos y tareas objeto de offshoring en el pasado, está haciendo que las compañías de los países desarrollados se planteen dejar de externalizar esos trabajos y, en su lugar, proceder a reinternalizarlos ('inshoring') ya que su ejecución de manera automatizada no es gravosa y no obtienen especiales ventajas competitivas llevándolos al exterior.
Leyendo el libro 'Robotics, AI and Humanity' me encuentro menciones a informes que van en la misma línea, hablando no ya de robots software, sino de automatización y robotización en general. En concreto, en el libro se menciona una medida del offshoring realizada por Feenstra y Hanson ('Globalization, outsourcing and wage inequality') basada en la inversión en robótica.
Con esa base se proporciona algún número y, en concreto, concluye:
when focusing on the more recent years 2010-2016 - i.e. a period characterised by rapidly rising investments in robotics- the results demonstrate a negative association of robotics investments (net of depreciation) with the growth of offshoring.
Es decir, se observa un menor crecimiento del offshoring a medida que aumenta la inversión en robots. Cierto que hablamos de una correlación, no necesariamente de una causa-efecto y cierto que la medida es ligeramente indirecta, pero aún así, estos datos, unidos a una cierta lógica, parecen confirmar lo que decíamos: a medida que aumenta la automatización, la robotización, disminuye la tendencia al offshoring.
No solo eso, probablemente, aparte de no externalizar nuevas tareas en el extranjero, también las tareas y procesos previamente externalizados se reincorporan al seno de la empresa ('inshoring').
Parece, pues, que aparte del eventual impacto neto que pueda o no tener la automatización en el empleo, sí puede además producir una redistribución de ese empleo.
Y, quizá paradójicamente, quizá tristemente, la tendencia podría ser que el empleo volviese a los países desarrollados en detrimento de los países emergentes.
Algo a tener muy en cuenta cuando pensamos en términos sociales y globales.
| Susan Schneider |
En el anterior post recordábamos algunos mecanismos que se utilizan ya en inteligencia artificial para 'heredar' aprendizajes, para reutilizar en realidad, entrenamientos y aprendizajes llevados a cabo previamente.
Y hablábamos en ese sentido, recordamos, del transfer learning o de la reutilización de algoritmos en la nube. Se trata de dos formas de 'herencia' que resultan a día de hoy todavía rudimentarias si las comparamos con el posible acervo evolutivo que recibimos los humanos y además algo alejadas de esa obtención de conocimiento mediante interacción social con otras personas, pero es lo que tenemos y es efectivo para usos, digamos, industriales y comerciales.
Lo que motivaba esa reflexión eran las aportaciones que hacía Wolf Singer en el libro 'Robotics, AI and Humanity' donde compara el aprendizaje en sistemas naturales (como los humanos) con el de seres artificiales (como los robots).
¿Cómo podrían los robots adquirir ese conocimiento cultural?
Bueno, una forma, quizá la más conservadora, más técnica y más realista (aunque al decir realista, que nadie se engañe, todavía bastante, bastante lejos de nuestras posibilidades técnicas actuales) sería entrenar algoritmos con ese acervo cultural, concentrar de alguna forma ese conocimiento en un chip o un algoritmo y base de conocimiento en la nube y, mediante acceso a esa nube o mediante implantación física de ese chip en los robots, disponer de toda la herencia cultural. En el fondo, no dejaría de ser una versión muy avanzada de transfer learning. Pero, insisto, cuando digo realista es porque se parece en cierto sentido lo que se hace hoy día, pero no porque sea factible en estos momentos, ni probablemente en un futuro cercano.
Y otra forma, en cierto modo más antropomórfica, en cierto modo más fantasiosa (aunque en el fondo no se diferencia tanto de la expuesta en el párrafo anterior) es hacer que los robots aprendan a lo largo de su vida, mediante interacción social, tal y como hacemos los humanos. Y esto es lo que sugiere, precisamente, Singer, y lo que motiva este post. Nos dice:
The only way to acquire this dimension [] would be for them to be raised like children in human communities in order to internalize in their self-model our cultural achievements and attributions- and this would entail not only transmission of explicit knowledge but also emotional bonding.
Es decir, está sugiriendo, una especie de crianza y no sólo una transmisión de conocimiento sino, además, una conexión emocional. Casi nada. Y dice, justo a continuación
Or these man-made artifacts would have to develop the capacity and be given the opportunity to engage in their own social interactions and recapitulate their own cultural evolution.
Es decir, la propuesta es que los robots se involucren, un poco como niños, en la interacción social que decíamos (incluida la conexión emocional).
Sabida es la importancia que para los humanos tienen los juegos y el periodo infantil en el aprendizaje y el desarrollo. Aunque Singer en ningún momento le da exactamente ese nombre, sus propuestas a mi me han sonado un poco como a hacer que los robots tengan esa infancia, una infancia de aprendizaje de aspectos culturales y emocionales.
Desde un punto de vista técnico, esta opción implica que deberíamos mejorar muchísimo los mecanismos y capacidades actuales de los robots para el procesamiento del lenguaje, para la detección de emociones, para la integración de conocimientos. Muy interesante, pero estamos muy lejos de eso.
No sé. La idea de Singer es sugerente, pero no me la acabo de imaginar implementada de manera real. Me parece, en cierto sentido, y como decía, antropomórfica pero no le veo el sentido técnico ni económico.
Creo que si en algún momento fuésemos capaces (y ahora mismo no lo somos) de incorporar de manera generalizada la herencia cultural en un algoritmo o robot, este proceso se parecería más a una reutilización de software o un entrenamiento acelerado, similar al que se realiza con cualquier algoritmo supervisado, por ejemplo. Y no se haría a partir de interacción social directa con personas (es un proceso demasiado lento) sino, por ejemplo, a partir de textos, vídeos etc que reflejasen esa interacción social. No se trataría realmente de una 'infancia' de los robots o sería una infancia de laboratorio y super-acelerada.
Lo cual no quita para que, además de ese aprendizaje super-acelerado, y caso de ser capaces, dotásemos a los robots de esa mecanismos de captación de elementos culturales y de emociones y una cierta capacidad para obtener conocimiento a partir de ella una vez finalizada su 'infancia'.
De todas maneras, aunque interesantes y atractivas, todo esto no son más que especulaciones porque lo cierto es que, como digo, desde un punto de vista técnico son posibilidades ahora mismo fuera de nuestro alcance y existen otros objetivos mucho más realistas, mucho más a corto plazo, para mejorar el aprendizaje de algoritmos y robots.